Un club de lectura que rompe estereotipos

1000 Libraries. “Meet the French Literary Club Breaking Stereotypes.” 1000 Libraries Magazine, consultado el 5 de mayo de 2026. https://magazine.1000libraries.com/meet-the-french-literary-club-breaking-stereotypes/

El artículo presenta la experiencia de un club literario francés que desafía la imagen tradicional de los círculos de lectura como espacios rígidos, elitistas o reservados a especialistas. Frente al estereotipo del club silencioso y excesivamente académico, esta iniciativa propone un entorno abierto, participativo y social, donde la literatura se convierte en una excusa para conversar, compartir perspectivas y crear vínculos entre personas de diferentes edades y trayectorias. La lectura aparece así como práctica comunitaria más que como actividad solitaria.

Uno de los aspectos más destacados es la voluntad de democratizar el acceso a los libros. El club rompe con la idea de que para participar es necesario poseer una gran formación literaria o haber leído únicamente clásicos canónicos. Se valoran por igual novelas contemporáneas, autores emergentes, géneros populares y textos de distintas procedencias culturales. Esa diversidad de lecturas favorece una relación más cercana con los libros y atrae a públicos que normalmente no se sienten representados en instituciones culturales más formales.

El texto también subraya el papel social del club como espacio de encuentro en una época marcada por la fragmentación digital y el aislamiento. Las reuniones presenciales o híbridas permiten escuchar opiniones distintas, debatir sin polarización y construir confianza entre desconocidos. La literatura funciona como mediadora: a través de personajes, conflictos y emociones narradas, los participantes encuentran formas de hablar también de sus propias experiencias vitales.

Otro elemento relevante es la renovación generacional y estética de este tipo de iniciativas. El club emplea redes sociales, formatos flexibles y actividades creativas para atraer nuevos lectores. Lejos de la solemnidad que a menudo se asocia a la cultura literaria francesa, muestra una actitud dinámica y contemporánea, conectada con hábitos actuales de consumo cultural. Esto demuestra que tradición e innovación no son incompatibles, sino complementarias cuando se trata de fomentar la lectura.

En conjunto, el artículo plantea que los clubes de lectura pueden desempeñar una función clave en la revitalización cultural de las ciudades y comunidades. Más que simples reuniones para comentar libros, se convierten en laboratorios de convivencia, aprendizaje informal y participación ciudadana. El caso francés ilustra cómo la literatura sigue siendo una herramienta poderosa para reunir personas, cuestionar prejuicios y construir comunidad en el siglo XXI

Bibliotecarios sénior como agentes de cambio en editoriales

Evans, Gwen. “Senior Librarians as Publisher Change Agents: What’s the Business Case? (Part 1).” The Scholarly Kitchen, 25 de marzo de 2026. https://scholarlykitchen.sspnet.org/2026/03/25/guest-post-senior-librarians-as-publisher-change-agents-whats-the-business-case-part-1/

El artículo examina una tendencia emergente en el ecosistema de la comunicación científica: la incorporación de bibliotecarios de alto nivel en puestos estratégicos dentro de grandes editoriales académicas. La autora plantea una pregunta central: ¿por qué las editoriales están contratando antiguos directores de bibliotecas, decanos o responsables institucionales para funciones de relaciones con bibliotecas y desarrollo estratégico? La respuesta se sitúa en un contexto de creciente tensión entre bibliotecas y editores, marcado por negociaciones complejas, transición hacia acceso abierto, presión presupuestaria y necesidad de reconstruir confianza entre ambos sectores.

Evans parte de su propia experiencia como ex vicepresidenta de relaciones globales con bibliotecas en Elsevier y entrevista a dos figuras representativas: Emily McElroy, vicepresidenta de Academic Relations en Taylor & Francis, y Robert Hilliker, director de Library Relations para Norteamérica en Springer Nature. Ambos proceden del liderazgo bibliotecario universitario, lo que les permite actuar como mediadores entre culturas organizativas distintas: la lógica comercial editorial y la lógica de servicio público de las bibliotecas académicas.

