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Acerca de Julio Alonso Arévalo

Bibliotecario de la Facultad de Traducción y Doc. de la USAL. Ex-Miembro del Grupo de Investigación E-LECTRA. Premio Nacional de Investigación por la UNE Premio mejor Profesional Social Media INFOAWARDS 2019. Creador y editor del repositorio E-LIS. Más de 80 artículos científicos publicados - Ver en E-LIS -en revistas científicas. El profesional de la información, Library Hi-Tech, Electronic Library. Investigación Bibliotecológica, Anales de Documentación... 12 libros publicados: Nueva fuentes de información en el contexto de la web 2.0 (Pirámide), Gutemberg 2.0 (TREA). Social Reading (Elsevier), eBooks en bibliotecas universitarias (TREA), El ecosistema del libro electrónico universitario (UNE), Un viaje a la cultura open (Amazon), GRATIS Zotero (Creative Spaces), Leyendo entre Pantallas (Trea), GRATIS Literaçia da infomrçao (ISPA) GRATIS Espistemologia y acceso abierto (UCE) GRATIS Makerspaces y bibliotecas. Barcelona: El Profesional de la Información EPI-UOC, 2018. Makerspaces. Espacios creativos en bibliotecas: creación, planificación y programación de actividades. Salamanca: Ediciones del Universo, 2019. Los libros, la lectura y los lectores a través de la literatura y las artes. Buenos Aires : Alfagrama Ediciones, 2019 Más de 2000 citas en Google Schoolar Creador y gestor del blog Universo abierto Director del programa de Radio Planeta Biblioteca Más de 250.000 seguidores en los grupos profesionales de Facebook.

Más allá de los libros: cuatro ciudades que reinventan la biblioteca pública y la vida urbana

Four Cities Reimagining the Public Library — and Public Life. CitiesToBe, 2026. Disponible en: https://citiestobe.com/beyond-books-and-shelves-four-cities-reimagining-the-public-library-and-public-life/

La biblioteca pública del siglo XXI ya no puede entenderse únicamente como un edificio dedicado al préstamo de libros. A partir de un debate celebrado en Bloomberg CityLab, se analizan cuatro experiencias internacionales —Nueva York, Singapur, Aarhus y Bogotá— que muestran cómo las bibliotecas se están convirtiendo en infraestructuras cívicas esenciales para la cohesión social, la participación ciudadana y la calidad de la vida urbana. Aunque cada ciudad responde a realidades distintas, todas comparten una pregunta de fondo: ¿qué debe ser hoy una biblioteca pública y para qué debe servir?

Nueva York: la lectura como derecho social

El caso de Nueva York resulta especialmente significativo porque, lejos de abandonar su misión tradicional, la New York Public Library ha decidido reforzarla. Con una red de 88 sucursales de barrio que atienden a millones de personas, la institución reivindica el libro y la lectura no desde la nostalgia, sino como herramientas de ciudadanía. Según explica su director Brian Bannon, “las bibliotecas son libros y más”, pero ese “más” se construye precisamente a partir del acceso libre al conocimiento, de la alfabetización y de la confianza pública. En una ciudad marcada por profundas desigualdades, la biblioteca funciona como una red de seguridad cultural donde cualquier persona puede encontrar información, apoyo educativo y un espacio de pertenencia.

Singapur: aprendizaje permanente y experimentación

En Singapur, la biblioteca se integra en una estrategia nacional de aprendizaje a lo largo de toda la vida. Sus bibliotecas incorporan laboratorios digitales, espacios de creación, programación tecnológica y actividades orientadas a distintas edades y perfiles profesionales. El objetivo no es solo facilitar el acceso a contenidos, sino preparar a la población para una economía basada en el conocimiento y la innovación. La biblioteca aparece así como una plataforma pública de actualización continua de competencias, donde la formación, la creatividad y la experimentación tienen tanta importancia como la colección bibliográfica.

Aarhus: el “salón urbano” democrático

La experiencia de Aarhus representa una de las visiones más avanzadas de la biblioteca como espacio cívico. El modelo danés concibe la biblioteca como un “urban living room”, un salón urbano abierto en el que convivir, debatir, trabajar, aprender y participar en actividades culturales. La arquitectura y la programación están diseñadas para favorecer el encuentro entre personas diversas y para reforzar la vida democrática cotidiana. Más que un equipamiento cultural especializado, la biblioteca se convierte en una extensión del espacio público, un lugar donde la ciudadanía puede ejercer prácticas de convivencia y participación.

Bogotá: biblioteca y justicia urbana

En Bogotá, la biblioteca pública adquiere una dimensión territorial y social especialmente intensa. Las bibliotecas se han situado en barrios históricamente desfavorecidos y se conciben como instrumentos de inclusión, seguridad y reconstrucción del tejido comunitario. Ofrecen acceso a la cultura, apoyo educativo, actividades para jóvenes y familias y oportunidades de encuentro en contextos donde otros servicios públicos son escasos. El artículo subraya que, en este caso, la biblioteca no es un complemento urbano, sino una pieza de política pública orientada a reducir desigualdades y ampliar derechos culturales.

