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PreTextos: Un personaje Feliz de Maria Elena Wash

Un personaje feliz

El hombre está arrodillado ante su altar. Busca un libro entre todos y aunque la vista lo traicione, le sobran tacto, olfato y corazón para hallarlo. Sabe que la búsqueda es mutua, que lector y libro acaban encontrándose.

El encuentro sobrevuela siglos y continentes, adivina lenguas extrañas y signos misteriosos. Cuando se reúnan dialogarán en silencio, o quizás el hombre murmure algunas líneas, según su costumbre, recordándolas como si las viera.

El gesto reverencial del señor arrodillado no se dirige a las alturas sino a ras de tierra, donde en ese instante se alinean los objetos de su devoción. La imagen es ejemplar, estampa de un santo reverente ante la sabiduría.

Los que llevamos recorrido un largo trecho de vida compartida con estos objetos y buscando siempre otros, murmuramos también una unánime plegaria de gratitud.

Vivimos entre libros, hemos tenido la libertad de elegirlos y la posibilidad de descifrarlos, en una era en que la instrucción fue (casi) universal. No necesitamos ser monjes ni damas de la nobleza, y si pertenecemos a una cofradía no es la del poder ni la del dogma, simplemente hemos sido elegidos por los libros desde temprana edad. Bendito sea un privilegio desinteresado, no esgrimido para someter a los diferentes.

La plegaria del lector gustoso incluye un solo pedido: seguir leyendo. Aun en la noche que afligió a Borges, los textos guardados en su memoria y los que voluntades amigas le acercaban oralmente le impidieron claudicar, porque lectura es sinónimo de respiración.

Y es inevitable mencionarlo, porque fue el único que ensalzó la tarea de lector sobre la de escritor, en un lugar del mundo donde ambas actividades no fueron ni son precisamente auspiciadas.

Fue el Sumo Lector, el que tradujo e interpretó la escritura universal, el gramático que nos enseñó a leer, el maestro a menudo arbitrario de adultos a menudo díscolos. El Sarmiento de los iniciados.

El lector nace, siempre que cuente al nacer con las hadas reglamentarias asomadas a su cuna que le otorguen dos dones. Una familia natural o vicaria, en la que al menos un adulto esté hechizado por un libro. Y un ámbito escolar donde se enseñe humildemente a leer y escribir, porque a pesar de los vertiginosos cambios impuestos por el negocio de la informática, durante bastante tiempo nos seguiremos manejando con el alfabeto.

A veces se improvisan meritorias campañas de fomento de la lectura, pero parece incorregible la paradoja de que el niño jamás ve leer a ningún adulto, ni en la realidad ni en la feria virtual. El maestro es quien puede reparar este escamoteo, siempre que sortee la imposición prepotente de lo instantáneodivertido, ayudando al niño a amar, o por lo menos a no despreciar ese alimento primigenio: el eterno cuento, el juego de la imaginación.

Recuerdo una antología llamada El curioso entretenido , un título folclórico que define al lector incipiente. En cualquier ámbito de gente bien alimentada puede brotar esta chispa que lleva a manosear revistas, descifrar carteles, y hasta los papeles rotos de las calles. De esta chispa -si nadie la apaga a baldazos, que es lo que en realidad sucede- nace una hoguera vital de placer y devoción.

Lector se nace, lector se hace, lector se muere. Como el hábito no tiene finalidad práctica, tampoco admite renuncia por abandono ni por desaliento ante las proezas del inexistente competidor.

El lector se arrodilla como el arqueólogo, trepa escaleras como el restaurador, fortalece músculos con el diccionario de María Moliner o el Seco, huronea de tomo en tomo. Lee de pie y escarba en las librerías, sufriendo la melancólica anemia de su bolsillo, el despiste de los libreros y la necesidad del ángel que lo oriente para desmalezar la selva de libros chatarra.

Lo creíamos sedentario y en realidad es un atleta, comparado con los estáticos prójimos solidificados en ángulo recto frente a las pantallas.

