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Balance del primer año de funcionamiento de «eBiblio Andalucía

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Gómez- Gómez, A.-A. «Balance del primer año de funcionamiento de «eBiblio Andalucía»: el servicio de préstamo de libros electrónicos de las bibliotecas públicas. Boletín de la Asociación Andaluza de Bibliotecarios, ISSN 0213-6333, Año nº 30, Nº 109 (Enero-Junio 2015), 2015, págs. 161-171.» Boletín de la Asociación Andaluza de Bibliotecarios vol., n. 109 (2015). pp. 161-171.

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En Andalucía los préstamos realizados durante el primer año de andadura del servicio (desde septiembre 2014 a septiembre 2015) han sido 29.868 (21.707 en 2015 y 8.161 en 2014). Si tomamos el nº total de usuarios registrados en eBiblio (8.218), obtendremos un promedio de 3,63 préstamos por usuario registrado durante dicho periodo. Por el contrario, el nº de usuarios reales que vienen haciendo uso del servicio va fluctuando mes a mes. Si tenemos en cuenta los primeros 9 meses del 2015, la media mensual de usuarios en nuestra Comunidad es de 1.499, y se vienen llevando una media de 2.411 préstamos mensuales (i.e. 1,61 préstamos por usuario). Esa cifra relativamente baja de usuarios satisfechos o fidelizados (los que hemos conseguido mantener), contrasta con los 8.218 registrados en la base de datos en Ebiblio Andalucía. Esa diferencia indica que no hemos conseguido fidelizar y retener a aquellos que han querido conocernos y han hecho alguna vez uso de la plataforma de préstamo. Este dato lamentablemente viene a demostrar que hemos llegado tarde y que lo que ofrecemos, y sobre todo cómo lo ofrecemos, no reviste el suficiente interés para los lectores digitales.

A pesar de que muchas de que las expectativas no se han visto satisfechas, este primer año debe considerarse como un periodo de prueba en el que las todavía modestas cifras estadísticas de uso del servicio no deben condicionar decisiones sobre su futuro y evolución posterior. Entre las causas que explican su lenta introducción se encuentran las siguientes:

– La escasez de títulos ofertados (apenas 1.500 títulos, aunque sean novedades atractivas para el gran público). Estamos de acuerdo con la opinión generalizada de que una de las claves de éxito para afianzar el despegue del préstamo digital en nuestro país va a ser el contar con un amplio catálogo de ebooks. Javier Celaya indica que las plataformas con mejores ratios de utilización del servicio de préstamo digital son aquellas que cuentan con un promedio de más de 10.000 ebooks en el catálogo. En España, el Páis Vasco con eLiburtegia es la única experiencia que se acerca a esa cifra.

– Pérdida de interés por el servicio debido a su relativa complejidad para aquellas personas no habituadas a entornos digitales (hay que instalarse el programa ADE para la gestión del DRM, y tenemos comprobado a través de nuestros cursos de alfabetización que este paso puede convertirse en un impedimento que puede echar para atrás a mucha gente. En realidad no se trata de unos pasos muy complicados pero sí algo farragosos).

– Las disfuncionalidades que se están produciendo a raíz del cambio de plataforma, que se hizo efectiva el pasado 8 de octubre, están provocando un auténtico aluvión de comentarios negativos, como los que podemos encontrar en el Play Store por parte de aquellos usuarios que se descargan la nueva App para dispositivos móviles. Nos hemos visto obligados a realizar de manera precipitada la implementación de la nueva plataforma debido al retraso que supuso el recurso planteado por Libranda a la adjudicación del concurso. Esa precipitación ha sido una de las causas de los problemas e incidencias que se han detectado durante las primeras semanas de la puesta en marcha del servicio con la nueva plataforma. Lo que podríamos calificar como “una batalla empresarial entre Libranda y Odilo” ha provocado que una buena parte de las potencialidades de lectura en streaming (especialmente negativo para los usuarios de dispositivos kindle), la posibilidad de lectura previa de hasta un 10% del contenido del libro o la posibilidad de devolución antes de los 21 días. Esta situación viene provocada porque Libranda, ateniéndose a una interpretación de las cláusulas del pliego de prescripciones técnicas, se ha negado a entregar los archivos maestros de los libros electrónicos para salvaguardar los intereses de sus asociados con lo que el acceso a sus contenidos (que representan el 84% del total de títulos de títulos de la colección) se viene haciendo a través de una pasarela virtual.

– Las limitaciones presupuestarias no han hecho posible un plan de comunicación (lo que sin lugar a dudas ha incidido en que las cifras del arranque hayan sido discretas). Esta laguna se ha intentado paliar con el esfuerzo de iniciativas aisladas de difusión, desarrolladas por muchas bibliotecas y bibliotecarios a nivel particular y algunas redes autonómicas con una voluntad más global, para que aumente su uso.

– Para finalizar, en las conclusiones del Encuentro con nuestros colegas de Almería nos hacíamos una serie de reflexiones y preguntas: ¿Cuál es el impacto de eBiblio en una pequeña biblioteca municipal y cuál es el papel que debemos desarrollar los bibliotecarios ante este nuevo servicio?

La respuesta es la de “Impulsar nuestro papel de mediadores y formadores”, ya que otra de las claves de éxito de la puesta en marcha de este servicio es el involucrar a los bibliotecarios en todo el proceso, formarlos para que conozcan en profundidad el funcionamiento de la plataforma y puedan recomendarla activamente a sus usuarios.

