Archivo de la categoría: Bibliotecas

La Biblioteca Oodi de Helsinki elegida ganadora del Premio a la Biblioteca Pública del Año 2019 (IFLA)

 

standard_full_3977-1_51043_sc_v2com

El martes 27 de agosto, la Biblioteca Central de Helsinki Oodi fue elegida ganadora del Premio a la Biblioteca Pública del Año 2019 en el Congreso Mundial de Bibliotecas e Información de la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecas (IFLA).

Ver

La nueva Biblioteca Central de Helsinki

Ver vídeo

El premio a la Biblioteca Pública del Año, que se otorga a una biblioteca pública de nueva construcción o instalada en locales que no se utilizaban anteriormente. Este año, un total de 16 bibliotecas de todo el mundo solicitaron ser consideradas para este premio. Las otras bibliotecas que llegaron a la final fueron Green Square Library and Plaza en Australia, Bibliotheek LocHal en los Países Bajos y Tūranga – Christchurch Central Library en Nueva Zelanda. El patrocinador del premio, la empresa de TI Systematic, otorgó 5.000 dólares a Oodi.

Oodi fue diseñada con la participación e implicación de los usuarios durante un largo periodo de tiempo. Se recibieron más de 2.000 ideas de los usuarios para servir como base del concurso de arquitectura. ALA Arquitectos diseñó un edificio sorprendente y único que tiene en cuenta todos los elementos más deseados por los usuarios. Los usuarios hicieron suya inmediatamente a Oodi, que es su mayor éxito. El premio a la Biblioteca Pública del Año nos dice que el mundo también se ha dado cuenta de esto»,alega la directora de Oodi Anna-Maria Soinininvaara.

otpkhy67rhnmiyk-lxdrp_gl9q2ihhe3bfkmbtmzrnm

 

La Biblioteca Central de Helsinki Oodi es un lugar de encuentro vivo en la plaza Kansalaistori, en el corazón de Helsinki. Es una de las 37 sucursales de la Biblioteca de la Ciudad de Helsinki y forma parte de la red de bibliotecas Helmet, que proporciona a sus usuarios conocimientos, nuevas habilidades e historias, es un lugar de fácil acceso para el aprendizaje, la inmersión en la historia, el trabajo y la relajación. Es una biblioteca de una nueva era, un lugar de encuentro vivo y funcional abierto para todos.

Oodi complementará el centro cultural y mediático formado por el Centro de Música de Helsinki, Finlandia Hall, Sanoma House y el Museo de Arte Contemporáneo Kiasma. Oodi será un espacio público urbano no comercial y abierto a todos, justo enfrente del edificio del Parlamento.

 

helsinki-central-library-la-biblioteca-de-los-98-millones-de-euros-foto-ala-architects_16_643x397

 

Bibliotecas escolares con futuro

 

bibliotecasescolaresconfuturo

García Guerrero, José. Bibliotecas escolares con futuro. Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 2015

Texto completo

 

Las bibliotecas escolares son escuela. Su acción está vinculada a ella. Su futuro está ligado al futuro de la escuela. Otra cosa es que consigamos entre todos convertirlas en recursos relevantes del proceso educativo, en entornos que aporten valor añadido, en centros de recursos para la enseñanza y el aprendizaje que actúen como agentes mediadores y formativos. Este aspecto representa el elemento clave para el futuro de las bibliotecas escolares.

Si la biblioteca escolar responde a las necesidades y requerimientos reales del plan de estudios, el trabajo diario y la diversidad del alumnado, la biblioteca estará al servicio de las necesidades reales de la escuela y del futuro de la misma. Cuando la biblioteca actúa como un centro eficiente de recursos informativos y de aprendizaje para la promoción lectora y el apoyo al currículo, la comunidad educativa la concebirá como un entorno y un lugar con futuro y con sentido.