El lector es feliz de ser contemporáneo de una abundancia de libros única en la historia: las cifras y la exhibición a menudo grosera abruman, pero del exceso nace la posibilidad de elección y de la variedad de elección ese gusto formado a fuerza de errores e insistencia.

No todas son novedades editoriales oportunistas, también se reedita lo que hasta ayer era inhallable, se ofrecen obras clásicas en los kioscos o adjuntas a los periódicos, hay sistemas de impresión al alcance de la mayoría de ávidos autores primerizos.

Todo eso es encomiable, pero el lector tradicional busca en vano lugares silenciosos. La ancianidad le da derecho (alguno le queda) a permitirse incursiones por la nostalgia. Añora los plácidos medios de transporte de otra era u otras ciudades contemporáneas.

Lo afirma alguien que fue pasajera de tranvías o de barcos de carga que navegaban durante treinta días, sin etapas. Una maleta de libros le permitía convivir con poetas ilustres en el módico camarote, lujo equivalente al de los viajeros patricios que embarcaban con la vaca. Incomparable con el que disfrutó Stephan Zweig, que en su viaje a América, mientras escribía la biografía de Magallanes, pudo consultar libros en la biblioteca del transatlántico.

Envidia a los fanáticos del fútbol, porque pueden trenzarse en coincidencias y contiendas con cualquier vecino, porque todos comparten ídolos del mismo dogma y un código enciclopédico de conocimientos específicos. Al lector le cuesta cada vez más encontrar interlocutores, interlectores.

Muchos se conforman con el diálogo electrónico, herederos de los entusiastas espiritistas de hace un siglo. Pero al veterano le parece, hasta que lo fusilen por anacrónico, un intercambio entre fantasmas.

El lector también vive en un planeta virtual, pero autores y obras le resultan compañías incorporadas a sus sentidos: criaturas que despiertan una extraña sensualidad. Seres corpóreos tan fastidiosos en viajes y mudanzas como dolorosos en cada separación.

Como el paisano usa el adobe y el esquimal el hielo, el lector se ha fabricado una vivienda de libros, una madriguera con vista al universo. Las casas sin libros, las mansiones de ricos y famosos tan empeñosamente exhibidas para regodeo de habitantes de Calcuta, le parecen paisajes marcianos.

Roba, en fin, los ratos que puede a una agenda saturada de tareas y estrecheces, con tanto sacrificio como el prójimo que los destina al gimnasio, porque esa pasión ¿sedentaria? es su gimnasio. Y espera el momento en que las cirugías reparadoras le permitan corregir una memoria fláccida, una concentración rugosa, una mustia capacidad de ilación.

El curioso entretenido es la especie más común de lector, quizás el más simpático. Y está también el concentrado y memorioso, y el lotófago que archiva la esencia mínima que su mente podrá con suerte reciclar, y el surtidor de citas y personajes al que, a esta altura del páramo ¿quién va a reprocharle la pedantería?

Si el lector va por el mundo con cierto aire de quedarse “entre las azucenas olvidado”, qué decir de la lectora, que va por ese mismo mundo con un talante de franco desvarío, tironeada por la multiplicidad de sus deberes.

Suele andar crespa de melena e incómoda de paso, con gesto de dónde habré puesto los anteojos o dónde encontraré, ya no el famoso cuarto, sino el momento propio para reanudar el párrafo interrumpido, a menudo años atrás, hace ya varios hijos.

Pero el lector es en el fondo un personaje feliz, su capacidad de integrar otras vidas y peores peripecias le ayuda a superar el suplicio del tedio, que, según los expertos, es causa principal de un ejército de lacras sociales.

El placer de la lectura se matiza con sentimientos no siempre recreativos. Pensar no significa siempre columpiarse. Hay narraciones que abren heridas absurdas a lectores sanamente infantiles, incapaces de simbolizar y que viven con pánico los avatares de protagonistas míticos o reales.

Y está el que, al emerger del laberinto de una larga novela, deambula durante varios días como alma en pena, sumido en la más tanguera de las orfandades, salpicado de pólvora de batallas y perfumes de bailes cortesanos.

