Archivo de la categoría: Alfabetización informacional

Zotero 9.0. Tutorial. Gestor de referencias bibliográficas

Zotero 9.0. Tutorial. Gestor de referencias bibliográficas

por Julio Alonso Arévalo

Ver en Youtube

Zotero 9 es la versión más reciente del popular gestor bibliográfico y supone un cambio importante respecto a las versiones 7 y 8, especialmente en lectura asistida, rendimiento y experiencia de investigación. Por Julio Alonso Arévalo

Que características tiene esta versión:

Lectura en voz alta (Read Aloud). La función más destacada es el nuevo sistema de lectura automática de documentos:

Lee PDFs, EPUB y capturas web.
Usa voces naturales de alta calidad.
Permite avanzar por frases o párrafos.
Puede comenzar desde cualquier punto del texto.
Integra anotaciones rápidas mientras escuchas.

Esto convierte a Zotero en una herramienta híbrida entre gestor bibliográfico y asistente de lectura académica.

Repensar la evaluación en tiempos de inteligencia artificial: del producto final al proceso de aprendizaje

The AI School Librarian. “Grading in the AI Era: Research Literacy in the Age of AI, Week 13: How to Assess Reasoning, Verification, and Transparency.” The AI School Librarians Newsletter, 20 de abril de 2026. Substack. The AI School Librarians Newsletter

Se plantea una reflexión profunda sobre la crisis actual de los sistemas de evaluación educativa en un contexto marcado por la expansión de la inteligencia artificial generativa. El texto parte de una premisa contundente: si las rúbricas y modelos de calificación continúan premiando principalmente el acabado formal, la corrección gramatical o la apariencia de sofisticación textual, las herramientas de IA superarán fácilmente los criterios tradicionales de evaluación. Según el artículo, el problema central ya no consiste en “detectar trampas” o descubrir cuándo un estudiante ha utilizado IA, sino en replantear qué significa realmente aprender y qué aspectos del proceso intelectual merecen ser valorados.

La autora sostiene que gran parte de los sistemas educativos siguen fundamentándose en una lógica de evaluación heredada de la era pre-IA, centrada casi exclusivamente en el producto final: ensayos terminados, trabajos perfectamente estructurados, citas formateadas correctamente y redacciones libres de errores. Sin embargo, la inteligencia artificial es capaz de generar con rapidez precisamente ese tipo de productos. En consecuencia, la escuela se enfrenta a una disyuntiva fundamental: continuar evaluando elementos superficiales que las máquinas pueden imitar fácilmente o desplazar el foco hacia procesos cognitivos más complejos y genuinamente humanos. El texto insiste en que la verdadera evidencia del aprendizaje no reside únicamente en el resultado visible, sino en el recorrido intelectual que conduce hasta él: las dudas, revisiones, decisiones, errores, verificaciones y transformaciones del pensamiento.

Uno de los aspectos más relevantes del artículo es la idea de que la IA obliga a redefinir el concepto mismo de “autoría intelectual”. Tradicionalmente, muchos modelos de evaluación asumían que el texto presentado reflejaba directamente el pensamiento del estudiante. Sin embargo, en un escenario donde una herramienta puede redactar párrafos coherentes, producir tesis convincentes o incluso estructurar investigaciones completas, el profesorado necesita nuevas estrategias para distinguir entre producción automática y apropiación auténtica del conocimiento. El artículo argumenta que la clave no está en prohibir la IA, sino en diseñar evaluaciones capaces de hacer visible el razonamiento humano que hay detrás del trabajo.

Para responder a este desafío, el texto propone cuatro transformaciones estructurales en la evaluación. La primera consiste en calificar la evolución de la pregunta de investigación. En lugar de valorar únicamente la tesis final, se recomienda que el alumnado entregue también la pregunta inicial, las modificaciones posteriores y una explicación de cómo y por qué cambió su enfoque. Esta estrategia busca reconocer el refinamiento intelectual y la capacidad de replantear problemas, algo que constituye una parte esencial del pensamiento crítico. El aprendizaje deja así de verse como un acto instantáneo y pasa a entenderse como un proceso dinámico de exploración y reconstrucción conceptual.

La segunda transformación se centra en la justificación de las fuentes. El artículo subraya que, en una época saturada de información y contenido generado algorítmicamente, ya no basta con citar fuentes; es necesario demostrar por qué una fuente merece confianza. El alumnado debería explicar la credibilidad de los materiales utilizados, detectar sesgos, identificar limitaciones y contrastar datos mediante verificación cruzada. Esta orientación conecta directamente con las competencias de alfabetización informacional y mediática que tradicionalmente han promovido bibliotecarios y especialistas en documentación. La evaluación, por tanto, se desplaza desde la mera acumulación de referencias hacia la capacidad crítica para analizarlas y contextualizarlas.

