La narración de historias personales como fuente de conocimiento. La mujer en Morille por Claudia Vaca y Verónica Lis

La mujer en Morille por Claudia Vaca y Veranika Lis

La narración de historias personales representa una forma fundamental de conocimiento que trasciende la mera transmisión de información para convertirse en un vehículo de comprensión profunda del mundo y de nosotros mismos. Claudia Vaca y Verónica Lis, con este trabajo —que incluye entrevistas—buscan reflejar cómo era la vida en un municipio salmantino hace 30 años

Las historias personales funcionan como contenedores de experiencia vivida que preservan no solo los hechos, sino también el contexto emocional, cultural y social en el que ocurrieron. Cuando alguien narra su experiencia de migración, por ejemplo, no solo comunica datos sobre desplazamiento geográfico, sino que transmite conocimiento sobre adaptación, pérdida, esperanza y transformación identitaria que ningún manual académico podría capturar con la misma riqueza.

Esta forma de conocimiento posee características únicas. Es encarnado, surgiendo de la experiencia directa del narrador con el mundo. Es contextual, arraigado en circunstancias específicas de tiempo, lugar y cultura. Es relacional, creando conexiones entre el narrador y quien escucha. Y es transformativo, tanto para quien cuenta como para quien recibe la historia.

El proceso de narrar historias personales implica una construcción activa de significado. No simplemente recordamos eventos; los reorganizamos, los interpretamos y les damos coherencia narrativa. Esta construcción no es falsificación, sino un proceso natural de creación de sentido que revela verdades más profundas sobre la condición humana.

En términos epistemológicos, las historias personales ofrecen acceso a formas de conocimiento que otros métodos no pueden proporcionar. Nos permiten comprender cómo se vive una experiencia desde adentro, cómo se siente navegar ciertas circunstancias, qué significados emerge de eventos particulares. Este conocimiento experiencial complementa y enriquece el conocimiento abstracto o teórico.

Recoger y narrar historias personales también funcionan como puentes entre lo individual y lo colectivo. Una historia personal sobre discriminación, por ejemplo, puede iluminar patrones sociales más amplios, mientras que simultáneamente preserva la singularidad de la experiencia individual. Esta tensión entre lo particular y lo universal es una de las fuentes más ricas del conocimiento narrativo.

En contextos educativos, terapéuticos y comunitarios, las historias personales se han reconocido como herramientas poderosas para el aprendizaje y la sanación. Permiten a las personas procesar experiencias, construir identidad, desarrollar empatía y crear conexiones significativas con otros.

La validez de este tipo de conocimiento no reside en su capacidad de generalización estadística, sino en su capacidad para revelar aspectos auténticos de la experiencia humana que de otra manera permanecerían invisibles. Las historias personales nos recuerdan que el conocimiento no es solo información, sino sabiduría vivida que se transmite de persona a persona a través del acto ancestral de contar y escuchar.

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