En 2014 el Estado español no dispone de un sistema bibliotecario escolar articulado. Esta es la realidad, a pesar de intentos ministeriales de impulso de las bibliotecas a través de dotaciones, programas, incentivos, premios, estudios, materiales, portales, formación, etcétera, abordados principalmente durante el período 2005/2010. Mientras países como Portugal prácticamente han armado este sistema ininterrumpidamente y con elementos de sostenibilidad desde el año 1996 en una tupida “Rede de bibliotecas escolares” y Chile cumple veinte años de desarrollo de su red de Bibliotecas CRA, en España cada Comunidad Autónoma ha pergeñado como ha querido y podido su ecosistema bibliotecario escolar, sin articular un modelo claro y en un estado carencial según la comunidad o región que analicemos.

 

Desarrollo de colecciones y la responsabilidad social del bibliotecario

 

veronica-juarez

Juárez Campos, Verónica. Desarrollo de colecciones y la responsabilidad social del bibliotecario. Madrid: Fundación Germán Ruipérez, 2014

Texto completo

Aunque a veces se considere que la selección y adquisición del acervo en las bibliotecas es un tema sencillo y muy técnico, lo cierto es que pensar una biblioteca en función de las necesidades de los usuarios es una tarea ardua que no siempre deja conforme a usuarios y bibliotecarios, y en el peor de los casos provoca indignación entre personas ajenas a las bibliotecas, generalmente personajes de la élite política y cultural que creen saber lo que la gente debe leer y manifiestan su inconformidad por los materiales ofrecidos, sin entender la dinámica que estos espacios tienen con sus usuarios y las necesidades que deben cubrir.

Es tal la importancia de este tema que no son gratuitas las preguntas que a menudo nos planteamos los encargados de realizar esta actividad, ¿quién decide qué se lee y qué no se lee en una biblioteca? ¿cuál es el papel que el bibliotecario debe adoptar en el desarrollo de colecciones? ¿cuál es el criterio que debe imperar al realizar esta tarea, el personal o el de la biblioteca? Sirva pues como base para la reflexión sobre la responsabilidad social del bibliotecario en el desarrollo de colecciones, la injusta polémica en la que se vio envuelto el Sistema de Bibliotecas Públicas Chilenas a raíz de la selección bibliográfica que hicieron sus bibliotecarios.

 

La capacitación de los bibliotecarios para atender incidentes perturbadores y conductas anómalas en las bibliotecas

 

halifax-library-graphic

 

Ver  además

Chelsea Public Library. Política de Seguridad

 

En cualquier proceso de evaluación de un sistema de bibliotecas hay un factor que es fundamental, que es el relativo a los valores afectivos. Es decir, a la hora de valorar un servicio de biblioteca, el trato del personal pesa tanto o más en la percepción positiva del usuario que disponer de buenos servicios o buenas colecciones. Pero también a veces se dan casos de conductas anómalas que el personal tiene que enfrentar.

Aunque el día a día en la biblioteca es bastante tranquilo, los actos de conducta perturbadora aunque son los menos, a veces ocurren en las bibliotecas, un espacio donde toda la comunidad tiene acceso, y miles de personas cruzan cada día el umbral con diferentes propósitos: consultar libros, acudir a clases de cocina, cabinas de grabación, aprender a tocar instrumentos y trabajar con ordenadores, iPads y otras tecnologías.

Tratar con situaciones que rompen las reglas de la biblioteca no es la parte favorita del trabajo de nadie. El establecimiento de políticas y sanciones claras, y un sistema consistente para el seguimiento de la mala conducta, es el primer paso hacia la creación de un ambiente en el que el personal se sienta seguro al hacer cumplir las reglas y los usuarios entiendan las consecuencias de la mala conducta. Cuando se produce un incidente de este tipo debe de redactarse un informe para documentarlo, con el objetivo de que el personal de todo el sistema pueda acceder y conocer el informe.

Los informes deben ser escritos tan pronto como sea posible después del evento. En caso de accidentes o lesiones, la primera prioridad es la ayuda inmediata a la víctima. Los informes y registros no sólo ayudan a asegurar que las reglas se cumplan de manera consistente y justa, sino que también permiten a las bibliotecas compartir información entre las sucursales y disponer de información para presentar a los financiadores cuando se necesita personal adicional o un equipo de seguridad.

