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Crowdfunding en el ámbito cultura

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Rouzé, V. [e-Book] Cultural Crowdfunding. London, University of Westminster Press, 2019.

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Este  libro analiza las estrategias, usos e implicaciones más amplias del crowdsourcing y las plataformas de crowdfunding en las industrias de la cultura y la comunicación que están dando nueva forma a las lógicas económicas, organizativas y sociales. Las plataformas son objeto de una considerable publicidad con una creciente presencia global. Confiar en las contribuciones individuales coordinadas por los medios sociales para financiar la producción cultural (y llevar a cabo tareas de promoción) es un cambio significativo, especialmente cuando se apoya en la morfología de las políticas públicas, supuestamente para mejorar la diversidad cultural y la accesibilidad

El objetivo de este libro es proponer un análisis crítico de estos fenómenos cuestionando lo que se deriva de las decisiones de externalizar los modos de creación y financiación a los consumidores. A partir de las investigaciones realizadas en el marco del programa «Collab», apoyado por la Agencia Nacional de Investigación francesa, el libro examina cómo se utilizan las plataformas para organizar el trabajo cultural y/o controlar los usos, siguiendo una lógica de sugerencia más que de mandato abierto. Se consideran cuatro áreas clave: la historia del crowdfunding como sistema; los intereses a los que puede servir el crowdfunding; las implicaciones para el trabajo digital y, por último, la interfaz del crowdfunding con la globalización y el capitalismo contemporáneo. El libro concluye con una evaluación de las afirmaciones de que el crowdfunding puede democratizar la cultura.

Un bibliotecario premiado en EE.UU. Salmantinos sin fronteras

 

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Un bibliotecario premiado en EE.UU. Salmantinos sin fronteras

DGRATIS 20 de diciembre de 2019

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“Para que nuestro trabajo sea eficaz y podamos establecer conexiones significativas con nuestra comunidad de usuarios, tenemos que conectar emocionalmente con ellos, escucharlos, observarlos y hacerles partícipes de la biblioteca. La biblioteca no es un solo un edificio con colecciones. La biblioteca somos todos”

 

Jesús Alonso Regalado no es un bibliotecario al uso. ¿Recuerdan aquel profesional que se  escudaba tras un mostrador y que trataba con el usuario lo mínimo posible? Pues este salmantino, diplomado en Biblioteconomía y Documentación, y licenciado en Filología Hispánica, por la Universidad de Salamanca, no tiene nada que ver con esa vieja percepción sobre su gremio. Él es un bibliotecario adaptado a su tiempo. Una versión avanzada, si así lo prefieren. Y es que su labor, que desarrolla en la Universidad de Albany, se extiende mucho más allá de prestar libros a los alumnos. Dejemos que él mismo lo explique: “Actualmente, soy el bibliotecario especialista en lenguas romances, estudios latinoamericanos, e historia. Mi trabajo se centra fundamentalmente en desarrollar las colecciones, facilitar sesiones de educación de usuarios y apoyar a los profesores y alumnos con sus necesidades de información para sus investigaciones, enseñanza y aprendizaje.”

Horas de tiempo y esfuerzo que no han pasado desapercibidas para la Asociación Americana de Bibliotecas, entidad que acaba de convertirlo en uno de los ganadores del premio ‘Love My Librarian’ 2019. Este galardón, considerado como uno de los más importantes del sector en Estados Unidos, reconoce los logros de diez bibliotecarios excepcionales por su trabajo en centros públicos, escolares, comunitarios y universitarios del país. En esta edición, se enviaron más de 1.950 nominaciones.

“Recibir este premio, al que te nominan tus propios usuarios, es el mejor reconocimiento que me pueden dar como bibliotecario. Diariamente, ayudamos a millones de personas en todo el mundo, pero esta labor es, en gran medida, invisible a los ojos de la sociedad”, comenta.

 

En cuanto a la figura de estos profesionales en Estados Unidos, Jesús señala una diferencia principal con respecto a España: en muchas de las bibliotecas académicas estadounidenses también son docentes. “Tener ese estatus ayuda a que los profesores nos consideren como profesionales a su mismo nivel y permite que trabajemos en colaboración en sus investigaciones y sus cursos.”   