La tercera propuesta del artículo es incorporar la transparencia como criterio explícito de evaluación. La autora defiende que los estudiantes deberían informar abiertamente sobre cómo utilizaron herramientas de IA, qué partes verificaron y qué decisiones éticas tomaron durante el proceso. Este enfoque intenta sustituir los modelos punitivos basados en vigilancia y sospecha por una cultura académica de honestidad y reflexión. En vez de criminalizar el uso de la inteligencia artificial, el sistema educativo debería enseñar a utilizarla de manera responsable, crítica y documentada. Según el texto, normalizar la transparencia reduce la dependencia de detectores automáticos de IA, cuya fiabilidad es limitada y cuya aplicación puede generar injusticias y desconfianza institucional.

La cuarta transformación aborda la importancia de la reflexión metacognitiva. El artículo propone que los estudiantes respondan preguntas relacionadas con la evolución de su pensamiento: qué cambió durante la investigación, qué evidencias resultaron más débiles o qué interrogantes quedaron sin resolver. Estas actividades buscan que el alumnado tome conciencia de sus propios procesos intelectuales y convierta el aprendizaje en una experiencia autorreflexiva. Además, la metacognición resulta especialmente difícil de automatizar, ya que implica conectar experiencias personales, decisiones contextuales y procesos internos de razonamiento.

Otro aspecto significativo del artículo es su crítica implícita a la cultura educativa basada exclusivamente en resultados cuantificables y estandarizados. La IA pone en evidencia las limitaciones de sistemas que privilegian la eficiencia, la apariencia formal y la producción rápida de textos. Frente a ello, la autora defiende modelos de evaluación más lentos, procesuales y centrados en la construcción del pensamiento. En esta visión, el aula deja de ser un espacio donde únicamente se “entregan productos” para convertirse en un entorno donde se documenta el desarrollo intelectual.

El texto también se relaciona con debates más amplios sobre alfabetización digital y ciudadanía crítica. La capacidad para verificar información, justificar decisiones y reflexionar sobre el uso ético de herramientas tecnológicas se presenta como una competencia esencial del siglo XXI. De este modo, la evaluación deja de ser solamente un mecanismo de medición académica y se transforma en un espacio de formación ética e intelectual. El artículo sugiere que la irrupción de la IA puede convertirse en una oportunidad para corregir debilidades estructurales que ya existían en los sistemas educativos mucho antes de la aparición de ChatGPT y otras plataformas generativas.

“Grading in the AI Era” propone una visión educativa basada en la autenticidad del pensamiento, la trazabilidad del aprendizaje y la centralidad del razonamiento humano. El artículo concluye que la inteligencia artificial no debería obligar a las instituciones educativas a reforzar modelos de vigilancia, sino a rediseñar profundamente sus prácticas pedagógicas. La verdadera cuestión ya no es si los estudiantes utilizan IA, sino si las escuelas son capaces de evaluar aquello que realmente importa: la capacidad de pensar, cuestionar, verificar, interpretar y construir conocimiento propio en colaboración crítica con las tecnologías emergentes

Google publica una guía clave para optimizar contenidos en la era de la búsqueda generativa

Infographic on optimizing website for generative AI features on Google Search
A detailed infographic explaining optimization strategies for generative AI features on Google Search.

Google Search Central. “Optimizing Your Website for Generative AI Features on Google Search.” Search Engine Land (cobertura periodística del documento oficial de Google). https://searchengineland.com/google-publishes-guide-on-optimizing-for-generative-ai-features-477671

Google acaba de publicar una nueva guía oficial destinada a ayudar a editores, responsables de SEO y creadores de contenido a optimizar sus sitios web para las nuevas funciones de búsqueda generativa, como las AI Overviews y el AI Mode. Este documento representa un paso importante en la consolidación del ecosistema de búsqueda impulsado por inteligencia artificial, ya que por primera vez Google ofrece directrices unificadas sobre cómo debe estructurarse y publicarse el contenido para aparecer de forma efectiva en resultados generativos. La guía no plantea una ruptura con el SEO tradicional, sino que lo reinterpreta dentro del nuevo contexto de la inteligencia artificial aplicada a la búsqueda.

