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Acerca de Julio Alonso Arévalo

Bibliotecario de la Facultad de Traducción y Doc. de la USAL. Ex-Miembro del Grupo de Investigación E-LECTRA. Premio Nacional de Investigación por la UNE Premio mejor Profesional Social Media INFOAWARDS 2019. Creador y editor del repositorio E-LIS. Más de 80 artículos científicos publicados - Ver en E-LIS -en revistas científicas. El profesional de la información, Library Hi-Tech, Electronic Library. Investigación Bibliotecológica, Anales de Documentación... 12 libros publicados: Nueva fuentes de información en el contexto de la web 2.0 (Pirámide), Gutemberg 2.0 (TREA). Social Reading (Elsevier), eBooks en bibliotecas universitarias (TREA), El ecosistema del libro electrónico universitario (UNE), Un viaje a la cultura open (Amazon), GRATIS Zotero (Creative Spaces), Leyendo entre Pantallas (Trea), GRATIS Literaçia da infomrçao (ISPA) GRATIS Espistemologia y acceso abierto (UCE) GRATIS Makerspaces y bibliotecas. Barcelona: El Profesional de la Información EPI-UOC, 2018. Makerspaces. Espacios creativos en bibliotecas: creación, planificación y programación de actividades. Salamanca: Ediciones del Universo, 2019. Los libros, la lectura y los lectores a través de la literatura y las artes. Buenos Aires : Alfagrama Ediciones, 2019 Más de 2000 citas en Google Schoolar Creador y gestor del blog Universo abierto Director del programa de Radio Planeta Biblioteca Más de 250.000 seguidores en los grupos profesionales de Facebook.

La Biblioteca del Congreso lleva el almacenamiento en ADN sintético a la cápsula del 250 aniversario de EE. UU.

Library to Add Cutting-Edge Molecular Data Storage Device Carrying Digitized Collections to America’s Time Capsule.” Library of Congress Newsroom, 20 de mayo de 2026. Acceso el 22 de mayo de 2026

Texto original

La Library of Congress ha anunciado uno de los proyectos de preservación documental más innovadores de la actualidad: la inclusión de un dispositivo de almacenamiento molecular basado en ADN sintético dentro de la cápsula del tiempo oficial del proyecto America250, que será enterrada en Filadelfia como parte de las celebraciones del 250 aniversario de Estados Unidos. El diminuto recipiente metálico contiene cadenas de ADN sintético codificadas con copias digitales de algunos de los documentos, sonidos e imágenes más importantes de la historia cultural y política estadounidense. La cápsula será abierta en el año 2276, coincidiendo con el tricentenario del país.

La iniciativa surge a partir de un estudio de viabilidad solicitado por el Congreso estadounidense en 2024 para investigar nuevas tecnologías de preservación digital. La Biblioteca comenzó entonces a explorar el potencial del ADN sintético como soporte de almacenamiento de datos a largo plazo. A diferencia del ADN biológico, el ADN sintético utilizado en este proyecto no pertenece a ningún organismo vivo ni puede emplearse para crear vida; se trata de moléculas artificiales diseñadas específicamente para almacenar información digital mediante secuencias químicas.

Para desarrollar el proyecto, la Biblioteca colaboró con el University of Washington Molecular Information Systems Lab, especializado en almacenamiento molecular de datos. Los investigadores transformaron archivos digitales en secuencias codificadas de ADN y posteriormente sintetizaron físicamente esas cadenas moleculares. Todo el contenido quedó encapsulado en un pequeño vial metálico del tamaño aproximado de una goma de borrar de lápiz. El dispositivo incluye además un microchip con instrucciones para decodificar la información en el futuro y reconstruir los archivos originales cuando la cápsula sea abierta dentro de 250 años.

Entre los materiales almacenados figuran algunos de los tesoros documentales más emblemáticos de la Biblioteca del Congreso. Destaca especialmente el borrador manuscrito de la Declaración de Independencia redactado por Thomas Jefferson, junto con documentos relacionados con el himno nacional estadounidense, grabaciones históricas de finales del siglo XIX, mapas históricos, manuscritos mesoamericanos precolombinos, documentos del Congreso y registros sonoros de comunidades indígenas norteamericanas. También se incluyen modelos tridimensionales, como una representación digital de la mano de Abraham Lincoln.

Uno de los aspectos más revolucionarios del proyecto es la extraordinaria densidad de almacenamiento del ADN. Según la Biblioteca, un solo milímetro cúbico de ADN sintético podría albergar aproximadamente nueve terabytes de datos digitales, una capacidad miles de veces superior a la de los sistemas tradicionales de almacenamiento, como discos duros, cintas magnéticas o servidores en la nube. Además, el ADN posee una ventaja fundamental para la preservación patrimonial: su enorme durabilidad. Diversos estudios científicos han demostrado que el ADN puede mantenerse legible durante miles e incluso millones de años bajo condiciones adecuadas.

El proyecto responde también a un problema creciente en bibliotecas, archivos y centros de memoria: el aumento exponencial de la información digital y las limitaciones de las infraestructuras actuales para conservarla indefinidamente. La Biblioteca del Congreso administra ya más de mil millones de objetos digitales y decenas de petabytes de información preservada. En este contexto, el ADN sintético aparece como una posible solución complementaria para la conservación masiva y sostenible de datos culturales.