 

Entre los motivos que se han tenido en cuenta para su nominación, ha destacado su interés por la integración de las nuevas tecnologías en su desempeño diario. “Es fundamental para poder realizar todas las funciones del bibliotecario, desde el conocimiento para la adquisición de libros electrónicos y vídeos en streaming, pasando por la alfabetización digital, y la comunicación con alumnos y profesores.”  También aboga por un acceso gratuito a la información para todos los alumnos, independientemente de su poder adquisitivo. “Ahora mismo, estoy trabajando en un proyecto para facilitar el acceso abierto a una serie de recursos de investigación, generados por mi Universidad y una red de centros investigación sobre los latinos en EE.UU., especialmente en el Estado de Nueva York”, asegura. Con el objetivo de llevar los
servicios bibliotecarios de apoyo a la investigación a los estudiantes, en el 2008, creó la iniciativa “Bibliotecario con un café con leche“. “Su puesta en marcha es sencilla y animo a otros compañeros a llevarla a cabo: solo es necesario un ordenador portátil, un café, un estudiante con necesidades de información y un bibliotecario con entusiasmo y ánimo de ayudar. La experiencia fue un éxito porque consiguió que nos pudiéramos acercar a todos aquellos que se sienten intimidados por la biblioteca. Cuando hablaban conmigo en torno a un café, muchos de ellos se animaban a entrar.”

“Para que nuestro trabajo sea eficaz y podamos establecer conexiones significativas con nuestra comunidad de usuarios, tenemos que conectar emocionalmente con ellos, escucharlos, observarlos y hacerles partícipes de la biblioteca. La biblioteca no es un solo un edificio con colecciones. La biblioteca somos todos”, añade.

En cuanto a la figura de estos profesionales en Estados Unidos, Jesús señala una diferencia principal con respecto a España: en muchas de las bibliotecas académicas estadounidenses también son docentes. “Tener ese estatus ayuda a que los profesores nos consideren como profesionales a su mismo nivel y permite que trabajemos en colaboración en sus investigaciones y sus cursos.” Veinte años después de dejar su ciudad natal gracias a una beca Fulbright, ha trabajado en las universidades de Pittsburgh, Notre Dame y en la División Hispánica de la Biblioteca del Congreso en Washington D.C., antes de asentarse en Albany. Sin embargo, su cariño hacia la capital del Tormes sigue intacto. “Espero que ahora los bibliotecarios españoles sean más reconocidos que hace unas décadas. Me gustaría destacar la labor de Julio Alonso Arévalo, en la Facultad de Traducción y Documentación de la Universidad de Salamanca, un profesional reconocido en todo el mundo y del que tanto he aprendido; y la de Eduardo Hernández Pérez, excelente guía de la Biblioteca Histórica”.

Un bibliotecario salmantino, galardonado con uno de los premios más importantes del sector en EE.UU

 

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JESÚS ALONSO REGALADO ES EL GANADOR DE UNO DE LOS DIEZ PREMIOS ‘I LOVE MY LIBRARIAN 2019’, OTORGADO POR LA ASOCIACIÓN AMERICANA DE BIBLIOTECAS (ALA)

Por

Marian Marcos

 

El bibliotecario salmantino, Jesús Alonso Regalado, se ha convertido en uno de los ganadores del premio ‘I Love My Librarian 2019’. Este galardón, que otorga cada año la Asociación Americana de Bibliotecas (ALA), es uno de los más importantes del sector en Estados Unidos, ya que reconoce los logros de diez bibliotecarios excepcionales por su trabajo en centros públicos, escolares, comunitarios y universitarios.

 

Así, Jesús Alonso Regalado, bibliotecario temático del Department of History, the Department of Latin American, Caribbean and Latina/o Studies, (LACS) y del Department of Languages, Literatures and Cultures (LLC) en la Universidad de Albany, ha sido reconocido por su liderazgo e impacto en la vida de los estudiantes y profesores. Su nominación estuvo a cargo de los profesores Alejandra Bronfman e Ilka Kressner, quienes destacaron su participación activa en los cursos de métodos básicos para estudiantes de pregrado y postgrado.