Una nueva definición de biblioteca pública

La comparación entre las cuatro ciudades muestra que no existe un modelo único. Nueva York prioriza la lectura y la alfabetización; Singapur, el aprendizaje permanente; Aarhus, la vida democrática; y Bogotá, la inclusión social y territorial. Sin embargo, todas coinciden en considerar la biblioteca una infraestructura de confianza capaz de responder a problemas contemporáneos como la soledad, la desinformación, la brecha digital, la desigualdad educativa o la fragmentación urbana. Esta visión conecta con tendencias internacionales que entienden las bibliotecas como espacios de encuentro, innovación y cohesión comunitaria más allá de su función documental tradicional.

Las bibliotecas siguen siendo guardianas del conocimiento, pero además actúan como lugares de cuidado cívico, aprendizaje compartido y construcción de comunidad. Las experiencias de Nueva York, Singapur, Aarhus y Bogotá demuestran que invertir en bibliotecas es, en realidad, invertir en democracia urbana y en calidad de vida colectiva

Cómo detectar las alucinaciones de la IA como un bibliotecario de referencia

Librarian helping a visitor at reference desk with open books and laptop

Goldin, Hana Lee. How to Spot AI Hallucinations Like a Reference Librarian. LLRX, 30 de diciembre de 2025

El artículo de Hana Lee Goldin propone trasladar al uso cotidiano de la inteligencia artificial las habilidades que durante décadas han caracterizado el trabajo de los bibliotecarios de referencia. Frente a la creciente proliferación de respuestas generadas por modelos de lenguaje que incluyen datos falsos, citas inventadas o afirmaciones plausibles pero incorrectas, la autora sostiene que la mejor defensa no es desconfiar de la IA, sino aplicar un método sistemático de verificación. En este sentido, reivindica el papel de la alfabetización informacional y de la experiencia bibliotecaria como competencias esenciales en la era de la IA generativa.

Goldin explica que una de las señales más frecuentes de una alucinación es la presencia de referencias «demasiado perfectas»: artículos que parecen ajustarse exactamente a la pregunta formulada, con títulos excesivamente descriptivos, autores desconocidos o combinaciones de datos bibliográficos que resultan convincentes, pero que no existen realmente. Los modelos de IA pueden mezclar nombres de autores, revistas, fechas y títulos de publicaciones auténticas para crear referencias ficticias con apariencia de legitimidad. Por ello, recomienda desconfiar especialmente de aquellas citas que parecen confirmar exactamente la hipótesis del usuario sin dejar espacio para la complejidad o el desacuerdo propio de la investigación científica.

La autora propone una estrategia de verificación en varias capas inspirada en el trabajo de los bibliotecarios de referencia. En primer lugar, aconseja comprobar la existencia real de la publicación mediante catálogos, bases de datos académicas y buscadores especializados. En segundo lugar, verificar que los autores, el DOI, la revista y el año de publicación coincidan entre sí. Finalmente, recomienda leer el documento original siempre que sea posible, ya que incluso cuando una referencia es auténtica, la IA puede atribuirle conclusiones o citas que nunca aparecen en el texto. La comprobación directa continúa siendo el método más fiable para evitar errores de interpretación.

Otro aspecto destacado es que la evaluación crítica debe centrarse tanto en la información como en el contexto. Los bibliotecarios no se limitan a localizar documentos; también analizan la autoridad de las fuentes, su actualidad, el propósito con el que fueron elaboradas y las posibles limitaciones de la evidencia. Goldin sostiene que estas habilidades resultan ahora más necesarias que nunca, ya que la IA puede producir respuestas muy convincentes desde el punto de vista lingüístico, aunque carezcan de fundamento documental.

El artículo concluye defendiendo que la inteligencia artificial debe entenderse como una herramienta de exploración y no como una autoridad definitiva. La autora resume esta idea en una recomendación que sintetiza el papel complementario de la IA y las bibliotecas: utilizar la IA para descubrir posibilidades, recurrir a las bibliotecas y sus recursos para verificar la información, y aplicar siempre el juicio crítico humano antes de aceptar cualquier respuesta como verdadera. En este nuevo ecosistema informativo, las competencias tradicionales de los bibliotecarios de referencia se convierten en una guía especialmente valiosa para combatir las alucinaciones de la IA y preservar la calidad de la información.