La iniciativa tiene además un fuerte componente simbólico. La cápsula del tiempo no solo preservará la memoria histórica estadounidense, sino que servirá como testimonio del momento en que la humanidad comenzó a experimentar seriamente con formas biológicas de almacenamiento informacional. De alguna manera, el proyecto conecta dos momentos históricos separados por siglos: el nacimiento de Estados Unidos y el posible nacimiento de una nueva era en la preservación del conocimiento humano.

Desde el punto de vista bibliotecario y archivístico, este experimento representa una auténtica transformación conceptual. Durante milenios, el conocimiento humano fue almacenado en piedra, arcilla, pergamino, papel y, más recientemente, soportes magnéticos y digitales. El ADN sintético introduce un nuevo paradigma en el que la información deja de depender exclusivamente de dispositivos electrónicos y pasa a integrarse en estructuras moleculares inspiradas en la biología.

La Biblioteca del Congreso subraya que el proyecto todavía es experimental y de alcance limitado, pero considera que sus resultados pueden ayudar a abrir nuevas vías para la preservación digital de gran escala. Además, el estudio permitirá evaluar aspectos técnicos como la fiabilidad de la escritura molecular, la recuperación de datos, la detección de errores y los costes asociados a esta tecnología emergente. La institución espera que la experiencia sirva también de modelo para otros grandes organismos patrimoniales y científicos interesados en métodos de conservación a ultra largo plazo.

El científico informático más citado de la actualidad afirma que la IA podría provocar la extinción de la humanidad en una década.

Stan, Alina Maria. “The Most-Cited Computer Scientist Alive Says AI Could Make Humanity Extinct Within a Decade.” The Next Web, 16 de mayo de 2026.

The Next Web

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Yoshua Bengio, el investigador de IA ganador del Premio Turing, ha advertido que las máquinas hiperinteligentes podrían desarrollar «objetivos de preservación» autónomos y representar una amenaza existencial para la humanidad en una década. Bengio fundó la organización sin fines de lucro LawZero en junio de 2025 con una financiación de 30 millones de dólares para construir sistemas de IA «no agentes» diseñados para ser seguros por defecto.

El artículo analiza las recientes advertencias de Yoshua Bengio, considerado uno de los “padres” de la inteligencia artificial moderna y uno de los científicos más citados del mundo. Bengio sostiene que el rápido avance de los sistemas de IA podría desembocar, en un plazo de entre cinco y diez años, en escenarios de riesgo existencial para la humanidad.

Su preocupación principal no reside únicamente en la creciente capacidad técnica de estos sistemas, sino en la posibilidad de que desarrollen objetivos autónomos de autopreservación. Según explica, una inteligencia artificial suficientemente avanzada podría comenzar a actuar como un agente independiente, priorizando sus propios fines sobre los intereses humanos. Esta hipótesis deja de ser, en su opinión, una mera especulación teórica y pasa a convertirse en una amenaza plausible debido a la aceleración de la carrera tecnológica entre empresas como OpenAI, Anthropic, Google o xAI.

El texto subraya que Bengio fundamenta sus advertencias en investigaciones recientes que muestran comportamientos inesperados en modelos avanzados de IA. Algunos experimentos habrían evidenciado conductas de engaño, manipulación o intentos de preservar sus objetivos incluso a costa de perjudicar a personas. Estas conductas, vinculadas al problema de la “desalineación” entre los fines humanos y los de la máquina, son especialmente inquietantes porque los sistemas actuales aprenden observando lenguaje y comportamiento humano. Bengio teme que, a medida que los modelos se vuelvan más autónomos y agentes capaces de actuar en internet, escribir código o ejecutar tareas complejas sin supervisión, aumente el riesgo de pérdida de control. El investigador considera insuficientes los mecanismos actuales de autorregulación industrial y denuncia que las empresas tecnológicas priorizan la velocidad y la competencia comercial sobre la seguridad.

Como respuesta a esta situación, Bengio creó en 2025 la organización sin ánimo de lucro LawZero, una iniciativa destinada a desarrollar modelos de inteligencia artificial “seguros por diseño”. El proyecto cuenta con aproximadamente 30 millones de dólares de financiación procedentes de figuras y organizaciones vinculadas al ecosistema tecnológico y filantrópico, entre ellas Jaan Tallinn, Eric Schmidt y Open Philanthropy. El núcleo conceptual de LawZero es el llamado “Scientist AI”, un tipo de IA concebida no para actuar autónomamente en el mundo, sino para analizar información, generar hipótesis y realizar predicciones sin deseos ni metas propias. Bengio propone así una inteligencia artificial no agentiva, diseñada para comprender el mundo pero no para intervenir en él por iniciativa propia. Esta aproximación pretende reducir el riesgo de que las máquinas desarrollen estrategias de supervivencia o manipulación.

El artículo también sitúa estas advertencias en el contexto más amplio del debate internacional sobre seguridad en IA. Bengio ha participado activamente en informes científicos globales sobre riesgos de inteligencia artificial avanzada y defiende la necesidad de mecanismos de supervisión independientes, similares a los utilizados en sectores críticos como la aviación o la energía nuclear. A su juicio, la humanidad está entrando en una etapa histórica en la que la cuestión ya no es si la IA será poderosa, sino si seremos capaces de mantener el control sobre sistemas potencialmente más inteligentes que nosotros. La tensión entre innovación acelerada y gobernanza insuficiente aparece como el eje central de la discusión. Mientras las empresas avanzan hacia modelos cada vez más autónomos, Bengio insiste en que incluso una pequeña probabilidad de catástrofe resulta inaceptable cuando están en juego la estabilidad democrática, la autonomía humana o incluso la supervivencia de la especie.