Los clásicos, por ejemplo, no son pesados por su extensión o su denso lenguaje. Lo que pesa en ellos es la intensidad, el impudor con que despliegan su espejo de miserias y terrores.

Confieso que promediando el paseo por el Infierno de Dante, la lobreguez me pide un paréntesis. Y tampoco sé cómo tolerar la perversidad de los villanos de Shakespeare, nuestros semejantes y hermanos. Y que me abruma el exceso de dicha al apropiarme de la lengua y los episodios del Quijote.

Y en cuanto al tan mentado Proust, no es la minuciosa transcripción de los celos de Swann en decenas de páginas lo que a uno impacienta, sino la sospecha de verse radiografiado, congelado en un momento de su vida, y preguntarse con desazón: ¿cómo pude haber sido tan imbécil?

Celebré empezar el siglo -o el milenio- con el descubrimiento de tres libros a los que es posible considerar clásicos actuales:Cartas de Cumpleaños del inglés Ted Hughes, Piezas en Fuga de la canadiense Anne Michaels, la Obra Poética del compatriota Joaquín O. Gianuzzi (que sorprende como novedad al conformar un solo volumen, cuando la habíamos conocido en modestas entregas).

Al gozo del encuentro con estos libros excepcionales se le suma una cuota de angustia que pide respiro, como si fuera imposible leerlos de corrido por la carga emotiva a la que nos someten, por su implacable belleza poética, porque son tratados de sufrimiento.

Toda persona instruida puede leer, pero convertirse en lector requiere, como es obvio, la paciencia y el esfuerzo de toda disciplina. Los lectores son tipos raros, o para definirlos con cierto elegante hermetismo también borgeano, “los buenos lectores son cisnes más tenebrosos y singulares que los buenos autores”.

Sin embargo, la sociedad acepta que un deportista, un científico, un virtuoso de la música, lleven una vida de constante aprendizaje, sacrificio y concentración (en cualquiera de sus sentidos) pero supone que el lector se improvisa y no es sino un holgazán con cierto prestigio.

Como muchas obvias afirmaciones, es necesario rebatirlas en una época en que se sacraliza la reducción jibaril y el mito de la facilidad. Un atolondramiento generalizado procura convencernos de que la tarea intelectual se desliza por una cinta mecánica. Que conduce, naturalmente, a un parque de diversiones que excluye carácter y paciencia.

De estas patrañas se nutre la verdadera frivolidad nuestra de cada día, no de las crónicas en revistas ilustradas o las necedades mediáticas, por más serviciales que resulten para contribuir a la confusión general.

Es verdad que el lector no ejerce, no opera ni convierte goles ni gobierna (esto sin duda) pero se somete a un permanente entrenamiento, debe superar las etapas de una experiencia que incluye la comprensión, quizás no siempre lograda, de otras lenguas y otros contextos históricos.

Nada de eso le permite ganar prebendas ni honores. Y es posible que no le hagan falta. Pero no desdeñaría que como premio le regalaran libros, incluso los propios si además de lector es autor.

Está de moda el debate tan repetido como hipócrita (porque en realidad se trata de de una campaña exterminadora) sobre la inminente desaparición del libro. La inquietud que suele acompañar este debate parece disimular una liviana transposición del único duelo obsesivo y aterrador. No es seguro que el libro esté destinado a desaparecer mañana, pero sí es seguro que desaparecerá cada uno de nosotros, especímenes humanos. Y es posible que cuando dejemos este mundo, algunos libros nos echen de menos.

Y si en vida nuestra única recompensa fue seguir leyendo o releyendo, el único premio póstumo nos lo prometió en sueños Virginia Woolf: Cuando amanezca el Día del Juicio Final y los grandes conquistadores, jueces y estadistas se presenten a recibir sus recompensas: coronas, laureles, sus nombres indeleblemente grabados en imperecedero mármol, el Todopoderoso le dirá a Pedro, no sin cierta envidia cuando nos vea llegar con los brazos cargados de libros: -Pedro, éstos no precisan recompensa. Aquí no tenemos nada para darles. Fueron amantes de la lectura”.