La verdadera alfabetización en IA no consiste en saber escribir prompts, sino en desarrollar criterio

Jarboe, Greg. AI Literacy Is Not Prompt Literacy. Ann Handley Says It’s Judgment Literacy. Search Engine Journal, 5 de junio de 2026. Disponible en: Search Engine Journal

El artículo parte de una idea formulada por la reconocida experta en marketing digital Ann Handley: la alfabetización en inteligencia artificial no debe reducirse al dominio de los prompts o instrucciones que se proporcionan a los modelos generativos. En su opinión, la verdadera competencia en IA es la «alfabetización en el juicio» (judgment literacy), es decir, la capacidad de decidir cuándo conviene utilizar la inteligencia artificial y, sobre todo, cuándo es preferible no hacerlo. Esta perspectiva desplaza el foco desde el conocimiento técnico hacia una competencia mucho más profunda: el discernimiento profesional.

El autor explica que aprender a redactar buenos prompts es relativamente sencillo y puede adquirirse en poco tiempo mediante cursos o práctica. En cambio, desarrollar criterio requiere experiencia, reflexión y comprensión de los procesos de aprendizaje humano. La IA puede acelerar numerosas tareas, pero también puede eliminar aquellas dificultades cognitivas que precisamente permiten construir conocimiento sólido. En muchos casos, el esfuerzo de investigar, escribir, equivocarse y corregir constituye una parte esencial del aprendizaje que no debería ser sustituida automáticamente por una herramienta generativa.

Uno de los aspectos más relevantes del artículo es la crítica a la proliferación de cursos centrados exclusivamente en enseñar a utilizar herramientas de IA. Según Handley, casi todos los programas formativos explican qué puede hacer la inteligencia artificial o cómo obtener mejores resultados mediante técnicas de prompt engineering, pero muy pocos enseñan a identificar las situaciones en las que delegar una tarea en la IA supone renunciar al aprendizaje, a la creatividad o al pensamiento crítico. La cuestión central ya no es cómo usar la IA, sino reconocer cuándo su utilización puede empobrecer el proceso intelectual.

Handley sostiene además que esta competencia difícilmente puede adquirirse únicamente mediante formación reglada. En lugar de nuevos cursos, propone construir una cultura organizativa donde directivos, profesores y responsables de equipos expliquen abiertamente por qué en determinadas circunstancias deciden no utilizar IA. La alfabetización en el juicio se transmite mediante el ejemplo y la práctica cotidiana, creando entornos donde la rapidez no sea siempre el principal objetivo y donde se valore el aprendizaje derivado del trabajo realizado por las personas.

El artículo también plantea un modelo práctico para integrar la IA en los flujos de trabajo. La inteligencia artificial puede encargarse de generar borradores, organizar información o acelerar tareas repetitivas, pero la revisión crítica, la verificación de fuentes, la interpretación del contexto y la toma de decisiones deben permanecer bajo responsabilidad humana. Se propone una regla orientativa en la que la IA contribuye a producir aproximadamente el 75 % del trabajo inicial, mientras que el valor diferencial reside en el 25 % restante, aportado por el conocimiento experto, la comprobación de hechos y el juicio profesional.

Eel artículo defiende una visión madura de la alfabetización en IA. Frente a la obsesión por dominar nuevas herramientas o perfeccionar técnicas de prompting, propone entender que la competencia más importante seguirá siendo humana: la capacidad para evaluar críticamente los resultados, decidir cuándo confiar en la inteligencia artificial y cuándo el aprendizaje exige recorrer el camino más lento. En este enfoque, la alfabetización en IA deja de ser una cuestión técnica para convertirse en una forma de pensamiento crítico, responsabilidad profesional y toma de decisiones fundamentadas.

La paradoja del progreso de la inteligencia artificial: cuanto más poderosa es, mayor es la necesidad de hacerla segura

Erkers, Beatrice. The Paradox at the Heart of AI Progress. Big Think, 31 de marzo de 2026. Disponible en: https://bigthink.com/science-tech/the-paradox-at-the-heart-of-ai-progress/

Se analiza una de las contradicciones fundamentales que acompañan al desarrollo de la inteligencia artificial: los mismos avances que permiten resolver algunos de los mayores desafíos de la humanidad también incrementan los riesgos asociados a su uso. La autora sostiene que la IA está acelerando descubrimientos científicos, reduciendo costes de investigación y democratizando el acceso a herramientas avanzadas capaces de diseñar proteínas, desarrollar nuevos medicamentos o mejorar la educación. Sin embargo, esa misma capacidad puede utilizarse para fines perjudiciales, como facilitar el diseño de agentes biológicos peligrosos, automatizar ciberataques o concentrar un enorme poder tecnológico en muy pocas organizaciones. El progreso, por tanto, no elimina los riesgos, sino que amplifica simultáneamente las oportunidades y las amenazas.