Hay que tener en cuenta algunas cuestiones a la hora de escribir un informe de un incidente:

1. INFORMAR OBJETIVAMENTE SOBRE LOS HECHOS. No incluir declaraciones que reflejen juicios u opiniones.

2. QUE SEA SIMPLE. Usar un lenguaje sencillo que la mayoría de la gente pueda entender.

3. FORMATO. Ser conciso. Los párrafos largos son molestos e innecesarios.

4. ELEMENTOS CLAVE. Responder a todas las preguntas: quién, qué, cuándo, dónde, por qué y cómo.

5. CONSCIENCIA. Tener  en cuenta las palabras que se utilizan y evitar el lenguaje que pueda ser considerado parcial o discriminatorio.

6. DOCUMENTARLOS CON MATERIAL ADICIONAL. Imágenes, cámaras de seguridad, etc.

 

Desde 2016, la Biblioteca de la Ciudad de Los Ángeles ha registrado cerca de 2000 incidentes de seguridad, incluyendo asaltos a empleados y visitantes, amenazas de muerte, robo, uso de drogas, comportamiento lascivo y vandalismo. La biblioteca ha instalado botones de pánico ocultos en las 73 sucursales, de modo que los empleados pueden llamar a la policía sin tener que levantar el teléfono. Pero con guardias de seguridad u oficiales de policía sólo se asignan a 29 de las 73 sucursales. Numerosos bibliotecarios consideran que debería haber guardias de seguridad en cada sucursal.

En la Biblioteca Central de Halifax durante los 16 meses, que hay entre enero de 2018 y abril de 2019, el personal registró 96 casos de comportamiento perturbador, que iban desde robos, violencia física y emergencias médicas, entre otros incidentes. (En total 18 robos y actos de vandalismo, 22 emergencias médicas, 32 actos de conducta perturbadora, 57 llamadas de emergencia, 12 altercados físicos y 12 incidentes por temas de drogas y alcohol.) «La biblioteca pública, como espacio público donde todo el mundo es bienvenido, significa que todo el mundo viene», dijo Åsa Kachan, bibliotecaria jefe y directora ejecutiva de las Bibliotecas Públicas de Halifax. Así que a medida que más personas acuden a las bibliotecas para hacer uso de estos recursos, el personal está siendo capacitado para tratar con la amplia gama de personas que visitan estos centros comunitarios.

En este mundo en continua privatización cada vez menos son menos los espacios donde pueden acudir libremente este personas sin hogar y las bibliotecas están muy comprometidas con los valores relativos a la inclusión social. Los funcionarios admiten que las bibliotecas se han convertido en un imán para las personas sin hogar y los enfermos mentales, que buscan refugio de la vida en las calles.  Para hacer frente a todo esto, en algunos lugares el personal está recibiendo capacitación sobre cómo atender al usuario, primeros auxilios de salud mental e intervención no violenta en situaciones de crisis. La capacitación se basa en desarrollo de la empatía para saber manejar más adecuadamente el comportamiento de las personas con problemas en situaciones críticas. Ya que la forma como se comporta un miembro del personal en una situación delicada cambia dramáticamente la forma como se comporta el usuario, lo que influye en que todos estén más seguros, todos más tranquilos.

En algunos casos de bibliotecas con altas tasas de incidentes se ha contratado a un trabajador social. En otras han comenzado a ofrecer café, té y fruta gratis para la gente de la biblioteca. Kachan dijo que han notado que esto reduce la probabilidad de que la gente sea perturbadora.

 

¿Podrían los bibliotecarios ayudarnos a combatir las noticias falsas?

 

librarian-helping-student-e1505738314486

Could Public Reference Librarians Help Us Combat Digital Falsehoods?
Kalev Leetaru. Forbes. Aug 20, 2019, 09:45pm

 

¿Qué pasaría si las bibliotecas se promocionaran a sí mismas como verificadores de datos de la comunidad local, donde los usuarios de las bibliotecas pueden reenviar sus rumores más apremiantes para que sean confirmados o desacreditados?  Donde en lugar de simplemente ofrecer una calificación verdadera o falsa, un bibliotecario de referencia sea quien guíe al usuario a la mejor evidencia disponible y dirijan a las personas hacia las respuestas más diversas y objetivas del debate para que cada uno pueda tomar sus propias decisiones.