Asimismo, también se tuvo en cuenta la ayuda que presta a todos los profesores a la hora de conseguir materiales para la enseñanza y la investigación. Por otra parte, Regalado también colabora en la gestión de sus presencias en línea y en el manejo de bases de datos bibliográficas. Finalmente, los nominadores destacaron su apoyo a la enseñanza y al fomento de la alfabetización digital, así como su compromiso con el Acceso abierto, movimiento que promueve el acceso libre y gratuito a la literatura científica, fomentando su libre disponibilidad en Internet. El profesorado también se beneficia de su pasión por crear una conexión entre las fuentes de información y los usuarios finales.

A través de su programa “Bibliotecario con un café con leche“, Jesús Alonso Regalado trabaja con los estudiantes para identificar los recursos de investigación y les ayuda a filtrar las grandes cantidades de información digital e impresa disponible en la biblioteca y en línea.  También se asegura de que todos los estudiantes tengan acceso a los libros de texto y a otros tipos de información, independientemente de su capacidad adquisitiva.

Cabe mencionar que Jesús es el responsable de custodiar los diarios del escritor Gonzalo Torrente Ballester (1910-1999), que el novelista donó en 1967 cuando ejerció de profesor en la la Universidad de Albany.

El premio

Para optar al galardón, cada nominado debe ser un bibliotecario con una maestría de un programa acreditado por la American Library Association en estudios de bibliotecas e información. Además, deben estar trabajando alguna de las bibliotecas públicas, bibliotecas escolares o universitarias acreditada, dentro de Estados Unidos.

Cada uno de los diez bibliotecarios seleccionados recibe un premio en efectivo de 5.000 dólares, una placa y un estipendio de viaje para asistir a una ceremonia de reconocimiento y recepción en su honor, que este año se celebrará en Filadelfia.

 

Inteligencia artificial para bibliotecas, archivos y museos

 

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Fantastic Futures 2019: la 2a Conferencia internacional sobre IA para bibliotecas, archivos y museos tuvo lugar en la Universidad de Stanford los días 4 y 6 de diciembre de 2019.

El evento fue una colaboración entre las Bibliotecas de la Universidad de Stanford y la Biblioteca Nacional de Noruega.

El objetivo del evento era construir una comprensión compartida de las posibilidades y aplicaciones prácticas de la inteligencia artificial inspirada en la biblioteca. Se expresaron inquietudes generales sobre cómo las restricciones de derechos de autor limitarán lo que podemos hacer con el contenido y si las bibliotecas tendrán la capacidad de llevar a cabo el trabajo que debe hacerse para poner en funcionamiento el contenido. Aunque ninguna de esas preocupaciones se abordó directamente en el taller, se acordó fomentar la alfabetización en IA en una organización ayudará a generar ideas y entusiasmo.

La Universidad de Virginia lleva a cabo un programa para preservar el catálogo de fichas de la biblioteca

 

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The Old Card Catalog: Collaborative Effort Will Preserve Its History

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A medida que continúan los preparativos para la renovación de la Biblioteca Alderman, que reemplazó a la Rotonda como la biblioteca central de UVA en 1938, un esfuerzo voluntario preserva una pequeña parte de su pasado: el catálogo de fichas.

Creado en un lapso de 50 años desde 1939 hasta 1989, el catálogo llegó a aproximadamente 4 millones de tarjetas en 65 gabinetes con 4.000 cajones.

Estas pequeñas fichas del antiguo catálogo de tarjetas físicas de la biblioteca pueden contener información única sobre un libro en particular, y por lo tanto, las existencias de la biblioteca y la historia de la Universidad. La información cuidadosamente escrita en las tarjetas, que los trabajadores de la biblioteca a veces complementan con notas escritas a mano en el anverso y reverso, incluye detalles que, en muchos casos, no suelen formar parte del sistema de catálogo electrónico, Virgo, que la Biblioteca de la Universidad cambió en 1989. una vez, el catálogo se transfirió mediante escaneo que capturó solo la información frontal de las tarjetas.