Para explicar este dilema, el texto recuerda que la humanidad ya ha afrontado situaciones similares con tecnologías como la edición genética mediante CRISPR o las investigaciones sobre modificación de patógenos. En todos estos casos, los beneficios científicos y médicos convivían con posibilidades de uso indebido. La diferencia con la inteligencia artificial radica en la velocidad con la que evoluciona y en la facilidad con la que sus capacidades pueden difundirse a escala global. Cuanto más accesibles son estas herramientas, mayor es la probabilidad de que errores, accidentes o acciones maliciosas tengan consecuencias amplificadas. Esto convierte la resiliencia tecnológica en un requisito imprescindible para que la innovación continúe siendo beneficiosa para la sociedad.

Frente a la tradicional oposición entre quienes defienden acelerar sin restricciones el desarrollo tecnológico y quienes proponen frenarlo mediante el principio de precaución, la autora presenta el enfoque denominado d/acc (decentralized and democratic differential defensive acceleration), promovido por Vitalik Buterin. Esta filosofía plantea que no todas las innovaciones deben impulsarse al mismo ritmo. La prioridad debería centrarse en acelerar aquellas tecnologías que fortalecen la seguridad, la protección, la resiliencia institucional y el control humano, mientras que deberían desarrollarse con mayor cautela aquellas que incrementan los riesgos sistémicos. El objetivo no consiste en ralentizar el progreso, sino en dirigirlo hacia aplicaciones que aumenten el bienestar colectivo sin comprometer la estabilidad social.

El artículo también incorpora las reflexiones del economista Glen Weyl, quien argumenta que el verdadero debate no debería centrarse en la velocidad de la innovación, sino en su dirección. Desde esta perspectiva, una tecnología puede avanzar muy rápidamente siempre que esté diseñada con mecanismos de supervisión, transparencia y capacidad de corrección. La velocidad deja de ser el problema cuando los sistemas incorporan suficientes salvaguardas para absorber errores, resistir ataques y recuperarse de fallos sin provocar daños generalizados.

Otro aspecto destacado es la crítica al creciente interés por desarrollar sistemas de IA cada vez más autónomos. El texto defiende que una estrategia más segura consistiría en potenciar modelos de colaboración entre humanos e inteligencia artificial, donde las personas mantengan el control efectivo sobre las decisiones relevantes. En lugar de perseguir agentes completamente independientes, sería preferible invertir en herramientas de aumento de capacidades humanas, interfaces cerebro-computadora, sistemas abiertos y mecanismos de responsabilidad jurídica que obliguen tanto a desarrolladores como a usuarios y empresas a responder por los daños derivados de estas tecnologías.

Como conclusión, la autora sostiene que el auténtico desafío de la inteligencia artificial no es decidir entre acelerar o detener su desarrollo, sino construir un ecosistema capaz de soportar sus inevitables riesgos. La innovación tecnológica seguirá avanzando, pero su éxito dependerá de la existencia de capas de protección —seguridad informática, auditorías, gobernanza, financiación de bienes públicos y supervisión humana— que permitan aprovechar sus enormes beneficios sin convertirla en una fuente de vulnerabilidad global. El verdadero progreso, concluye el artículo, consiste en desarrollar tecnologías cada vez más poderosas al mismo tiempo que se fortalecen las instituciones y mecanismos que garantizan su uso seguro y responsable.

Cuatro gigantes de la edición científica afrontan una demanda por sus tasas de publicación abusivas

Retraction Watch. “Federal lawsuit accuses four major publishers of extorting article processing charges.” Publicado el 31 de julio de 2026 https://retractionwatch.com/2026/07/31/federal-lawsuit-major-publishers-article-processing-charges-false-claims-act/

Una demanda presentada al amparo de la False Claims Act de Estados Unidos ha situado en el centro de la controversia a cuatro de las mayores editoriales científicas del mundo —Elsevier, Springer Nature, Wiley e Informa—, acusándolas de haber desarrollado durante más de una década un sistema para imponer tasas de procesamiento de artículos (Article Processing Charges, APC) supuestamente excesivas a universidades e instituciones de investigación financiadas con fondos públicos.

Según la denuncia, estas empresas habrían aprovechado su posición dominante en la comunicación científica para cobrar cantidades desproporcionadas por la publicación en acceso abierto, provocando que organismos financiados por el gobierno estadounidense presentaran reclamaciones de reembolso que, de acuerdo con los demandantes, constituían reclamaciones falsas frente a la Administración.

Las tarifas de las editoriales varían, pero las tarifas de procesamiento de artículos (APC) para el acceso abierto pueden oscilar entre cientos de dólares para revistas pequeñas y miles, llegando algunas a superar los 10 000 dólares por artículo. El coste real de procesar dichos artículos se sitúa entre 200 y 1000 dólares, según afirma Alperin en la demanda. El gobierno estadounidense exige que los artículos basados ​​en investigaciones financiadas con fondos federales estén disponibles gratuitamente. La demanda alega que las editoriales eluden este mandato mediante la extorsión de APC y la cesión de derechos de autor a investigadores principales que, sin saberlo, tienen un deseo comprensible de publicar en revistas prestigiosas para avanzar en sus carreras.