Uno de los argumentos más sólidos del texto es que existe un problema de traducción institucional entre editoriales y bibliotecas. Las empresas editoriales, según se desprende de las entrevistas, no siempre comprenden adecuadamente cómo funcionan las bibliotecas modernas: su estructura interna, la diversidad de perfiles profesionales, las restricciones presupuestarias o los procesos reales de toma de decisiones. Muchas negociaciones siguen basándose en visiones simplificadas donde la biblioteca aparece solo como compradora de contenidos, cuando en realidad hoy integra áreas de datos de investigación, alfabetización digital, impacto académico, preservación, apoyo a ciencia abierta y asesoramiento estratégico al campus.

El artículo muestra que estos nuevos perfiles híbridos cumplen una función interna decisiva: explicar a la editorial la realidad económica y política de las universidades. McElroy subraya que los recortes actuales no afectan solo a colecciones, sino también a personal, tecnología y servicios. En muchas instituciones todos los decanos compiten por fondos escasos, lo que hace inviable la idea de que la biblioteca simplemente “pida más dinero”. Esa perspectiva, frecuente en el discurso comercial, ignora la presión estructural que atraviesan hoy las universidades.

Hilliker añade que muchas bibliotecas norteamericanas atraviesan momentos especialmente difíciles y que la función de estos cargos consiste también en hacer llegar verdades incómodas dentro de la empresa. Resulta significativo que ambos entrevistados señalen que aceptaron sus puestos solo tras recibir garantías de que podrían discrepar internamente y cuestionar decisiones corporativas. El artículo presenta así estos roles no como relaciones públicas decorativas, sino como posiciones que deberían influir realmente en la estrategia empresarial.

Otro aspecto relevante es la idea de que la relación editorial-biblioteca ya no puede centrarse únicamente en adquisiciones o licencias. Las decisiones editoriales impactan en catalogación, sistemas, metadatos, repositorios, visibilidad de autores, identificadores persistentes como ORCID y datos KBART para descubrimiento y acceso. Hilliker menciona precisamente la mejora de metadatos como una prioridad interna, recordando que esta “infraestructura invisible” sostiene buena parte del valor percibido por usuarios e instituciones.

Desde una perspectiva estratégica, el texto sugiere que las editoriales buscan algo más que mejorar ventas: intentan reposicionarse como socios institucionales en un momento en que su legitimidad es cuestionada. Frente a críticas por precios elevados, contratos opacos o lentitud en la transición al acceso abierto, incorporar antiguos líderes bibliotecarios puede servir para comprender mejor al cliente, anticipar conflictos y construir narrativas de colaboración. Al mismo tiempo, las bibliotecas esperan que estas figuras introduzcan cambios reales en transparencia, sensibilidad presupuestaria y diseño de productos.

El artículo también deja entrever una tensión ética interesante: cuando un bibliotecario pasa al sector editorial, ¿se convierte en representante comercial o en defensor de los intereses bibliotecarios dentro de la empresa? Evans no resuelve de forma explícita esa cuestión, pero muestra que el valor de estos puestos dependerá de su credibilidad y capacidad efectiva de incidencia. Si se perciben como figuras simbólicas, perderán legitimidad ante la comunidad bibliotecaria. Si generan mejoras tangibles, pueden abrir una nueva etapa de diálogo.

La segunda parte del ensayo de Evans retrata a estos profesionales híbridos como mediadores necesarios en un momento de transición profunda. Si cuentan con autonomía y capacidad de influencia, pueden mejorar productos, políticas y relaciones institucionales. Si se reducen a funciones decorativas, reforzarán el escepticismo existente. El mensaje final es claro: en la comunicación científica del siglo XXI, escuchar de verdad a las bibliotecas ya no es opcional.

Deepfakes al asalto de tu cuenta bancaria: la nueva frontera del fraude con imágenes

The Atlantic. “Deepfakes Are Coming for Your Bank Account.” The Atlantic, mayo de 2026. https://www.theatlantic.com/technology/2026/05/chatgpt-images-deepfakes-fraud/687023/

El artículo analiza cómo los nuevos modelos de generación de imágenes mediante inteligencia artificial están transformando el fraude digital. Según The Atlantic, la amenaza ya no se limita a los tradicionales deepfakes de celebridades o líderes políticos, sino que se desplaza hacia falsificaciones mucho más cotidianas y peligrosas: alertas bancarias falsas, transferencias simuladas, documentos médicos, recetas, identificaciones oficiales, facturas o capturas de pantalla aparentemente auténticas. Estas imágenes resultan especialmente convincentes porque las herramientas actuales han mejorado notablemente en la reproducción de texto legible y diseño visual realista.

