Cómo el negocio editorial compromete la integridad académica

Montgomery, Lucy, Emilia C. Bell, y Karl Huang. 2025. “Academic Publishing Is a Multibillion-Dollar Industry. It’s Not Always Good for Science.” The Conversation, March 20, 2025. https://theconversation.com/academic-publishing-is-a-multibillion-dollar-industry-its-not-always-good-for-science-250056

La publicación académica se ha convertido en una industria multimillonaria que, según algunos expertos, ya no sirve prioritariamente a los intereses de la ciencia, sino a los del mercado. Se examina críticamente cómo las prácticas comerciales de las grandes editoriales afectan a la calidad de la investigación, a la accesibilidad del conocimiento y a la integridad del proceso científico.

Uno de los casos recientes más notorios que ejemplifica esta problemática es el del comité editorial de la revista Journal of Human Evolution, cuyos miembros dimitieron en masa en diciembre de 2024 tras acusar a la editorial Elsevier de prácticas inadecuadas. Denunciaron ediciones pobres, el uso indebido de inteligencia artificial en procesos editoriales y tarifas excesivas para acceder a los artículos. Este caso no es aislado: episodios similares se han producido en revistas de otros campos, lo que evidencia un conflicto creciente entre editores académicos y las editoriales comerciales.

La industria editorial académica, que surgió como un esfuerzo comunitario tras la Segunda Guerra Mundial, está ahora dominada por un pequeño grupo de grandes corporaciones como Elsevier, Springer Nature y Wiley. Estas empresas controlan aproximadamente la mitad de todas las publicaciones científicas y obtienen márgenes de beneficio cercanos al 40%, superiores incluso a los de gigantes tecnológicos como Google o Apple. Esto es posible gracias a un modelo de negocio en el que los investigadores escriben y revisan artículos sin recibir remuneración, mientras las universidades y bibliotecas deben pagar cuantiosas sumas para acceder a los contenidos que ellas mismas ayudaron a producir.

Este sistema también impacta en la calidad y el propósito de la ciencia. La presión por publicar en revistas de alto impacto ha provocado una avalancha de estudios apresurados o de escasa relevancia. Además, han proliferado las llamadas “revistas depredadoras”, que aceptan artículos sin una revisión rigurosa a cambio de dinero, lo que debilita la confianza pública en la ciencia y complica la identificación de investigaciones serias.

Ante este panorama, algunos sectores académicos están promoviendo modelos alternativos de publicación científica. Uno de ellos es el modelo «publicar-revisar-curar», que propone publicar primero los artículos como preprints, someterlos después a una revisión abierta y generar finalmente informes de evaluación que puedan ser consultados públicamente. Este sistema busca agilizar el acceso al conocimiento, mejorar la transparencia del proceso y reducir el control monopolístico de las grandes editoriales.

Por otra parte, aunque el modelo de acceso abierto pretende democratizar el conocimiento, en la práctica muchas veces supone un traslado de costes: en lugar de pagar por leer, los investigadores deben pagar por publicar. Esto impone nuevas barreras económicas, especialmente en regiones o instituciones con menos recursos, y genera una desigualdad en la participación científica global.

Adolescentes, redes sociales y salud mental

Auxier, Brooke, y Colleen McClain. 2024. Teens, Social Media and Mental Health. Pew Research Center.

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La mayoría de los adolescentes atribuyen a las redes sociales el hecho de sentirse más conectados con sus amigos. Sin embargo, aproximadamente 1 de cada 5 afirma que las redes sociales perjudican su salud mental, y cada vez son más los que piensan que perjudican a las personas de su edad.

Aunque muchos adolescentes reconocen que estas plataformas los ayudan a sentirse más conectados con sus amigos y a expresar su creatividad, casi la mitad (48%) opina que las redes sociales tienen un efecto mayoritariamente negativo sobre sus compañeros, un aumento significativo respecto al 32% registrado en 2022. Sin embargo, solo un 14% siente que estas afectan negativamente su propia salud mental. Además, un 45% de los adolescentes admite pasar demasiado tiempo en redes sociales, y las chicas tienden a reportar experiencias más negativas que los chicos en cuanto a autoestima, salud mental y calidad del sueño.