La demanda sostiene que las editoriales conocían que numerosas investigaciones financiadas con fondos federales estaban obligadas a publicarse en abierto para cumplir con las políticas de acceso público, lo que habría reducido significativamente la capacidad de negociación de universidades y agencias financiadoras. Los denunciantes argumentan que esta situación permitió a las compañías incrementar de forma sistemática los APC muy por encima de los costes reales de publicación, convirtiendo el acceso abierto en un modelo altamente lucrativo basado en recursos públicos. Desde esta perspectiva, el problema no radica únicamente en el precio de las publicaciones, sino en que las instituciones acababan repercutiendo esos costes al gobierno federal mediante subvenciones y contratos de investigación.

El caso reviste especial interés porque utiliza la False Claims Act, una legislación tradicionalmente empleada para perseguir fraudes contra el gobierno estadounidense en ámbitos como la sanidad, la defensa o la contratación pública, pero que rara vez se ha aplicado al sector de la edición científica. La acción judicial fue presentada por los denunciantes Eugenie Reich y John R. Thomas Jr. mediante el procedimiento qui tam, que permite a particulares demandar en nombre del gobierno cuando consideran que se han producido fraudes contra fondos públicos. Aunque el Departamento de Justicia decidió no intervenir directamente en el litigio, ello no implica que las acusaciones carezcan de fundamento, ya que el procedimiento puede continuar impulsado por los propios denunciantes.

Las editoriales afectadas rechazan las acusaciones y previsiblemente defenderán que las tarifas de publicación responden a los costes asociados a la gestión editorial, la coordinación de la revisión por pares, la producción, la preservación digital y el mantenimiento de plataformas tecnológicas. El debate, por tanto, trasciende el ámbito jurídico y vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que lleva años preocupando a bibliotecas, universidades y financiadores: si el modelo de acceso abierto basado en APC está generando un nuevo tipo de dependencia económica, trasladando el coste desde las suscripciones tradicionales hacia unas tasas de publicación cada vez más elevadas.

Más allá del desenlace judicial, el caso podría tener importantes repercusiones para el futuro de la comunicación científica. Si prosperaran las reclamaciones, las editoriales comerciales podrían enfrentarse a un mayor escrutinio sobre la fijación de precios y sobre la transparencia de los costes asociados al acceso abierto. Asimismo, la demanda podría impulsar nuevas iniciativas para promover modelos alternativos de publicación científica —como el acceso abierto financiado institucionalmente, los acuerdos transformativos o las infraestructuras académicas sin ánimo de lucro— que reduzcan la dependencia de los APC como principal mecanismo de financiación de la ciencia abierta.

Las bibliotecas públicas, actores clave en la alfabetización mediática y el acceso a la información fiable

Public Library Association (PLA). New Report Examines Evolving Role of Public Libraries in Media Literacy and News Access. American Library Association (ALA), 2 de julio de 2026.

Public Library Association (PLA), división de la American Library Association (ALA), ha publicado el informe News Access and Media Literacy in Public Libraries, un estudio que analiza cómo las bibliotecas públicas están respondiendo a un entorno informativo cada vez más complejo, caracterizado por la sobreabundancia de contenidos digitales, la desinformación y el rápido avance de las tecnologías de la información.

El informe de la Public Library Association (PLA) ofrece una radiografía exhaustiva sobre el papel que desempeñan actualmente las bibliotecas públicas en la alfabetización mediática y el acceso a información fiable en Estados Unidos y Canadá. El estudio parte de una constatación clara: la proliferación de la desinformación, la manipulación informativa, los contenidos generados mediante inteligencia artificial y la desaparición progresiva de medios locales han convertido a las bibliotecas en uno de los pocos espacios públicos donde la ciudadanía puede recibir orientación imparcial para desenvolverse en un ecosistema informativo cada vez más complejo. Los autores sostienen que la alfabetización mediática ya no constituye un servicio complementario, sino una función inherente a la misión bibliotecaria, aunque todavía no sea suficientemente reconocida ni financiada.

La investigación se basa en una encuesta realizada en mayo de 2026 a 913 bibliotecarios y trabajadores de bibliotecas públicas de Estados Unidos y Canadá. A diferencia de otros estudios centrados en los usuarios, este informe recoge la visión de quienes atienden diariamente las consultas del público y conocen de primera mano las dificultades informativas de sus comunidades. Los participantes describen cómo las preguntas tradicionales sobre búsqueda de información han evolucionado hacia consultas relacionadas con la verificación de noticias, la identificación de contenidos manipulados, la detección de fraudes digitales, la comprensión de imágenes y textos generados mediante inteligencia artificial y la evaluación crítica de fuentes en redes sociales.