 

A medida que la sociedad lucha para la mejor manera de combatir la propagación de las falsedades digitales en forma de desinformación y»noticias falsas», gran parte del énfasis hasta la fecha se ha puesto en la comprobación de los hechos profesionales a escala nacional desde los sitios web. Aunque estos esfuerzos han ayudado a arrojar luz sobre los rumores más virales en línea, su enfoque nacional limita su impacto. Al mismo tiempo, en todo Estados Unidos hay bibliotecas públicas que sirven a sus comunidades locales y que cuentan con bibliotecarios de referencia que se especializan en ayudar a sus usuarios a navegar por el torrente de información actual, haciendo de todo, desde ayudarles a localizar información relevante y de buena reputación hasta realizar investigaciones básicas que proporcionan respuestas basadas en la evidencia que reflejan la mejor información académica y científica disponible. Sólo en 2017, estos bibliotecarios respondieron a más de 240 millones de consultas. ¿Podrían ser  la respuesta al actual diluvio de falsedades digitales?

Para las generaciones nacidas en la era digital, las bibliotecas son a menudo consideradas como museos anticuados de una época pasada, casi almacenes que alquilan libros y DVDs físicos. En realidad, lo importante de las bibliotecas no son los documentos, sino de personas. Las bibliotecas han servido durante mucho tiempo como pilares centrales de sus comunidades, han contribuido al entretenimiento y la erudición de las personas,  y su personal era capaz de entender las necesidades locales únicas de sus usuarios.

Es un pequeño milagro que en  la era digital, como sociedad, tengamos estos increíbles recursos personalizados en nuestras comunidades locales en todo el país, atendidos por nuestros vecinos de al lado que nos conocen por nuestro nombre, pero sin embargo, cada vez con más frecuencia, cuando necesitamos una información, ponemos nuestra confianza en unos extraños globales del otro lado del mundo. ¿Por qué es que hoy nos sentimos más cómodos confiando en un sitio web aleatorio operado por un estafador en un país extranjero que trata de engañarnos con fines de lucro en lugar de recurrir a nuestros propios vecinos que son profesionales capacitados en nuestro propio patio trasero cuyo trabajo es ayudarnos?

¿Por qué la comunidad local ha cedido el paso a la globalización impersonal y qué podría pasar si volvemos a las bibliotecas públicas que ayudaron a construir nuestra nación?

Y lo que es más importante, ¿podrían las bibliotecas públicas y sus bibliotecarios de referencia abrir un nuevo frente en la guerra contra las noticias falsas? En lugar de depender exclusivamente de un pequeño grupo de sitios centralizados de verificación de hechos que se centran principalmente en historias a escala nacional, ¿qué pasaría si las comunidades recurrieran a sus bibliotecas públicas para confirmar o desacreditar las historias que más les importan? Mientras que saber que una historia satírica sobre Bigfoot es falso puede ser importante para un sitio nacional de verificación de hechos, para una comunidad local una pregunta mucho más importante podría girar en torno a un rumor de que una nueva ley estatal acaba de entrar en vigor que cerrará el departamento de bomberos local o si la supertienda local está realmente celebrando un 50% de descuento en la venta el próximo fin de semana o si un proyecto de ley propuesto por el Congreso realmente prohibiría el seguro médico. Este es el tipo de historias que tienen un impacto importante a nivel local en todo el país y que, sin embargo, no son adecuadas para el pequeño número de personal nacional que verifica los datos.

¿Qué pasaría si las bibliotecas se promocionaran a sí mismas como verificadores de datos de la comunidad local, donde los usuarios de las bibliotecas pueden reenviar sus rumores más apremiantes para que sean confirmados o desacreditados? Donde en lugar de simplemente ofrecer una calificación verdadera o falsa, un bibliotecario de referencia guíe al cliente a través de la mejor evidencia disponible.  Y lo que es más importante, para las preguntas que no tienen respuestas singulares, los bibliotecarios de referencia pueden ayudar a guiar a los usuarios hacia la respuesta más equitativa y verdadera para que las personas puedan tomar sus propias decisiones.