Comparación de los hábitos y perfil del lector digital entre Estados Unidos y España

 

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Alonso-Arévalo, Julio and Cordón-García, José-Antonio and Gómez-Díaz, Raquel Comparación de los hábitos y perfil del lector digital entre Estados Unidos y España. Anales de Documentación, 2014, vol. 17, n. 1

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¿Quiénes son los consumidores de libros electrónicos y cuáles son sus hábitos de lectura? Estas preguntas se plantean con frecuencia. Uno de los recursos que se utiliza para dar respuesta a estas cuestiones son los datos recogidos a través de encuestas periódicas de los consumidores de libros. Lo que permite tener una buena imagen de las tendencias y actitudes de los lectores hacia los libros y la lectura en formato digital. Muy frecuentemente se han contrapuesto ambos sistemas de lectura casi como si fueran incompatibles, a veces con pronósticos excluyentes relativos a la sustitución de un formato por otro, cuando la lectura digital es un complemento que viene a añadir, y no a restar nuevas posibilidades a los sistemas de lectura precedentes.

La irrupción de los libros electrónicos (soporte y contenido) está provocando cambios en los hábitos de la lectura y en los factores asociados a ella. Aunque es indudable la importancia de este fenómeno aún son pocos los trabajos que tratan de sistematizar los cambios que se han producido, y la falta de homogeneidad en los parámetros dificulta en muchas ocasiones la elaboración de estudios diacrónicos en un mismo contexto o sincrónicos en entornos geográficos distintos. A pesar de ello, la riqueza de datos que ofrecen algunos informes recientes permite extraer información y comparar el fenómeno de los hábitos y perfiles de los lectores digitales, como es el caso del Pew Research Center & American Life Project para el contexto estadounidense y Hábitos de compra y Lectura de libros en España para el español lo que permite mostrar cómo a pesar de que los contextos sociales y culturales son diferentes, existe una coincidencia en la evolución de la lectura digital.

Lo que casi todas las encuestas ponen de manifiesto es que se trata de lectores digitales que están altamente comprometidos en todo tipo de formatos, además de ser quienes más libros leen, quienes más libros sacan en préstamo en las bibliotecas y quienes más libros compran. La respuesta obedece a una lógica clara, pues quiénes antes experimentan con la lectura digital son aquellos lectores que leen más que la media, es decir se trata de superlectores, que experimentan con los nuevos formatos de lectura debido a la importancia que otorgan a la misma.

A pesar de que los datos de lectura digital en Estados Unidos, -junto a Reino Unido un mercado de referencia para el libro electrónico-, muestran diferencias cuantitativas en cuanto al nivel de desarrollo respecto a las cifras de España, las tendencias de crecimiento y muchos de los usos y actitudes que se perciben entre uno y otro mercado son paralelos. Si bien para los estudios del mercado estadounidense son más ricos en datos, y en matices; las líneas fundamentales son similares. En uno y otro caso podemos afirmar que existen diferencias notables entre aquellos que han comenzado a leer libros electrónicos y los que no, y se muestran diferencias en múltiples aspectos frente a otro tipo de lectores.

Aunque la lectura de libros impresos continúa siendo mayoritaria frente a la lectura de libros electrónicos en ambos países, se está produciendo una tendencia con un desarrollo relativamente rápido hacia la lectura digital, si establecemos cronogramas temporales comparativos entre los 500 años de lectura impresa y los seis o siete años de desarrollo de la lectura digital con la aparición del primer dispositivo dedicado de tinta electrónica, el Sony PRS 350, que marca el inicio de la nueva era de la lectura electrónica; percibimos que ha aumentando en ambos casos el consumo de lectura digital y disminuido la venta de libros impresos, tendencia que se muestra tanto en el contexto estadounidense como en el español.

Unos y otros lectores utilizan los dispositivos de lectura no sólo para leer, especialmente las tabletas, lo que lógicamente diferencia al lector que lo hace sobre un dispositivo dedicado, de aquel que lo hace sobre una tableta, que utiliza para otras tareas como navegar por internet, consultar redes sociales, leer correo, prensa y blogs. Si bien en uno y otro caso hay que diferenciar que la lectura digital no es exclusivamente la lectura de libros como la mayoría de los informes parecen indicar. En el caso de España, al igual que el de Estados Unidos los lectores digitales superan a los lectores impresos. Pero si diferenciamos los lectores de libros y los que lo hacen sobre dispositivos no dedicados, entonces las cifras se inclinan claramente hacia la lectura impresa, si bien la lectura digital va teniendo un crecimiento continuado y sostenido.

Perfil del Lector de Libros electrónicos en Bibliotecas. Una mujer de 46 años con estudios de grado medio o superior, diversa etnicamente, que lee una media de 26 libros por año. Los usuarios de libros electrónicos en la biblioteca son quienes más libros compran. Son lectores multiformato. La biblioteca sirve a los usuarios para conocer nuevos títulos y autores. Número medio de libros electrónicos en las bibliotecas públicas se elevó en 284% en 2011. Media de la colección de eBooks en las bibliotecas USA es es de 4.000 libros. El 43% ha llevado en préstamo al menos un eBook de la biblioteca en el último año. Los lectores de libros electrónicos son quienes más leen, y quienes demandan más libros en la biblioteca. El 91% de las bibliotecas públicas prestan ebooks, frente al 78% el año pasado. El 65% de las bibliotecas públicas de comprar copias digitales adicionales para cumplir mantiene. Conclusiones:

• Biblioteca gasta dinero en la compra de ebooks
• Las bibliotecas son un sistema de entrega y difusión de ebooks
•Son zonas para que los lectores descubran nuevos libros
• Es un motor de comercialización probado

 

En conclusión. A uno y otro lado del Atlántico el lector digital es un lector intensivo, multiformato, multidispositivo, y coincide en ambos casos en que los lectores digitales son personas que leen más que aquellos que sólo leen en papel. Asimismo leen más libros de media anual y tienen una mayor tendencia a la compra de libros. De cualquier modo los lectores digitales tienen la percepción de que desde que han adoptado los dispositivos como hábito de lectura leen igual o más que antes. Asimismo son más proclives que otro tipo de lectores a comprar los libros más recientemente publicados, en lugar de recurrir al préstamo; y son más propensos que otros a decir que prefieren comprar libros en general, iniciando el proceso de compra con una búsqueda de información en Internet.