Por otro lado, los padres muestran una mayor preocupación que los adolescentes por la salud mental juvenil: un 55% dice estar muy preocupado, frente al 35% de los jóvenes. Esta diferencia también se refleja en la disposición para hablar del tema: el 80% de los padres afirma sentirse cómodo conversando sobre salud mental con sus hijos, mientras que solo el 52% de los adolescentes comparte esa sensación. Respecto a las causas del deterioro de la salud mental, los padres tienden a culpar a las redes sociales en mayor medida que los adolescentes, quienes también mencionan el acoso escolar y las presiones sociales como factores relevantes. Las diferencias también se observan según el género y la etnia, siendo las chicas y los jóvenes afroamericanos los más preocupados. Aunque las redes sociales pueden ser un espacio de apoyo y creatividad, el informe evidencia una creciente inquietud sobre su impacto en el bienestar emocional de los adolescentes.

Medicina Gráfica: viñetas que cuidan

Jiménez Ruiz, Carmen ; Martín Martín, Oliver. “Medicina Gráfica: Viñetas Que Cuidan.” Universo Abierto, 24 de abril de 2025. https://universoabierto.org/2025/04/24/medicina-grafica-vinetas-que-cuidan/

La Biblioteca de la Facultad de Enfermería, Fisioterapia y Podología de la Universidad Complutense de Madrid lleva años apostando por una colección especial: la de Medicina Gráfica. En 2025, con motivo del Día del Libro, esta biblioteca ha presentado con entusiasmo su primer Catálogo de Medicina Gráfica, una herramienta diseñada para visibilizar esta colección y fomentar su uso entre estudiantes, docentes y profesionales del ámbito de las Ciencias de la Salud.

Este proyecto ha contado con una colaboración muy especial: Marina Peix, enfermera e ilustradora, ha escrito un prólogo lleno de sensibilidad y ha cedido sus ilustraciones para dar forma al diseño del catálogo. Su mirada, que combina el arte con el cuidado, refuerza el mensaje central de esta iniciativa: cuidar también es comunicar, emocionar, representar y escuchar.

¿Qué es la Medicina Gráfica?

La Medicina Gráfica consiste en el uso del cómic, la novela gráfica, la ilustración y la infografía como recursos en el ámbito sanitario. Esta disciplina aúna el poder visual y narrativo del lenguaje gráfico con temáticas vinculadas a la salud, la enfermedad, el dolor o el duelo.

Aunque no se trata de una práctica nueva —el dibujo ha sido históricamente un medio para comunicar aspectos médicos—, en los últimos años ha crecido el reconocimiento de su valor clínico, educativo y emocional. A nivel internacional, este enfoque comenzó a consolidarse en 2007 y, en España, su impulso se ha visto reforzado por el Grupo de Medicina Gráfica, coordinado por la médica y dibujante Mónica Lalanda.

En palabras de Marina Peix: “Cuando hablamos de la palabra cuidar como profesionales sanitarios no nos referimos solo a la parte física y tangible. Debemos abarcar la promoción de la salud, el acompañamiento a través de una enfermedad, el manejo del duelo, la transmisión de malas noticias, el afrontamiento de la muerte… No voy a deciros que un cómic vaya a solucionarnos todos estos problemas por sí solo, pero es un material de apoyo muy valioso para conectar con los pacientes y sus familias.”

¿Por qué una colección de Medicina Gráfica en una biblioteca universitaria?

Desde el año 2020, la Biblioteca ha querido dar espacio a obras que exploran la experiencia de la enfermedad desde el punto de vista del paciente, que promueven la conversación y que contribuyen a humanizar la práctica sanitaria. Esta colección permite:

  • Desarrollar habilidades comunicativas y empáticas en los futuros profesionales sanitarios.
  • Servir como recurso de apoyo en docencia, divulgación científica, educación sanitaria y promoción de la salud.
  • Ofrecer a pacientes y familiares herramientas para comprender y expresar su experiencia vital.
  • Contribuir a una atención sanitaria más humana, cercana y sensible.

