Las bibliotecas universitarias como infraestructuras esenciales para la investigación

The Case for Viewing Libraries as Research Infrastructures.” Knowledge Rights 21, 17 de noviembre de 2025.

Knowledge Rights 21 sostiene que las bibliotecas de investigación deben reconocerse como infraestructuras fundamentales para la ciencia, más allá de su papel tradicional como depósitos de libros. Según el artículo, una infraestructura de investigación incluye recursos y servicios —tanto físicos como digitales— que permiten producir nuevo conocimiento, desde equipamiento técnico hasta colecciones de datos y servicios especializados.

La Comisión define una «infraestructura de investigación» como instalaciones que ofrecen recursos y servicios a las comunidades científicas para llevar a cabo investigación e impulsar la innovación. Estas infraestructuras no deben limitarse únicamente a fines investigativos: pueden ser físicas, dispersas, o incluso virtuales, e incluir equipos científicos, colecciones, sistemas informáticos, redes de comunicación, y otros elementos accesibles a usuarios externos. También contempla infraestructuras de información como archivos o bases de datos científicas. Las reglas para crear este tipo de consorcios ya están establecidas con la regulación ERIC, que facilita la colaboración entre países.

En su nueva estrategia, la Comisión reconoce varios problemas actuales: la financiación fragmentada, la baja cooperación entre infraestructuras, dificultades de acceso por parte de ciertos actores, carencias de formación, la lenta adopción de la inteligencia artificial y la digitalización, y limitaciones en el uso de datos. Para resolverlos, propone acciones como mapear mejor las necesidades de inversión y formación, apoyar mecanismos de coordinación, crear espacios unificados de acceso (“ventanillas únicas”) y revisar regulaciones como la ERIC o la futura Ley del Espacio Europeo de Investigación.

Desde el punto de vista de las bibliotecas, estos desarrollos les atañen directamente. Muchas colecciones de datos e información —el núcleo de las bibliotecas— pueden considerarse infraestructuras de investigación. Existen ejemplos concretos: CLARIN (recursos lingüísticos), DARIAH (humanidades digitales) o la Infraestructura Europea de Investigación sobre el Holocausto (EHRI), que agrupa archivos federados con herramientas para facilitar su acceso.

El texto destaca que muchas bibliotecas ya funcionan bajo modelos cooperativos: comparten recursos mediante el préstamo interbibliotecario, especializan sus colecciones para evitar duplicidades y trabajan para mejorar el acceso a distintos tipos de usuarios, desde investigadores hasta el público general.

Asimismo, el artículo identifica desafíos comunes entre bibliotecas e infraestructuras de investigación: financiación fragmentada, desigualdad en el acceso, falta de capacitación en ámbitos como la digitalización y la inteligencia artificial, y ausencia de marcos sólidos para la colaboración transfronteriza.

Para integrarlas en el ecosistema de infraestructuras, Knowledge Rights 21 propone que las bibliotecas participen en evaluaciones europeas de necesidades, que identifiquen y planifiquen sus carencias —como habilidades digitales o IA—, y que se desarrollen soluciones normativas para mejorar el acceso transfronterizo, por ejemplo mediante el suministro documental. Además, defienden políticas que armonicen el acceso abierto con la gestión de licencias y contenidos, de manera que las bibliotecas puedan ofrecer sus colecciones con mayor libertad y también una gobernanza compartida.

Como propuesta, se sugiere integrar formalmente a las bibliotecas en las políticas europeas de investigación, incluyendo planes conjuntos de recursos, formación continua y mecanismos de gobernanza compartida. También se aboga por facilitar el acceso transfronterizo a colecciones y por armonizar políticas de acceso abierto con el uso comunitario de los recursos bibliotecarios.