En lo que se refiere al perfil es coincidente en cuanto a que viven en núcleos urbanos, que tienen un nivel social medio-alto y con estudios superiores. Aunque hay diferencias en cuanto al género: mientras que en Estados Unidos el lector en dispositivos dedicados es una mujer madura, en España se trata de un hombre joven. En el caso de los lectores que leen en tabletas son varones de edad media en ambos casos. En cuanto a las etnias en el caso de España esta información no es relevante.

Durante los próximos años continuará la importante aceleración que está experimentando el mercado español del libro digital gracias a factores como la creciente oferta o la proliferación de plataformas y librerías que cubren la distribución y venta de ebooks. El crecimiento lento, pero continuado, de los índices de lectura digital en España apoya esta tendencia. La oferta de libros digitales en España crece a un ritmo muy superior al alcanzado por cualquier otro soporte, aunque la cuota respecto al total de libros es todavía residual. Por su parte Estados Unidos como mercado de referencia internacional está marcando las pautas para el resto de los países, si bien las tendencias de la mayoría de ellos, como es el caso analizado respecto a España siguen unas pautas de conducta y uso paralelas.

Universo Roald Dahl. Planeta Biblioteca 2016/05/18

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Roald Dahl “Matilda”

El Universo Roald Dahl o como integrar diferentes asignaturas en un proyecto común

Roald Dahl (1916-1990) es uno de los grandes escritores contemporáneos y aunque es más conocido por sus libros infantiles (Matilda, Charlie y la Fábrica de Chocolate, Las Brujas…) también escribió magníficos libros para adultos (La Cata, Relatos de lo inesperado…), así como guiones cinematográficos (Chity-Chity Bang Bang, James Bond…). Con motivo de la celebración de los 100 años de su nacimiento se están realizando en todo el mundo diversos homenajes, a los que la Facultad de Traducción y Documentación de la Universidad de Salamanca ha decidido sumarse, porque las obras de este autor han sido traducidas a múltiples idiomas y porque en ellas siempre queda reflejado el amor a los libros, las bibliotecas y los bibliotecarios. Este homenaje se está realizando a través de un proyecto de innovación docente que aglutina a diferentes asignaturas de varias de las titulaciones que se imparten en la Facultad de Traducción y Documentación: el Grado en Información y Documentación, el Grado en Traducción e Interpretación y el Máster en Sistemas de Información Digital. Los responsables de este proyecto son Araceli García Rodríguez, coordinadora, Raquel Gómez Díaz, José Antonio Cordón García, Carlos Fortea y Almudena Mangas Vega. Hay muchos más trabajos e información interesante que se puede encontrar a través de:

Canal de youtube https://goo.gl/dMiUOc
Facebook: https://goo.gl/Js2pEX
Twitter: @universoRDahl
Web: http://universoroaldahl.usal.es (en construcción)

Esta semana en CON LA MÚSICA A OTRA PARTE

Libros que hablan de canciones

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Una lectora nada común

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Una lectora nada común / The Uncommon Reader
Autor Alan Bennett
Traducido por Jaime Zulaika
Editor ANAGRAMA, 2014
ISBN 8433921061, 9788433921062
N.º de páginas 128 páginas

¿Y qué puede interesar a alguien cuyo único oficio es mostrarse interesada? Porque una reina nunca debe ser interesante, ni tener otros intereses que los de sus súbditos. Y jamás habla de sus gustos, sólo pregunta por los de ellos. Isabel II de Inglaterra

El argumento de la novela es el descubrimiento de la lectura por parte de la reina Isabel II de Inglaterra, que de manera fortuita, el alboroto de sus perros ante la camioneta de la biblioteca ambulante municipal, aparcada junto a las puertas traseras de la cocina del palacio, le hace empezar a interesarse por los libros. A partir de ese momento, llegará a convertirse en una lectora compulsiva y cambiará totalmente su forma de pensar y comportarse, tanto en su vida privada como, lo más preocupante para todos, en sus actividades públicas.

«El atractivo, pensó, estaba en su indiferencia: había algo inaplazable en la literatura. A los libros no les importaba quién los leía o si alguien los leía o no. Todos los lectores eran iguales, ella incluida. La literatura, pensó, es una mancomunidad, las letras, una república. En realidad había oído usar esta expresión, la república de las letras, en ceremonias de graduación, títulos honorarios y demás, pero sin saber muy bien qué significaba. Entonces, que hablaran de cualquier clase de república le había parecido un poco insultante y hacerlo en su presencia una falta de tacto, como mínimo. Sólo ahora comprendía su significado. Los libros no se sometían. Todos los lectores eran iguales y esto le remontaba a los comienzos de su vida.»

‘Una lectora nada común’, de Alan Bennett

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5 ideas de Kobo sobre como leeremos en el futuro

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How You Will be Reading in the Future: Kobo CEO’s Five Big Ideas

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1. Fácilmente. Todo lo relacionado con la lectura será fácil, sin fricción, incluso relajante. Lo que se está leyendo no tiene que ser fácil, pero si se trata de evadirse o de informarse sobre algo, la lectura debe ser un acto agradable. Estar en una biblioteca es relajante. hacerlo en una biblioteca en línea mediante un dispositivo lector también debe serlo. No sólo la lectura nos hace sentir mejor, también el hecho de comprar un libro también nos hace sentir mejor, incluso antes de empezar a leer. Todo lo que rodea un libro debe ser fácil y agradable.