Tal como se señala en el artículo Medicina gráfica en una Facultad de Ciencias de la Salud, publicado en la revista Mi Biblioteca, esta colección responde no solo a un interés académico, sino también emocional, social y cultural.

En el prólogo del catálogo, Marina Peix afirma:
“Apostar por un catálogo en una biblioteca de una universidad de ciencias de la salud en el que se incluyan obras que ilustren la enfermedad desde el punto de vista del paciente, promuevan la reflexión y faciliten el aprendizaje, es una invitación a convertirnos en mejores profesionales adentrándonos en el mundo de las viñetas.”

El catálogo: acceso, formatos y licencia

El catálogo, editado con esmero y disponible bajo licencia Creative Commons, reúne una selección de títulos disponibles en la biblioteca. Las ilustraciones de Marina Peix enriquecen visualmente el documento, al que se puede acceder en dos formatos:

Medicina Gráfica como herramienta de divulgación

Este tipo de materiales no solo informan: también acompañan, visibilizan lo invisible y conectan desde la emoción. Con este catálogo, la biblioteca invita a explorar nuevas formas de narrar y cuidar. Las viñetas pueden enseñar, emocionar y tender puentes entre quienes cuidan y quienes necesitan ser cuidados.


Más información sobre la colección completa y otras iniciativas en:
https://biblioteca.ucm.es/enf/medicina-grafica

OpenAI estaría interesada en comprar Chrome de Google para incorporarlo a ChatGPT

Wheatley, Mike. “OpenAI Says It Would Jump at the Chance to Buy Chrome from Google.” SiliconANGLE, April 22, 2025. https://siliconangle.com/2025/04/22/openai-says-jump-chance-buy-chrome-google/?utm_source=flipboard&utm_content=other

Nick Turley, jefe de producto de OpenAI, declaró ante un juez en el juicio antimonopolio contra Google que su empresa estaría muy interesada en comprar el navegador Chrome si se diera la oportunidad. El Departamento de Justicia de EE.UU., tras la condena de Google por mantener un monopolio ilegal en el sector de búsquedas, propone como remedio que se obligue a la compañía a vender Chrome, argumentando que es clave en su conducta anticompetitiva.

Durante la fase de propuesta de remedios en el juicio antimonopolio que enfrenta Google en Estados Unidos, Nick Turley, jefe de producto de OpenAI, sorprendió al declarar ante el juez Amit Mehta que su empresa estaría muy interesada en adquirir el navegador Chrome si se forzara su venta. Esta afirmación se produce en un contexto en el que el Departamento de Justicia (DOJ) ha planteado medidas drásticas para reducir el poder de Google en el mercado de las búsquedas online, tras haber sido declarada culpable de prácticas monopolísticas.

Una de las medidas más polémicas sugeridas por el DOJ es precisamente la venta forzosa de Chrome, el navegador más utilizado del mundo, con cerca del 67 % del mercado y unos 3.000 millones de usuarios. El argumento del Departamento de Justicia es que Chrome actúa como una pieza fundamental en el ecosistema de servicios de Google, canalizando a los usuarios hacia su motor de búsqueda, su correo electrónico, sus servicios en la nube y sus herramientas de inteligencia artificial, lo cual refuerza su dominio del mercado y limita la competencia.

Turley, en su declaración, afirmó que OpenAI —creadora del popular modelo de lenguaje ChatGPT— no solo estaría interesada en adquirir Chrome, sino que ve en ello una oportunidad para transformar radicalmente la experiencia de navegación web, integrando de forma nativa la inteligencia artificial. Según él, ChatGPT podría incorporarse al propio navegador para asistir al usuario en sus tareas cotidianas, optimizando búsquedas, automatizando acciones o incluso generando contenido directamente desde la interfaz del navegador.

La compra de Chrome no solo permitiría a OpenAI competir en mejores condiciones con Google, sino que le brindaría acceso a una enorme base de usuarios y a valiosos datos de navegación. Estos datos, según Turley, serían fundamentales para entrenar nuevos agentes de IA capaces de operar en tiempo real sobre la web.

