250 años de historia de Estados Unidos a través de los libros conservados por las bibliotecas

OCLC. America’s 250-Year Bookshelf. Dublin (Ohio): OCLC, 2026. Recurso digital publicado con motivo del 250º aniversario de la independencia de Estados Unidos, disponible en la plataforma oficial de WorldCat. Consultado en junio de 2026. https://www.oclc.org/en/worldcat/americas-250-year-bookshelf.html

Con motivo de la conmemoración del 250º aniversario de la independencia de Estados Unidos, OCLC —la principal organización cooperativa internacional dedicada a servicios bibliotecarios y creadora de WorldCat— ha lanzado una iniciativa singular titulada America’s 250-Year Bookshelf. Se trata de una selección de 250 libros de no ficción sobre Estados Unidos, escogiendo un título representativo por cada año transcurrido desde 1776 hasta 2026.

La selección no responde a criterios editoriales tradicionales ni a listas elaboradas por críticos literarios, sino a un criterio particularmente revelador: qué libros han sido conservados de forma continuada por miles de bibliotecas a lo largo de generaciones.

El proyecto utiliza los datos acumulados en WorldCat, considerado el catálogo colectivo más grande del mundo, para identificar qué obras sobre la experiencia estadounidense han demostrado una permanencia sostenida en las colecciones bibliotecarias. La premisa es especialmente interesante desde una perspectiva bibliotecaria: en lugar de medir la importancia cultural de un libro a partir de ventas, premios o tendencias algorítmicas, se toma como indicador el hecho de que las bibliotecas hayan decidido conservar esas obras durante décadas o incluso siglos, otorgándoles una forma de validación basada en la memoria institucional y en la preservación del conocimiento.

La cronología comienza en 1776 con Common Sense de Thomas Paine, el célebre panfleto político que defendió la independencia de las colonias americanas frente al Imperio británico. A partir de ahí, la lista recorre obras fundamentales que han ayudado a interpretar la evolución política, social, económica y cultural del país. Entre ellas aparecen títulos tan emblemáticos como Democracy in America de Alexis de Tocqueville (1835), John Brown de W. E. B. Du Bois (1909), o Hidden Figures de Hidden Figures de Margot Lee Shetterly (2016), hasta llegar a publicaciones recientes como American Struggle de Jon Meacham, publicado en 2026.

Uno de los aspectos más relevantes del proyecto es la reivindicación del papel de las bibliotecas como instituciones capaces de determinar, a largo plazo, qué conocimiento permanece vivo en la memoria colectiva. Según explicó Skip Prichard, presidente ejecutivo de OCLC, existen innumerables listas que recomiendan qué leer sobre Estados Unidos, pero esta es distinta porque cada libro “ganó su lugar” debido a que miles de bibliotecas decidieron conservarlo durante décadas, convirtiendo esa permanencia en un indicador más honesto de relevancia cultural que cualquier algoritmo o valoración crítica circunstancial.

Más allá de ser una simple lista de lectura, America’s 250-Year Bookshelf constituye una reflexión sobre el valor patrimonial de las colecciones bibliotecarias y sobre la función silenciosa pero esencial que desempeñan las bibliotecas en la preservación de la memoria histórica. El proyecto pone de relieve cómo las decisiones acumuladas de selección, catalogación y conservación tomadas por miles de profesionales de la información terminan configurando una narrativa cultural colectiva. En un contexto marcado por la volatilidad digital, la sobreabundancia informativa y la recomendación automatizada mediante inteligencia artificial, esta iniciativa recuerda que las bibliotecas siguen siendo guardianas fundamentales de aquello que una sociedad considera digno de ser recordado y transmitido a futuras generaciones.

La inteligencia artificial generativa en la educación superior: percepciones, oportunidades y desafíos éticos desde la mirada estudiantil

Lopes, Carlos; Antunes, Maria Luz; Sanches, Tatiana. “Inteligência Artificial Generativa no Ensino Superior: perceções, crenças e desafios éticos dos estudantes de Psicologia e da Educação”. Ibersid. Revista de Sistemas de Información y Documentación, vol. 20, nº 1 (enero-junio 2026), pp. 109-123.

El artículo analiza en profundidad cómo los estudiantes universitarios portugueses perciben la incorporación de la Inteligencia Artificial Generativa (IA-Gen) en el contexto de la educación superior, centrándose especialmente en alumnado de las áreas de Psicología y Ciencias de la Educación. Los estudiantes quieren ser socios, no pasajeros: no solo quieren aprender sobre IA-Gen, sino ayudar a moldar la forma en que la IA se integra en la educación y cómo los prepara para el futuro.

Los autores parten de la idea de que herramientas como ChatGPT han transformado radicalmente la manera en que los estudiantes acceden al conocimiento, estudian, sintetizan información y desarrollan tareas académicas. Sin embargo, sostienen que la verdadera cuestión no reside únicamente en la sofisticación tecnológica de estas herramientas, sino en la capacidad crítica del alumnado para utilizarlas de forma ética, responsable y académicamente rigurosa. El estudio sitúa la irrupción de la IA generativa como uno de los fenómenos más disruptivos en la universidad contemporánea, obligando a replantear metodologías docentes, sistemas de evaluación y competencias digitales necesarias para desenvolverse en un ecosistema cada vez más automatizado.