Por María Elena Walsh

Posición de los autores británicos respecto al préstamo digital

“Society of Authors’ Briefing note on PLR and Royalties from Library elending.” 2013.

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Posición de los autores británicos respecto al préstamo digital en este sentido la Sociedad de Autores considera que los autores pueden estar perdiendo como hasta por encima de dos veces de ingresos  por los préstamos de libros electrónicos realizados a través de las bibliotecas, y llama a todos los autores a revisar sus declaraciones de derechos y reclamar el reembolso a los editores si lo consideran adecuado

Manual de Recursos Educativos Abiertos para educadores

Gurell, S. (. [e-Book]  Open  Educational Resources Handbook 1.0 for educators, WikiEducator, 2008.

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Este manual está diseñado para ayudar a los educadores a encontrar, utilizar, desarrollar y compartir los REA para mejorar su eficacia en línea y en la clase de manera presencial. No es necesario disponer de conocimientos previos sobre REA, si  es necesario, un poco de experiencia utilizando un ordenador y será útil tener conocimientos sobre Internet. Por ejemplo, es preferible que haya experiencia en el uso de un procesador de textos (por ejemplo Open Office  o Microsoft Word) y el software de producción de los medios de comunicación básica, como un editor de imágenes (por ejemplo, Gimp, Inkscape o Photoshop). El manual funciona mejor cuando hay algún tipo de REA que desea crear o poner a disposición de los demás, pero también es útil para el lector curioso. Hay varias maneras de utilizar este manual: 1-Cover to cover, destinado para los recién llegados que quieren obtener una comprensión de los REA y participar en todo el ciclo de desarrollo (encontrar, componer, adaptar, utilizar, compartir,. ..) en un ambiente del mundo real; 2 Las distintas secciones, sirven como referencia rápida para los educadores que participan en el desarrollo de los REA en busca de algún aspecto concreto en cualquier etapa del ciclo de desarrollo de OER. No se espera que sea docente o diseñador de medios de producción para utilizar este libro. Si no se conoce un término con el que no está familiarizado, puedes encontrar un glosario al final del manual para una definición.

Manual de Recursos Educativos Digitales Abiertos

 

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Recursos Educativos Digitales Abiertos [e-Book] . Bogotá, Ministerio de Educación Nacional, 2012

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Esta publicación sobre Recursos Educativos Digitales Abiertos es el resultado de un trabajo liderado por el Ministerio de Educación Nacional y ha contado con el apoyo de expertos nacionales e internacionales y de representantes de varias Instituciones de Educación Superior. Recopila los más recientes antecedentes nacionales e internacionales sobre este tema, consolida acuerdos conceptuales y establece un marco de actuación con lineamientos institucionales gracias a los cuales en Colombia se apoyará, fortalecerá y potenciará la producción y gestión de Recursos Educativos Digitales Abiertos en las IES.

Recursos Educativos Abiertos (REA). Monográfico

Ver monográfico

Recursos Educativos abiertos (REA – OER)

Otros MONOGRÁFICOS SOBRE BYD

Los “movimientos abiertos” han adquirido una importancia creciente en distintos ámbitos. En este monográfico recopilamos el caso particular de los recursos educativos abiertos (REA) y, más específicamente, su utilización en la enseñanza. Los recursos educativos abiertos o “REA” (en inglés: Open Educational Resources, “OER”) son documentos o material multimedia con fines relacionados con la educación como la enseñanza, el aprendizaje, la evaluación y la investigación cuya principal característica es que son de acceso libre y por lo general bajo licencia abierta. Aunque algunas personas consideran que el uso de un formato abierto es una característica esencial de los REA, este no es un requisito universalmente reconocido. El término fue adoptado por primera vez en 2002 por la Unesco. o debe confundir con educación abierta. El desarrollo y la promoción de los recursos educativos abiertos a menudo es motivado por el deseo de poner freno a la mercantilización del conocimiento y de proporcionar una alternativa o mejora del paradigma educativo.

Relacionado con el tema de

MOOC: Cursos en Línea Masivos y Abiertos.