La semana pasada, mientras la profesora de inglés Elizabeth Fowler movía grupos de tarjetas de manera ordenada en cajas de archivo etiquetadas con secuencias de números de llamada particulares, dijo: “No sabemos cómo será la investigación futura. No podemos predecir eso «. Fowler, quien describió la biblioteca como «el laboratorio de las humanidades», fue uno de los 40 voluntarios que respondieron a una llamada para ayudar a empacar las tarjetas. Dos doctorados. Los candidatos en el departamento de inglés, Neal Curtis y Samuel Lemley, encabezan el proyecto de voluntariado. Fowler los describió como «desinteresados» por tomarse el tiempo para ayudar a la próxima generación de investigadores. Además de los voluntarios que empacan las tarjetas esta semana, su esfuerzo continuará con la recaudación de fondos para garantizar que la información de las tarjetas del catálogo estará disponible eventualmente a través del catálogo en línea.

 

Los préstamos en bibliotecas de Reino Unido han bajado un 43% en 10 años

 

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Las últimas cifras del Chartered Institute of Public Finance & Accountancy (CIPFA) muestran que los préstamos de las bibliotecas han bajado un 43% en la última década en Inglaterra, con bibliotecas todavía en «un estado precario», ya que los repetidos planes para cambiar el servicio han fracasado.

 

El número de sucursales de bibliotecas públicas y de personal remunerado en Gran Bretaña sigue disminuyendo, a medida que los ayuntamientos reducen sus gastos en el servicio, según ha revelado la encuesta anual de CIPFA sobre bibliotecas.

Analizando las cifras completas de CIPFA los préstamos de libros impresos en las bibliotecas inglesas ascendieron a 150 millones en el último año, lo que se suma a una caída total del 43% en la última década y del 59% desde el cambio de milenio. También había 371 bibliotecas administradas por voluntarios en 2018/19, en comparación con las 272 del año anterior.

Las cifras publicadas a principios de este mes muestran que 35 bibliotecas cerraron en 2018/19, mientras que el 17,7% de las bibliotecas (alrededor de 800 en total) habían cerrado en la última década. El gasto en bibliotecas aumentó un 0,4% interanual, pero hubo siete millones de visitas menos y una caída del 4,4% en los libros adquiridos.

Analizando las cifras completas, que CIPFA no pone a disposición gratuitamente, junto con los resultados anteriores, los préstamos de libros impresos en las bibliotecas inglesas ascendieron a 150 millones en el último año, lo que se suma a una caída total del 43% en la última década y del 59% desde el cambio de milenio. También había 371 bibliotecas administradas por voluntarios en 2018/19, en comparación con las 272 del año anterior.

El gasto de las autoridades locales en bibliotecas públicas se redujo en 30 millones de libras esterlinas, con la pérdida de 712 empleados a tiempo completo (ETC), así como una pérdida neta de 127 puntos de servicio en 2017/18. Esto sigue una tendencia que ha visto caer el número de bibliotecas públicas y de personal remunerado cada año desde 2010, con una reducción del gasto del 12% en Gran Bretaña en los últimos cuatro años. La encuesta de CIPFA mostró que 51.394 voluntarios dedicaron 1.780.843 horas en 2017/18.

Mientras que el número de visitantes continuó disminuyendo con una caída de 10 millones de visitantes a 233 millones, sin embargo, las tres bibliotecas principales reciben más de un millón de visitantes al año.

En 2017/18 se prestaron 182.895.334 libros a 7.991.752 prestatarios activos en Gran Bretaña.

 

 

Un general en la biblioteca

 

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«Un general en la biblioteca«, de Italo Calvino, , de su libro «la dulce bonanza de las Antillas», traducido por Aurora Bermúdez, editado por Tusquets, en Barcelona, en el año 1993

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En Panduria, nación ilustre, una sospecha se insinuó un día en la mente de los altos oficiales: la de que los libros contenían opiniones contrarias al prestigio militar. En realidad, de procesos y encuestas se desprendía que esta costumbre ya tan difundida de considerar a los generales como gente que también puede equivocarse y aun provocar desastres, y las guerras como algo a veces diferentes de las radiantes cabalgatas hacia destinos gloriosos, era compartida por gran cantidad de libros modernos y antiguos, pandurios y extranjeros.

El Estado Mayor de Panduria se reunió para hacer un balance de la situación. Pero no sabían por dónde empezar, porque en materia de bibliografía ninguno de ellos, era ducho. Se nombró una comisión investigadora, mando del general Fedina, oficial severo y escrupuloso. La comisión examinaría todos los libros de la biblioteca más grande de Panduria.