La investigación se desarrolló a partir de una muestra de 272 estudiantes universitarios portugueses de primer año, pertenecientes principalmente a titulaciones de Psicología (73,1%) y Ciencias de la Educación, empleando una metodología mixta que combinó cuestionarios estructurados, escalas de percepción y preguntas abiertas. Los resultados muestran una penetración extraordinariamente rápida de estas tecnologías en la vida académica: el 96 % de los estudiantes declara utilizar herramientas de IA generativa, mientras que un 58,9 % afirma emplearlas semanalmente y un 12 % incluso diariamente. La plataforma claramente dominante es ChatGPT, utilizada por un 88 % de los encuestados, seguida por otras herramientas emergentes como Google Gemini, Microsoft Copilot, Perplexity o NotebookLM. Su uso principal se concentra en comprender temas complejos, resumir contenidos académicos, elaborar trabajos escritos y generar ideas para proyectos o presentaciones.

Uno de los hallazgos centrales del estudio es que los estudiantes manifiestan una actitud que los autores denominan “optimismo crítico”. Los encuestados consideran que la IA resulta intuitiva, fácil de usar y muy útil para ahorrar tiempo y esfuerzo en tareas académicas. Sin embargo, lejos de aceptar de manera acrítica sus respuestas, muestran conciencia de que la calidad del resultado depende en gran medida de saber formular correctamente las preguntas o prompts. De hecho, la puntuación más alta de toda la investigación corresponde precisamente al reconocimiento de que la capacidad para plantear instrucciones adecuadas es fundamental para obtener buenos resultados. Esto revela que los estudiantes no entienden la IA como una solución automática o mágica, sino como una herramienta que exige nuevas competencias técnicas y cognitivas para aprovechar plenamente su potencial.

El trabajo dedica especial atención a la fiabilidad de la información generada por la IA y a las preocupaciones éticas derivadas de su uso. Aquí aparece uno de los datos más significativos: casi todos los estudiantes coinciden en que cualquier información proporcionada por sistemas de IA debe verificarse con fuentes expertas o académicas antes de ser utilizada. Existe un escepticismo considerable respecto a la exactitud de las respuestas automáticas, reflejando una conciencia clara de fenómenos como las “alucinaciones” de los modelos generativos. Paralelamente, emergen inquietudes relacionadas con el plagio académico, la privacidad de los datos compartidos, la seguridad digital y la necesidad de que las universidades establezcan normativas claras que regulen el uso de estas herramientas dentro de los procesos de enseñanza y evaluación. La investigación muestra así que la aceptación tecnológica convive permanentemente con una actitud prudente respecto a sus riesgos potenciales.

Otro resultado especialmente interesante es la comparación que hacen los propios estudiantes entre la inteligencia artificial y el papel del profesorado. Aunque reconocen que la IA puede proporcionar respuestas estructuradas y facilitar el acceso rápido a información, la mayoría considera que la inteligencia de estas herramientas sigue siendo claramente inferior a la de sus docentes. Los encuestados rechazan la idea de que la IA pueda sustituir completamente la función del profesor o convertirse en una autoridad intelectual autónoma. Para ellos, el docente continúa siendo una figura esencial como mediador pedagógico, orientador crítico y garante de la calidad del aprendizaje. Esta percepción resulta especialmente relevante porque desmonta la idea de que los estudiantes desean reemplazar la enseñanza humana por sistemas automatizados; más bien ven la IA como un complemento funcional, no como un sustituto del conocimiento experto y la experiencia pedagógica.

En las preguntas cualitativas abiertas aparecen preocupaciones todavía más profundas acerca de los efectos sociales, cognitivos y ambientales de estas tecnologías. La categoría más mencionada por los participantes fue la erosión cognitiva, es decir, el temor a que una dependencia excesiva de la IA termine debilitando capacidades humanas fundamentales como la creatividad, la escritura autónoma, el esfuerzo intelectual o la capacidad de razonamiento crítico. También aparece una fuerte conciencia ecológica, ya que muchos estudiantes expresan preocupación por el elevado consumo energético, el uso intensivo de agua en centros de datos y la huella ambiental asociada al entrenamiento de modelos de gran escala. Junto a ello, se identifican temores vinculados a la dependencia tecnológica, el aislamiento social, la sustitución laboral por automatización y el aumento de desigualdades económicas derivadas del acceso desigual a herramientas avanzadas de IA.

Cuando se pregunta a los estudiantes cómo debería integrarse la inteligencia artificial en las aulas, las respuestas apuntan a una transformación del papel del profesorado. Los participantes consideran que los docentes deben dejar de ser simples transmisores de información para convertirse en guías de alfabetización en inteligencia artificial. Recomiendan enseñar cómo formular buenos prompts, cómo verificar la fiabilidad de las respuestas, cómo evitar el plagio académico y cómo utilizar la IA como apoyo para desarrollar pensamiento crítico, no para sustituirlo. También proponen emplear estas herramientas en metodologías activas, como la creación de materiales interactivos, cuestionarios, esquemas visuales o actividades de gamificación que hagan las clases más dinámicas. En otras palabras, los estudiantes no rechazan la IA, pero exigen una integración pedagógica acompañada de formación ética y criterios claros de uso responsable.