El reportaje pone el foco en la facilidad con la que un usuario puede generar material fraudulento. El autor explica que logró producir más de cien imágenes engañosas con poco esfuerzo, demostrando que la barrera técnica para cometer este tipo de delitos se ha reducido drásticamente. Antes, elaborar falsificaciones sofisticadas requería conocimientos avanzados de edición gráfica; ahora basta con introducir instrucciones en lenguaje natural. Esto democratiza el fraude y multiplica los riesgos para particulares, empresas e instituciones.

Uno de los aspectos más preocupantes es el uso de estas imágenes en estafas personalizadas. Una persona podría recibir un supuesto recibo de Uber, una alerta de Chase Bank o una confirmación de transferencia inexistente acompañada de un enlace malicioso. Al tratarse de documentos visualmente creíbles, la víctima puede reaccionar con rapidez y caer en ataques de phishing. El problema no es solo la calidad técnica de la imagen, sino la capacidad de combinarla con ingeniería social para manipular emociones como la urgencia, el miedo o la confusión.

El texto también cuestiona la eficacia de las salvaguardas implantadas por las empresas tecnológicas. Aunque OpenAI y Google incorporan políticas de uso, marcas de agua o metadatos para identificar imágenes generadas por IA, estas medidas pueden eliminarse fácilmente mediante capturas de pantalla, recortes o nuevas conversiones de archivo. En la práctica, los mecanismos de seguridad van por detrás de la rapidez con la que evolucionan las herramientas de generación visual.

Para concluir, el artículo sostiene que el mayor peligro no reside en los grandes engaños mediáticos, sino en los “microdeepfakes”: falsificaciones dirigidas a personas concretas para vaciar cuentas, obtener datos personales o engañar a familiares. En lugar de alterar elecciones o provocar crisis geopolíticas, estos fraudes erosionan la confianza diaria en mensajes, imágenes y comunicaciones digitales. La conclusión es clara: el desafío ya no es futurista, sino inmediato, y exige respuestas coordinadas entre tecnológicas, bancos, reguladores y ciudadanía.

Xteink X3: el minúsculo lector de libros electrónicos

Silberling, Amanda. “Xteink X3 Review: Tiny Magnetic E-Reader.” TechCrunch, May 3, 2026. https://techcrunch.com/2026/05/03/xteink-x3-review-tiny-magnetic-ereader/

Xteink X3, es un dispositivo singular que lleva la idea del lector electrónico al extremo de la portabilidad. Se trata de un pequeño e-reader con pantalla de tinta electrónica de apenas 3,7 pulgadas, diseñado para adherirse magnéticamente a la parte trasera del teléfono móvil, de manera similar a un accesorio MagSafe o a un PopSocket. Su propuesta es clara: sustituir los momentos de navegación compulsiva por breves sesiones de lectura en cualquier lugar.

La reseña destaca que el principal atractivo del aparato es su tamaño diminuto y su comodidad cotidiana. El X3 cabe en bolsillos pequeños, bolsos o incluso junto al móvil sin apenas ocupar espacio. Esa ligereza hace que pueda acompañar al usuario constantemente, algo que no siempre ocurre con lectores tradicionales como Kindle o Kobo, más pensados para sesiones largas de lectura. Según la autora, esa presencia continua favorece un cambio de hábitos: mientras se espera en una cola, en el transporte público o en pausas breves, resulta más fácil abrir el e-reader que caer en Instagram o TikTok.

Uno de los aspectos más valorados es precisamente su capacidad para fomentar la lectura fragmentada. En lugar de competir con un libro de sobremesa o con un lector de gran formato, el X3 ocupa el espacio psicológico de las distracciones móviles. La reseña afirma que durante dos semanas de prueba el dispositivo ayudó efectivamente a leer más, especialmente en tiempos muertos que normalmente se consumen en redes sociales. Esto lo convierte en una herramienta interesante no solo tecnológica, sino también conductual.