Uno de los elementos centrales del documento es la afirmación de que las prácticas clásicas de optimización para buscadores siguen siendo plenamente válidas. Google subraya que los sistemas de IA generativa se apoyan en los mismos mecanismos de indexación, clasificación y recuperación de información que el buscador tradicional. En este sentido, conceptos emergentes como AEO (Answer Engine Optimization) o GEO (Generative Engine Optimization) no constituyen disciplinas independientes, sino extensiones del SEO convencional. El objetivo sigue siendo el mismo: producir contenido útil, accesible, bien estructurado y orientado a las necesidades reales de los usuarios, más que a la manipulación de los sistemas algorítmicos.

La guía también aclara varias ideas erróneas que se habían extendido en el sector del marketing digital durante los últimos años. Google señala explícitamente que no es necesario crear archivos especiales como llms.txt, ni desarrollar versiones del contenido pensadas exclusivamente para modelos de lenguaje. Tampoco es obligatorio introducir marcado estructurado adicional para “optimizar” la visibilidad en sistemas de IA generativa. Según la compañía, estos elementos no influyen directamente en la aparición del contenido en las respuestas generadas por IA, ya que los sistemas se basan principalmente en la comprensión del contenido visible y en señales de calidad general del sitio web.

Otro aspecto relevante es la insistencia en la calidad y utilidad del contenido como factor decisivo. Google destaca que los sistemas generativos están diseñados para identificar información fiable, clara y relevante, priorizando páginas que aporten valor real frente a aquellas que simplemente repiten información genérica. Esto refuerza la idea de que la estrategia más efectiva no es técnica, sino editorial: crear contenidos originales, con estructura clara, autoridad temática y utilidad demostrable para el usuario final.

Finalmente, el artículo subraya que esta guía supone una consolidación del enfoque de Google hacia la integración de la inteligencia artificial en la búsqueda. Lejos de sustituir el SEO, la búsqueda generativa lo amplía y lo redefine dentro de un marco más complejo, donde la calidad del contenido, la intención del usuario y la comprensión semántica juegan un papel más relevante que nunca. En conjunto, el documento marca un punto de referencia importante para entender cómo evolucionará la visibilidad en la web en la era de la inteligencia artificial aplicada a los motores de búsqueda.

Sabiduría humana para la era de la IA: una guía práctica para cultivar habilidades esenciales

American Association of Colleges and Universities (AAC&U). 2026. Human Wisdom for the Age of AI: A Field Guide. Washington, DC: AAC&U

Texto completo

El eje central del informe es la necesidad de reforzar lo que denomina “sabiduría humana” como competencia esencial para el siglo XXI. Frente a un entorno saturado de información y mediado por sistemas algorítmicos cada vez más potentes, el texto sostiene que no basta con desarrollar habilidades técnicas o cognitivas asociadas a la IA, sino que es imprescindible cultivar capacidades profundamente humanas: juicio ético, reflexión crítica, discernimiento moral y comprensión contextual.

La guía se inscribe en el enfoque clásico de las liberal arts education, defendiendo que la educación universitaria no debe limitarse a la adquisición de conocimientos técnicos, sino que debe promover habilidades transferibles como la indagación crítica, el razonamiento ético, la creatividad y la toma de decisiones responsable. En este marco, la “sabiduría” se entiende como una síntesis entre conocimiento, experiencia y juicio prudente, especialmente en situaciones complejas o ambiguas donde no existen respuestas algorítmicamente correctas.

El documento subraya que, en la era de la IA, la sabiduría humana adquiere un valor estratégico porque permite:

  • Interpretar críticamente la información generada por sistemas automatizados.
  • Evitar la dependencia acrítica de modelos de IA en la toma de decisiones.
  • Mantener la responsabilidad ética en contextos de automatización creciente.
  • Fomentar la autonomía intelectual frente a la delegación cognitiva en máquinas.

Además, la publicación se vincula con investigaciones contemporáneas sobre alfabetización en IA y formación universitaria, situando la sabiduría como un nivel superior en la jerarquía de habilidades cognitivas, por encima del conocimiento y la información, en línea con el modelo DIKW (data–information–knowledge–wisdom).

La enseñanza superior ante la transformación acelerada de la IA: Informe Horizon 2026 de EDUCAUSE

Robert, Jenay, Nicole Muscanell, Mark McCormack y Kim Arnold. 2026 EDUCAUSE Horizon Report | Teaching and Learning Edition. Louisville, CO:

Texto completo

Sumario ejecutivo

El informe 2026 EDUCAUSE Horizon Report constituye una de las radiografías más relevantes sobre el futuro inmediato de la educación superior y el impacto de la inteligencia artificial en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Elaborado mediante el marco metodológico STEEP —que analiza factores sociales, tecnológicos, económicos, ambientales y políticos—, el documento examina cómo las universidades atraviesan un periodo de transformación estructural marcado por la presión financiera, la disminución de matrículas, la crisis de confianza social hacia la educación superior y la irrupción de tecnologías generativas capaces de alterar profundamente el trabajo académico.