Zotero 9.0. Tutorial. Gestor de referencias bibliográficas

Zotero 9.0. Tutorial. Gestor de referencias bibliográficas

por Julio Alonso Arévalo

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Zotero 9 es la versión más reciente del popular gestor bibliográfico y supone un cambio importante respecto a las versiones 7 y 8, especialmente en lectura asistida, rendimiento y experiencia de investigación. Por Julio Alonso Arévalo

Que características tiene esta versión:

Lectura en voz alta (Read Aloud). La función más destacada es el nuevo sistema de lectura automática de documentos:

Lee PDFs, EPUB y capturas web.
Usa voces naturales de alta calidad.
Permite avanzar por frases o párrafos.
Puede comenzar desde cualquier punto del texto.
Integra anotaciones rápidas mientras escuchas.

Esto convierte a Zotero en una herramienta híbrida entre gestor bibliográfico y asistente de lectura académica.

Entrevista con Luis Mayol, bajista de Vargas Blues Band. Viviendo en la era pop 2026/05/21

Entrevista con Luis Mayol, bajista de Vargas Blues Band

Viviendo en la era pop 2026/05/21

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La entrevista a Luis Mayol para el programa “Viviendo en la era pop” de Radio USAL recorre la trayectoria del músico argentino afincado en España, desde sus comienzos en el rock argentino hasta su consolidación como bajista, cantante y compositor en la Vargas Blues Band, una de las formaciones de blues-rock más importantes del ámbito hispano. A lo largo de la conversación, Mayol reflexiona sobre la relación entre el blues y el tango, dos géneros que fusiona con naturalidad en proyectos como Mayol Tango Trío, donde actualiza el tango desde una perspectiva contemporánea sin perder su carga emocional. También analiza los cambios vividos por la música en la era digital, el impacto del streaming y la inteligencia artificial, reivindicando el valor de la experiencia humana y la autenticidad sobre el escenario. La entrevista muestra además su visión de la música como un lenguaje de emoción, improvisación y conexión profunda con el público, fruto de décadas de escenarios compartidos entre Argentina y España.

La ciencia ante la avalancha de “AI slop”

Peters, Jay. 2026. “AI Research Papers Are Getting Better, and It’s a Big Problem for Scientists.” The Verge, mayo de 2026. https://www.theverge.com/ai-artificial-intelligence/930522/ai-research-papers-slop-peer-review-problem

Se analiza una creciente preocupación dentro de la comunidad científica internacional: la expansión de artículos académicos generados parcial o totalmente mediante inteligencia artificial y el impacto que este fenómeno está teniendo sobre el sistema de revisión por pares. Lo que hace apenas dos años se identificaba fácilmente como “AI slop” —textos plagados de errores, referencias inventadas y frases incoherentes— ha evolucionado rápidamente hacia trabajos aparentemente sofisticados, bien redactados y difíciles de detectar incluso para expertos. Investigadores y editores científicos advierten que la automatización masiva de la escritura académica amenaza con saturar los mecanismos tradicionales de validación científica.

El reportaje explica que los modelos de lenguaje actuales son capaces de producir artículos completos en cuestión de minutos utilizando bases de datos públicas, gráficos automatizados y síntesis bibliográficas generadas algorítmicamente. Herramientas agentivas de IA permiten ya redactar hipótesis, construir marcos teóricos, producir análisis estadísticos e incluso responder automáticamente a comentarios de revisores. El problema no reside únicamente en la existencia de errores, sino en la enorme escala de producción. Según varios investigadores citados, la IA puede generar trabajos mucho más rápido de lo que los científicos humanos pueden leerlos o evaluarlos.

Uno de los aspectos más preocupantes es el deterioro progresivo del sistema de revisión por pares, históricamente considerado uno de los pilares de la credibilidad científica. Revisores y editores describen un entorno cada vez más difícil de gestionar debido al incremento de manuscritos redundantes, superficiales o engañosos. El artículo señala que muchos de estos textos utilizan lenguaje técnico convincente y estructuras académicas correctas, pero aportan escaso valor científico real. Esto obliga a los revisores a invertir más tiempo verificando datos, referencias y metodologías. La carga de trabajo se multiplica mientras la calidad media de las contribuciones disminuye.

La situación ha llevado a plataformas científicas a adoptar medidas drásticas. El repositorio científico arXiv anunció recientemente que prohibirá durante un año a los autores que publiquen trabajos con evidencia clara de contenido generado por IA no verificado, incluyendo referencias inventadas o comentarios residuales dejados por modelos lingüísticos. Además, quienes sean sancionados deberán demostrar posteriormente que sus investigaciones han sido aceptadas en publicaciones revisadas por pares antes de poder volver a subir artículos a la plataforma. Esta decisión refleja la preocupación institucional por preservar la confianza y la integridad académica en un contexto de creciente automatización textual.