Sin embargo, el artículo subraya varias limitaciones importantes. La principal es el software de fábrica, descrito como tosco, poco intuitivo y lejos del refinamiento de marcas consolidadas. Para muchos usuarios, la experiencia mejora instalando CrossPoint Reader, un firmware alternativo creado por la comunidad. Aunque la instalación no parece imposible, sí exige cierto nivel de iniciativa técnica, lo que reduce el atractivo del producto para usuarios generales que buscan sencillez inmediata.

Otro punto criticado es la ausencia de puerto USB-C. En vez de ello, el X3 utiliza un cargador magnético propietario. Aunque la batería parece muy eficiente —tras dos semanas de uso seguía cerca de carga completa—, depender de un cable específico resulta incómodo en una época marcada por la estandarización del USB-C. Esta decisión de diseño puede convertirse en un inconveniente práctico si se pierde el cargador o se viaja con frecuencia.

También existen límites inherentes al concepto. La pantalla pequeña funciona bien para lectores acostumbrados a texto compacto, pero puede no ser ideal para quienes prefieren letras grandes, lectura prolongada o navegación fluida. El X3 no pretende reemplazar a un Kindle tradicional, sino ofrecer una experiencia complementaria: un lector de bolsillo para momentos breves, impulsivos y móviles.

En conjunto, TechCrunch presenta el Xteink X3 como un dispositivo encantador, imperfecto y muy específico. No es el lector ideal para todo el mundo, pero sí una idea original en un mercado bastante conservador. Su valor no reside tanto en la potencia técnica como en replantear una pregunta contemporánea: si siempre llevamos el móvil encima, ¿por qué no convertirlo también en una puerta constante hacia los libros?

En una prueba en el mundo real, un modelo de IA tuvo un mejor desempeño que los médicos al diagnosticar pacientes.

Noguchi, Yuki. “In Real-World Test, an AI Model Did Better Than ER Doctors at Diagnosing Patients.” NPR, April 30, 2026. https://www.npr.org/2026/04/30/nx-s1-5804474/ai-doctors-openai-patient-care-diagnosis

Un reportaje de NPR analiza un estudio reciente en el que un modelo avanzado de inteligencia artificial obtuvo mejores resultados que médicos de urgencias en determinadas tareas clínicas, especialmente en diagnóstico inicial y toma de decisiones sobre atención al paciente. La investigación evaluó casos reales en entornos hospitalarios y comparó el rendimiento del sistema con profesionales humanos. Según los resultados, la IA mostró una notable capacidad para identificar patologías y sugerir cursos de actuación con alto nivel de precisión.

El hallazgo más llamativo es que la IA no fue probada en un laboratorio abstracto, sino en un contexto clínico cercano a la práctica cotidiana. Esto supone un cambio importante respecto a estudios anteriores basados en preguntas de examen o escenarios simulados. El modelo fue capaz de analizar síntomas, antecedentes y datos clínicos para ofrecer hipótesis diagnósticas competitivas, lo que sugiere que estas herramientas están entrando en una nueva fase de madurez aplicada.

Sin embargo, el propio reportaje insiste en que estos resultados no significan que los médicos vayan a ser sustituidos. El trabajo clínico real incluye dimensiones que exceden el diagnóstico algorítmico: exploración física, comunicación empática, interpretación contextual, toma de decisiones éticas, coordinación con otros especialistas y responsabilidad legal. La medicina no consiste solo en acertar una respuesta, sino en acompañar a una persona concreta en situaciones complejas e inciertas.

Los investigadores señalan que el papel más prometedor de la IA sería el de asistente clínico. Podría ayudar a detectar errores, priorizar pacientes, sugerir diagnósticos poco frecuentes, resumir historiales médicos o alertar sobre riesgos que un profesional saturado podría pasar por alto. En servicios de urgencias, donde el tiempo y la presión asistencial son extremos, estas capacidades podrían traducirse en decisiones más rápidas y seguras.

Aun así, persisten preocupaciones relevantes. Los modelos pueden generar respuestas incorrectas con aparente seguridad, reproducir sesgos presentes en los datos de entrenamiento o fallar en casos atípicos. También surgen dudas sobre privacidad, responsabilidad jurídica y transparencia: si una IA recomienda una decisión errónea, ¿quién responde? Por ello, muchos expertos sostienen que la supervisión humana seguirá siendo imprescindible.