2. Sin complejos. Las personas nos debemos sentir bien con lo que leemos. El gran regalo de la lectura digital es la liberación de la gente que es capaz de juzgar el libro por su cubierta, ya sea cuando la ilustración de la misma nos muestra naves espaciales, la explosión de un portaaviones, blusas escotadas o las aplicaciones de la matemática fractal en los cálculos financieros. Nos encanta lo que nos gusta y que debe ser un fin en si mismo, no un medio. Que nos sintamos bien con lo que leemos. Aunque se lea la mitad o solo tres capítulos y  que después lo abandonemos. Es fundamental leer con agrado, y hacerlo sin ningún tipo de vergüenza.

3. Libremente. No en términos de costo. Queremos tiempo. Tener nuestro momento de lectura diaria. Habitualmente tenemos menos tiempo de lectura cuando estamos ocupados con el trabajo y con los niños, aunque cuando llegan las vacaciones ampliamos el tiempo que dedicamos a leer considerablemente , y después volvemos a reducirlo debido a las obligaciones cotidianas, y siempre estamos luchando para encontrar nuestro momento de lectura a lo largo del día. Queremos más tiempo para leer más libremente.

4. y 5. Pública y privadamente. A veces queremos hablar de lo que leemos. A veces realmente no lo hacemos. Si pensamos en Facebook, la red hace posible publicar comentarios sobre los libros que vamos a leer con una mezcla de reflexión e inteligencia embriagadora. Queremos que nuestros comentarios sean utilizados para ayudar a otros con sus propuestas de lectura. Queremos ser capaces de compartir y de comentar, y que otros nos comenten las suyas. El acto de leer es un hecho social y compartido.

Una pareja impulsa un proyecto de biblioteca móvil mediante camiones para fomentar la lectura mientras viajan por la India

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Satabdi Mishra y Akshay Kumar Rautaray

Satabdi Mishra y Akshay Kumar Rautaray han desarrollado un proyecto para fomentar la alfabetización en la India, la iniciativa la impulsaron este año con el lanzamiento de un proyecto itinerante consistente en un camión lleno de más de cuatro mil libros con el que viajaron durante 90 días recorriendo 10.000 kilometros y 20 estados. Esta iniciativa estrictamente personal fue impulsada por esta pareja con el objetivo altruista de fomentar la lectura entre las personas.

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La biblioteca móvil parte hacia otra plaza o otra aldea

En el transcurso del viaje realizaron pequeñas ferias del libro y abrieron la «biblioteca» al público, aparcando la camioneta por las calles y plazas de la ciudad para facilitar la lectura a aquellas personas interesadas. «La gente es libre de subir al camión y leer libros durante el tiempo que quieran. No les cobramos gastos de ningún tipo. Para aquellos que quieran comprar algo se les hace un descuento del 20% «, explica Mishra. El proyecto fue financiado por HarperCollins India, Pan Macmillan India y Parragon Editores.

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Satabdi Mishra y Akshay Kumar Rautaray junto a otros lectores

Uno de los principales incentivos de la pequeña biblioteca móvil es que incluye cuentos, novelas de suspense, e incluso los libros más vendidos. «Nosotros como sociedad, como ciudadanos, como padres, maestros y amigos, tenemos la obligación de inspirar y animar a los jóvenes a leer más libros. Es sólo a través de los libros como podemos crear un mundo verdaderamente hermoso y sin límites, donde cada uno de nosotros pueda darse cuenta de su verdadero potencial «, dice Rautaray del proyecto. La operación de base tiene como objetivo despertar el interés por el libro tanto entre las generaciones más jóvenes, como hacerlo llegar a las aldeas más remotas, que de otra forma no tendrían acceso a los materiales de lectura, compartiendo el el viaje con el placer de leer un libro.

 

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Mediación y legitimación cultural: la impronta de las redes sociales

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Cordón, José-Antonio; Alonso-Arévalo, Julio. “Mediación y legitimación cultural: la impronta de las redes sociales”. Anuario ThinkEPI, 2012, v. 6, pp. 264-268.

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Las redes sociales se están erigiendo en un elemento nuclear en los sistemas de acreditación literaria y profesional configurando no sólo una nueva forma de gestación de opiniones, sino también una estructura informativa que organiza las reglas del medio. Su organización, sintaxis y normas internas condicionan la forma de participación, adquiriendo tal importancia que lo que no encaja en las mismas no existe como producto cultural.

Cada vez que nace un nuevo medio surge una discusión encendida acerca de su viabilidad, consecuencias sociales, económicas, culturales y cognitivas. Este axioma general en el ámbito de la comunicación se agudiza cuando afecta a iconos fundamentales de la cultura, como son los libros. Un ejemplo claro son las revistas científicas, cuyo paso de papel a digital no levantó otra polé- mica que la idoneidad del medio como sistema de acreditación. Polémica que fue zanjada definitivamente cuando la revista digital adoptó las convenciones de control propias del medio impreso, a la vez que demostró una mayor eficacia en la proyección y visibilidad de las contribuciones, beneficiándose de la retroalimentación que posteriormente introdujeron las redes sociales y los sistemas de gestión y acreditación social, como Mendeley, Citeulike, etc. (Alonso-Arévalo; Cordón-García, 2010).

El caso del libro entraña un componente adicional ajeno a las revistas científicas: su consumo afecta a un sector amplio de la sociedad y su dimensión icónica lo representa como un elemento estable e inmutable. El sistema productor de libros pertenece al núcleo duro y poco maleable de la fabricación de objetos de larga duración, con vocación de permanencia y con adherencias psicológicas y sentimentales fuertemente asentadas. La posibilidad de sustitución de un sistema por otro es percibida en muchos casos como una agresión a la estructura tradicional por parte de numerosos intelectuales y profesionales del sector, como editores y críticos literarios, que han jugado un papel de reguladores del tráfico cultural. La función editorial en el campo del libro no tiene transposición posible en el sector de las revistas, en el que la descentralización de las decisiones, vía revisión por pares, se ha asentado definitivamente como mecanismo de valoración consolidado. Las revistas han confiado sus decisiones a la evaluación externa por parte de especialistas del área. En el libro, el editor –o el director de la colección– ha tenido por tradición y experiencia la última palabra en la toma de decisiones de publicación, constituyendo la intuición y el olfato cualidades inherentes a su condición, tan importantes como el conocimiento del medio, y su especialización (Muchnick, Einaudi, Pradera, Borrás, Schiffrin, etc.).