Uno de los principales hallazgos del informe es que la alfabetización mediática ya forma parte del trabajo cotidiano de las bibliotecas, aunque en la mayoría de los casos de manera informal. Los bibliotecarios consideran que ayudar a los ciudadanos a distinguir información fiable de contenidos engañosos constituye una extensión natural de su misión histórica de facilitar el acceso al conocimiento. Sin embargo, gran parte de esta labor no se desarrolla mediante cursos o programas específicos, sino a través de conversaciones individuales en los mostradores de información, asesoramiento personalizado y recomendaciones de fuentes fiables durante la atención diaria. Precisamente por tratarse de un trabajo poco visible, resulta difícil medirlo, justificar recursos o demostrar su impacto ante financiadores y administraciones públicas.

El informe muestra igualmente que los hábitos de consumo informativo de la ciudadanía han cambiado profundamente. Los usuarios ya no consumen exclusivamente prensa impresa o digital, sino que combinan múltiples formatos y canales. Las redes sociales constituyen uno de los principales puntos de acceso a las noticias, superando incluso a las plataformas informativas proporcionadas por las propias bibliotecas. Esta situación incrementa la exposición de los ciudadanos a contenidos descontextualizados, desinformación y algoritmos que priorizan la viralidad frente a la calidad informativa. En este contexto, las bibliotecas adquieren un papel fundamental como mediadoras entre el usuario y las fuentes periodísticas de calidad, especialmente en aquellas comunidades donde los medios locales han desaparecido o se han debilitado considerablemente.

El estudio pone de relieve una importante contradicción entre la relevancia que los profesionales conceden a la alfabetización mediática y los recursos realmente disponibles para desarrollarla. Aunque existe un consenso casi unánime sobre su importancia, muy pocas bibliotecas consideran que disponen de capacidad suficiente para ofrecer programas consolidados. La falta de tiempo del personal, la escasez presupuestaria, las limitaciones tecnológicas y la ausencia de programas formativos especializados constituyen los principales obstáculos. Los autores advierten que las bibliotecas están asumiendo nuevas responsabilidades sin que se hayan incrementado proporcionalmente los recursos humanos y económicos necesarios para afrontarlas.

Especial atención merece el impacto que la inteligencia artificial está teniendo sobre la alfabetización mediática. Mientras que la evaluación crítica de fuentes tradicionales forma parte desde hace décadas de las competencias bibliotecarias, la aparición de imágenes sintéticas, vídeos manipulados, textos generados automáticamente y modelos conversacionales plantea desafíos completamente nuevos. Los propios bibliotecarios reconocen sentirse insuficientemente preparados para responder a preguntas relacionadas con estas tecnologías, cuya evolución resulta mucho más rápida que los programas de formación profesional disponibles. El informe insiste en que la actualización permanente de competencias será indispensable para mantener la confianza que la ciudadanía deposita en las bibliotecas.

Otro aspecto especialmente interesante es el denominado «paradigma de la participación». Los autores observan que quienes más necesitan formación en alfabetización mediática son, precisamente, quienes menos participan en talleres o actividades organizadas por las bibliotecas. Muchas personas desconocen que necesitan ayuda o consideran que ya poseen suficientes competencias digitales, cuando en realidad presentan importantes dificultades para identificar noticias falsas, detectar fraudes o reconocer contenidos generados mediante inteligencia artificial. Por ello, el informe propone desplazar parte del esfuerzo desde los programas tradicionales hacia intervenciones integradas en la atención cotidiana, aprovechando cada interacción entre bibliotecario y usuario como una oportunidad educativa.

Las conclusiones insisten en que fortalecer la alfabetización mediática exige una estrategia integral. No basta con ofrecer talleres ocasionales; es necesario invertir de forma sostenida en formación del personal, garantizar el acceso continuado a periodismo profesional y desarrollar infraestructuras que permitan mantener colecciones digitales y recursos informativos de calidad. Asimismo, se subraya la importancia de atender la diversidad lingüística de las comunidades, ofreciendo recursos informativos en múltiples idiomas para garantizar la equidad en el acceso a la información.

Finalmente, el informe formula una serie de recomendaciones dirigidas a administraciones públicas, financiadores y responsables de bibliotecas. Entre ellas destacan la necesidad de establecer programas permanentes de formación para bibliotecarios, desarrollar materiales didácticos reutilizables sobre alfabetización mediática, reconocer institucionalmente el trabajo informal que realizan los profesionales en los servicios de referencia, integrar la alfabetización mediática en la atención diaria y considerar el acceso al periodismo de calidad como una infraestructura pública esencial para la democracia. Los autores concluyen que las bibliotecas públicas ocupan una posición única para combatir la desinformación, fortalecer la ciudadanía crítica y garantizar el acceso equitativo a información fiable en la era digital.