Además, OpenAI ya ha dado pasos en esta dirección: en noviembre contrató a Ben Goodger y Darin Fisher, antiguos ingenieros de Google que participaron en la creación y diseño de Chrome. Esto ha alimentado las especulaciones sobre el desarrollo de un navegador propio basado en Chromium, el motor de código abierto sobre el que también se construye Chrome.

No obstante, el juez Mehta ha expresado dudas sobre la viabilidad de obligar a Google a desprenderse de un producto tan central en su ecosistema. Otra posibilidad sería escindir Chrome como empresa independiente, aunque Google ha insistido en que el navegador no podría sostenerse sin su infraestructura.

Por otro lado, el DOJ también propuso como remedio que Google se vea obligada a compartir sus datos de búsqueda con competidores. Turley reveló que OpenAI intentó alcanzar un acuerdo con Google para acceder a su API de búsqueda, pero fue rechazado sin discusión. Según él, esa información permitiría a empresas emergentes como OpenAI crear productos más competitivos y acelerar la innovación en el sector.

La decisión final del juez Mehta podría marcar un hito en la regulación de los gigantes tecnológicos, reconfigurar el panorama de los navegadores web y abrir nuevas puertas para la integración entre navegación e inteligencia artificial. Mientras tanto, OpenAI se posiciona como uno de los actores más ambiciosos dispuestos a liderar ese cambio.

Ontomaster: el juego de mesa que enseña a diseñar ontologías

https://archivus790077026.wordpress.com/84-2/

¿Quién dijo que diseñar ontologías era aburrido? El grupo Game-LibLab de la Universidad de Granada ha lanzado Ontomaster, un juego de mesa creado dentro del proyecto de innovación docente «Aprendizaje basado en juegos para el diseño de ontologías».

El director de la Biblioteca Central ha reunido a los mejores especialistas del mundo para que le ayuden a gestionar su biblioteca. Con su habilidad y conocimiento, cada uno deberá desarrollar una ontología que permita describir la colección, los usuarios… ¡y hasta los bichos que pululan por las estanterías! ¿Quién lo logrará antes que el resto y se hará con el título de «OntoMaster»?

Dirigido a estudiantes del Grado en Información y Documentación, este juego convierte los conceptos clave de las ontologías en mecánicas lúdicas, haciendo más ameno y eficaz el aprendizaje de la asignatura “Sistemas de organización del conocimiento II”.

¿Lo mejor? ¡Puedes descargarlo gratis en PDF, imprimirlo y jugar!

🔗 Descúbrelo aquí: https://archivus790077026.wordpress.com/84-2/

Valor de los bibliotecarios en un mundo de desinformación generada por IA

«En una sociedad inundada de información, confusión generada por la inteligencia artificial, desinformación y noticias falsas, los bibliotecarios son la primera y mejor línea de defensa: navegantes de confianza que nos ayudan a encontrar el sentido, la relevancia, las pruebas y el conocimiento práctico a partir de fuentes fiables.»

Abram, Stephen. “Save the Librarians.” The Lens, 2024. https://stephenslighthouse.com/2025/04/22/academic-database-comparisons/

Stephen Abram es bibliotecario y director de Lighthouse Consulting Inc. y director ejecutivo de la Federación de Bibliotecas Públicas de Ontario.

El hachazo de Trump a las bibliotecas y museos: desmantelan el IMLS

Dave, Paresh, y Louise Matsakis. “The DOGE Axe Comes for Libraries and Museums.” WIRED, 1 de abril de 2025. https://www.wired.com/story/institute-museum-library-services-layoffs/

El gobierno de Trump ha paralizado casi por completo el Instituto de Servicios de Museos y Bibliotecas (IMLS), dejando sin funciones a la mayoría de sus empleados. Esta agencia federal financiaba servicios esenciales en bibliotecas y museos, especialmente en comunidades vulnerables. Las subvenciones otorgadas están en riesgo de perderse, afectando programas educativos, digitales y culturales. La medida, justificada por un supuesto plan de eficiencia, enfrenta críticas por su impacto social y falta de justificación.