 

Cuando el público temía que los libros de las bibliotecas pudieran propagar enfermedades mortales a través de los préstamos

 

istock-467427233

 

When the Public Feared That Library Books Could Spread Deadly Diseases
“The great book scare” created a panic that you could catch an infection just by lending from the library. By Joseph Hayes smithsonian.com  August 23, 2019

Ver original

 

El 12 de septiembre de 1895, una mujer de Nebraska llamada Jessie Allan murió de tuberculosis. Tales muertes eran comunes a principios del siglo XX, pero el caso de «consumo» de Allan procedía de una fuente inusual. Era bibliotecaria en la Biblioteca Pública de Omaha, y gracias al temor común de la época, la gente se preocupaba de que la enfermedad terminal de Allan pudiera provenir de un libro.

 

En octubre de 1895 Library Journal, revista de la American Librarians Association publicó un artículo en el que lamentaba la muerte de Jessie Allan : «La muerte de la Srta. Jessie Allan es doblemente triste debido a la excelente reputación que su trabajo le ganó y al afecto agradable que todos los bibliotecarios que la conocieron sintieron por ella, y porque su muerte ha dado lugar a una nueva discusión sobre la posibilidad de infección de enfermedades contagiosas a través de los libros de la biblioteca»

La muerte de Allan ocurrió durante lo que a veces se llama el «gran miedo al libro». Este miedo, ya casi olvidado, fue un pánico frenético a finales del siglo XIX y principios del XX, ya que los libros contaminados -sobre todo los que se prestaban en las bibliotecas- podían propagar enfermedades mortales. El pánico surgió de «la comprensión pública de las causas de las enfermedades como gérmenes», dice Annika Mann, profesora de la Universidad Estatal de Arizona y autora de Reading Contagion: The Hazards of Reading in the Age of Print.

A los bibliotecarios les preocupaba que la muerte de Allan, que se convirtió en el punto focal del miedo, disuadiera a la gente de pedir libros prestados y provocara una disminución del apoyo financiero a las bibliotecas públicas.

Y continuaba el artículo «Posiblemente haya algún peligro procedente de esta fuente; ya que el bacilo fue descubierto, se encuentra peligro en lugares hasta ahora insospechados. Pero el mayor peligro, tal vez, es sobreestimar esta fuente de peligro y asustar a la gente para que se ponga nerviosa.»

 La preocupación por la propagación de enfermedades mediante el préstamo de libros tendría graves repercusiones en la proliferación y el crecimiento de las bibliotecas. En un momento en que el apoyo financiero a las bibliotecas públicas estaba creciendo en todo el país, las instituciones de préstamo de libros se enfrentaron a un gran desafío debido a la amenaza de la enfermedad.

La enfermedad era común en este período tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos. Epidemias como la «tuberculosis, la viruela y la escarlatina» estaban cobrando «un terrible precio en las zonas urbanas», según el artículo del erudito Gerald S. Greenberg de 1988 «Los libros como portadores de enfermedades, 1880-1920«. Para una población que ya estaba al borde de las enfermedades mortales, la idea de que los libros contaminados de la biblioteca pasaran de mano en mano se convirtió en una fuente significativa de ansiedad.

Los libros fueron vistos como posibles vehículos de transmisión de enfermedades por varias razones. En una época en que las bibliotecas públicas eran relativamente nuevas, era fácil preocuparse por quién había manejado un libro por última vez y si podían haber estado enfermos. Los libros que parecían ser benignos podrían ocultar enfermedades que podrían ser desencadenantes «en el acto de abrirlos», dice Mann. La gente estaba preocupada por las condiciones de salud causadas por «inhalar el polvo de los libros», escribe Greenberg, y por la posibilidad de «contraer cáncer al entrar en contacto con el tejido maligno que se espera en las páginas».

El gran miedo al libro alcanzó su punto álgido en el verano de 1879, dice Mann. Ese año, un bibliotecario de Chicago llamado W.F. Poole informó que se le había preguntado si los libros podían transmitir enfermedades. Tras una investigación adicional, Poole localizó a varios médicos que afirmaban tener conocimiento de libros sobre la propagación de enfermedades. La gente en Inglaterra comenzó a hacer la misma pregunta, y la preocupación por los libros enfermos se desarrolló «más o menos al mismo tiempo» en los Estados Unidos y Gran Bretaña, dice Mann.