Como conclusión general, el estudio sostiene que la incorporación de la inteligencia artificial generativa en la universidad constituye mucho más que una innovación tecnológica: representa un cambio estructural en la forma de aprender, investigar y producir conocimiento. Los autores defienden que las instituciones de educación superior deben actuar rápidamente diseñando políticas institucionales claras, programas de alfabetización digital e iniciativas formativas que permitan aprovechar los beneficios de la IA sin poner en riesgo la integridad académica ni las capacidades cognitivas fundamentales del alumnado. El mensaje final del trabajo es claro: la inteligencia artificial puede democratizar el acceso al conocimiento y potenciar enormemente los procesos educativos, pero su integración solo será verdaderamente positiva si permanece subordinada al juicio humano, al pensamiento crítico y a principios éticos sólidos que garanticen que la innovación tecnológica fortalezca, y no debilite, la calidad del aprendizaje universitario.

Sin que nadie lo supiera, aprendí a leer

!Sin que nadie lo supiera, aprendí a leer. Mientras la maestra aún recitaba monótonamente las letras del alfabeto a mis compañeros, yo ya conocía desde hacía tiempo la solidaridad que entrelaza los signos escritos, las infinitas combinaciones y los maravillosos sonidos que me habían convertido en una dama en este lugar, aquel primer día, cuando pronunció mi nombre. Nadie lo sabía. Leía como si estuviera desquiciada, primero a escondidas y luego, cuando me pareció que había transcurrido el tiempo normal para aprender las letras, a la vista de todos, pero me esforzaba por ocultar el placer y el interés que la lectura me proporcionaba.
La niña débil se había convertido en un alma hambrienta.— «

Muriel Barbery, La elegancia del erizo

arXiv en 2025: crecimiento récord y consolidación del mayor archivo científico abierto del mundo

arXiv. A Year in Review: arXiv’s 2025 Annual Report. Blog oficial de arXiv, publicado el 26 de junio de 2026.
Blog oficial de arXiv

El informe anual de arXiv correspondiente a 2025 muestra el extraordinario crecimiento que sigue experimentando una de las infraestructuras más importantes del ecosistema científico mundial. Fundado en 1991 y gestionado históricamente por la Cornell University, arXiv se ha consolidado como el principal repositorio internacional de preprints científicos en áreas como física, matemáticas, informática, inteligencia artificial, economía, biología cuantitativa y estadística. El informe publicado en junio de 2026 evidencia que la plataforma atraviesa uno de los momentos de mayor expansión de toda su historia, impulsada por el crecimiento global de la investigación científica y por el auge extraordinario de disciplinas vinculadas a la inteligencia artificial.

Uno de los datos más llamativos del informe es el volumen de publicaciones recibidas durante 2025. La plataforma alcanzó 284.486 nuevos artículos enviados, lo que representa un crecimiento interanual cercano al 17 % respecto a 2024, una cifra que confirma una aceleración constante en la producción científica global. Desde que arXiv superó el umbral de dos millones de artículos en 2022, el repositorio ha experimentado un incremento cercano al 50 %, acercándose ya a la barrera simbólica de tres millones de documentos científicos almacenados. Estas cifras reflejan no solamente el crecimiento cuantitativo de la ciencia contemporánea, sino también una transformación profunda en la manera en que los investigadores comparten conocimiento, priorizando cada vez más la circulación inmediata de resultados antes incluso de pasar por procesos formales de revisión editorial.

El área que más ha impulsado este crecimiento ha sido claramente la investigación relacionada con la inteligencia artificial y el aprendizaje automático, especialmente dentro de categorías como Computer Science, Machine Learning y Artificial Intelligence. Durante 2025, el impacto global del desarrollo de modelos generativos, grandes modelos de lenguaje y sistemas autónomos ha generado una auténtica explosión de publicaciones científicas. arXiv se ha convertido así en el principal espacio donde investigadores de universidades, laboratorios privados y centros tecnológicos publican avances de manera casi inmediata, permitiendo una circulación del conocimiento mucho más rápida que la publicación académica tradicional. Esta dinámica ha transformado profundamente el papel del repositorio, que ya no funciona únicamente como archivo abierto, sino como infraestructura central de comunicación científica global.

El informe también destaca cambios institucionales significativos dentro de la organización. En 2026, arXiv inició un proceso para convertirse en una organización independiente sin fines de lucro, un movimiento estratégico orientado a garantizar sostenibilidad financiera y autonomía institucional a largo plazo. Hasta ahora, la plataforma ha operado bajo el respaldo de Cornell University y una amplia red internacional de instituciones académicas que contribuyen a su financiación. Esta transición busca reforzar la estabilidad de un servicio que hoy resulta crítico para millones de investigadores alrededor del mundo y que constituye una de las principales infraestructuras globales del movimiento de acceso abierto al conocimiento científico.