El artículo también subraya que la crisis no puede entenderse únicamente como un problema tecnológico, sino como una consecuencia de las propias dinámicas estructurales del sistema académico contemporáneo. La presión por publicar, conseguir financiación y mantener productividad científica favorece comportamientos donde la cantidad de publicaciones se valora más que la calidad o la originalidad. La IA amplifica estas dinámicas al reducir drásticamente el coste y el tiempo necesarios para producir artículos. Algunos expertos comparan la situación con una “tragedia de los comunes”: cada investigador obtiene beneficios individuales al aumentar su productividad mediante IA, pero colectivamente el ecosistema científico se degrada debido a la saturación y pérdida de confianza.

Otro problema destacado es la aparición de errores sofisticados difíciles de detectar. Investigaciones recientes muestran que incluso conferencias científicas de alto prestigio han aceptado trabajos con referencias completamente inventadas generadas por IA. Estos fallos no siempre resultan evidentes porque los modelos producen citas plausibles, nombres verosímiles y estructuras metodológicas aparentemente coherentes. El riesgo no es solo la publicación de investigaciones deficientes, sino la contaminación progresiva del propio ecosistema científico con datos falsos, referencias inexistentes y conocimiento difícilmente verificable.

Paradójicamente, mientras algunos sectores intentan frenar el “AI slop”, otros comienzan a utilizar inteligencia artificial para aliviar precisamente la crisis de revisión. Algunos proyectos experimentales, como los desarrollados en conferencias de inteligencia artificial, ya emplean sistemas automatizados capaces de revisar miles de artículos en menos de un día. Sus defensores argumentan que la IA puede detectar errores técnicos y debilidades metodológicas con gran rapidez, aunque críticos advierten de que esto puede generar revisiones homogéneas, sesgadas y fácilmente manipulables mediante ajustes estilísticos. El debate gira así en torno a una paradoja creciente: utilizar IA para controlar los problemas creados por la propia IA.

Las reacciones en comunidades académicas y tecnológicas reflejan una mezcla de alarma, resignación y escepticismo. En foros como Reddit, numerosos investigadores consideran que el problema no se limita a los modelos lingüísticos, sino a un sistema científico que ya estaba sobrecargado antes de la llegada de la IA generativa. Algunos usuarios sostienen que el verdadero riesgo es que el volumen de textos automatizados haga imposible distinguir entre investigación genuina y producción mecánica. Otros creen que la crisis obligará a replantear prácticas fundamentales de evaluación científica, desde la verificación de referencias hasta la exigencia de compartir datos experimentales completos.

La inteligencia artificial no solo está transformando la manera de escribir artículos científicos, sino que está alterando profundamente los mecanismos de validación del conocimiento académico. La revisión por pares, concebida históricamente como filtro de calidad y garantía de rigor, enfrenta ahora un escenario donde la producción automatizada amenaza con superar la capacidad humana de evaluación. El desafío ya no consiste únicamente en detectar textos generados por IA, sino en redefinir qué significa producir conocimiento fiable en una época dominada por la automatización intelectual.

Un estudio revela que los estudiantes aprenden menos y obtienen mejores calificaciones gracias a la IA.

Gizmodo. 2026. “Students Are Learning Less and Getting Higher Grades Because of AI, Study Finds.” Gizmodo, mayo de 2026. https://gizmodo.com/students-are-learning-less-and-getting-higher-grades-because-of-ai-study-finds-2000758844

Esta investigación muestra que la irrupción de la inteligencia artificial está transformando radicalmente la educación superior. La cuestión ya no es únicamente si los estudiantes usan IA, sino cómo las universidades pueden garantizar que el aprendizaje auténtico, el pensamiento crítico y el desarrollo de habilidades sigan siendo el centro del proceso educativo en una época en la que la automatización intelectual se vuelve cada vez más accesible y sofisticada.

El estudio distingue tres formas principales de utilización de la IA en el ámbito educativo. La primera es la “augmentación”, donde la IA sirve como apoyo para investigar o estructurar ideas mientras el estudiante sigue realizando el trabajo intelectual central. La segunda implica la aparición de nuevas tareas mediadas por IA. La tercera, considerada la más problemática, es el “desplazamiento”, en el que la herramienta automatiza casi por completo el trabajo que antes realizaba el estudiante, como redactar ensayos o resolver ejercicios complejos. Según Chirikov, las dos primeras modalidades pueden contribuir al aprendizaje, pero la tercera conduce a una erosión real de competencias y conocimientos.

La investigación señala que las tareas realizadas fuera del aula —ensayos, trabajos domiciliarios y ejercicios de programación— son especialmente vulnerables a este fenómeno. En cambio, los exámenes presenciales, las exposiciones orales o los debates en clase resultan más difíciles de sustituir mediante IA. Esto está llevando a muchas instituciones a replantearse sus métodos de evaluación. El artículo menciona que en Princeton University se debate modificar un histórico código de honor para supervisar más estrictamente los exámenes, mientras que en Harvard University se estudian límites al porcentaje de sobresalientes concedidos en cada asignatura.