Una ola de legislación en el Reino Unido intentó atacar el problema. Aunque la Ley de Salud Pública de 1875 no se refería específicamente a los libros de la biblioteca, sí prohibía prestar «trapos de ropa de cama u otras cosas» que hubieran estado expuestas a la infección. La ley se actualizó en 1907 con una referencia explícita a los peligros de la propagación de enfermedades a través del préstamo de libros, y se prohibió a los sospechosos de tener una enfermedad infecciosa el préstamo o la devolución de libros de la biblioteca, con multas de hasta 40 chelines por esos delitos, equivalentes a aproximadamente 200 dólares en la actualidad.

«Si alguna persona sabe que está sufriendo de una enfermedad infecciosa, no debe tomar ningún libro o uso, ni hacer que se tome ningún libro para su uso de ninguna biblioteca pública o circulante«, dice la Sección 59 de la Ley de Enmiendas de las Leyes de Salud Pública de Gran Bretaña de 1907.

En los Estados Unidos, la legislación para prevenir la propagación de epidemias a través del préstamo de libros se dejó en manos de los estados. En todo el país, las ansiedades se «localizaban alrededor de la institución de la biblioteca» y «alrededor del libro», dice Mann. Los bibliotecarios fueron víctimas del creciente miedo.

En respuesta al pánico, se esperaba que las bibliotecas desinfectaran los libros de los que se sospechaba que eran portadores de enfermedades. Se utilizaron numerosos métodos para desinfectar los libros, incluyendo el mantenimiento de los libros en vapor a partir de «cristales de ácido fénico calentados en un horno» en Sheffield, Inglaterra, y la esterilización mediante una «solución de formaldehído» en Pensilvania, de acuerdo con Greenberg. En Nueva York, los libros se desinfectaron con vapor. Un estudio en Dresde, Alemania, «reveló que las páginas sucias de los libros frotadas con los dedos húmedos producían muchos microbios».

Un excéntrico experimentador llamado William R. Reinick estaba preocupado por las múltiples supuestas enfermedades y muertes a causa de los libros. Para probar el peligro de contraer enfermedades, Greenberg escribe, expuso a 40 conejillos de indias a páginas de libros contaminados. Según Reinick, los 40 sujetos de prueba murieron. En otros lugares, los experimentos consistieron en dar a los monos un trago de leche en una bandeja de literatura aparentemente contaminada, como escribe Mann en Reading Contagion.

Todos estos experimentos pueden haber sido extremadamente inusuales, pero finalmente llegaron a conclusiones similares: Por pequeño que sea el riesgo de infección de un libro, no se puede descartar por completo.

 

book_room_in_the_old_water_tank_chicago_1873

 

Los periódicos también se refirieron a los peligros de los libros que propagan enfermedades. Una referencia temprana en el Chicago Daily Tribune del 29 de junio de 1879 menciona que la posibilidad de contraer enfermedades a partir de los libros de la biblioteca es «muy pequeña» pero no se puede descartar por completo. La edición del 12 de noviembre de 1886 del Perrysburg Journal en Ohio enumera los «libros» como uno de los artículos que deben ser retirados de las habitaciones de los enfermos. Ocho días después, otro periódico de Ohio, The Ohio Democrat, declaró abiertamente: «La enfermedad [la escarlatina] se ha propagado a través de bibliotecas circulantes; se han tomado libros ilustrados de allí para entretener al paciente, y han regresado sin ser desinfectados».

A medida que los periódicos continuaban cubriendo el tema, «el miedo se intensificó», dice Mann, lo que llevó a una «fobia extrema contra el libro».

Después de muchas tribulaciones, se impuso el raciocinió. La gente empezó a preguntarse si la infección a través de los libros era una amenaza grave o simplemente una idea que se propagó a través de los temores del público. Después de todo, los bibliotecarios no estaban teniendo tasas de enfermedad más altas en comparación con otras ocupaciones, según Greenberg. Los bibliotecarios comenzaron a abordar el pánico directamente, «tratando de defender la institución», dice Mann, una actitud caracterizada por «una falta de miedo».