Otro aspecto relevante señalado en el reporte es el desafío creciente que enfrenta la plataforma en relación con la moderación y control de calidad de los contenidos enviados. El enorme incremento en el número de manuscritos, particularmente en áreas relacionadas con inteligencia artificial, ha obligado a revisar políticas editoriales y criterios de admisión. Durante los últimos meses, arXiv ha introducido ajustes en sus normas para limitar determinados tipos de documentos, especialmente artículos de revisión o textos generados automáticamente que no cumplen estándares académicos mínimos. Esto refleja un nuevo escenario en el que la expansión de herramientas de inteligencia artificial generativa comienza a impactar directamente en los mecanismos tradicionales de producción científica, planteando interrogantes sobre autenticidad, calidad y validación del conocimiento académico.

Desde una perspectiva más amplia, el informe muestra cómo arXiv se ha convertido en un auténtico barómetro de la ciencia contemporánea. El crecimiento explosivo de publicaciones revela un sistema científico cada vez más acelerado, hiperconectado y dependiente de plataformas digitales abiertas. La lógica tradicional basada en largos procesos editoriales está siendo complementada —y en algunos campos prácticamente sustituida— por modelos de circulación inmediata del conocimiento. Para disciplinas como física teórica, matemáticas o inteligencia artificial, publicar primero en arXiv se ha convertido en una práctica casi obligatoria dentro de la comunidad académica internacional.

En conjunto, el Informe Anual 2025 de arXiv confirma que la plataforma no solo mantiene su papel histórico como repositorio de prepublicaciones científicas, sino que se ha transformado en una infraestructura estratégica para la ciencia mundial del siglo XXI. Las cifras récord de crecimiento, la expansión acelerada de investigaciones en inteligencia artificial, la transición institucional hacia un modelo independiente y los nuevos desafíos derivados del uso de IA en la escritura científica muestran que arXiv se encuentra en el centro mismo de la transformación contemporánea de la comunicación académica. Más que un simple archivo digital, arXiv representa hoy uno de los pilares fundamentales sobre los que se construye la ciencia abierta global.

Anuario de Estadísticas Culturales 2025

Ministerio de Cultura de España. Anuario de Estadísticas Culturales 2025. Síntesis de Indicadores Estadísticos Culturales. Secretaría General Técnica, División de Estadística y Estudios, noviembre de 2025. https://www.cultura.gob.es/servicios-a-la-ciudadania/estadisticas/cultura/mc/aec.html

“Anuario de Estadísticos Culturales 2025”, elaborado por el Ministerio de Cultura de España, ofrece una visión integral y actualizada del peso económico, social y simbólico de la cultura dentro del país. A través de más de una veintena de fuentes estadísticas oficiales incluidas en el Plan Estadístico Nacional, el documento permite observar cómo el sector cultural no solo se ha recuperado plenamente del impacto provocado por la pandemia, sino que ha consolidado un crecimiento sostenido en empleo, consumo, participación ciudadana, producción editorial, turismo cultural e infraestructuras culturales. Más que una recopilación de cifras, el informe configura una radiografía detallada del ecosistema cultural español y de su evolución reciente.

Uno de los datos más significativos es el referido al empleo cultural, que en 2024 alcanzó las 771.000 personas ocupadas, lo que representa el 3,6 % del empleo total en España. Esta cifra supone un crecimiento del 6,6 % respecto al año anterior y supera incluso los niveles previos a la crisis sanitaria. El sector destaca además por un perfil profesional altamente cualificado: el 71,2 % de quienes trabajan en actividades culturales poseen estudios superiores, una proporción muy superior a la media nacional. También sobresale la persistencia de desigualdades de género, ya que los hombres representan el 59,4 % del empleo cultural frente al 40,6 % de mujeres.

En el ámbito empresarial, España contaba a comienzos de 2024 con 185.544 empresas vinculadas a actividades culturales, equivalentes al 5,7 % del tejido empresarial nacional. Predominan claramente las microempresas: el 68,3 % no tienen asalariados y un 26,6 % cuenta con entre uno y cinco trabajadores, lo que refleja una estructura productiva muy atomizada. Las comunidades autónomas con mayor concentración de empresas culturales son Cataluña, Comunidad de Madrid, Andalucía y Comunitat Valenciana, consolidando el peso territorial desigual del sector cultural en el país.

En cuanto a la inversión pública en cultura, las cifras muestran un esfuerzo económico considerable de las administraciones. Durante 2023, la Administración General del Estado destinó 1.285,9 millones de euros, las comunidades autónomas 1.750,9 millones, y la administración local alcanzó 4.779,1 millones de euros, lo que confirma que ayuntamientos y entidades locales siguen siendo los principales financiadores de la actividad cultural pública en España. Paralelamente, los hogares españoles gastaron en 2024 un total de 14.341,9 millones de euros en bienes y servicios culturales, equivalente al 2,2 % del gasto total familiar, con un gasto medio anual de 739,7 euros por hogar.