El artículo de NPR refleja además una tensión creciente en la profesión médica. Algunos facultativos ven estas herramientas como apoyo valioso frente al agotamiento laboral y la escasez de personal; otros temen una dependencia excesiva o una presión institucional para reemplazar criterio profesional por automatización barata. El debate no es meramente tecnológico, sino organizativo y ético.

El estudio apunta a una transformación profunda del sistema sanitario. La pregunta ya no parece ser si la inteligencia artificial participará en la medicina, sino cómo se integrará. Si se usa con prudencia, transparencia y supervisión, puede mejorar diagnósticos y eficiencia. Si se adopta sin controles, puede aumentar errores y deshumanización. El futuro más probable no es “IA contra médicos”, sino médicos potenciados por IA.

¿Se han convertido las personas mayores en los nuevos adictos a las pantallas?

CBC Radio. “Seniors’ Screen Time Is Catching Up with Younger Generations.” The Current, March 31, 2026. https://www.cbc.ca/radio/thecurrent/seniors-screentime-9.7144850

El tiempo que los adultos mayores pasan frente a las pantallas se está equiparando al de las generaciones más jóvenes. Las tendencias recientes sugieren que ahora son los hijos adultos quienes les dicen a sus padres que dejen los teléfonos.

Un reportaje del programa The Current de CBC analiza cómo las personas mayores en Canadá están incrementando notablemente su tiempo de uso de pantallas, especialmente teléfonos inteligentes, hasta acercarse a patrones tradicionalmente asociados con generaciones más jóvenes. El artículo muestra que el estereotipo del adulto mayor alejado de la tecnología está quedando obsoleto. El crecimiento en la adopción de smartphones, redes sociales y servicios digitales refleja un cambio cultural profundo: las personas mayores no solo usan tecnología, sino que la integran en su vida cotidiana.

Uno de los datos más significativos es el aumento de la posesión de teléfonos inteligentes entre mayores de 65 años. Según la pieza citada por CBC, en 2014 solo una minoría tenía smartphone, mientras que ahora la cifra supera ampliamente la mitad de ese grupo etario. Esto indica que la brecha digital generacional se está reduciendo con rapidez. Las razones son múltiples: los dispositivos son más intuitivos, muchas gestiones esenciales se realizan ya en línea y la presión social o familiar empuja a mantenerse conectados.

El reportaje destaca también el papel de la conexión social. Para muchas personas mayores, el móvil es una herramienta contra la soledad. Permite videollamadas con hijos y nietos, mensajes instantáneos, acceso a grupos comunitarios y seguimiento de amistades mediante redes sociales. Después de la pandemia, estas formas de comunicación se consolidaron como una necesidad más que como un lujo. La tecnología aparece así como un instrumento de acompañamiento emocional y mantenimiento de vínculos afectivos.

Otro aspecto relevante es el uso de pantallas como estimulación cognitiva y entretenimiento. Juegos mentales, lectura digital, noticias, vídeos, música, cursos en línea o aplicaciones de salud ayudan a mantener rutinas activas. En muchos casos, la tecnología facilita la autonomía personal: recordatorios de medicación, mapas, banca digital o compras a domicilio amplían la capacidad de vivir de manera independiente durante más tiempo.

Sin embargo, el reportaje no presenta una visión ingenuamente optimista. También advierte de los riesgos del uso excesivo: peor calidad del sueño, sedentarismo, sobreinformación, dependencia psicológica o sustitución de interacciones presenciales. Estos problemas no afectan solo a jóvenes; las personas mayores también pueden desarrollar hábitos poco saludables relacionados con la hiperconectividad. El debate, por tanto, ya no es si usan tecnología, sino cómo la usan y con qué equilibrio.

La conclusión de CBC apunta a una transformación social más amplia. El envejecimiento contemporáneo está dejando de asociarse exclusivamente con retiro analógico o desconexión digital. Las nuevas generaciones de mayores llegan a esa etapa con décadas de experiencia tecnológica previa y seguirán demandando servicios digitales accesibles. Esto obliga a gobiernos, empresas, bibliotecas y servicios públicos a diseñar herramientas inclusivas, sencillas y respetuosas con la diversidad funcional.