Oir PODCAST

Esta tarde en Planeta biblioteca hemos tenido a Silvia Martín, coordinadora del Observatorio SCOPEO y autora del “SCOPEO Informe No. 2 MOOC: Estado de la si tuación actual, posibilidades, retos y futuro.” Además, soy la diseñadora Instruccional de los Cursos MOOC de la Universidad de Salamanca, USALMOOC. Silvía nos ha aclarado que es y cómo surgen los MOOCs, que contenidos y organización conlleva planificar un Cursos en Línea Masivos y Abiertos. Como se financian y cómo se logra la certificación a través de un MOOCs. Cuáles son sus problemáticas y cuáles son sus beneficios. Qué posibilidades tiene para el aprendizaje de hoy, qué futuro les espera. Cuál puede ser el papel de la biblioteca en los MOOCs. Dónde podemos encontrar en España Cursos masivos abierto y y cuál es la oferta de MOOCs de la Universidad de Salamanca actualmente.

E-Recursos

SCOPEO http://scopeo.usal.es/

Hernández Martín, Silvia. MOOC: Estado de la situación actual, posibilidades, retos y futuro [e-Book]. Salamanca, Scopeo, 2013.

RFID en Bibliotecas. Planeta Biblioteca 2016/02/03

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SerDoc Empresa de Gestión Documental

Monográfico RFID en Bibliotecas

Los sistemas de identificación por radiofrecuencia RFID llevan algunos años utilizándose en bibliotecas, una de las empresas que comercializa  esta tecnología es SerDoc, por ello ha visitado nuestro planeta radiofónico Juan Manuel Perez, director de proyectos de esta compañía para hablarnos sobre que es un sistema RFID, como funciona, que requerimientos técnicos  necesita, diferencias y capacidades de los distintos sistemas RFID (LF, HF y UHF), y sus aplicaciones e integración en los servicios y sistemas bibliotecarios. Una charla muy informativa que te ayudará a comprender mejor como funciona el sistema, sus aplicaciones y posibilidades de futuro.

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Cómo publicar adecuadamente en Revistas científicas

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Olson, L. (2014). [e-Book]  How To Get Your Writing Published in Scholarly Journals., eAcademia, 2014.

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La guía proporciona consejos prácticos sobre como planificar, preparara y depositar artículos en revistas científicas, desde la construcción del argumento hasta el etiquetado correcto del artículo siguiendo las recomendaciones académicas con precisión, así como los sistemas de referenciación y citación adecuadamente expuestos. La comunicación con los editores y revisores del documento científico cumplimentado por diferentes ejemplos que aparecen en la guía. Focalizando las prácticas académicas en relación a las expectativas y requerimientos de cualquier revista científica. Esta guía puede utilizarse para un amplio margen de disciplinas, Ciencias, Ciencias, Sociales, Humanidades, Derechos y Gestión.

Dic-Dic: aplicación móvil para el aprendizaje de la lecto-escritura en niños

 

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Dic-Dic es un aplicación-juego móvil para IPad que facilita el aprendizaje de la lecto-escritura en nños. la aplicación permite conocer las letras, deletrear, relacionar sonidos con grafías, y empezar a escribir. Pero también puede utilizarse para que los mayores aprendan otros idiomas, permitiendo incluso escoger el nivel de dificultad y otras preferencias personales. Hay que decir que la aplicación es muy intuitiva y bien diseñada con un diseño atractivo y cuidado.

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Amantes de los libros, tecnófilos, pragmáticos y tecnófobos: aspectos sociales y demográficos en las actitudes de los usuarios hacia los libros electrónicos

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Revelle, A., K. Messner, et al. “Book Lovers, Technophiles, Pragmatists, and Printers: The social and demographic structure of user attitudes toward e-books.” College & Research Libraries vol. 73, n. 5 (2012). pp. 420-429.