Uno de los ejes centrales del informe es la constatación de que la inteligencia artificial ya no representa una tecnología emergente marginal, sino una infraestructura transversal que está modificando la enseñanza, la evaluación, el diseño instruccional y las relaciones entre estudiantes y docentes. El documento señala que la IA influye especialmente en ámbitos como la tutoría personalizada, la producción de materiales educativos, la automatización de tareas administrativas y el acompañamiento académico. Sin embargo, también advierte que esta integración genera importantes tensiones éticas y pedagógicas: problemas de privacidad, dependencia cognitiva, vigilancia algorítmica, sesgos, desinformación y creciente preocupación por el impacto ambiental derivado del consumo energético de los sistemas de IA.

El informe subraya además que los métodos tradicionales de evaluación están entrando en crisis. Las herramientas generativas dificultan distinguir entre producción humana y automatizada, lo que obliga a las instituciones a replantear profundamente el concepto mismo de aprendizaje verificable. Frente a este escenario, EDUCAUSE identifica una transición hacia evaluaciones “auténticas”, basadas en procesos, evidencias de razonamiento, proyectos contextualizados y demostraciones prácticas del conocimiento. En lugar de centrarse únicamente en el resultado final, las universidades comienzan a valorar la trazabilidad del aprendizaje, la reflexión crítica y la capacidad de integrar herramientas de IA de manera ética y transparente.

Una de las principales novedades del informe de 2026 es la incorporación del concepto “señales de cambio”, definido como indicadores tempranos capaces de anticipar transformaciones futuras antes de que alcancen gran escala institucional. Estas señales funcionan como mecanismos de prospectiva estratégica para detectar innovaciones emergentes, cambios culturales o nuevas prácticas educativas todavía marginales pero potencialmente disruptivas. EDUCAUSE plantea que las universidades deben desarrollar capacidad institucional para interpretar estas señales y adaptarse de forma proactiva, evitando respuestas meramente reactivas ante los cambios tecnológicos y sociales.

Otro aspecto especialmente relevante es el cuestionamiento creciente del valor social y económico de la educación superior. El informe sostiene que muchas instituciones se enfrentan a una pérdida de legitimidad pública debido al aumento de costes, la incertidumbre laboral y la percepción de que los modelos educativos tradicionales no responden adecuadamente a las nuevas demandas profesionales y culturales. En este contexto, la educación superior se ve presionada para demostrar utilidad, flexibilidad y relevancia social. Esta tensión aparece vinculada directamente con la necesidad de redefinir competencias fundamentales como la alfabetización digital, la alfabetización en IA y las capacidades críticas necesarias para desenvolverse en entornos mediados por algoritmos.

El informe también insiste en la importancia de la formación docente. Las instituciones no solo necesitan incorporar tecnologías, sino desarrollar culturas organizativas capaces de acompañar a profesores y estudiantes en procesos de cambio continuo. La alfabetización en IA aparece así como una competencia transversal imprescindible para comprender tanto las oportunidades como los riesgos de estas herramientas. EDUCAUSE propone un enfoque equilibrado que combine innovación tecnológica con pensamiento crítico, ética digital y supervisión humana significativa.

En perspectiva histórica, el documento refleja la evolución progresiva de los informes Horizon desde los años posteriores a la pandemia hasta la actualidad. Mientras los informes de 2022 y 2023 todavía estaban muy marcados por la transición híbrida y el impacto inmediato de ChatGPT, el informe de 2026 muestra una etapa más madura, centrada ya no solo en la adopción tecnológica, sino en las consecuencias estructurales, cognitivas y sociales de la IA sobre el ecosistema universitario. La cuestión ya no es si la IA transformará la educación, sino cómo preservar la agencia humana, la confianza académica y el sentido formativo de la universidad en un entorno crecientemente automatizado.

7 principios esenciales para usar la IA de forma responsable

Elon University, American Association of Colleges and Universities (AAC&U), and The Princeton Review. 2026. 7 Essential Principles for Student Use of Artificial Intelligence. Student Guide to Artificial Intelligence. https://studentguidetoai.org/7-essential-principles/

El documento “7 Essential Principles” forma parte de la serie Student Guide to Artificial Intelligence, un proyecto educativo desarrollado por la Elon University, la American Association of Colleges and Universities (AAC&U) y The Princeton Review. Su objetivo es ofrecer a los estudiantes universitarios un marco claro para integrar la inteligencia artificial en su formación académica de manera ética, crítica y responsable.