El informe refleja además un notable dinamismo de las industrias culturales y creativas. En materia editorial, durante 2024 se registraron 89.347 libros con ISBN, de los cuales el 32,9 % correspondieron a formatos digitales, confirmando la consolidación progresiva del libro electrónico. El subsector más activo fue el de ciencias sociales y humanidades, seguido por creación literaria e infantil-juvenil. De igual manera, las bibliotecas españolas mantienen un papel central en el ecosistema cultural: se contabilizaron 5.552 bibliotecas activas, con 28,5 millones de usuarios inscritos y más de 144 millones de visitas anuales, lo que demuestra que siguen siendo uno de los principales espacios públicos de acceso al conocimiento y la cultura.

La participación cultural ciudadana alcanza, según el informe, sus mejores niveles en décadas. La Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales 2024-2025 muestra una recuperación muy intensa del consumo cultural tras la pandemia. El 64,9 % de la población leyó libros durante el último año, el 48,5 % asistió al cine, el 47,6 % visitó museos o exposiciones, y el 47,1 % acudió a espectáculos en vivo, cifras superiores incluso a muchas registradas antes de 2020. Un dato especialmente revelador es la expansión del consumo digital: el 74,1 % de los hogares españoles dispone ya de suscripciones a plataformas digitales de contenidos culturales, señalando una profunda transformación en las formas contemporáneas de acceso a la cultura.

El turismo cultural se consolida igualmente como uno de los motores económicos vinculados al sector. Durante 2024 se registraron más de 38 millones de viajes motivados principalmente por actividades culturales, generando un gasto superior a 38.400 millones de euros. En paralelo, el patrimonio cultural continúa mostrando gran vitalidad: España cuenta con 18.537 bienes inmuebles declarados Bien de Interés Cultural, mientras los museos alcanzaron los 64 millones de visitantes, recuperando prácticamente las cifras prepandemia. Los archivos estatales, por su parte, gestionan millones de documentos digitalizados y registraron 3,5 millones de sesiones de consulta en línea, mostrando el avance de la digitalización patrimonial.

En conjunto, el informe evidencia que la cultura se ha convertido en un sector estratégico de la economía y la sociedad española. No solo genera empleo, moviliza turismo, activa industrias creativas y sostiene un tejido empresarial amplio, sino que además mantiene una fuerte presencia en la vida cotidiana de la ciudadanía. Los datos muestran una transición clara hacia formas híbridas de consumo cultural donde conviven espacios tradicionales —bibliotecas, museos, cine, lectura impresa— con ecosistemas digitales basados en plataformas, contenidos electrónicos y nuevos hábitos de participación. La cultura aparece así no como un sector accesorio, sino como un componente estructural del desarrollo económico, educativo y democrático de la España contemporánea.

El amor, el tiempo y el algoritmo: humanismo metafísico y gobernanza ética de la IA en la educación

Teacher and students collaborating on algorithm and time concepts in classroom
Students and a teacher engage with algorithm and time concepts using digital tools

Hedfeld, Patrick. “AI as a socio-technical actor: rethinking definitions for ethics and governance.” Springer Nature – AI and Ethics, vol. 6, artículo 254, 2026. Publicado el 14 de abril de 2026. DOI: 10.1007/s43681-026-01123-1

El artículo de Patrick Hedfeld plantea una revisión profunda de la manera en que actualmente entendemos y definimos la inteligencia artificial, argumentando que las definiciones dominantes resultan insuficientes para afrontar adecuadamente los desafíos éticos y regulatorios que surgen con su expansión.

Tradicionalmente, explica el autor, la inteligencia artificial ha sido entendida desde dos perspectivas principales: una definición técnica centrada en algoritmos, capacidades computacionales y rendimiento en tareas específicas, y una definición orientada a la gobernanza, enfocada en clasificar riesgos, regular usos y establecer marcos jurídicos. Aunque ambas aproximaciones son necesarias, Hedfeld sostiene que dejan fuera un elemento crucial: el contexto social e institucional dentro del cual la IA opera y produce efectos concretos.

La tesis central del trabajo propone considerar la inteligencia artificial no simplemente como una herramienta tecnológica, sino como un actor sociotécnico, es decir, como un sistema que participa activamente en redes complejas de interacción humana, institucional y tecnológica. El autor aclara que esto no significa atribuir conciencia, autonomía moral o personalidad a la IA, sino reconocer que estos sistemas median decisiones humanas, condicionan comportamientos, reorganizan prácticas institucionales y alteran relaciones sociales. Desde esta perspectiva, la IA deja de ser un objeto neutral utilizado por personas y pasa a entenderse como una entidad con capacidad de influir estructuralmente en procesos colectivos.

Uno de los aportes más relevantes del artículo consiste en señalar que las definiciones puramente funcionales de inteligencia artificial no permiten comprender adecuadamente fenómenos éticamente problemáticos que están emergiendo con rapidez. Entre ellos se encuentran la responsabilidad distribuida —cuando no resulta claro quién responde por una decisión tomada con asistencia algorítmica—, la discriminación estructural derivada de sesgos incorporados en los sistemas de entrenamiento, la dependencia epistémica que generan herramientas automatizadas en investigadores o profesionales, y la transformación silenciosa de instituciones que comienzan a reorganizar su funcionamiento en torno a decisiones automatizadas. Según Hedfeld, estos problemas no pueden analizarse correctamente si la IA se sigue entendiendo únicamente como software o infraestructura técnica.