Durante años, el Instituto de Servicios de Museos y Bibliotecas (IMLS, por sus siglas en inglés) ha contado con apoyo bipartidista en Estados Unidos, pero el gobierno de Donald Trump ha logrado asestarle un golpe devastador. En julio de 2020, casi todo el personal de la agencia —77 empleados— fue puesto en licencia administrativa con sueldo, dejando paralizadas sus operaciones. Esta medida se ejecutó poco después de que Trump designara como director interino a Keith Sonderling, del Departamento de Trabajo, en coordinación con el llamado Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), impulsado por Elon Musk.

La decisión afecta directamente a miles de bibliotecas y museos que dependían de los fondos del IMLS para llevar a cabo programas como excursiones escolares, talleres para personas mayores y acceso a recursos digitales como Libby, una popular app para leer libros electrónicos. Aunque el presupuesto anual del IMLS es menor a un dólar por habitante, en 2019 distribuyó más de 269 millones de dólares en subvenciones. Sin personal para gestionar los reembolsos, la continuidad de esos fondos está en peligro.

Los efectos son extensos: por ejemplo, una comunidad indígena en California esperaba recibir 10.000$ para adquirir libros y recursos digitales; un museo en Carolina del Norte planeaba usar 23.500$ para talleres textiles dirigidos a personas mayores; y en Idaho, una subvención de 10.350 estaba destinada a excursiones escolares. También se preveían reembolsos por casi 189.000$ para la compra de 54.000 libros infantiles por parte de cinco tribus nativas, ahora en riesgo.

La administración justificó el cierre aludiendo a un decreto presidencial que pedía reducir el IMLS a su mínima expresión legal, en línea con intentos previos de Trump por eliminarlo, bajo el argumento de eliminar gastos superfluos. Aun así, no hay evidencia de mal uso de fondos. De hecho, expertos y líderes del sector destacan la importancia vital de estas subvenciones, especialmente para zonas rurales y poblaciones vulnerables.

La acción provocó un fuerte rechazo. El sindicato que representa a los empleados del IMLS denunció la incertidumbre sobre los proyectos ya aprobados, y una coalición bipartidista de senadores, liderada por Jack Reed, exigió al gobierno que cumpla con la ejecución de los fondos autorizados por el Congreso.

Aunque bibliotecas y museos reciben apoyo de otras fuentes, el IMLS es el mayor proveedor federal directo de financiación para estos sectores. El impacto de su paralización se extiende incluso a grandes sistemas como el de Nueva York, donde aunque el porcentaje de fondos federales es menor, estos se usan para innovación y nuevos programas. Instituciones están organizando campañas para buscar donantes privados, mientras algunas fundaciones filantrópicas ya se preparan para suplir el vacío económico.

El futuro del IMLS está ahora en manos del Congreso, los tribunales y la presión pública. Mientras tanto, la incertidumbre persiste y amenaza el acceso equitativo a la cultura, la educación y la tecnología para millones de estadounidenses.

Durante la guerra las bibliotecas de Ucrania están siendo centros clave de ayuda humanitaria, refugios, espacios de aprendizaje y apoyo emocional

Lopatovska, Irene, Grace Pickering, y Celia Coan. 2025. «Ukrainian Public Libraries During the Russia-Ukraine War: Supporting Individuals, Communities, and the Nation.» Journal of Librarianship and Information Science. https://doi.org/10.1177/09610006251326610

Este estudio analiza el papel de las bibliotecas públicas ucranianas durante la guerra entre Rusia y Ucrania. A través de entrevistas con doce directores de bibliotecas en distintas regiones del país, se recopilan testimonios sobre cómo el conflicto ha impactado sus servicios y funciones.

Los resultados confirman que muchas bibliotecas se han transformado en centros clave de ayuda humanitaria, refugios, espacios de aprendizaje y apoyo emocional. Además, han impulsado nuevas iniciativas relacionadas con la alfabetización mediática, la descolonización de las colecciones y el fortalecimiento de la identidad nacional ucraniana.