En Nueva York, los intentos políticos durante la primavera de 1914 de desinfectar en masa los libros fueron desestimados tras las objeciones de la Biblioteca Pública de Nueva York y la amenaza de una «protesta en toda la ciudad». En otros lugares, el pánico también comenzó a disminuir. Los libros que antes se creía que estaban infectados volvieron a prestarse sin más problemas. En Gran Bretaña, experimento tras experimento de médicos y profesores de higiene informaron que no había casi ninguna posibilidad de contraer una enfermedad a partir de un libro. El pánico estaba llegando a su fin.

El «gran miedo del libro» surgió de una combinación de nuevas teorías sobre la infección y la preocupación entre las clases superiores del concepto de biblioteca pública. Muchos estadounidenses y británicos temían a las bibliotecas porque les proporcionaba fácil acceso a lo que consideraban libros obscenos o subversivos, argumenta Mann. Y mientras que los temores a las enfermedades eran distintos de los temores a los contenidos sediciosos, los «opositores al sistema de bibliotecas públicas» ayudaron a avivar el fuego del miedo a los libros, escribe Greenberg.

Manual de procedimientos para bibliotecas : guía para su redacción.

 

c35edb6f36bcb3276a25726ad9699b3e

Manual de procedimientos para bibliotecas : guía para su redacción. Buenos Aires: Biblioteca del Docente, 2006 ISBN 978-987-549-310-0

Texto completo

Pautas para la elaboración de un manual de procedimientos que posibilite a los bibliotecarios el registro de sus decisiones y de su política de gestión en lo referente a la selección y el descarte; los procedimientos de adquisición; los procesos administrativos y técnicos, los servicios y productos a ofrecer, el personal, el equipamiento y soporte técnico; la ambientación y las medidas de seguridad.

Los procedimientos escritos establecen una guía para el buen funcionamiento de todo tipo de Biblioteca, a la vez que constituyen un modo de protección para todo su personal. Cada bibliotecario tiene su filosofía y una política bajo la que opera, esté o no escrita. El valor de registrar en el Manual todos los procedimientos, es que el personal que se mueve alrededor de la biblioteca, y los nuevos que se incorporan, sepan cuál es la política para cada caso y contribuyan a reforzarla.

Cada Manual es el resultado de la colaboración de todo el personal asignado a la gestión de la Biblioteca. Todas las opiniones deben ser escuchadas, analizadas y consideradas al momento de formalizar los criterios del trabajo cotidiano. Debe contener la descripción exhaustiva de la organización de la Biblioteca y de su accionar interno, y de los servicios que brinda a sus usuarios.

Son varios los beneficios de su redacción: identifica al responsable de cada proceso; dispone de definiciones explícitas y normalizadas de las tareas rutinarias; optimiza el grado de eficiencia mediante la simplificación de los procesos; reduce la incertidumbre sobre la toma de decisiones; garantiza la continuidad de actividades en la Biblioteca; evita la duplicación de tareas; define la estructura tecnológica adecuada y mejora la comunicación y la calidad del servicio.

Resulta necesario aclarar que el Manual es un instrumento dinámico y flexible, porque debe reflejar los cambios que se producen en la Biblioteca. Para ser más efectivo, el Manual debe incorporar la filosofía de la institución y delinear la misión de la Biblioteca. Una vez aprobado por el equipo de conducción de la Escuela se puede implementar con confianza.

Manual de procedimiento de las Bibliotecas Públicas Municipales de Madrid

library-books

Manual de procedimiento de las Bibliotecas Públicas Municipales de Madrid. Madrid: Bibliotecas Públicas Municipales de Madrid, 2019

Texto completo

Este manual de procedimiento se ha elaborado con el fin de homogeneizar los servicios bibliotecarios prestados en la Red de Bibliotecas Publicas Municipales, y establecer las normas y pautas a seguir para el correcto desarrollo de estos servicios.

La bicicleta de libros de la Biblioteca Pública de Indianápolis ofrece libros gratis

 

2eeba976-35ca-4ceb-8755-b27a5c786df8-librarybookbike_kw_003

 

Se trata de una iniciativa que la Biblioteca Pública de Indianápolis lanzó el año pasado como otra forma de involucrar a la comunidad y llevar la lectura y la biblioteca a las vidas de las personas. La bicicleta va a una variedad de eventos, ya sean pequeños como una donación del Banco de Alimentos en el lado norte o grandes como la convención.