El autor se apoya en campos interdisciplinarios como los estudios sociales de la ciencia y la tecnología (STS), la filosofía de la tecnología y la ética aplicada a la inteligencia artificial para construir su propuesta conceptual. Desde este marco teórico sostiene que la IA actúa como mediadora de acciones humanas: estructura opciones disponibles, dirige la atención hacia determinados resultados, establece patrones de interacción y modifica procedimientos institucionales mediante una interacción constante entre humanos y sistemas automatizados. En consecuencia, afirma que las discusiones sobre regulación no deberían centrarse únicamente en evaluar si un sistema funciona correctamente o si presenta riesgos inmediatos, sino también en analizar cómo transforma estructuras sociales más amplias.

En términos de gobernanza, el artículo concluye que adoptar una definición sociotécnica de inteligencia artificial permitiría desarrollar modelos regulatorios más sólidos y sensibles al contexto real de uso. En lugar de limitarse a clasificar sistemas por niveles abstractos de riesgo, los marcos regulatorios deberían incorporar análisis institucionales, mecanismos de responsabilidad compartida y evaluaciones continuas sobre impactos sociales de largo plazo. Hedfeld sostiene que esta perspectiva ofrece una base más adecuada para construir políticas públicas, mecanismos de rendición de cuentas y evaluaciones éticas capaces de responder a la complejidad real de la inteligencia artificial contemporánea.

En conjunto, el trabajo representa una contribución importante dentro del debate contemporáneo sobre ética de la inteligencia artificial, al desplazar la conversación desde una visión puramente tecnológica hacia una comprensión más amplia en la que la IA aparece integrada en sistemas sociales complejos. La investigación sugiere que definir correctamente qué entendemos por inteligencia artificial no es una cuestión meramente académica o semántica, sino una decisión fundamental que determina cómo distribuimos responsabilidades, cómo regulamos tecnologías emergentes y qué tipo de relación queremos establecer entre innovación tecnológica y valores democráticos en el futuro.

El verdadero motivo por el que la gente rechaza los centros de datos de inteligencia artificial

Smith, Thomas (2026). The real reason people hate AI data centers so much. Publicado en Fast Company, 25 de junio de 2026.

El creciente rechazo social hacia los grandes centros de datos que sostienen el desarrollo de la inteligencia artificial. Aunque en apariencia las protestas se dirigen contra estas enormes infraestructuras tecnológicas, el texto sostiene que el verdadero problema no son los edificios en sí, sino el miedo, la desconfianza y la creciente inquietud pública hacia la propia IA como fenómeno social y económico.

En los últimos años, compañías tecnológicas vinculadas a la inteligencia artificial han impulsado la construcción de gigantescos centros de datos destinados a entrenar modelos avanzados y almacenar cantidades masivas de información. Sin embargo, estas instalaciones han comenzado a despertar una fuerte oposición ciudadana. Entre las críticas más frecuentes aparecen el elevado consumo energético, el posible aumento en las facturas eléctricas, el uso intensivo de agua en zonas vulnerables a la sequía, la contaminación generada por generadores diésel de respaldo y también el impacto visual o acústico que producen estas grandes construcciones en comunidades locales. A simple vista, parecería tratarse de una reacción puramente ambiental o económica.

El artículo, firmado por Thomas Smith, plantea sin embargo una interpretación más profunda. Según el autor, la hostilidad hacia estos centros de datos es en realidad una manifestación indirecta del temor generalizado que muchas personas sienten hacia la inteligencia artificial. Diversos estudios de opinión muestran que una parte significativa de la población considera que la IA avanza demasiado rápido, amenaza empleos, debilita la privacidad personal, incrementa la inseguridad sobre el uso de datos y puede escapar a cualquier control efectivo de los gobiernos. Como la inteligencia artificial es una tecnología abstracta e invisible —a diferencia de un teléfono móvil o un automóvil autónomo—, las personas terminan proyectando ese miedo en aquello que sí pueden ver físicamente: los centros de datos.

Smith explica que muchas críticas concretas contra estas instalaciones a veces están exageradas o descontextualizadas. Algunos estudios recientes muestran que el impacto sobre el precio de la electricidad no siempre es tan severo como suele afirmarse públicamente e incluso ciertos proyectos pueden estimular inversiones en infraestructura energética o generar empleo local de alta cualificación. Sin embargo, estos argumentos técnicos no suelen convencer a comunidades que perciben que se les está imponiendo una transformación tecnológica enorme sin consultarles ni ofrecer garantías suficientes sobre sus consecuencias sociales. El rechazo, por tanto, no responde únicamente a cálculos energéticos, sino a una sensación de pérdida de control colectivo frente a un cambio tecnológico acelerado.