Cómo las bibliotecas universitarias impulsan el éxito académico del alumnado

Ekpolomo, Onyebuchi. The Invisible Influence of Academic Libraries: How They Shape Student Success. LinkedIn Pulse, 2026. https://www.linkedin.com/pulse/invisible-influence-academic-libraries-how-shape-success-ekpolomo-ggmje/

Se analiza el papel fundamental, aunque con frecuencia poco visible, que desempeñan las bibliotecas universitarias en el éxito académico de los estudiantes. El autor sostiene que, más allá de ser espacios destinados al préstamo de libros o al estudio, las bibliotecas se han convertido en infraestructuras estratégicas para el aprendizaje, la investigación y el desarrollo de competencias esenciales para la educación superior. Su contribución suele pasar desapercibida porque gran parte de su impacto se produce de forma indirecta: proporcionando acceso equitativo a recursos de información, ofreciendo orientación especializada y creando entornos que favorecen el aprendizaje autónomo y colaborativo.

Uno de los principales argumentos del texto es que el éxito estudiantil no depende únicamente del esfuerzo individual o de la calidad de la docencia, sino también del ecosistema de apoyo que rodea al estudiante. En este contexto, la biblioteca constituye un elemento central al facilitar el acceso a literatura científica, bases de datos especializadas, recursos digitales y servicios de asesoramiento bibliográfico. Los bibliotecarios desempeñan un papel educativo cada vez más relevante al enseñar estrategias de búsqueda, evaluación crítica de la información, gestión de referencias bibliográficas y uso ético de la información. Estas competencias fortalecen la alfabetización informacional y permiten a los estudiantes desenvolverse con mayor solvencia en entornos académicos caracterizados por la sobreabundancia de información y la creciente complejidad de la investigación.

El autor también destaca la transformación experimentada por las bibliotecas en los últimos años como consecuencia de la digitalización y de los cambios en la educación superior. Lejos de limitarse a custodiar colecciones, las bibliotecas ofrecen hoy espacios de aprendizaje flexible, servicios virtuales, apoyo a la investigación, programas de alfabetización digital y recursos accesibles para estudiantes con diferentes necesidades. Esta evolución ha permitido que las bibliotecas participen activamente en la mejora de la experiencia universitaria, favoreciendo tanto el rendimiento académico como la permanencia y el bienestar de los estudiantes. Diversas investigaciones citadas en el ámbito bibliotecario muestran que existe una relación positiva entre el uso de los servicios bibliotecarios y mejores resultados académicos, mayores tasas de retención y una experiencia universitaria más satisfactoria.

El artículo defiende que las universidades deberían reconocer de manera más explícita el valor estratégico de sus bibliotecas dentro de las políticas institucionales de éxito estudiantil. Para ello, resulta necesario fortalecer la colaboración entre bibliotecarios, docentes, investigadores y responsables académicos, integrando los servicios bibliotecarios en los planes de estudio y en las iniciativas de apoyo al aprendizaje. El autor concluye que las bibliotecas universitarias ejercen una «influencia invisible» porque sus contribuciones rara vez aparecen reflejadas en indicadores tradicionales, aunque constituyen uno de los pilares que hacen posible el desarrollo académico, la investigación de calidad y la formación de graduados capaces de desenvolverse críticamente en la sociedad del conocimiento.

Los libros contienen las palabras de los sabios

«Los libros contienen las palabras de los sabios, los ejemplos de los antiguos, las costumbres, las leyes y la religión. Viven, discurren, hablan con nosotros, nos enseñan, aleccionan y consuelan, hacen que nos sean presentes, poniéndonoslas ante los ojos, cosas remotísimas de nuestra memoria. Tan grande es su dignidad, su majestad y en definitiva su santidad, que si no existieran los libros, seríamos todos rudos e ignorantes, sin ningún recuerdo del pasado, sin ningún ejemplo. No tendríamos ningún conocimiento de las cosas humanas y divinas; la misma urna que acoge los cuerpos, cancelaría también la memoria de los hombres.»

El CARDENAL BESSARIÓN
En una carta dirigida al dux Cristoforo Moro con la que además legaba su importante biblioteca —cuatrocientos ochenta y dos volúmenes griegos y doscientos sesenta y cuatro latinos— a la ciudad de Venecia (31 de mayo de 1468).

Compro libros y los devoro

«Y si leo, si compro libros y los devoro, no es por un placer intelectual -yo no tengo placeres, sólo tengo hambre y sed -ni por un deseo de conocimientos sino por una astucia inconsciente que recién ahora descubro: coleccionar palabras, prenderlas en mí como si ellas fueran harapos y yo un clavo, dejarlas en mi inconsciente, como quien no quiere la cosa, y despertar, en la mañana espantosa, para encontrar a mi lado un poema ya hecho».