Estaba esta biblioteca en un antiguo palacio lleno de esclareas y columnas, desconchado y decrépito por aquí y por allá. Sus frías salas estaban atestadas de libros, repletas, en parte impracticables, sólo los ratones podían explorarlas en todos sus rincones. El presupuesto del Estado pandurio, sobrecargado con ingentes gastos militares, no podía proporcionar ninguna ayuda.

Los militares tomaron posesión de la biblioteca una mañana lluviosa de noviembre. El general se apeó de su caballo, retacón, sacando pecho, con su gruesa nuca afeitada, las cejas fruncidas sobre pinche-nez, de un automóvil bajaron cuatro tenientes larguiruchos, el mentón alto y los parpados bajos, cada uno con su portafolio en la mano. Después venía una cuadrilla de soldados que acamparon en el antiguo patio con mulos, balas de heno, tiendas, cocinas, radios de campaña y estandartes.

Se pusieron centinelas en las puertas y un cartel que prohibía la entrada, “debido a loas grandes maniobras y mientras duraran las mismas”. Era un expediente para que la investigación se pudiera realizar en el mayor secreto. Los estudiosos que solían llegar a la biblioteca todas las mañana, con los abrigos puestos, bufandas y pasamontañas para no congelarse, tuvieron que volverse atrás. Perplejos, se preguntaban:

– ¿Cómo? ¿Grandes maniobras en una biblioteca? ¿No irán a desordenarla? ¿Y la caballería? ¡Y harán también ejercicios de tiro!

Del personal de la biblioteca sólo quedó un viejecito, el señor Crispino, reclutado para que explicase a los oficiales la localización d los volúmenes. Era un tipo bajito, con el cráneo calvo como un huevo y ojos como cabeza de alfiler detrás de las gafas con patillas.

El general Fedina se preocupó ante todo de la organización logística, porque las órdenes eran que l comisión no saliera de la biblioteca antes de haber llevado a su término la investigación; era un trabajo que requería concentración y no debía distraerse. Se procuraron suministros de víveres, alguna estufa del cuartel, una provisión de leña, a la que se añadió alguna colección de viejas revistas consideradas poco interesantes. Nunca había hecho tanto calor en la biblioteca en aquella estación. En lugares seguros, rodeados de trampas para los ratones, se colocaron los catres donde el general y sus oficiales dormirían.

Después se procedió a la adjudicación de las tareas. Se asignó a cada uno de los tenientes determinada rama del saber, determinados siglos de historia. El general controlaría la clasificación de los volúmenes y los sellos diferentes aplicados según el libro fuera declarado legible para los oficiales, los suboficiales, la tropa, o bien denunciado al Tribunal Militar.

Y la comisión comenzó su servicio. Todas las noches la radio de campaña transmitía el informe del general Fedina al comando supremo. “Examinados, tantos volúmenes. Considerados sospechosos, tantos”. Rara vez aquellas frías cifras iban acompañadas de alguna comunicación extraordinaria: la petición de un par de gafas de présbita para un teniente que había roto las suyas, la noticia de que un mulo se había comido un raro códice de Cicerón que había quedado sin custodia.

Pero iban madurando acontecimientos de mucha mayor importancia, de los que la radio de campaña no transmitía noticias. La selva de libros, antes que ralear, parecía cada vez más enmarañada e insidiosa. Los oficiales se habrían perdido si no hubiese sido por la ayuda del señor Crispino. Por ejemplo, el teniente Abrogati se ponía de pie como por un resorte y arrojaba sobre la mesa el volumen que estaba leyendo:

– ¡Pero es inaudito! ¡Un libro sobre las guerras púnicas que habla bien de los cartagineses y crítica los romanos! ¡Hay que hacer enseguida la denuncia!

(Es preciso decir que los pandurios, con razón o sin ella, se consideraban descendientes de los romanos) Con paso silencioso en sus pantuflas afelpadas, se le acercaba el viejo bibliotecario.

-Y eso no es nada – decía-. Lea aquí, siempre sobre los romanos, lo que se escribe, podrá dejar constancia en el informe también de eso. Y esto, y eso – y le sometía una pila de volúmenes.

Un teniente empezaba a hojear los volúmenes, nerviosos, después, más interesado, leía, tomaba notas. Y se rascaba la cabeza, farfullando:

– ¡Demonios! ¡Pero cuántas cosas se aprenden! ¡Quién lo hubiera dicho!