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El objetivo del artículo es identificar grupos de opinión sobre los libros electrónicos en la Universidad de Miami. La investigación identificó cuatro tipos distintos de grupos de opinión entre los investigados: los lectores amantes del libro impreso, tecnófilos, pragmáticos y tecnófobos. Los resultados iniciales del estudio fueron utilizados como base para una encuesta a un importante número de estudiantes universitarios, estudiantes de postgrado y profesores con el objeto de disponer de una imagen lo más completa posible de la composición demográfica y social de la población estudiada. Los resultados de esta encuesta indican que la disciplina académica está fuertemente asociada con los tipos de opinión de los encuestados. El género y nivel de educación también están asociados con los distintos tipos de opinión.

Los amantes del libro (impreso) como parece ser evidente tienen una afinidad inherente por el formato impreso, mientras que los tecnófilos están principalmente interesados en las posibilidades de las nuevas tecnologías y en el incremento de prestaciones que proporciona el libro digital. Los pragmáticos son los más neutrales de los cuatro grupos estudiados, ya que son los más interesados en el contenido y por lo tanto son capaces de ver pros y contras en uno y otro formato. Los tecnófobos evidentemente prefieren los libros impresos, pero se distinguen de los amantes del libro en que su rechazo al libro electrónico no tiene que ver tanto con el formato, y si más con las dificultades tecnológicas respecto a su capacidad de uso de los dispositivos de lectura.

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Tipos de usuarios

En el estudio participaron 735 encuestados totalmente caracterizados y los resultados indicaron que los amantes de libro constituyen el 34% (249), tecnófilos 23% (168), pragmáticos el 17% (126), y tecnófobos el 26% (192) de la muestra identificada.El estudio es de septiembbre de 2012, y se ha avanzado en cuanto a la percepción, tecnología y usabilidad. Sería deseable que se hiciera un segundo estudio para ver en que medida se han modificado las percepciones.

En cuanto a género, el 32% de las mujeres se identifican como aficionadas a los libros, de las cuales el 32% se identifican con el grupo de los tecnófobos. En comparación con el 37% de los hombres que se identificaron como aficionados a los libros, pero sólo el 16% se identifican como tecnófobos. Una explicación podría ser que los hombres están más definidos en las preferencias de tipo medio (un 37% prefieren los libros impresos, y un 27% se identifican como tecnófilos), mientras que las mujeres parecen estar más centradas en la preferencia por el formato impreso, pero se dividen en partes iguales entre quienes prefieren los libros impresos originales frente a aquellos que optan por versiones electrónicas.

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Diiferencias por género

¿La información sobre automedicación disponible en internet reúne criterios de calidad?

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Martín-Fombellida, Ana Belén, María Saéz-Lorenzo, Helena Iglesias-de-Sena, Montserrat Alonso-Sardón, Julio Alonso-Arévalo, José Antonio Mirón-Canelo «¿La información sobre automedicación disponible en internet reúne criterios de calidad?» Acimed : Revista Cubana de Información en Ciencias de la Salud vol. 27, n. 1 (2015).

Texto completo

El estudio tiene por objetivo analizar la calidad de la información en relación con la automedicación en las páginas web de internet y estimar si se cumplen criterios de calidad. Para conseguir dicho propósitose efectuó un estudio observacional tipo transversal basado en la valoración de 15 páginas web institucionales relacionadas con la automedicación y que fueron seleccionadas aleatoriamente para ser revisadas por 59 usuarios habituales de internet como herramienta fundamental en su trabajo profesional. Como instrumento de medida se utilizó un cuestionario elaborado específicamente para este trabajo de investigación. El 66 % de los usuarios del estudio confirmaron la existencia de información sobre automedicación en dichas web. De acuerdo con las observaciones realizadas por los usuarios -la mayor parte de páginas web con información sobre automedicación- en 9 (60 %) se cumplen criterios de calidad en un 70-75 %. Las variables mejor evaluadas han sido la actualización de la información, la responsabilidad y la accesibilidad. Las peor evaluadas han sido la arquitectura de la información y la existencia de acreditación o sello de calidad en la web. La calidad de las web analizadas es aceptable, pero mejorable en accesibilidad universal, acreditación y/o certificación. Las web mejor valoradas globalmente han sido la del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad de España y la de la Organización Mundial de la Salud.