En conjunto, el reportaje desmonta prejuicios sobre la edad y la tecnología. Las personas mayores no están “fuera” del mundo digital: forman parte activa de él, y cada vez con más peso. El verdadero reto no es introducirlas en la tecnología, sino garantizar que esa tecnología mejore su bienestar, autonomía y participación social.

Informe sobre el panorama actual de los programas bibliotecarios para personas mayores.

ALA Public Programs Office. “New Landscape Report on the Current State of Library Programs for Older Adults.” Programming Librarian, March 24, 2026.

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La American Library Association (ALA), a través de su Public Programs Office, ha publicado un nuevo informe panorámico sobre la situación actual de los programas bibliotecarios dirigidos a personas mayores. El documento forma parte de la iniciativa Aging Together: An Evaluation of Library Programming for Older Adults, impulsada junto con la organización Knology y financiada por The John A. Hartford Foundation. El objetivo principal es comprender mejor cómo están respondiendo las bibliotecas al envejecimiento de la población y qué tipo de actividades ofrecen a este colectivo, cada vez más relevante en términos demográficos y sociales.

El informe destaca que las bibliotecas públicas desempeñan un papel esencial como espacios comunitarios para las personas mayores. No solo proporcionan acceso a libros e información, sino que también funcionan como lugares de encuentro, aprendizaje, bienestar y participación social. Para muchas personas jubiladas o en situación de soledad, la biblioteca representa un entorno seguro, accesible y estimulante donde mantenerse activas intelectual y emocionalmente. Esta función cobra especial importancia en sociedades donde aumenta la esperanza de vida y donde el aislamiento social se ha convertido en un problema creciente.

Según la revisión realizada, la mayor parte de los programas bibliotecarios para personas mayores se concentran actualmente en cuatro grandes áreas: ocio, aprendizaje permanente, salud y tecnologías digitales. En el ámbito del ocio aparecen clubes de lectura, actividades culturales, juegos y encuentros sociales. En el aprendizaje permanente se incluyen conferencias, talleres formativos y programas educativos. En salud destacan iniciativas sobre bienestar físico y mental, prevención o recursos asistenciales. Finalmente, la alfabetización digital ocupa un lugar cada vez más central, con cursos sobre uso de móviles, internet, banca electrónica o videollamadas, herramientas esenciales para la vida cotidiana contemporánea.

Uno de los hallazgos más importantes es que, aunque todavía existen pocos datos sistemáticos de evaluación, las evidencias disponibles indican que estos programas generan impactos positivos claros en tres dimensiones. En primer lugar, mejoran conocimientos, habilidades y actitudes, especialmente en competencias digitales o acceso a información sanitaria. En segundo lugar, contribuyen al bienestar físico, mental y emocional de los participantes. En tercer lugar, fortalecen la conexión social y el sentimiento de pertenencia comunitaria, reduciendo la soledad no deseada. Estos beneficios sitúan a la biblioteca como agente de salud comunitaria y cohesión social.

Sin embargo, el informe también señala importantes limitaciones. Muchas iniciativas se desarrollan de forma aislada, como proyectos puntuales o sesiones únicas, sin integrarse en estrategias sostenidas a largo plazo. Además, faltan herramientas específicas para medir el impacto real de estos programas en personas mayores, lo que dificulta identificar buenas prácticas replicables. La literatura profesional sigue siendo escasa y fragmentada, por lo que el sector necesita más investigación aplicada, mejores indicadores y modelos estables de intervención.

Otro aspecto relevante es que el estudio presta atención a áreas todavía poco desarrolladas pero fundamentales para el futuro: apoyo a cuidadores, recursos sobre final de vida, envejecimiento activo, accesibilidad y acompañamiento en procesos complejos de salud o dependencia. Esto refleja una visión más amplia de la biblioteca, entendida no solo como institución cultural, sino como infraestructura social capaz de responder a necesidades humanas diversas a lo largo del ciclo vital.

El documento de 44 páginas actúa como fase preliminar de un informe final previsto para febrero de 2027. Ese trabajo posterior ofrecerá una visión más detallada de lo que hacen actualmente las bibliotecas estadounidenses para atender a las personas mayores y propondrá recomendaciones prácticas y modelos transferibles. En este sentido, el informe actual constituye una llamada de atención: ante el envejecimiento de la población, las bibliotecas tienen una oportunidad estratégica para redefinir su misión social y convertirse en actores clave del bienestar comunitario.