A partir de los datos recogidos y de la literatura existente, los autores proponen un marco teórico que identifica las necesidades de los usuarios en contextos de guerra, que van desde necesidades básicas (psicológicas, físicas, de seguridad e informativas) hasta la necesidad de pertenecer a una comunidad y una nación. Este marco, aunque contextualizado en Ucrania, puede aplicarse también para comprender el valor y las funciones de las bibliotecas públicas en otras partes del mundo.

Los motores de búsqueda basados en inteligencia artificial citan incorrectamente las fuentes de noticias en más del 60 % de los casos.

Edwards, Benj. 2025. «AI Search Engines Cite Incorrect News Sources at an Alarming 60% Rate, Study SaysArs Technica, March 13, 2025. https://arstechnica.com/ai/2025/03/ai-search-engines-give-incorrect-answers-at-an-alarming-60-rate-study-says/

Un estudio reciente del Tow Center for Digital Journalism de la Columbia Journalism Review ha revelado que los motores de búsqueda basados en inteligencia artificial citan incorrectamente las fuentes de noticias en más del 60 % de los casos.

El análisis se realizó con ocho herramientas de búsqueda impulsadas por IA, a las que se les pidió identificar título, editor, fecha y URL de artículos reales. Los resultados mostraron errores sistemáticos en la atribución de fuentes.

Los investigadores Klaudia Jaźwińska y Aisvarya Chandrasekar señalaron que aproximadamente uno de cada cuatro estadounidenses ya usa estos modelos como alternativa a los buscadores tradicionales, lo que agrava la preocupación sobre su fiabilidad. Entre las herramientas analizadas, Grok 3 tuvo la tasa de error más alta (94 %), mientras que ChatGPT Search falló en el 67 % de los casos y Perplexity en el 37 %. En total se realizaron 1.600 pruebas.

Una práctica común de estos modelos fue responder con seguridad aunque no tuvieran información confiable, generando respuestas plausibles pero erróneas, conocidas como confabulaciones. Además, las versiones de pago como Perplexity Pro y Grok 3 Premium cometieron errores con más frecuencia, ya que evitan negarse a responder.

El estudio también detectó que algunas herramientas ignoraron los protocolos de exclusión de robots (robots.txt), accediendo a contenidos que los editores habían solicitado explícitamente no fueran rastreados, como en el caso de National Geographic. Además, muchas veces los enlaces proporcionados llevaban a versiones sindicadas (por ejemplo, Yahoo News) en lugar del sitio original, o eran URL inventadas que conducían a páginas de error, como ocurrió en 154 de 200 enlaces proporcionados por Grok 3.

Estos problemas ponen a los editores en una situación difícil: bloquear los rastreadores puede suponer perder visibilidad, pero permitirlos implica la reutilización masiva sin retorno de tráfico.

Mark Howard, director de operaciones de Time, expresó su preocupación por la falta de control y transparencia, aunque confía en que el producto mejorará con el tiempo. También advirtió a los usuarios: “Si alguien cree que estos productos gratuitos son 100 % precisos, es culpa suya”.

OpenAI y Microsoft reconocieron la recepción del informe, pero no abordaron directamente los problemas señalados.

La clasificación como colonización: cómo las bibliotecas perpetúan el poder a través de la clasificación

Olson, Mike. 2025. “Classification as Colonization: The Hidden Politics of Library Catalogs.” The Scholarly Kitchen, March 25, 2025. https://scholarlykitchen.sspnet.org/2025/03/25/guest-post-classification-as-colonization-the-hidden-politics-of-library-catalogs/

Se expone de manera crítica cómo los sistemas de clasificación bibliotecaria, lejos de ser neutros o puramente técnicos, han sido y continúan siendo herramientas de poder con implicaciones políticas y sociales profundas.

Olson comienza refiriéndose a la orden ejecutiva del presidente Trump del 20 de enero de 2025, que impone cambios de nombre geográfico significativos (como “Mount McKinley” en lugar de “Mount Denali” y “Gulf of America” en vez de “Gulf of Mexico”), para ilustrar cómo el lenguaje en los catálogos puede ser utilizado como instrumento de control ideológico y simbólico. Esta intervención política explicita lo que siempre ha sido una realidad encubierta: que nombrar y clasificar es también decidir qué visiones del mundo se legitiman.