La guía parte de una idea central: la IA no es solo una herramienta técnica, sino un elemento transformador del aprendizaje que requiere desarrollar nuevas formas de alfabetización, responsabilidad y juicio crítico.

1. Conocer y respetar las normas de cada institución

El primer principio subraya la importancia de entender las políticas de uso de IA en cada universidad o asignatura. Estas reglas no son estáticas y pueden variar entre departamentos o profesores. El estudiante debe informarse activamente para evitar usos indebidos o conflictos con la integridad académica.

2. Aprender cómo funciona la IA

El documento insiste en que comprender los sistemas de IA es clave para usarlos bien. No basta con utilizarlos: es necesario conocer sus fortalezas, limitaciones, sesgos y modos de funcionamiento. Esto implica una actitud de curiosidad, exploración y aprendizaje continuo.

3. Actuar con ética

El tercer principio se centra en el uso responsable. Los estudiantes deben asegurarse de que su trabajo siga siendo auténtico, incluso cuando usan IA como apoyo. Se enfatiza la necesidad de citar y declarar el uso de IA, además de desarrollar pensamiento crítico para detectar errores, desinformación o sesgos algorítmicos.

4. Pensar más allá de la especialización

La IA se presenta como un fenómeno interdisciplinar. Por ello, se anima a los estudiantes a no limitarse a su campo de estudio, sino a desarrollar una visión amplia que integre conocimientos de distintas áreas, especialmente en relación con datos, tecnología y comunicación.

5. Compromiso con el aprendizaje permanente

Este principio destaca que la evolución de la IA será constante. Por tanto, los estudiantes deben adoptar una mentalidad de aprendizaje continuo, actualizándose en herramientas, competencias digitales y cambios tecnológicos a lo largo de su vida profesional.

6. Priorizar la privacidad y la seguridad

El texto advierte que los sistemas de IA no son espacios completamente privados. Por ello, se recomienda ser prudente con los datos personales, entender los términos de uso de las plataformas y minimizar la exposición de información sensible.

7. Cultivar las capacidades humanas

El último principio es el más humanista: frente al avance de la automatización, es fundamental reforzar habilidades como la empatía, la creatividad, la comunicación, el pensamiento crítico y las relaciones humanas. La IA no debe sustituir estas capacidades, sino coexistir con ellas.

En su totalidad, estos siete principios proponen un modelo de convivencia con la inteligencia artificial basado en tres pilares:

  • Conocimiento crítico de la tecnología
  • Responsabilidad ética y académica
  • Fortalecimiento de lo humano frente a la automatización

La guía no busca restringir el uso de IA, sino orientarlo hacia un aprendizaje más consciente, transparente y formativo, donde el estudiante siga siendo el agente principal del conocimiento.

AI-U: guía universitaria que busca enseñar a pensar con inteligencia artificial sin dejar de pensar por uno mismo

AAC&U y Elon University. AI-U/v1.0: A Student Guide to Navigating College in the Artificial Intelligence Era. Washington, DC y Elon, NC: American Association of Colleges and Universities y Elon University, 2024.

Texto completo

La guía AI-U/v1.0, desarrollada conjuntamente por AAC&U y Elon University, constituye uno de los primeros grandes intentos institucionales de ofrecer a los estudiantes universitarios un marco práctico, ético y pedagógico para convivir con la inteligencia artificial generativa dentro de la educación superior. El documento nace en un contexto de transformación acelerada provocado por herramientas como ChatGPT, Claude, Gemini o Copilot, cuya expansión ha alterado profundamente la manera de estudiar, investigar, escribir y aprender en las universidades. La guía fue elaborada con la colaboración de expertos académicos, profesorado y estudiantes de múltiples países, y se plantea explícitamente como un “mapa de navegación” para desenvolverse en un entorno universitario crecientemente mediado por la IA.

Uno de los ejes fundamentales del texto es la idea de que comprender la inteligencia artificial ya no constituye una competencia opcional, sino una alfabetización esencial del siglo XXI. La guía insiste en que el alumnado no debe limitarse a utilizar herramientas de IA como simples asistentes automáticos, sino aprender a entender sus capacidades, limitaciones, sesgos y consecuencias sociales. Desde esta perspectiva, la IA es presentada simultáneamente como oportunidad y riesgo: una tecnología capaz de ampliar las capacidades humanas, pero también de erosionar habilidades intelectuales si se emplea de manera acrítica o dependiente.