El prestigio de una editorial recaía sobre el capital simbólico acumulado en un catálogo, que en cierto modo arbitraba el canon del medio en el que estaba inserta, ya fuera literaria o académica, hasta el punto de que en algunos casos se podía hablar de bibliotecas de editor, en el sentido de la impronta que este podía dejar en la conformación de las mismas.

La aparición de las redes sociales ha provocado un cambio significativo del sistema de referencia y de asignaciones culturales. Uno de los aspectos más interesantes y relevantes de la nueva situación, que explica a su vez las reacciones de desconfianza, es la pérdida de peso específico del intermediario intelectual en los procesos de transmisión de la cultura. En la cadena de producción de mensajes, el intelectual, el crítico, revestía una importancia singular frente a los extremos de la misma, el autor y el lector. Mientras que la producción de la cultura se ha caracterizado por la dispersión, la multiplicidad y la diversidad, la figura del mediador se había hecho imprescindible en la construcción de un discurso lógico que sirviera de hilo conductor para la misma, un discurso que afectaba tanto a la producción como al consumo, que servía de articulación para una asimilación equilibrada y homogénea del saber cifrado en cientos de miles de productos. Era una tarea que asumía su condición autónoma, individualizada y ajena a cualquier comportamiento gremial o colectivo. El intelectual, el crítico, dictaba su norma que era sometida a una audiencia previamente convencida de la veracidad de los hechos y las argumentaciones. La dispersión de los consumidores, la multiplicidad de los discursos, en cierto modo justificaba esa función aglutinante, necesaria en un contexto eminentemente físico. El cambio operado en este contexto se percibe generalizadamente, incluso en los lugares más exóticos o insólitos:

“El problema no está en la cantidad de información, sino en su calidad. La opinión, que no el conocimiento, se ha «democratizado». Cualquiera puede manifestarse, cualquiera puede copiar a cualquiera y manifestarse a su vez. Internet, una verdadera revolución social llena de logros y altruismos, es también una biblioteca infinita sin bibliotecario en la que las verdades y las mentiras se difunden sin más canon que el número de visitas, sin más éxito que el número de veces que algo se repite, haciendo que el valor de la información resida en su volumen y no en su contenido” (Valérie Tasso, 2008).

La aparición de sistemas de participación colectiva como Facebook, Twitter, etc., han modificado radicalmente los sistemas de referencia y valoración desplazando a un lugar marginal la participación del mediador, recluido en medios cada vez más restrictivos y especializados. El social bookmarking, los gestores sociales, el etiquetado social, han introducido una inercia descentralizada en los circuitos valorativos y críticos. La potencia adquirida por los nuevos medios hace que el acceso al público está regulado por las reglas del propio medio. Es el caso de Twitter y Facebook, cuya organización, sintaxis y reglas internas acaban condicionando la forma de participación, adquiriendo tal importancia que lo que no encaja en las mismas no existe como producto cultural. Esto ha dado lugar a la aparición de nuevas figuras y funciones. Por ejemplo, la del community manager, una suerte de gestor de los procesos de comunicación en cualquier empresa o institución que pretenda tener presencia en las redes sociales. O también la de auténticos expertos en un medio y sus convenciones, que actúan como árbitros y reguladores de un tráfico cada vez más intenso, acaparando –por la vía del consenso– las funciones valorativas y de acreditación que antaño estaban reservadas a elementos aislados o con grandes dosis de autonomía dentro del sistema.

El medio establece su propio mensaje y se alimenta de sí mismo. Como sostenía MacLuhan, las sociedades siempre han sido moldeadas más por la índole de los medios con que se comunican los hombres que por el contenido mismo de la comunicación. Ha surgido el orientador mediático como pensador del momento, del instante, el pensamiento por necesidad débil, poco consistente, nada totalizador, en ocasiones contradictorio, que alimenta un circuito de comunicación cifrado en cientos de miles de seguidores y decenas de millones de mensajes por día, cada vez más potente.

Las normas de los sistemas de valoración cambian al hilo de todos estos fenómenos. Los escritores pueden prescindir de la sanción crítica o de la investidura canónica, del filtro editorial convencional para llegar a los lectores. Para muestra, John Locke, un empresario norteamericano de 60 años. Empezó a escribir hace tres años . Hace meses nadie lo conocía pero de enero a abril de 2011 ha tenido 875.000 descargas digitales en Kindle de sus 6 obras. Se ha convertido en el primer autor autoeditado que consigue llegar al número uno en la tienda de libros digitales de Amazon y está a punto de convertirse en el cuarto autor que llega al millón de copias en Kindle, tras Stieg Larsson, James Patterson y Nora Roberts. El éxito de Locke se basa en la promoción a través de las redes sociales y una muy agresiva política de precios (vende sus libros a 99 centavos de dólar), que se puede permitir porque todos los ingresos.

Las recomendaciones en las redes sociales han desempeñado un papel fundamental en este caso y en muchos otros en los que los medios de comunicación tradicionales, el crítico convencional o los canales literarios apenas han tenido incidencia alguna. Surge la figura del influencer, esto es, la persona capaz de trasladar opiniones a miles de seguidores con gran capacidad de persuasión, gracias al crédito, a la reputación digital obtenida con sus intervenciones en Twitter, Facebook, Linkedin o cualquier otra red. Es el caso de José-Afonso Furtado, ensayista, escritor e investigador de las nuevas tecnologías de la comunicación y de la edición, autor de numerosas obras y artículos sobre el cambio de paradigma de lo impreso a lo digital, elegido por la revista Time como uno de los twitteros más influyentes del mundo (el Borges del Twitter), situándolo en el número 33 de su selecto ranking, además de ser el único bibliotecario incluido en el mismo.