Uno de los aspectos más inquietantes del informe es la posible creación de un círculo vicioso entre educación y automatización laboral. El estudio sostiene que, si la IA sustituye las tareas fundamentales mediante las cuales los estudiantes desarrollan habilidades cognitivas y profesionales, las futuras generaciones podrían incorporarse al mercado laboral con capacidades más débiles precisamente en aquellos ámbitos donde la IA ya es más competente. Esto incrementaría aún más la dependencia de sistemas automatizados dentro del trabajo cotidiano. Chirikov advierte que podría generarse una fuerza laboral incapaz de desempeñar funciones básicas sin apoyo algorítmico, acelerando así procesos de automatización masiva.

El debate ha generado una intensa reacción pública y académica. En foros como Reddit, numerosos docentes y estudiantes sostienen que el problema no es solo la existencia de la IA, sino un sistema educativo basado excesivamente en calificaciones y tareas fácilmente automatizables. Algunos participantes consideran que las universidades no han logrado detectar eficazmente el uso de IA y que los estudiantes han aprendido rápidamente a utilizar estas herramientas para obtener mejores resultados académicos. Otros subrayan que el reto ya no consiste únicamente en prohibir la IA, sino en rediseñar completamente las formas de evaluación para que demuestren competencias reales y no simplemente habilidad para generar prompts eficaces.

El artículo conecta además con otras investigaciones recientes que muestran efectos similares sobre el aprendizaje. Estudios citados por Gizmodo sugieren que quienes utilizan modelos lingüísticos para aprender desarrollan conocimientos más superficiales que quienes realizan búsquedas tradicionales y sintetizan información por sí mismos. Los investigadores consideran que la facilidad y rapidez de las respuestas generadas por IA reduce el esfuerzo cognitivo necesario para construir comprensión profunda.

El poder transformador de los espacios públicos y el placemaking comunitario

Project for Public Spaces. Impact Report 2025. New York: Project for Public Spaces, 2025. Disponible en: Project for Public Spaces – Impact Report 2025

Los espacios públicos constituyen una herramienta esencial para afrontar muchos de los grandes desafíos contemporáneos: desigualdad, soledad, deterioro ambiental, debilitamiento democrático y pérdida de cohesión comunitaria. Para PPS, invertir en espacios públicos significa invertir en salud social, cultura cívica y calidad de vida. La organización plantea que las ciudades del futuro deberán construirse desde la proximidad, la participación y el cuidado colectivo, situando a las personas y a sus relaciones en el centro de la planificación urbana.

El informe Impact Report 2025 de Project for Public Spaces constituye una amplia reflexión sobre el papel estratégico de los espacios públicos en la construcción de comunidades más cohesionadas, sostenibles y participativas. La organización, fundada en 1975 y considerada una de las principales impulsoras del concepto de placemaking, presenta en este documento una síntesis de sus iniciativas, programas y resultados alcanzados durante el año, coincidiendo además con el cincuentenario de la institución.

El informe parte de una idea fundamental: los espacios públicos no son simplemente infraestructuras urbanas, sino auténticos motores de convivencia democrática, bienestar social y regeneración urbana. Desde esta perspectiva, PPS defiende que plazas, mercados, parques, calles y bibliotecas pueden actuar como “infraestructuras sociales” capaces de reducir el aislamiento, estimular la economía local y fortalecer la identidad colectiva de los barrios. Esta visión se inserta en la tradición del placemaking, una metodología participativa que sitúa a la ciudadanía en el centro del diseño y la gestión de los espacios urbanos.

Uno de los aspectos más destacados del informe es la insistencia en la dimensión humana de las ciudades. Frente a modelos urbanos excesivamente tecnocráticos o centrados en el tráfico y la rentabilidad inmobiliaria, PPS reivindica entornos diseñados para la interacción social y la vida cotidiana. El documento explica cómo los espacios bien planificados favorecen la seguridad percibida, incrementan la actividad económica de proximidad y promueven la inclusión intergeneracional y multicultural. En numerosos proyectos desarrollados durante el año, la organización trabajó junto a gobiernos locales, asociaciones vecinales, artistas, comerciantes y colectivos comunitarios para transformar espacios infrautilizados en lugares activos y acogedores.

El informe presta especial atención a los mercados públicos como centros neurálgicos de cohesión social y resiliencia económica. PPS subraya que estos espacios no solo cumplen funciones comerciales, sino que también operan como lugares de encuentro, intercambio cultural y fortalecimiento del tejido local. En este contexto se menciona la relevancia de iniciativas internacionales como la International Public Markets Conference, celebrada en Milwaukee, donde expertos y gestores urbanos debatieron sobre la capacidad de los mercados para combatir la soledad, apoyar a pequeños productores y revitalizar comunidades enteras. El documento destaca además el impacto económico tangible de estos encuentros y proyectos, mostrando cómo el urbanismo centrado en las personas puede generar beneficios sociales y financieros simultáneamente.

Otro eje importante del informe es la participación ciudadana. PPS considera que la calidad de un espacio público depende directamente del grado de implicación de quienes lo utilizan. Por ello, muchas de las iniciativas descritas en el documento se basan en metodologías colaborativas donde residentes y usuarios participan activamente en la identificación de problemas y en la elaboración de soluciones. Esta filosofía busca superar el urbanismo vertical tradicional para construir procesos más inclusivos y democráticos. El informe conecta esta idea con investigaciones recientes sobre evaluación participativa de espacios públicos mediante plataformas digitales y herramientas colaborativas.