El documento dedica una parte importante a explicar cómo utilizar la IA de manera responsable en contextos académicos. Se ofrecen orientaciones concretas sobre cuándo es apropiado usar herramientas generativas y cuándo no lo es, insistiendo en la importancia de respetar las políticas específicas de cada asignatura o institución. La guía recalca que la IA no debe sustituir el trabajo intelectual personal ni convertirse en una vía de automatización del aprendizaje. Más bien, propone emplearla como apoyo para la lluvia de ideas, la organización de contenidos, la revisión preliminar de textos o la exploración de perspectivas alternativas, manteniendo siempre la supervisión crítica del estudiante.

Uno de los aspectos más interesantes del manual es su insistencia en la transparencia y la autoría intelectual. Los autores sostienen que los estudiantes deben aprender a reconocer y declarar cuándo han utilizado inteligencia artificial en sus trabajos académicos, de manera similar a como se citan otras fuentes o colaboraciones. Esta cuestión aparece vinculada a una redefinición más amplia del concepto de originalidad en la era de la IA. El texto no plantea la creatividad humana como opuesta a la inteligencia artificial, sino como una capacidad que debe fortalecerse precisamente frente a la automatización masiva de contenidos.

La guía también aborda directamente los riesgos asociados al uso indiscriminado de modelos generativos. Entre ellos se mencionan las denominadas “alucinaciones” de la IA —respuestas incorrectas presentadas con apariencia de autoridad—, los sesgos presentes en los datos de entrenamiento, los problemas de privacidad y la posible difusión de desinformación. El documento insiste repetidamente en que las herramientas de IA no comprenden realmente el significado de lo que producen, sino que generan respuestas probabilísticas basadas en patrones estadísticos. Por ello, se recomienda contrastar siempre la información obtenida y evitar confiar ciegamente en sistemas automatizados.

Otro núcleo importante del texto se centra en la preparación profesional de los estudiantes para un mercado laboral profundamente transformado por la inteligencia artificial. La guía sostiene que prácticamente todas las profesiones experimentarán cambios significativos debido a la automatización cognitiva y a la incorporación de sistemas generativos en tareas administrativas, creativas y analíticas. Frente a ello, se anima a los estudiantes a desarrollar habilidades específicamente humanas difíciles de automatizar: pensamiento crítico, juicio ético, creatividad, comunicación interpersonal, colaboración y capacidad de adaptación. La IA es presentada así no como sustituta total del trabajo humano, sino como una tecnología que reconfigurará profundamente las competencias laborales más valoradas.

Cambios en la percepción de la desinformación en Canadá: Tendencias en exposición, detección y confianza, 2025

Foran, Helen, y Howard Bilodeau. 2026. “Shifting Perceptions of Misinformation in Canada: Trends in Exposure, Detection and Trust.” Insights on Canadian Society. Statistics Canada, 13 de mayo de 2026. https://www150.statcan.gc.ca/n1/pub/75-006-x/2026001/article/00006-eng.htm

En 2025, el 80 % de los canadienses declaró haber visto noticias o información en internet que sospechaban que era engañosa, falsa o inexacta al menos una vez al mes. Estas experiencias son una de las principales preocupaciones de los canadienses, y la mayoría (61 %) manifestó estar «muy preocupada» o «extremadamente preocupada» por la desinformación en línea en 2025.

El estudio analiza cómo los canadienses perciben, detectan y experimentan la desinformación en el entorno digital, así como su relación con la confianza en los medios y la confianza interpersonal. A partir de datos de la Canadian Social Survey (2025) y comparaciones con la Survey Series on People and their Communities (2023), el informe explora la evolución de la exposición a noticias falsas, la capacidad de los ciudadanos para distinguir entre información verdadera y falsa, y el impacto de este fenómeno en la confianza social.

Uno de los hallazgos centrales es la alta exposición a la desinformación: en 2025, el 80% de los canadienses afirmó haber visto al menos mensualmente información que consideraba engañosa o falsa. Esta exposición es prácticamente transversal en términos de edad, género y nivel educativo, lo que indica que la desinformación es un fenómeno estructural del ecosistema informativo digital. Sin embargo, los mayores de 75 años reportan una menor exposición, posiblemente por diferencias en los hábitos de consumo informativo.

El estudio también muestra cómo los ciudadanos acceden a la información. Las fuentes más habituales son los medios de comunicación (66%), contactos cercanos (62%), redes sociales (54%) y la televisión (52%). Sin embargo, existen diferencias generacionales claras: los jóvenes (15–34 años) dependen principalmente de las redes sociales (78%), mientras que los mayores confían más en medios tradicionales como la televisión y los medios informativos. Estas diferencias reflejan una fragmentación del ecosistema mediático según la edad y el nivel educativo.