En estos momentos nos encontramos ante dos modelos distintos y, en cierto modo, antagónicos. El tradicional, en el que la producción intelectual es valorada por los pares y son ellos los que otorgan el capital simbólico a las obras, sistema vigente en el ámbito científico, donde se valora la aportación al conocimiento, la originalidad y creatividad. Y un sistema de valoración social en el que son las redes las que aportan la reputación y capacidad de penetración de un autor o una obra en su seno. El problema no radica en la coexistencia de estos dos modelos, que operan en esferas distintas (aunque cada vez más compenetradas, como puede apreciarse por la creciente presencia de aplicaciones sociales en los medios eminentemente científicos), sino en la carencia de los mismos en determinados medios intelectuales renuentes a otra validación que la estrictamente canónica, hurtando la discusión a los foros, al debate, la crítica y las discusiones.

Comproimiso de los lectores con la lectura de contenidos amplios de prensa en teléfonos móviles

 

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Long-Form Reading Shows Signs of Life in Our Mobile News World,  [e-Book] Pew Research Center, 2016

Texto completo

Un análisis realizado por el Centro de Investigación Pew analiza el tiempo invertido en la lectura de artículos largos en  los teléfonos móviles en función del tiempo que los usuarios emplean en visualizar los contenidos de formato corto.

En los últimos años, los medios de comunicación han seguido el ejemplo de su audiencia y han adaptado sus contenidos a los dispositivos móviles, ya que alrededor del 70% de los adultos estadounidenses son dueños de un teléfono inteligente.

Un área particular de incertidumbre fue el relacionado con los informes largos y en noticias en profundidad  como un elemento básico de la corriente principal de los medios impresos. Estos artículos permiten a los consumidores comprometerse con temas complejos con más detalle y permiten a los periodistas atraer más fuentes de financiación, ya que consideran más puntos de vista, como los contextos históricos de  los eventos y la existencia de temas demasiado complejos para contarlos en un número de palabras limitado.

El informe revela que los consumidores dedican más tiempo de de la media a la lectura a artículos de noticias en formato largo que lo que dedican a las de formato corto. De hecho, la mayoría dedica el tiempo que utiliza mientras se desplaza a noticias de 1.000 palabras o más aproximadamente el doble que el tiempo que utiliza para noticias más breves de entre 101-999 palabras: 123 segundos en comparación con 57 segundos. Es decir que aumenta el tiempo de lectura a medida que aumenta el recuento de palabras.

 

 

Actitudes de los lectores ante la lectura digital

 

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Las manifestaciones en contra de los nuevos medios digitales no cesan de aparecer, bien con carácter beligerante, bien mediante prevenciones sibilinas que, tras la aceptación de la innovación, introducen el caballo de Troya de la objeción fundamentada. Sería preciso hacer, ahora que las hemerotecas de los medios y las bases de datos bibliográficas y repositorios permiten rastrear pistas desde muy antiguo, la cartografía de las objeciones, las posiciones numantinas y las equidistantes, con objeto de datar la evolución del cambio.

Como bien expone Eva Moll de Alba «El fenómeno de la digitalización y de internet ha dado lugar a una de las grandes revoluciones tecnológicas de nuestro tiempo y, al igual que ocurrió con la escritura, la imprenta y el audiovisual, su irrupción ha arrastrado críticas y temores. Hoy en día nos sorprende que Sócrates opinase que la escritura destruía la memoria y debilitaba el pensamiento o que el clero plantease dudas sobre la duración del papel impreso y su falta de estética. Sin contar con el coste de los libros antes de Gutenberg, que se calcula en un equivalente a día de hoy de unos 20.000 dólares por libro.»

En relación con los libros, que es el tema que nos ocupa, son muchos los estudios desarrollados sobre la receptividad y penetración de los mismos en los usuarios (Fernández, Cordón, Alonso, Gómez, 2014), pero de entre todos ellos resulta curiosa la acertada la clasificación que hace un artículo de Messner y Revelle que clasifica a los usuarios en relación al libro en cuatro categorías en función de su aptitud: – Amantes del libro: Aquellos que manifiestan una afinidad inherente por el formato impreso – Tecnófilos: Aquellos interesados en las posibilidades de las nuevas tecnologías asociadas al libro – Impresores: Prefieren los libros impresos pero se diferencian de los amantes de libro por tener dificultades especiales con el manejo de los libros electrónicos. – Pragmáticos. Serian los más neutrales de las cuatro categorías, ya que están más interesados en el contenido que en la forma

Amantes del libro: Aquellos que manifiestan una afinidad inherente por el formato impreso –

Tecnófilos: Aquellos interesados en las posibilidades de las nuevas tecnologías asociadas al libro –

Impresores: Prefieren los libros impresos pero se diferencian de los amantes de libro por tener dificultades especiales con el manejo de los libros electrónicos. –

Pragmáticos. Serian los más neutrales de las cuatro categorías, ya que están más interesados en el contenido que en la forma

Los amantes del libro (impreso) como parece ser evidente tienen una afinidad inherente por el formato impreso, mientras que los tecnófilos están principalmente interesados en las posibilidades de las nuevas tecnologías y en el incremento de prestaciones que proporciona el libro digital. Los pragmáticos son los más neutrales de los cuatro grupos estudiados, ya que son los más interesados en el contenido y por lo tanto son capaces de ver pros y contras en uno y otro formato. Los tecnófobos evidentemente prefieren los libros impresos, pero se distinguen de los amantes del libro en que su rechazo al libro electrónico no tiene que ver tanto con el formato, y si más con las dificultades tecnológicas respecto a su capacidad de uso de los dispositivos de lectura.