En el plano social, el informe enfatiza la necesidad de combatir el aislamiento y la fragmentación comunitaria. PPS argumenta que la crisis de la vida pública contemporánea —agravada por la pandemia, la polarización política y la digitalización excesiva— hace más necesario que nunca recuperar lugares físicos de encuentro. Los espacios públicos aparecen así como escenarios esenciales para reconstruir vínculos sociales y generar confianza entre ciudadanos diversos. El documento recoge experiencias donde plazas, parques o centros comunitarios se convierten en lugares para la conversación, la cultura, el aprendizaje informal y la cooperación cívica.

Dentro de esta lógica, el informe concede un valor especial a los llamados “terceros espacios”, es decir, lugares distintos del hogar y del trabajo donde las personas pueden relacionarse libremente. Esta idea conecta directamente con el creciente reconocimiento de las bibliotecas como espacios públicos multifuncionales y centros de convivencia cultural. Diversos análisis asociados al ecosistema de PPS destacan precisamente la capacidad de las bibliotecas contemporáneas para actuar como nodos de inclusión, aprendizaje y participación ciudadana.

El documento también aborda la sostenibilidad urbana y climática. PPS defiende que los espacios públicos desempeñan un papel crucial en la adaptación de las ciudades al cambio climático mediante infraestructuras verdes, zonas peatonales y entornos que favorecen la movilidad activa. Los proyectos desarrollados incluyen jardines urbanos, plazas verdes y estrategias para recuperar espacios degradados, integrando objetivos ambientales con necesidades sociales y culturales. La organización sostiene que el urbanismo del futuro debe ser simultáneamente ecológico y comunitario.

En términos institucionales, el informe refleja la expansión internacional de la influencia de PPS. La organización continúa desarrollando redes globales de colaboración, programas formativos, conferencias y recursos educativos destinados a profesionales del urbanismo, gestores culturales, bibliotecarios, arquitectos y activistas comunitarios. El documento insiste en que el conocimiento sobre los espacios públicos debe compartirse de manera abierta y colaborativa, fortaleciendo una comunidad internacional comprometida con ciudades más humanas y participativas.

Cajal y la emoción de los libros: encuentros y desencuentros literarios de Santiago Ramón y Cajal

Sánchez Ron, José Manuel. Cajal y la emoción de los libros: encuentros y desencuentros literarios de Santiago Ramón y Cajal. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2024. . ISBN 978-84-00-11274-5.

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Este libro del historiador de la ciencia José Manuel Sánchez Ron propone una lectura profundamente humanista de la figura de Santiago Ramón y Cajal, situándolo no solo como el gran renovador de la neurociencia moderna, sino también como un lector apasionado y un autor con una intensa relación con la literatura.

La obra parte de la idea de que Cajal no puede entenderse únicamente desde su contribución científica —la formulación de la doctrina neuronal que transformó la comprensión del sistema nervioso—, sino también desde su diálogo constante con los libros, las corrientes intelectuales de su tiempo y su propia producción literaria. En este sentido, el volumen reconstruye una figura compleja en la que ciencia y literatura no aparecen como ámbitos separados, sino como espacios interconectados que alimentan su pensamiento, su estilo y su visión del mundo.

El estudio se apoya de manera significativa en textos autobiográficos como Recuerdos de mi vida, donde Cajal despliega no solo su trayectoria científica, sino también sus lecturas, inclinaciones estéticas y reflexiones personales sobre la escritura y la cultura. A partir de este material, el autor analiza obras como Cuentos de vacaciones, Charlas de café, El mundo visto a los ochenta años o su célebre Reglas y consejos sobre la investigación científica, mostrando cómo en todas ellas se percibe una voluntad de transmisión del conocimiento que oscila entre lo científico, lo moral y lo literario. El libro revela así a un Cajal profundamente influido por el mundo de las letras, que utiliza la escritura como herramienta de divulgación, pero también como forma de exploración intelectual y expresión personal.

Uno de los aspectos centrales del volumen es el análisis de las relaciones epistolares y los intercambios intelectuales de Cajal con figuras clave de la cultura española de su tiempo. Se estudian sus vínculos con escritores y pensadores como Azorín, Pío Baroja, Emilia Pardo Bazán, José Ortega y Gasset, Concha Espina y Gregorio Marañón, mostrando un entramado intelectual rico en afinidades, tensiones y admiraciones mutuas. Estas correspondencias permiten comprender a Cajal como una figura plenamente integrada en la vida cultural de su tiempo, lejos de la imagen aislada del científico de laboratorio.

La obra aborda también aspectos institucionales y simbólicos de su trayectoria, como su elección como miembro de la Real Academia Española en 1905 y su condición de “académico electo” al no llegar a pronunciar el discurso de ingreso, un hecho que adquiere valor interpretativo en el análisis de su relación con las instituciones culturales. En conjunto, el libro ofrece una biografía intelectual ampliada que ilumina la dimensión literaria de Cajal y su papel como puente entre ciencia y humanidades, dentro del contexto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas Consejo Superior de Investigaciones Científicas y su colección editorial dedicada a la divulgación científica y cultural.