Alejandra Pizarnik

Los artículos cuyos informes de revisión por pares están disponibles tienen menos probabilidades de ser retractados

Nature. “AI in the lab: how artificial intelligence is changing scientific research”. Nature, 2026. Disponible en: https://www.nature.com/articles/d41586-026-02282-1

Los investigadores señalan que las prácticas de publicación transparentes podrían estar asociadas con una mayor calidad de la investigación, aunque todavía se necesitan más evidencias.

Los artículos científicos cuyos informes de revisión por pares son públicos tienen menos probabilidades de ser retractados que aquellos cuyos informes permanecen confidenciales, según concluye un estudio. Sus autores sugieren que este fenómeno podría reflejar, al menos en algunos casos, una mayor confianza de los investigadores que optan por hacer transparente el proceso de evaluación.

El análisis, publicado este año como preprint en el servidor MetaArXiv, examinó 116.359 artículos publicados desde mayo de 2019 en revistas de acceso abierto de la Public Library of Science (PLOS), con sede en San Francisco (California). Las revistas de PLOS permiten a los autores decidir, una vez aceptado el manuscrito, si desean publicar junto al artículo los informes de revisión por pares. De los trabajos analizados, 46.920 artículos —algo más del 40 %— fueron acompañados por estos informes abiertos.

Entre los artículos con informes públicos de los revisores, 105 fueron posteriormente retractados, frente a 321 retractaciones entre aquellos cuyo proceso de revisión permaneció cerrado.

El estudio no pretende explicar directamente la relación entre la revisión abierta y la menor tasa de retractaciones. Sin embargo, en un trabajo de seguimiento aún no publicado, descrito a Nature Index, el coautor Matt Spick, especialista en integridad de la investigación de la Universidad de Surrey (Reino Unido), investigó si el tono o sentimiento de los informes de los revisores podía aportar alguna explicación.

Una posibilidad era que los autores de PLOS, que deciden si publican los informes únicamente después de que el artículo ha sido aceptado, tendieran a hacerlo cuando las evaluaciones eran especialmente favorables. Para comprobar esta hipótesis, Spick comparó el contenido de los informes de revisión de PLOS con los informes públicos de artículos publicados en revistas de BMC, editorial con sede en Londres y perteneciente a Springer Nature, la misma empresa que publica Nature. No encontró diferencias significativas entre ambos conjuntos de datos, lo que sugiere que la menor tasa de retractaciones no puede explicarse simplemente porque los autores publiquen únicamente las revisiones más positivas.

En su lugar, Spick y Adrian Barnett, estadístico de la Queensland University of Technology (Australia) y coautor del preprint de MetaArXiv, plantean otra hipótesis: los investigadores que tienen una mayor confianza en la calidad de su trabajo y que, además, apoyan las prácticas de ciencia abierta, podrían estar más predispuestos a elegir la revisión por pares abierta. En consecuencia, la decisión de hacer públicos los informes de revisión podría constituir, por sí misma, un indicador indirecto de la calidad del artículo.

Esta interpretación es compartida por Jessica Polka, responsable del desarrollo de materiales docentes de biología en MIT Open Learning, quien considera que publicar los informes de los revisores constituye «una señal muy útil para el lector de que los autores confían en la solidez de sus resultados».

Los autores advierten de que existen numerosos factores que dificultan atribuir esta relación a una única causa.

Por ejemplo, el estudio no analiza las razones concretas por las que algunos artículos fueron retractados. Además de los casos de fraude o mala conducta científica, las retractaciones también pueden producirse por errores honestos o por problemas de reproducibilidad, circunstancias que no necesariamente influyen en la confianza que los autores tienen en su trabajo cuando deciden si desean hacer públicos los informes de revisión.

Asimismo, el estudio no evaluó si el modelo de revisión utilizado por las revistas de PLOS —como la revisión simple ciega (single-blind), en la que los revisores conocen la identidad de los autores pero no al contrario, o la doble ciega (double-blind), en la que autores y revisores permanecen mutuamente anónimos— influye en la proporción de autores que optan por publicar los informes de evaluación.

No obstante, la investigación sí detectó diferencias geográficas significativas. Los investigadores de Arabia Saudí, Corea del Sur, Pakistán, Polonia y China fueron los menos propensos a elegir la revisión abierta, mientras que los autores del Reino Unido, Países Bajos, Francia y Etiopía figuraban entre los más inclinados a hacerlo.

Según Barnett, estas diferencias pueden explicarse, al menos en parte, por factores culturales e institucionales. Las normas académicas, el grado en que universidades y organismos financiadores promueven la ciencia abierta y la transparencia, así como las políticas nacionales de publicación científica, influyen en la disposición de los investigadores a compartir públicamente los informes de revisión.

Las prácticas editoriales también están fuertemente condicionadas por las políticas de grandes financiadores de la investigación y organizaciones filantrópicas, como Wellcome, en Londres, o la Fundación Gates, en Seattle (Washington), que fomentan activamente la ciencia abierta y la publicación de los informes de revisión por pares como parte de una investigación más transparente y responsable.