“El coste del conocimiento” es el tema de la Semana Internacional del Acceso Abierto 2026.

OA Week 2026 Planning Committee. “Theme for Open Access Week 2026 is ‘The Cost of Knowledge’.” SPARC, May 4, 2026. https://sparcopen.org/news/2026/theme-for-open-access-week-2026-is-the-cost-of-knowledge/.

La organización SPARC ha anunciado que el lema de la International Open Access Week 2026, que se celebrará del 19 al 25 de octubre, será “The Cost of Knowledge” (“El coste del conocimiento”). El tema plantea una reflexión crítica sobre cuánto cuesta realmente producir, difundir y mantener el conocimiento científico, y quién asume esos costes dentro del ecosistema académico global. Según el comunicado, aunque el acceso y la compartición del conocimiento deberían considerarse un derecho humano y un bien común, los gastos asociados a estas actividades continúan aumentando de forma notable.

El texto señala que buena parte del problema proviene de la creciente concentración empresarial y control comercial de la comunicación científica. Editoriales privadas y plataformas digitales dominan sectores clave de la publicación académica, desde las revistas científicas hasta los sistemas de evaluación e infraestructura tecnológica. Esta situación genera costes financieros evidentes —como las elevadas suscripciones institucionales y los cargos por procesamiento de artículos (APC)—, pero también otros menos visibles: dependencia tecnológica, pérdida de autonomía universitaria y barreras para investigadores con menos recursos.

SPARC subraya además los costes humanos del sistema actual. Una gran parte del trabajo académico que sostiene la publicación científica —redacción, revisión por pares, edición y gestión científica— es realizado por investigadores sin compensación económica directa. El documento invita a preguntarse al servicio de quién se pone ese trabajo voluntario y si el modelo vigente redistribuye de manera justa el valor generado por la comunidad investigadora.

Otro eje central es la desigualdad global en la producción y circulación del conocimiento. El comunicado denuncia que muchas regiones del mundo siguen excluidas de una participación equitativa en la creación y difusión científica. También menciona la necesidad de reconocer la soberanía de los datos indígenas y de respetar formas diversas de conocimiento que históricamente han sido marginadas por los sistemas académicos dominantes. La ciencia abierta, en este sentido, no puede limitarse al acceso gratuito, sino que debe incorporar justicia epistémica y pluralidad cultural.

El lema también introduce una cuestión muy actual: el uso de la investigación científica para entrenar sistemas de inteligencia artificial sin consentimiento ni compensación para autores e instituciones. SPARC critica que obras académicas sean licenciadas o explotadas para fines comerciales mientras los propios creadores no participan en los beneficios ni en la gobernanza de estos procesos. Igualmente, advierte sobre prácticas de vigilancia digital en plataformas que recopilan datos de lectura, navegación o comportamiento de los usuarios.

A ello se suman los costes medioambientales de la infraestructura digital contemporánea. El comunicado menciona el consumo energético y de agua asociado a centros de datos y grandes plataformas tecnológicas, recordando que la transición digital del conocimiento no es neutra desde el punto de vista ecológico. Así, el acceso abierto se conecta con debates sobre sostenibilidad y responsabilidad ambiental.

Lejos de quedarse en la crítica, SPARC destaca que ya existen alternativas viables: modelos de publicación sin tasas para autores, iniciativas comunitarias, infraestructuras no comerciales, sistemas cooperativos y propuestas basadas en el conocimiento como bien común. También recuerda que la Recomendación de la UNESCO sobre Ciencia Abierta, adoptada por 193 países, reconoce la necesidad de avanzar hacia sistemas más justos, inclusivos y sostenibles.

En conjunto, el lema de 2026 sitúa el debate del acceso abierto en una nueva fase. Ya no se trata únicamente de abrir artículos o reducir muros de pago, sino de cuestionar quién controla la producción científica, quién obtiene beneficios y qué costes sociales, laborales y ambientales sostienen el sistema. “The Cost of Knowledge” convierte la Open Access Week en una invitación a repensar la comunicación académica desde criterios de equidad, democracia y servicio público.