Repensar la evaluación en tiempos de inteligencia artificial: del producto final al proceso de aprendizaje

The AI School Librarian. “Grading in the AI Era: Research Literacy in the Age of AI, Week 13: How to Assess Reasoning, Verification, and Transparency.” The AI School Librarians Newsletter, 20 de abril de 2026. Substack. The AI School Librarians Newsletter

Se plantea una reflexión profunda sobre la crisis actual de los sistemas de evaluación educativa en un contexto marcado por la expansión de la inteligencia artificial generativa. El texto parte de una premisa contundente: si las rúbricas y modelos de calificación continúan premiando principalmente el acabado formal, la corrección gramatical o la apariencia de sofisticación textual, las herramientas de IA superarán fácilmente los criterios tradicionales de evaluación. Según el artículo, el problema central ya no consiste en “detectar trampas” o descubrir cuándo un estudiante ha utilizado IA, sino en replantear qué significa realmente aprender y qué aspectos del proceso intelectual merecen ser valorados.

La autora sostiene que gran parte de los sistemas educativos siguen fundamentándose en una lógica de evaluación heredada de la era pre-IA, centrada casi exclusivamente en el producto final: ensayos terminados, trabajos perfectamente estructurados, citas formateadas correctamente y redacciones libres de errores. Sin embargo, la inteligencia artificial es capaz de generar con rapidez precisamente ese tipo de productos. En consecuencia, la escuela se enfrenta a una disyuntiva fundamental: continuar evaluando elementos superficiales que las máquinas pueden imitar fácilmente o desplazar el foco hacia procesos cognitivos más complejos y genuinamente humanos. El texto insiste en que la verdadera evidencia del aprendizaje no reside únicamente en el resultado visible, sino en el recorrido intelectual que conduce hasta él: las dudas, revisiones, decisiones, errores, verificaciones y transformaciones del pensamiento.

Uno de los aspectos más relevantes del artículo es la idea de que la IA obliga a redefinir el concepto mismo de “autoría intelectual”. Tradicionalmente, muchos modelos de evaluación asumían que el texto presentado reflejaba directamente el pensamiento del estudiante. Sin embargo, en un escenario donde una herramienta puede redactar párrafos coherentes, producir tesis convincentes o incluso estructurar investigaciones completas, el profesorado necesita nuevas estrategias para distinguir entre producción automática y apropiación auténtica del conocimiento. El artículo argumenta que la clave no está en prohibir la IA, sino en diseñar evaluaciones capaces de hacer visible el razonamiento humano que hay detrás del trabajo.

Para responder a este desafío, el texto propone cuatro transformaciones estructurales en la evaluación. La primera consiste en calificar la evolución de la pregunta de investigación. En lugar de valorar únicamente la tesis final, se recomienda que el alumnado entregue también la pregunta inicial, las modificaciones posteriores y una explicación de cómo y por qué cambió su enfoque. Esta estrategia busca reconocer el refinamiento intelectual y la capacidad de replantear problemas, algo que constituye una parte esencial del pensamiento crítico. El aprendizaje deja así de verse como un acto instantáneo y pasa a entenderse como un proceso dinámico de exploración y reconstrucción conceptual.

La segunda transformación se centra en la justificación de las fuentes. El artículo subraya que, en una época saturada de información y contenido generado algorítmicamente, ya no basta con citar fuentes; es necesario demostrar por qué una fuente merece confianza. El alumnado debería explicar la credibilidad de los materiales utilizados, detectar sesgos, identificar limitaciones y contrastar datos mediante verificación cruzada. Esta orientación conecta directamente con las competencias de alfabetización informacional y mediática que tradicionalmente han promovido bibliotecarios y especialistas en documentación. La evaluación, por tanto, se desplaza desde la mera acumulación de referencias hacia la capacidad crítica para analizarlas y contextualizarlas.

La tercera propuesta del artículo es incorporar la transparencia como criterio explícito de evaluación. La autora defiende que los estudiantes deberían informar abiertamente sobre cómo utilizaron herramientas de IA, qué partes verificaron y qué decisiones éticas tomaron durante el proceso. Este enfoque intenta sustituir los modelos punitivos basados en vigilancia y sospecha por una cultura académica de honestidad y reflexión. En vez de criminalizar el uso de la inteligencia artificial, el sistema educativo debería enseñar a utilizarla de manera responsable, crítica y documentada. Según el texto, normalizar la transparencia reduce la dependencia de detectores automáticos de IA, cuya fiabilidad es limitada y cuya aplicación puede generar injusticias y desconfianza institucional.

La cuarta transformación aborda la importancia de la reflexión metacognitiva. El artículo propone que los estudiantes respondan preguntas relacionadas con la evolución de su pensamiento: qué cambió durante la investigación, qué evidencias resultaron más débiles o qué interrogantes quedaron sin resolver. Estas actividades buscan que el alumnado tome conciencia de sus propios procesos intelectuales y convierta el aprendizaje en una experiencia autorreflexiva. Además, la metacognición resulta especialmente difícil de automatizar, ya que implica conectar experiencias personales, decisiones contextuales y procesos internos de razonamiento.

Otro aspecto significativo del artículo es su crítica implícita a la cultura educativa basada exclusivamente en resultados cuantificables y estandarizados. La IA pone en evidencia las limitaciones de sistemas que privilegian la eficiencia, la apariencia formal y la producción rápida de textos. Frente a ello, la autora defiende modelos de evaluación más lentos, procesuales y centrados en la construcción del pensamiento. En esta visión, el aula deja de ser un espacio donde únicamente se “entregan productos” para convertirse en un entorno donde se documenta el desarrollo intelectual.