En cuanto a la percepción de la veracidad informativa, el 47% de los canadienses declara que en 2025 le resulta más difícil distinguir entre información verdadera y falsa que hace tres años. Además, el 61% expresa una preocupación alta o muy alta por la desinformación en línea. El informe destaca que esta dificultad no es uniforme, sino que se relaciona con variables como el nivel educativo, la confianza en los medios y la confianza interpersonal.

Otro aspecto relevante es la relación entre desinformación y confianza social. Los resultados muestran que las personas con mayor confianza en los medios canadienses y en otras personas tienden a tener más seguridad en su capacidad para detectar información falsa. Por el contrario, quienes muestran menor confianza en los medios o en los demás reportan mayores dificultades para identificar contenidos engañosos. Esto sugiere que la desinformación no solo es un problema informativo, sino también un fenómeno vinculado al capital social y la confianza institucional.

En conjunto, el estudio concluye que la desinformación es una experiencia común y persistente en la sociedad canadiense, y que sus efectos no se limitan a la exposición, sino que influyen en la percepción de la realidad y en la confianza en las instituciones. Aunque la preocupación por este fenómeno se mantiene estable entre 2023 y 2025, el reto principal es la creciente complejidad del entorno digital y la dificultad creciente para distinguir entre información fiable y falsa.

Opiniones del profesorado sobre la IA

The Chronicle of Higher Education. “Faculty Views on AI.” The Chronicle of Higher Education, consultado el 7 de mayo de 2026. The Chronicle of Higher Education

Texto completo

El informe presenta un panorama claro: la IA ya está transformando la enseñanza superior, pero su adopción está marcada por la tensión entre utilidad práctica y riesgo pedagógico. Los docentes valoran su capacidad para ahorrar tiempo, generar materiales y apoyar tareas rutinarias, pero temen que debilite el esfuerzo intelectual, favorezca el engaño y erosione competencias fundamentales. La conclusión implícita es que el problema no es solo tecnológico, sino estratégico: las universidades deberán decidir si la IA será un simple atajo operativo o una herramienta integrada críticamente dentro de un nuevo modelo educativo.

El informe Faculty Views on AI refleja una posición profundamente ambivalente del profesorado universitario ante la inteligencia artificial generativa. Por un lado, una mayoría reconoce que estas herramientas ya están siendo útiles para mejorar ciertos aspectos de la docencia; por otro, existe una preocupación muy fuerte por su impacto negativo en el aprendizaje, la ética académica y la falta de regulación institucional. El estudio combina datos de una encuesta de The Chronicle of Higher Education a 425 docentes en 2025 y otra de la American Association of Colleges and Universities (AAC&U) a 1.057 profesores de educación superior en 2025, lo que permite observar tendencias consolidadas en el ámbito universitario.

Uno de los datos más significativos es que el profesorado ya está incorporando la IA a su trabajo cotidiano. El 78 % afirma haber utilizado herramientas de IA para crear o editar textos, lo que indica que estas aplicaciones se están convirtiendo en asistentes habituales para redactar materiales, instrucciones o contenidos académicos. Además, el 55 % las ha empleado para crear o revisar cuestionarios, exámenes u otras evaluaciones, mientras que el 40 % dice haberlas usado para elaborar o modificar programas docentes (syllabi). También el 36 % las ha utilizado para crear o editar imágenes, señal de que la IA comienza a desempeñar un papel relevante en la producción de recursos visuales para las clases. Estos porcentajes muestran que, lejos de ser una novedad marginal, la IA ya forma parte de las prácticas docentes en muchas instituciones.

Sin embargo, junto a este uso creciente aparecen temores muy marcados sobre sus consecuencias educativas. El 90 % del profesorado considera que el uso de IA reducirá las capacidades de pensamiento crítico del alumnado, lo que revela una inquietud central: que los estudiantes deleguen procesos intelectuales complejos en la máquina y pierdan autonomía analítica. Asimismo, el 83 % cree que la IA disminuirá la capacidad de atención, reforzando la idea de que el acceso inmediato a respuestas puede fomentar hábitos de concentración superficial. Otro dato especialmente revelador es que el 78 % sostiene que el fraude académico o las trampas en el campus han aumentado desde que la IA se popularizó, lo que sitúa la integridad académica como una de las grandes preocupaciones actuales.