Indianapolis Public Library Foundation financió el esfuerzo en 2017 después de que Crain, el gerente de la sucursal de la biblioteca de Decatur, presentara una propuesta durante una campaña para imaginar nuevos e innovadores servicios de biblioteca. La gente votó por tres propuestas de proyectos diferentes, y aunque la bicicleta de libros no ganó, la idea fue tan popular que la fundación decidió presentarla de todos modos.

Cualquiera que visite la bicicleta, que se queda afuera en los eventos, puede llevar libros gratis a casa para. Los libros varían en temas y géneros, incluidas las novelas de Captain Underpants, los misterios de Agatha Christie y los clásicos de Charles Dickens.

Crain dijo que el programa ha tenido éxito desde su primer evento, que fue en junio de 2018 en un mercado de agricultores de Garfield Park. El año pasado, la bicicleta fue a nueve eventos y regaló más de 1,000 libros. Este año, está programado para asistir a unos 20 eventos.

Los estantes del remolque pueden contener de 20 a 30 libros, pero las cajas debajo generalmente almacenan de 80 a 100 más. Crain dijo que debido a que la bicicleta aún es inusual y lleva un cartel de «libros gratis», que atrae a la gente en los eventos. Se diferencia de otros proyectos como la biblioteca móvil, de que en este caso los libros se regalan, y no es necesario tener un carnet de miembro de la biblioteca.

Los libros para la bicicleta fueron sacados del área de venta de la biblioteca. Los libros en esta área se venden por un dólar o menos después de ser eliminados de la circulación de la biblioteca, a menudo porque no se sacan mucho o se deterioran sus condiciones físicas. Pero también muchos de los libros que ofrece la biblioteca vienen de donaciones.

El programa fomenta la alfabetización y ofrece al equipo de la biblioteca la libertad de experimentar con nuevas formas de mantener la biblioteca en la mente de las personas. Cualquiera que quiera que la bicicleta del libro esté presente en un evento al aire libre en Indianapolis puede contactar a la biblioteca en línea para hacer una solicitud.

El valor de las bibliotecas para la economía familiar

 

lj381otpwaf31

 

Un recibo de una biblioteca pública que muestra y mantiene un registro de la cantidad de dinero ahorrado por los usuario que piden libros prestados en lugar de comprarlos está desatando un debate en línea sobre los miles de dólares que ahorran las familias con el uso de las bibliotecas. Ver esas cifras podría animar a más gente a usar una biblioteca.

 

 

Un recibo de la Biblioteca Pública de Wichita se volvió viral después de haber sido publicado en Reddit. La biblioteca a través del sistema integrado Polaris proporciona un recibo del ahorro que supone para las familias los libros que se llevan en préstamo.

El recibo de los artículos prestados mostró que una familia de seis miembros ahorró 164 dólares en su reciente visita (y más de 1,384 dólares en este año) al llevar prestados materiales durante su visita semanal a la biblioteca. Una forma bastante inteligente de señalar el valor de las bibliotecas y su misión principal de proporcionar acceso a los libros y la lectura.

Desde la semana pasada, los recibos de la biblioteca muestran cuánto ahorró un cliente por visita y sus ahorros totales desde el 1 de septiembre. La cantidad se calcula utilizando el costo de venta al público de los materiales que se piden prestados (por ejemplo, el precio de portada de un libro recién publicado) o el costo estimado de reposición de los mismos. El sistema es similar a los recibos de las tiendas que muestran la cantidad de dinero que los clientes ahorran con tarjetas de membresía u otros descuentos.

Los cálculos globales que se han hecho muestran que en un mes se sacaron de las sucursales de la biblioteca de Wichita materiales por un valor total de unos 2 millones de dólares. «La gente dice: ‘Esto es lo que les digo a mis amigos siempre». Lo que ayuda a explicar que la biblioteca es beneficiosa y ahorra dinero a las personas.

Pero, también ha surgido surgido otro debate sobre la moralidad de tomar prestado un libro de la biblioteca en lugar de comprarlo, ya que algunas personas señalan que parece que la biblioteca sólo está llevando un registro de lo que sus usuarios no están pagando a los autores que escribieron los libros.