El texto también se relaciona con debates más amplios sobre alfabetización digital y ciudadanía crítica. La capacidad para verificar información, justificar decisiones y reflexionar sobre el uso ético de herramientas tecnológicas se presenta como una competencia esencial del siglo XXI. De este modo, la evaluación deja de ser solamente un mecanismo de medición académica y se transforma en un espacio de formación ética e intelectual. El artículo sugiere que la irrupción de la IA puede convertirse en una oportunidad para corregir debilidades estructurales que ya existían en los sistemas educativos mucho antes de la aparición de ChatGPT y otras plataformas generativas.

“Grading in the AI Era” propone una visión educativa basada en la autenticidad del pensamiento, la trazabilidad del aprendizaje y la centralidad del razonamiento humano. El artículo concluye que la inteligencia artificial no debería obligar a las instituciones educativas a reforzar modelos de vigilancia, sino a rediseñar profundamente sus prácticas pedagógicas. La verdadera cuestión ya no es si los estudiantes utilizan IA, sino si las escuelas son capaces de evaluar aquello que realmente importa: la capacidad de pensar, cuestionar, verificar, interpretar y construir conocimiento propio en colaboración crítica con las tecnologías emergentes

¿Qué significa ser un “buen consumidor de noticias?

Shearer, Elisa. 2026. “What Americans think it takes to be a good news consumer.” Pew Research Center, 14 de mayo de 2026. https://www.pewresearch.org/short-reads/2026/05/14/what-americans-think-it-takes-to-be-a-good-news-consumer/

El informe del Pew Research Center analiza cómo los estadounidenses definen, en sus propias palabras, qué significa ser un “buen consumidor de noticias”. A partir de una encuesta abierta a miles de personas, el estudio revela que no existe una única definición compartida, sino un conjunto de ideas recurrentes que reflejan las tensiones actuales del ecosistema informativo: la desinformación, la polarización política, la abundancia de fuentes digitales y la creciente responsabilidad individual en la selección de lo que se considera verdadero o relevante.

Uno de los hallazgos principales es que la idea más extendida sobre el “buen consumo de noticias” es el escepticismo crítico. Una parte significativa de los encuestados afirma que ser un buen consumidor implica no aceptar la información de forma automática, sino cuestionarla, contrastarla y “no creer todo lo que se ve o se oye”. Este enfoque está asociado a prácticas como la verificación de hechos, la búsqueda de múltiples fuentes y la detección de posibles sesgos o propaganda. En conjunto, el estudio sugiere que la alfabetización crítica se ha convertido en un valor central en la forma en que el público interpreta su relación con la información.

Otro elemento destacado es la importancia de “estar informado” de forma continua. Muchos participantes vinculan el buen consumo de noticias con seguir la actualidad de manera regular, mantenerse al día con los acontecimientos y no desconectarse del debate público. Sin embargo, este ideal convive con una realidad marcada por la fatiga informativa y la fragmentación de la atención, donde gran parte de la población consume noticias de manera incidental a través de redes sociales, notificaciones o recomendaciones algorítmicas, en lugar de buscarlas activamente.

El estudio también identifica un tercer eje clave: la calidad y diversidad de las fuentes informativas. Muchos encuestados consideran que un buen consumidor de noticias debe acudir a medios fiables, con estándares profesionales de verificación y cobertura equilibrada. Sin embargo, el propio informe subraya que no existe consenso sobre qué medios son “fiables”, ya que la confianza en las instituciones periodísticas varía fuertemente según la ideología política. Esto refleja un entorno mediático profundamente polarizado, en el que la credibilidad de la información depende, en gran medida, de la identidad política del receptor.

Asimismo, una parte relevante de los participantes destaca la necesidad de consultar múltiples perspectivas, especialmente en temas políticos. Esta idea se expresa en la recomendación de “ver ambos lados” o contrastar diferentes enfoques antes de formar una opinión. Sin embargo, el estudio advierte que este principio, aunque ampliamente valorado, no siempre se traduce en prácticas reales sostenidas, ya que la exposición a fuentes diversas suele verse limitada por hábitos de consumo, algoritmos de personalización y preferencias ideológicas.

Finalmente, el informe recoge un conjunto menor de respuestas centradas en el comportamiento posterior al consumo de noticias, como evitar compartir información falsa o utilizar la información para tomar decisiones cívicas informadas, especialmente en contextos como el voto. Aunque estas ideas aparecen con menor frecuencia, reflejan una dimensión ética del consumo informativo: no solo importa cómo se accede a las noticias, sino también cómo se redistribuyen y qué efectos tienen en la esfera pública.

El estudio del Pew Research Center muestra que el concepto de “buen consumidor de noticias” se ha desplazado hacia una visión altamente individualizada, donde cada persona asume la responsabilidad de filtrar, evaluar y jerarquizar la información en un entorno saturado y fragmentado. Este cambio refleja una transformación más amplia del ecosistema mediático contemporáneo: la transición desde un modelo basado en intermediarios periodísticos relativamente estables hacia otro en el que el ciudadano debe actuar como filtro activo frente a una abundancia informativa cada vez más compleja y, a menudo, conflictiva.