A estos temores se suma un problema institucional importante: la ausencia de normas claras. Más de seis de cada diez profesores afirman que sus universidades carecen de directrices claras sobre cómo debe usarse la IA por parte del profesorado. Esto genera incertidumbre y respuestas desiguales entre departamentos o facultades. En muchos casos, cada docente decide por su cuenta si la permite, la restringe o la integra, lo que produce incoherencia pedagógica y desconcierto entre los estudiantes. El informe subraya que las universidades necesitan definir con mayor claridad qué papel desean otorgar a estas tecnologías y comunicarlo de forma transparente a toda la comunidad académica.

Entre quienes todavía no utilizan IA para mejorar materiales docentes, las razones principales también resultan reveladoras. La objeción más citada son los problemas éticos, seguida de las dudas sobre si realmente ayuda a aprender mejor, las preocupaciones medioambientales y de sostenibilidad, y finalmente los temores relacionados con privacidad y derechos de autor. Esto demuestra que la resistencia no se debe únicamente a desconocimiento tecnológico, sino también a debates legítimos sobre valores, impacto social y calidad educativa.

Ten cuidado: Proyecto de alfabetización en el combate a la desinformación en la enseñanza superior

Lopes, Carlos, Maria Luz Antunes y Tatiana Sanches. 2025. Be Careful: Projeto de literacia no combate à desinformação no ensino superior. Lisboa: ISPA – Instituto Universitário. https://repositorio.ispa.pt/entities/publication/98969ba8-0360-4eac-b12b-7cc950d260c9.

Texto completo

Este trabajo presenta y analiza el proyecto «Be Careful», una iniciativa pedagógica y de investigación desarrollada en el contexto de la educación superior en Portugal. El objetivo central del proyecto es capacitar a los estudiantes universitarios con competencias críticas de alfabetización informacional y mediática para identificar y combatir la desinformación (noticias falsas, sesgos cognitivos y manipulación de datos).

El texto analiza cómo, pese a que muchos estudiantes universitarios pertenecen a generaciones acostumbradas al uso cotidiano de tecnologías digitales, ello no implica necesariamente que posean competencias avanzadas para evaluar críticamente la información que consumen. Los autores señalan que el entorno informativo actual está marcado por la sobreabundancia de contenidos, la circulación de noticias falsas y la influencia de algoritmos que refuerzan creencias previas mediante las llamadas “burbujas de filtro”. Esta situación supone un desafío tanto para la formación académica como para la participación ciudadana responsable.

Ante este panorama, el proyecto Be Careful se plantea como una iniciativa educativa destinada a fortalecer la alfabetización mediática e informacional del alumnado universitario. Para ello, comienza con un diagnóstico inicial que permite conocer el nivel de conciencia de los estudiantes frente a la desinformación y detectar carencias en sus hábitos de búsqueda, selección y validación de fuentes. Esta fase resulta esencial para adaptar posteriormente las acciones formativas a las necesidades reales de los participantes.

Uno de los ejes centrales del proyecto son los talleres prácticos, orientados a enseñar estrategias concretas de verificación de datos. En estas sesiones se trabajan técnicas de fact-checking, análisis crítico de titulares sensacionalistas, identificación de sesgos en mensajes digitales y evaluación de la autoridad y fiabilidad de autores y sitios web. El objetivo no es solo transmitir herramientas técnicas, sino promover hábitos intelectuales basados en la prudencia, la duda razonada y la contrastación de evidencias.

El programa también contempla la elaboración de Recursos Educativos Abiertos (REA), como guías, materiales didácticos y contenidos reutilizables, con el fin de facilitar que otras instituciones académicas puedan replicar la experiencia. Esta dimensión abierta amplía el alcance del proyecto y favorece la cooperación entre universidades, bibliotecas y profesionales de la información interesados en combatir la desinformación desde la educación superior.

El documento concede especial relevancia al papel de las bibliotecas universitarias y de los bibliotecarios como agentes formativos clave. Lejos de limitarse a funciones tradicionales de gestión documental, se les reconoce como mediadores expertos capaces de enseñar competencias informacionales, acompañar procesos de investigación y fomentar una relación crítica con la información digital.

Finalmente, los autores concluyen que la lucha contra la desinformación exige un esfuerzo continuo e interdisciplinario. La experiencia del proyecto demuestra que integrar estas competencias en el currículo universitario mejora notablemente la capacidad de los estudiantes para localizar información científica rigurosa, diferenciar fuentes fiables de contenidos engañosos y desenvolverse con mayor autonomía en un entorno mediático complejo. En consecuencia, la alfabetización informacional se presenta no solo como una destreza académica, sino como una condición necesaria para la salud democrática de las sociedades contemporáneas.