El autor analiza cómo el lenguaje en la catalogación ha sido históricamente una forma de imponer perspectivas dominantes, enmascarando decisiones sesgadas bajo una apariencia de objetividad técnica. Cita ejemplos como el uso prolongado del término “Illegal aliens” en la Library of Congress, que solo se reemplazó tras décadas de presión y denuncia por parte de bibliotecarios críticos como Sanford Berman, quien ya en 1971 denunciaba la carga racista, sexista y xenófoba de muchos encabezamientos. Para Olson, estas decisiones no son meras omisiones técnicas, sino actos deliberados de poder que estructuran el acceso al conocimiento y refuerzan desigualdades.

La crítica también se extiende a sistemas históricos como la Clasificación Decimal Dewey, que continúa vigente en bibliotecas de todo el mundo y cuya estructura original reflejaba abiertamente las ideas misóginas y racistas de su creador, Melvil Dewey. Temas como la salud femenina aparecen subordinados dentro de categorías menores, mientras que las voces de culturas no occidentales son relegadas a secciones marginales como “folclore”. Según Olson, estas jerarquías no son fallos del sistema, sino su esencia misma: reflejan un orden epistemológico centrado en el hombre blanco cristiano como norma universal.

Otro blanco de crítica es el sistema de encabezamientos de materia de la Biblioteca del Congreso (LCSH), ampliamente utilizado a nivel internacional. Olson denuncia cómo este sistema sigue utilizando terminología desfasada o directamente ofensiva, como “Sexual minorities” para referirse a personas LGBTQ+ o el aún vigente “Indians of North America”. Investigaciones como las de Rachel K. Fischer demuestran que el vocabulario oficial apenas refleja el 25 % de los términos identitarios empleados por comunidades LGBTQ+, según el vocabulario especializado Homosaurus. Esta desconexión entre los sistemas de catalogación y las formas reales en que las comunidades se nombran a sí mismas constituye, para Olson, una forma de injusticia epistémica, tal como la define la filósofa Miranda Fricker: una violencia que margina a los sujetos como productores y transmisores legítimos de conocimiento.

El catálogo, plantea Olson, se ha convertido en un sistema fracturado que oscila entre su función de organizar el saber bajo normas estandarizadas —que perpetúan sesgos históricos— y su aspiración de ser un espacio democrático de acceso equitativo al conocimiento. La reciente ola de mandatos políticos que imponen terminología nacionalista o censuran referencias a derechos reproductivos, diversidad o cambio climático, no introduce la política en la catalogación, sino que hace visible la política que siempre estuvo allí. Sin embargo, también abre la puerta a formas de resistencia creativa, como la “bibliographic drag”, en la que los catalogadores pueden subvertir el lenguaje impuesto introduciendo encabezamientos complementarios que expongan el carácter ideológico de ciertos términos.

Olson propone repensar profundamente la autoridad en catalogación. Frente a sistemas jerárquicos y centralizados que buscan imponer significados únicos, el autor aboga por modelos abiertos y colaborativos que permitan múltiples interpretaciones. Herramientas como la clasificación facetada, los modelos de datos enlazados o los sistemas de etiquetado comunitario ofrecen vías para representar la diversidad de lenguajes y experiencias, sin sacrificar el orden ni la accesibilidad. Ejemplos como la biblioteca Xwi7xwa en la Universidad de Columbia Británica —que utiliza un sistema adaptado a perspectivas indígenas— o el vocabulario Homosaurus —creado por y para comunidades LGBTQ+— muestran que otra catalogación es posible, una que no impone sino que dialoga con los saberes comunitarios.

En definitiva, si los catálogos dejan de nombrar ciertos conceptos o los sustituyen por eufemismos ideológicos, estamos frente a una forma sutil pero poderosa de control del pensamiento. En lugar de resignarse a ello, el autor invita a los profesionales de la información a repensar la infraestructura intelectual de las bibliotecas como espacios críticos, participativos y abiertos a la pluralidad de voces. Solo así se podrá superar la lógica de la colonización del saber y construir sistemas de clasificación realmente democráticos y representativos.