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Tipos de usuarios

En el estudio participaron 735 encuestados totalmente caracterizados y los resultados indicaron que los amantes de libro constituyen el 34% (249), tecnófilos 23% (168), pragmáticos el 17% (126), y tecnófobos el 26% (192) de la muestra identificada.El estudio es de septiembbre de 2012, y se ha avanzado en cuanto a la percepción, tecnología y usabilidad. Sería deseable que se hiciera un segundo estudio para ver en que medida se han modificado las percepciones.

En cuanto a género, el 32% de las mujeres se identifican como aficionadas a los libros, de las cuales el 32% se identifican con el grupo de los tecnófobos. En comparación con el 37% de los hombres que se identificaron como aficionados a los libros, pero sólo el 16% se identifican como tecnófobos. Una explicación podría ser que los hombres están más definidos en las preferencias de tipo medio (un 37% prefieren los libros impresos, y un 27% se identifican como tecnófilos), mientras que las mujeres parecen estar más centradas en la preferencia por el formato impreso, pero se dividen en partes iguales entre quienes prefieren los libros impresos originales frente a aquellos que optan por versiones electrónicas.

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Diiferencias por género

Según un estudio de Ramdon House, los consumidores de libros electrónicos se diferencian de los consumidores habituales de libros impresos por una serie de pautas y actitudes. Como lógicamente se puede intuir, los consumidores de libros electrónicos tienen 2,5 veces más probabilidades de poseer una tableta que los consumidores no electrónicos, son más proclives al consumo de libros electrónicos en línea, y más sensibles a las recomendaciones de tu a tu. Otros datos complementarios los aporta la encuesta realizada por el Centro de Investigación Pew, que dice que los lectores digitales tienen mejores conocimientos tecnológicos que la población general, tienen más probabilidades de obtener recomendaciones de librerías en línea u otros sitios web (con un 56% frente a un 34% por ciento para la población), y en comparación con todos los estadounidenses mayores de dieciséis años, se fían más de las recomendaciones de amigos o conocidos (un 81% frente a un 64%)

El lector digital arriesga más a la hora de comprar libros de autores poco conocidos a precios inferiores a 5 dólares; como vemos en la gráfica de arriba un 38% de ellos compró un libro electrónico por menos de ese precio, y sólo un 18% en el caso de los libros impresos. Estas cifras se constatan a través de la comparación de las listas de los más vendidos en uno y otro formato, por ejemplo en Amazon encontramos que buena parte de los libros más vendidos en digital corresponden a autores autopublicados que venden a precios bajos (0,99 a 2.99$)

Entre los datos distintivos del lector de libros electrónicos está que se siente más comprometido con la lectura, que la lectura es una parte importante de su vida, que frecuentemente habla de libros con sus familiares y amigos; y está más informado sobre novedades editoriales.Tal como muestra un estudio llevado a cabo hace poco por Nielsen en Estado Unidos,  y que ratifica los resultados de otros estudios. El lector digital es un lector más intensivo, es un “superlector”, que lee de media más libros que los lectores que lo hacen sólo en formato analógico (22,5 frente a 16 que leídos por el lector en papel), es un lector multiformato, ya que transita sin complejo de uno a otro formato, y que también compra más libros en todos los formatos (exactamente el doble 14 frente a 7). Y contrariamente a lo que se pudiera pensar son los adultos los más dados a leer en formato digital, ya que el 54% de ellos leen en este medio.

De acuerdo con la Unión Internacional de Editores, Estados Unidos representa el 30% del mercado mundial de la edición de libros. En otras palabras, 3 dólares de cada  10 que se gastan en libros de cualquier parte del mundo y formato proceden de EE.UU.. Y más de la mitad de esos 3$ corresponden a libros comprados en línea – las dos terceras partes de es cifra en la librería Amazon.com – donde, sobre todo, durante los últimos años, la mayoría de los libros comprados han sido ebooks. Después de EE.UU., los siguientes cuatro países – China, Alemania, Japón y el Reino Unido – en combinación constituyen otro 30% del mercado editorial mundial: China tiene un 10%, Alemania un 9%, Japón el 7%, y el Reino Unido algomenos del 4%. El resto con un 15% del total corresponde A Francia con un 4%, Italia con el 3%, España con un 3%, Brasil con el 2%, e India con el 2%. Así estos 10 países representan el 75% de las ventas globales de libros de todos los formatos.

Las estadísticas publicadas sobre lectura digital en España muestran una progresión evidente de esta en los últimos años. Las ventas de dispositivos electrónicos, tanto los de tinta electrónica como las tabletas, también siguen un ritmo de crecimiento regular. Por otra parte, cada vez son más las iniciativas provenientes del sector editorial, tanto en el desarrollo de colecciones como en el de modelos de negocio exclusivamente digitales. Los resultados de la última edición del estudio Comercio Interior del Libro en España constatan nuevamente la tendencia ascendente del canal de venta de libro electrónico, cuya cifra de facturación crece más de un 37%, alcanzando los 110,02 millones de euros (80,27 millones de euros en 2013). Con este dato se sitúa como el quinto canal de venta de libros, por detrás de librerías, cadenas de librerías, empresas e instituciones, e hipermercados, y por delante del quiosco, las bibliotecas, la venta telefónica, correo, clubs, Internet y suscripciones.