Libros que nos hieran

«Creo que solo deberíamos leer libros que nos hieran o nos apuñalen. Si un libro no nos despierta con un golpe en la cabeza, ¿para qué lo leemos? ¿Para que nos haga felices, como escribes? ¡Dios mío!, seríamos felices precisamente si no tuviéramos libros, y los libros que nos hacen felices son los que podríamos escribir nosotros mismos si fuera necesario. Pero necesitamos libros que nos afecten como una catástrofe, que nos duelan profundamente, como la muerte de alguien a quien amábamos más que a nosotros mismos, como ser desterrados a bosques remotos, como un suicidio. Un libro debe ser el hacha para el mar helado que llevamos dentro. Esa es mi convicción.»

Franz Kafka

Ten cuidado: Proyecto de alfabetización en el combate a la desinformación en la enseñanza superior

Lopes, Carlos, Maria Luz Antunes y Tatiana Sanches. 2025. Be Careful: Projeto de literacia no combate à desinformação no ensino superior. Lisboa: ISPA – Instituto Universitário. https://repositorio.ispa.pt/entities/publication/98969ba8-0360-4eac-b12b-7cc950d260c9.

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Este trabajo presenta y analiza el proyecto «Be Careful», una iniciativa pedagógica y de investigación desarrollada en el contexto de la educación superior en Portugal. El objetivo central del proyecto es capacitar a los estudiantes universitarios con competencias críticas de alfabetización informacional y mediática para identificar y combatir la desinformación (noticias falsas, sesgos cognitivos y manipulación de datos).

El texto analiza cómo, pese a que muchos estudiantes universitarios pertenecen a generaciones acostumbradas al uso cotidiano de tecnologías digitales, ello no implica necesariamente que posean competencias avanzadas para evaluar críticamente la información que consumen. Los autores señalan que el entorno informativo actual está marcado por la sobreabundancia de contenidos, la circulación de noticias falsas y la influencia de algoritmos que refuerzan creencias previas mediante las llamadas “burbujas de filtro”. Esta situación supone un desafío tanto para la formación académica como para la participación ciudadana responsable.

Ante este panorama, el proyecto Be Careful se plantea como una iniciativa educativa destinada a fortalecer la alfabetización mediática e informacional del alumnado universitario. Para ello, comienza con un diagnóstico inicial que permite conocer el nivel de conciencia de los estudiantes frente a la desinformación y detectar carencias en sus hábitos de búsqueda, selección y validación de fuentes. Esta fase resulta esencial para adaptar posteriormente las acciones formativas a las necesidades reales de los participantes.

Uno de los ejes centrales del proyecto son los talleres prácticos, orientados a enseñar estrategias concretas de verificación de datos. En estas sesiones se trabajan técnicas de fact-checking, análisis crítico de titulares sensacionalistas, identificación de sesgos en mensajes digitales y evaluación de la autoridad y fiabilidad de autores y sitios web. El objetivo no es solo transmitir herramientas técnicas, sino promover hábitos intelectuales basados en la prudencia, la duda razonada y la contrastación de evidencias.

El programa también contempla la elaboración de Recursos Educativos Abiertos (REA), como guías, materiales didácticos y contenidos reutilizables, con el fin de facilitar que otras instituciones académicas puedan replicar la experiencia. Esta dimensión abierta amplía el alcance del proyecto y favorece la cooperación entre universidades, bibliotecas y profesionales de la información interesados en combatir la desinformación desde la educación superior.

El documento concede especial relevancia al papel de las bibliotecas universitarias y de los bibliotecarios como agentes formativos clave. Lejos de limitarse a funciones tradicionales de gestión documental, se les reconoce como mediadores expertos capaces de enseñar competencias informacionales, acompañar procesos de investigación y fomentar una relación crítica con la información digital.

Finalmente, los autores concluyen que la lucha contra la desinformación exige un esfuerzo continuo e interdisciplinario. La experiencia del proyecto demuestra que integrar estas competencias en el currículo universitario mejora notablemente la capacidad de los estudiantes para localizar información científica rigurosa, diferenciar fuentes fiables de contenidos engañosos y desenvolverse con mayor autonomía en un entorno mediático complejo. En consecuencia, la alfabetización informacional se presenta no solo como una destreza académica, sino como una condición necesaria para la salud democrática de las sociedades contemporáneas.