El texto advierte además que las empresas tecnológicas están cometiendo un error estratégico cuando intentan responder al malestar ciudadano únicamente con datos técnicos o promesas económicas. La oposición a estas infraestructuras revela un problema más profundo: una parte creciente de la sociedad no confía en que el desarrollo de la inteligencia artificial esté siendo guiado por principios transparentes, regulaciones sólidas o mecanismos democráticos de supervisión. El autor sostiene que, mientras no existan espacios reales para que la ciudadanía participe en la discusión sobre el futuro de la IA, cualquier manifestación física del sector tecnológico seguirá convirtiéndose en blanco de protestas sociales cada vez más intensas.

Más allá del caso concreto de los centros de datos, este análisis refleja un fenómeno mayor: la inteligencia artificial ya no genera únicamente entusiasmo e innovación, sino también ansiedad social. El desarrollo tecnológico está entrando en una fase en la que no basta con construir sistemas más potentes; será igualmente necesario construir confianza pública. El debate sobre la infraestructura física de la IA se está transformando así en un debate mucho más amplio sobre gobernanza tecnológica, impacto social y legitimidad democrática en la era de la automatización inteligente.

El 91 % de los estudiantes de último curso en Yale ya utiliza inteligencia artificial para sus trabajos académicos: la universidad frente a una nueva realidad educativa

Yale Daily News. “91 Percent of Senior Class Has Used AI for Schoolwork, News Survey Finds.” Yale Daily News, 16 de mayo de 2026. Disponible en: Yale Daily News

Un reciente estudio publicado por el periódico universitario Yale Daily News revela un dato que confirma hasta qué punto la inteligencia artificial generativa se ha integrado en la vida académica contemporánea: el 91 % de los estudiantes que integran la promoción 2026 de Yale University ha utilizado herramientas de inteligencia artificial para realizar algún tipo de trabajo académico durante su etapa universitaria.

La encuesta, realizada de manera anónima entre 172 estudiantes de último curso, ofrece una radiografía muy significativa sobre cómo tecnologías como ChatGPT y otros sistemas de IA han dejado de ser una novedad experimental para convertirse en parte habitual del ecosistema educativo universitario.

Los resultados muestran que únicamente un 9,1 % de los encuestados afirmó no haber utilizado nunca herramientas de inteligencia artificial en tareas relacionadas con sus estudios. La mayoría, concretamente un 67,5 %, declaró emplearlas de manera ocasional, frecuente o muy frecuente, lo que evidencia que el uso de estas tecnologías ha alcanzado niveles de normalización impensables apenas tres años atrás, cuando la irrupción pública de modelos generativos como ChatGPT abrió un intenso debate internacional sobre plagio, autoría, originalidad y el futuro mismo del aprendizaje universitario. La generación que se gradúa en 2026 aparece así como la primera cohorte académica que ha convivido plenamente con la IA durante gran parte de su formación superior.

La encuesta también permite observar cómo se utiliza concretamente la inteligencia artificial en el trabajo universitario. Más del 75 % de los estudiantes reconoció haber empleado estas herramientas para resolver ejercicios o problem sets, una práctica especialmente extendida en disciplinas técnicas, matemáticas y científicas. Un 64 % admitió utilizar IA para ayudar en la redacción de ensayos o trabajos escritos, mientras que uno de los datos más llamativos señala que casi la mitad de los estudiantes —48,5 %— afirmó haber usado inteligencia artificial incluso para colaborar en la elaboración de su tesis final o senior thesis, un tipo de trabajo que tradicionalmente representa la culminación intelectual individual del proceso universitario. Este dato plantea interrogantes profundos sobre cómo deberán redefinirse en el futuro conceptos como esfuerzo individual, originalidad académica o evaluación del aprendizaje.

Más allá de las cifras, el estudio refleja un cambio cultural profundo dentro de la educación superior. La universidad, históricamente concebida como un espacio donde se desarrollan capacidades de análisis crítico, escritura autónoma y construcción gradual del conocimiento, se enfrenta ahora a una tecnología capaz de automatizar precisamente parte de esos procesos cognitivos. Esto genera una paradoja cada vez más visible: mientras muchas instituciones educativas mantienen restricciones severas sobre el uso de inteligencia artificial por considerarla una amenaza para la integridad académica, el mercado laboral empieza simultáneamente a exigir competencias avanzadas en el manejo de estas herramientas. De esta forma, los estudiantes viven en un escenario contradictorio donde lo que en el aula puede considerarse una forma de hacer trampa, en el ámbito profesional comienza a verse como una habilidad necesaria.

Diversos estudios complementarios publicados durante 2026 confirman que el caso de Yale no es una excepción aislada sino parte de una tendencia global. Investigaciones de organizaciones como Gallup muestran que una mayoría creciente de estudiantes universitarios utiliza inteligencia artificial semanalmente para comprender conceptos complejos, revisar ejercicios, mejorar textos, resumir apuntes o desarrollar ideas para trabajos académicos. Paralelamente, una parte importante del profesorado expresa preocupación creciente por el posible deterioro de habilidades fundamentales como la escritura autónoma, el pensamiento crítico o la capacidad de razonamiento independiente, elementos que tradicionalmente constituyen la esencia misma del aprendizaje universitario.