El señor Crispino se desplazaba hacia el teniente Lucchetti que cerraba untoso con furia, diciendo:

-¡Muy bonito! ¡Aquí tienen el coraje de expresar dudas sobre la pureza de los ideales de las Cruzadas! ¡Sí señor, de las cruzadas!

Y el señor Crispino, sonriendo:

-Ah, mire que, si tiene que hacer un informe sobre ese tema, puedo sugerirle algún otro libro donde encontrará más detalles- y le bajaba medio anaquel.

El teniente Lucchetti arremetía y durante una semana se lo oía hojear y murmurar:

-¡Pero hay que ver, estas Cruzadas, qué historia!

En el comunicado vespertino de la comisión, la cantidad de libros examinados era cada vez mayor, pero ya no se transmitía ningún dato sobre los veredictos positivos o negativos. Los sellos del general Fedina quedaban sin usar. Si, tratando de controlar el trabajo de los tenientes, preguntaba a uno de ellos: “¿Pero cómo has dejado pasar esta novela? ¡La tropa queda mejor parada que los oficiales! ¡Es un autor que no respeta el orden jerárquico!”, el teniente le contestaba citando otros autores, enredándose en razonamientos históricos, filosóficos y económicos. Se producían discusiones generales que duraban horas y horas. El señor Crispino, silencioso en sus pantuflas, casi invisible con su guardapolvo gris, intervenía siempre en el momento justo, con un libro que a su entender contenía detalles interesantes sobre el tema en cuestión y que siempre producía el efecto de poner en crisis las convicciones del general Fedina.

Entre tantos los soldados poco tenían que hacer y se aburrían. Uno de ellos, Barabasso, el más instruido, pidió a los oficiales un libro para leer. Quisieron darle sin más uno de los pocos que ya había sido declarados legibles para la tropa; pero pensando en los miles de volúmenes que aún quedaban por examinar, al general no le pareció bien que las horas de lectura del soldado Barabasso fueran horas perdidas para los fines del servicio, y le dio un libro que estaba por examinar, una novela que parecía fácil, aconsejada por el señor Crispino. Una vez leído Barabasso debía informar al general.

Otros soldados también pidieron y consiguieron lo mismo. El soldado Tommasone leía en voz alta a un camarada analfabeto, y éste daba su parecer. En las discusiones generales empezaron a participar también los soldados.

Sobre la consecución de los trabajos de la comisión no se conocen muchos detalles: lo que sucedió en la biblioteca durante las largas semanas invernales no fue objeto de informe. El hecho es que el Estado Mayor de Panduria llegaban cada vez menos informes radiofónicos del general Fedina, hasta que llegó el momento en que dejaron de llegar por completo. El comando supremo empezó a alarmarse; transmitió la orden de concluir la investigación cuanto antes y de presentar una relación exhaustiva.

La orden llegó a la biblioteca cuando en el alma de Fedina y de sus hombres luchaban sentimientos encontrados: por un lado descubrían a cada momento nuevas curiosidades que satisfacer, iban tomando gusto a aquellas lecturas y aquellos estudios como jamás lo hubieran imaginado, por otro lado no veían la hora de volver con las gentes, de retomar contacto con la vida que les parecía ahora mucho más compleja, casi renovada ante sus ojos, y por otro más, al acercarse el día en que deberían abandonar la biblioteca, se sentían llenos de aprensión, porque debían rendir cuentas de su misión, y con todas las ideas que les brotaban en la cabeza ya no sabían cómo salir del atolladero.

Por la noche miraban desde los vitrales los primeros brotes en las ramas iluminadas por el crepúsculo, y las luces de la ciudad que se encendían, mientras uno de ellos leía en voz alta los versos de un poeta. Fedina no estaba con ellos: había dado orden de que lo dejaran solo en su mesa, porque debía redactar la relación final. Pero de vez en cuando se oía sonar la campanilla y la voz que llamaba: ¡Crispino! ¡Crispino!. No podía seguir adelante sin la ayuda del viejo bibliotecario, y terminaron por sentarse a la misma mesa y redactar juntos la relación.