Bibliografía

Fernández Gómez, María josé and Cordón-García, José Antonio and Alonso-Arévalo, Julio and Gómez-Díaz, Raquel . Prácticas de consumo electrónico: los lectores ante los nuevos soportes., 2014 In: Cordón-García, J. A., R. Gómez Díaz, et al. (). [e-Book] Documentos electrónicos y textualidades digitales: nuevos lectores, nuevas lecturas, nuevos géneros, Salamanca: ediciones Universidad de Salamanca, 2014. ISBN: 9788490122983. Pág: 324. Ediciones Universidad de Salamanca, pp. 177-219. [Book chapter]

Messner, Kevi; Revelle, Andy, Shrimplin, Aaron, and Hurst, Susan (2011). Book Lovers, Technophiles, Printers, and Pragmatists: The Social and Demographic Structure of User Attitudes Toward e-Books. ACRL, pp. 52-57. http://www.ala.org/acrl/sites/ala.org.acrl/files/content/conferences/confsandpreconfs/national/2011/papers/book_lovers.pdf

Moll de Alba, Eva «El miedo apocalíptico al libro digital» CRÓNICA GLOBAL MEDIA, SL, 2016 http://www.cronicaglobal.com/es/notices/2016/04/el-miedo-apocaliptico-al-libro-digital-36324.php

¿Cómo descubren los libros los lectores?

 

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 Consumer Insights llevó a cabo una encuesta con el objetivo de averiguar que nivel de satisfacción tenían los lectores con las maneras de encontrar los libros , y cuál era su mayor reto para encontrar el siguiente libro que deseaban leer.  Los lectores en general, citaron una variedad de fuentes que utilizaban para obtener información sobre libros, incluyendo recomendaciones, opiniones y expositores dentro de la tienda, e informaron sobre su satisfacción general son los recursos que utilizan para encontrar nuevos libros.  

En la era digital en un momento en que todavía predominan la lectura impresa, los periódicos y revistas especializadas, la tendencia viene marcada por la fuerte influencia que están ejerciendo las redes sociales en el descubrimiento del libro. Según un estudio la mayoría de los lectores descubren los libros que desean leer a través de redes sociales como facebook y de páginas de lectura social como Goodreads

Recientemente Consumer Insights Team de Penguin Random House llevó a cabo un estudio a más de 40.000 lectores para analizar los factores que influyen en el descubrimiento del libro y las opciones de compra por parte de los clientes. Uno de los factores fundamentales a la hora de decidir que libro van a leer próximamente son las recomendaciones personales de amigos y familiares (en un 81% de los casos). Pero en los tiempos que vivimos hay que tener en cuenta como nos encontramos con nuestros amigos cuando hablamos de libros. ¿Cómo conectamos con nuestros amigos y familiares? No es tan fácil de definir en estos días. Con algunos de ellos nos encontramos en la vida real, pero también cada vez más  estas relaciones se limitan a las redes sociales.

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Lo que les influye más a la hora de decidir una lectura

Goodreads encabeza la lista con dos tercios de los lectores que afirman que encuentran nuevos títulos que utilizan esta red social para informarse sobre los nuevos libros que desean leer próximamente. A Goodreads le siguen los comentarios en los medios tradicionales (49%) y Facebook (46%). La publicidad impresa es útil a la hora de decidor que libro leer sólo para el 23% de los lectores.

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Sitios donde descubren libros

Si incluimos el factor edad estos datos varían. Los lectores más jóvenes son los que afirman con más frecuencia que obtienen las recomendaciones de lectura más influenciados por los medios sociales.

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Donde descubren libros en función de la edad

En cuanto a los medios tradicionales como prensa y revistas especializadas. Las reseñas de libros y anuncios impresos son más relevantes en lectores de más edad.

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Influencia de los medios tradicionales de recomendación

Si analizamos las diferencias en cuanto a género, las mujeres dicen estar aún más influenciadas que los hombres por las recomendaciones de personas cercanas, con un 79&, mientras que los hombres otorgan a este tipo de recomendación un valor del 66% de lso casos. , al igual sucede respecto a las recomendaciones de redes sociales como GoodReads.

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Diferencias por géneros

Respecto a que es lo que más les influencia a la hora de decidir leer o comprar un libro cuando no se está familiarizado con el autor, la serie o con el título. En un 88% de los casos dijeron que porque les gustó el tema, el 87% por una buena reseña del libro, el 86% por recomendación de un amigo, el 78% por la lectura de algunos fragmentos de la obra, y el 79% a través de alguna reseña en Internet.

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En cuanto a aquello por lo que se sienten menos influenciados a la hora de decidir que libro leer o comprar el 38% dijo que por la opinión de los críticos literarios, la reputación del editor (34%), la publicdad (30%) recomendaciones personales en keios (26%).

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Curiosamente esta apreciación viene a conformar algunos de los argumentos que plantamos José Antonio Cordón y un servidor en 2011 en el artículo Mediación y legitimación cultural: la impronta de las redes sociales

… la aparición de las redes sociales ha provocado un cambio significativo del sistema de referencia y de asignaciones culturales. Uno de los aspectos más interesantes y relevantes de la nueva situación, que explica a su vez las reacciones de abierta detracción o de desconfianza, es la pérdida de peso específico del intermediario intelectual, en los procesos de transmisión de la cultura. Clérigo distanciado, guardián de las esencias, vigilante privilegiado del saber arcano, contempla con escepticismo la pérdida de entidad de la argumentación referencial en un mundo en el que ésta se multiplica exponencialmente, desapareciendo el carácter de centralidad que poseía antaño en el seno de la ritualidad cultural propia de las tribus mediáticas.

La aparición de sistemas de participación colectiva como Facebook, Twitter, etc. han modificado radicalmente los sistemas de referencia y valoración desplazando a un lugar marginal la participación no canónica del mediador, recluido en medios cada vez más restrictivos y especializados. El social bookmargking, los gestores sociales, el etiquetado social, han introducido una inercia descentralizada y panóptica en los circuitos valorativos y críticos.