En definitiva, el caso de Yale University ilustra con claridad que la educación superior se encuentra en medio de una transformación estructural sin precedentes. La pregunta central ya no parece ser si los estudiantes utilizan inteligencia artificial, porque las cifras demuestran que su adopción es prácticamente universal, sino cómo deberán adaptarse las universidades para integrar esta nueva realidad sin sacrificar los principios fundamentales del aprendizaje. Más que prohibir o aceptar acríticamente estas tecnologías, el verdadero desafío educativo del futuro inmediato será redefinir qué significa aprender, crear conocimiento y demostrar competencia intelectual en una era donde la inteligencia artificial se ha convertido en una extensión cotidiana del trabajo humano.

La inteligencia artificial descifra un papiro calcinado por la erupción del Vesubio tras casi 2.000 años

The Guardian (24 junio 2026). AI helps read papyrus scroll burnt to crisp during Vesuvius eruption. Artículo original en The Guardian

Un equipo internacional de investigadores ha conseguido uno de los avances más extraordinarios de los últimos años en el campo de la arqueología digital y las humanidades: leer por primera vez el contenido de un papiro carbonizado por la erupción del monte Mount Vesuvius en el año 79 d.C., gracias a técnicas de inteligencia artificial, escaneo avanzado y reconstrucción digital. El hallazgo, difundido por The Guardian, supone un paso decisivo en la recuperación de textos antiguos considerados perdidos para siempre.

Los manuscritos pertenecen a la célebre colección de los Papiros de Herculano, descubiertos en el siglo XVIII en la llamada Villa of the Papyri, una biblioteca sepultada bajo cenizas volcánicas en la antigua ciudad romana de Herculaneum. Más de 1.800 rollos fueron encontrados completamente carbonizados debido al intenso calor provocado por la erupción. Durante siglos resultó prácticamente imposible abrirlos sin destruirlos físicamente, lo que convirtió a estos documentos en uno de los mayores enigmas de la filología clásica.

El gran avance ha sido posible gracias al proyecto internacional Vesuvius Challenge, una iniciativa lanzada en 2023 que combina escaneado mediante rayos X de altísima resolución con algoritmos de aprendizaje automático capaces de detectar trazos de tinta invisibles dentro de los papiros enrollados. En lugar de abrir físicamente el documento, los investigadores realizaron un proceso conocido como virtual unwrapping (desenrollado virtual), que permite reconstruir digitalmente cada una de las capas internas del manuscrito sin dañarlo.

El papiro analizado, identificado como PHerc 1667, ha revelado aproximadamente un metro y medio de texto continuo escrito en griego antiguo, distribuido en unas veinte columnas. Los especialistas consideran que el contenido trata cuestiones relacionadas con la filosofía estoica, especialmente temas vinculados con la ética, el comportamiento humano, la razón práctica y conceptos filosóficos como hormē (impulso) y phronēsis (sabiduría práctica). Algunos investigadores sugieren incluso que podría estar relacionado con textos del filósofo estoico griego Chrysippus, uno de los grandes pensadores del helenismo cuyos escritos apenas han sobrevivido hasta hoy.

Este logro representa mucho más que una curiosidad arqueológica. Los expertos creen que abre la posibilidad de acceder a cientos de manuscritos aún cerrados que permanecen almacenados desde hace siglos en museos italianos y franceses. Además, algunos textos ya analizados están revelando nuevas obras del filósofo epicúreo Philodemus, lo que podría transformar el conocimiento actual sobre la filosofía antigua, la transmisión textual grecorromana y la historia intelectual del Mediterráneo clásico.

El descubrimiento constituye también una demostración espectacular del impacto de la inteligencia artificial en disciplinas humanísticas. Tradicionalmente asociada a campos como la programación o la automatización industrial, la IA está mostrando aquí una nueva faceta: convertirse en herramienta para recuperar patrimonio cultural desaparecido. Lo que hasta hace poco parecía ciencia ficción —leer documentos destruidos hace veinte siglos sin tocarlos físicamente— empieza a redefinir la relación entre tecnología, arqueología y preservación del conocimiento, inaugurando una nueva era para el estudio del mundo antiguo.

Texas Resaca Blues con Antonio Oliva. Viviendo en la era pop 2026/06/26


Texas Resaca Blues con Antonio Oliva.

Viviendo en la era pop 2026/06/26

ESCUCHAR

Descargar

En la entrevista, Texas Resaca Blues repasó su trayectoria desde su creación en 2008 de la mano de Antonio Oliva, explicando cómo nació el proyecto a partir de una pasión compartida por el blues y el rock clásico. Se abordaron sus principales influencias musicales, con nombres como Stevie Ray Vaughan o Jimi Hendrix, así como la evolución de su sonido a lo largo de sus discos. También reflexionaron sobre la importancia del directo como parte esencial de su identidad y sobre la situación actual del rock en Salamanca. Hubo espacio para hablar del proceso creativo colectivo dentro de la banda y de las dificultades de mantenerse como grupo independiente. Finalmente, compartieron sus proyectos de futuro, nuevos conciertos y el deseo de seguir defendiendo un sonido fiel a las raíces del rock and roll y el blues.