Por fin una buena mañana la comisión salió de la biblioteca y fue a informar al comando supremo, y Fedina ilustró los resultados de la investigación delante del Estado Mayor reunido. Su discurso fue una especie de compendio de la historia de la humanidad, desde los orígenes hasta nuestros días, en la que todas las ideas más indiscutibles para los bien pensantes de Panduria eran criticadas, las clases dirigentes denunciadas como responsables de las desventuras de la patria, el pueblo exaltado como víctima heroica de guerras y políticas equivocadas. Fue una exposición un poco confusa, con afirmaciones a menudo simplistas y contradictorias, como ocurre a quien ha abrazado hace poco nuevas ideas. Pero sobre el significado general no cabían dudas. La asamblea de los generales de Panduria palideció, desencajó los ojos, recuperó la voz, gritó. El general no pudo terminar siquiera. Se habló de degradación, de proceso. Después, por temor a escándalos más graves, el general y los cuatro tenientes fueron declarados en retiro por motivos de salud, debido a un grave agotamiento nervioso contraído durante el servicio. Vestidos de paisanos, se los veía entrar a menudo, con sus abrigos y arropados para no congelarse, en la vieja biblioteca donde los esperaba el señor Crispino con sus libros.

Colaboración externa y capacitación interna para apoyar los servicios de datos de investigación

 

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Harp, Matthew R. ; Ogborn, Matt. Collaborating Externally and Training Internally to Support Research Data Services. Journal of eScience Librarianship
Volume 8, Issue 2 (2019)
DOI: 10.7191/jeslib.2019.1165

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La Biblioteca ASU está construyendo relaciones activamente y aumentando su experiencia en servicios de datos de investigación. Estableció una colaboración con la unidad de investigación de la universidad para coordinar distintas áreas de servicios de datos de investigación para que ambas entidades puedan apoyar mejor a los investigadores durante todo el ciclo de vida de los datos de investigación.

La Biblioteca se integró en el sistema de gestión de aprendizaje de la unidad de investigación y trabaja con ella para comprometerse con investigadores y personal. Forjar esta nueva colaboración aumentó las expectativas de que la Biblioteca que ampliará los servicios de datos de investigación existentes a más investigadores, Por lo tanto, se incrementaron  las competencias internas de los profesionales de la Biblioteca al proporcionar oportunidades de capacitación en gestión de datos de investigación para satisfacer estas demandas. Además, el Grupo de Trabajo de Servicios de Investigación de la Biblioteca estableció competencias de datos, flujos de trabajo y capacitaciones para que más bibliotecarios adquieran las habilidades necesarias para responder y ayudar a los usuarios con las necesidades de datos. Una mayor experiencia que permite escalar de manera auténtica y segura los servicios de datos de investigación y generar nuevas colaboraciones.

 

De biblioteca de Umberto Eco

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Umberto Eco

De Biblioteca

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Este texto de 1981, leído para celebrar los 25 años de la biblioteca pública del Palazzo Sormani de Milán, es a la vez un canto a la libertad de la mente inquisitiva, un irónico lamento por algunos inveterados vicios de las antiguas bibliotecas y bibliotecarios, y un toque de advertencia, por los posibles excesos de la tecnología.

El 1º de noviembre, con motivo de la reapertura de la milenaria Biblioteca, la ciudad egipcia de Alejandría tuvo como anfitrión a Umberto Eco, que ofreció una conferencia sobre los cambios que pueden aportar las tecnologías digitales a los libros tradicionales. Dicha conferencia fue publicada en el semanario Al-Ahram.

POR UMBERTO ECO

Tenemos tres tipos de memoria. La primera es orgánica: es la memoria de carne y sangre que administra nuestro cerebro. La segunda es mineral, y la humanidad la conoció bajo dos formas: hace miles de años era la memoria encarnada en las tabletas de arcilla y los obeliscos -algo muy habitual en Egipto-, en los que se tallaban toda clase de escritos; sin embargo, este segundo tipo corresponde también a la memoria electrónica de las computadoras de hoy, que están hechas de silicio. Y hemos conocido otro tipo de memoria, la memoria vegetal, representada por los primeros papiros -también muy habituales en Egipto-  y, después, por los libros, que se hacen con papel. Permítanme soslayar el hecho de que, en cierto momento, el pergamino de los primeros códices fuera de origen orgánico, y que el primer papel estuviera hecho de tela y no de celulosa. Para simplificar, permítanme designar al libro como memoria vegetal.

En el pasado, éste fue un lugar dedicado a la conservación de los libros, como lo será también en el futuro; es y será, pues, un templo de la memoria vegetal. Durante siglos, las bibliotecas fueron la manera más importante de guardar nuestra sabiduría colectiva. Fueron y siguen siendo una especie de cerebro universal donde podemos recuperar lo que hemos olvidado y lo que todavía no conocemos. Si me permiten la metáfora, una biblioteca es la mejor imitación posible de una mente divina, en la que todo el universo se ve y se comprende al mismo tiempo. Una persona capaz de almacenar en su mente la información proporcionada por una gran biblioteca emularía, en cierta forma, a la mente de Dios. Es decir, inventamos bibliotecas porque sabemos que carecemos de poderes divinos, pero hacemos todo lo posible por imitarlos.

El asesinato de la bibliotecaria Juana Capdevielle durante la Guerra Civil, el mismo día que mataron a Federico García Lorca

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Juana Capdevielle nació en Madrid y se fue a Pamplona para estudiar en un instituto. Regresó a Madrid para estudiar Filosofía y Letras en Madrid en la universidad, y se incorporó al cuerpo de Archiveros y Bibliotecarios. También trabajó en la capital de Madrid en la Facultad de Filosofía y Letras y en el Ateneo, donde promovió la cooperación entre ambas instituciones. luego viajó a Francia, Alemania, Suiza y Bélgica.

Se convirtió en la primera mujer jefa de una biblioteca en la universidad española, en 1933, y ocupando ese cargo, ese mismo año coordinó el traslado de importantes fondos dispersos en otras dependencias de la universidad a las nuevas instalaciones en la Ciudad Universitaria Como miembro perteneciente a la Asociación de Bibliotecarios y Bibliógrafos y colaboró  en los trabajos preparatorios del II Congreso Internacional de Biblioteconomía y Bibliografía, celebrado en Madrid y Barcelona del 20 al 30 de mayo de 1935, en el que también presentó un informe sobre bibliotecas hospitalarias con aportaciones derivadas de sus prácticas voluntarias en este medio. En su trayectoria de mujer culta y progresista, admiraba a José Ortega y Gasset, de quien fue alumna, y a María Zambrano,  quien fue compañera de estudios.

Contrajo matrimonio con Francisco Pérez Carballo, profesor universitario y político de izquierda republicana y gobernador de La Coruña, se trasladó a Galicia. Su marido fue detenido y fusilado por los militares rebeldes en julio de 1936, al comienzo de la Guerra Civil española. Poco después, el 18 de agosto, fue detenida por la Guardia Civil. A la mañana siguiente su cuerpo fue encontrado en Rábade; había sido violada y posteriormente asesinada el mismo día que Federico García Lorca. Juana estaba embarazada en el momento de su asesinato. ​Acababa de cumplir treinta y un años.

El poeta le dedico este poema Claudio Rodríguez Fer le dedicó este poema en 2009

 

Chamábase Juana Capdevielle
como podía chamarse a vida mesma;
morreu, como vivía, de amor e liberdade.

En Rábade deixounos un caravel
para reinventar o amar; un xirasol
co que pacer a paz e unha violeta
para fabricar futuros máis muller. 

 

El Centro «Xoana Capdevielle» de la Universidad de la Coruña lleva su nombre. M.ª Cristina Gállego Rubio escribió el libro «Juana Capdevielle San Martín. Bibliotecaria de la Universidad Central» que recoge la historia de esta mujer que aborda la labor intelectual y profesional de esta mujer que fue protagonista del cambio de la biblioteca universitaria hacia un servicio moderno y con proyección social.

Bibliografía

Juana Capdevielle San Martín. Recuerdos personales de un aprendiz de historiador
Ignacio Panizo Santos

Civallero, Edgardo. Juana Capdevielle, bibliotecaria represaliada. Pre-print.

Herrera Tejada, Clara. Juana Capdevielle, bibliotecaria del Ateneo de Madrid (1933-1936).

Juana Capdevielle en la wikipedia

Palomera Parra, Isabel. Juana Capdevielle San Martín en el Archivo de la Universidad Complutense de Madrid