Archivo de la categoría: Bibliotecas

250 años de historia de Estados Unidos a través de los libros conservados por las bibliotecas

OCLC. America’s 250-Year Bookshelf. Dublin (Ohio): OCLC, 2026. Recurso digital publicado con motivo del 250º aniversario de la independencia de Estados Unidos, disponible en la plataforma oficial de WorldCat. Consultado en junio de 2026. https://www.oclc.org/en/worldcat/americas-250-year-bookshelf.html

Con motivo de la conmemoración del 250º aniversario de la independencia de Estados Unidos, OCLC —la principal organización cooperativa internacional dedicada a servicios bibliotecarios y creadora de WorldCat— ha lanzado una iniciativa singular titulada America’s 250-Year Bookshelf. Se trata de una selección de 250 libros de no ficción sobre Estados Unidos, escogiendo un título representativo por cada año transcurrido desde 1776 hasta 2026.

La selección no responde a criterios editoriales tradicionales ni a listas elaboradas por críticos literarios, sino a un criterio particularmente revelador: qué libros han sido conservados de forma continuada por miles de bibliotecas a lo largo de generaciones.

El proyecto utiliza los datos acumulados en WorldCat, considerado el catálogo colectivo más grande del mundo, para identificar qué obras sobre la experiencia estadounidense han demostrado una permanencia sostenida en las colecciones bibliotecarias. La premisa es especialmente interesante desde una perspectiva bibliotecaria: en lugar de medir la importancia cultural de un libro a partir de ventas, premios o tendencias algorítmicas, se toma como indicador el hecho de que las bibliotecas hayan decidido conservar esas obras durante décadas o incluso siglos, otorgándoles una forma de validación basada en la memoria institucional y en la preservación del conocimiento.

La cronología comienza en 1776 con Common Sense de Thomas Paine, el célebre panfleto político que defendió la independencia de las colonias americanas frente al Imperio británico. A partir de ahí, la lista recorre obras fundamentales que han ayudado a interpretar la evolución política, social, económica y cultural del país. Entre ellas aparecen títulos tan emblemáticos como Democracy in America de Alexis de Tocqueville (1835), John Brown de W. E. B. Du Bois (1909), o Hidden Figures de Hidden Figures de Margot Lee Shetterly (2016), hasta llegar a publicaciones recientes como American Struggle de Jon Meacham, publicado en 2026.

Uno de los aspectos más relevantes del proyecto es la reivindicación del papel de las bibliotecas como instituciones capaces de determinar, a largo plazo, qué conocimiento permanece vivo en la memoria colectiva. Según explicó Skip Prichard, presidente ejecutivo de OCLC, existen innumerables listas que recomiendan qué leer sobre Estados Unidos, pero esta es distinta porque cada libro “ganó su lugar” debido a que miles de bibliotecas decidieron conservarlo durante décadas, convirtiendo esa permanencia en un indicador más honesto de relevancia cultural que cualquier algoritmo o valoración crítica circunstancial.

Más allá de ser una simple lista de lectura, America’s 250-Year Bookshelf constituye una reflexión sobre el valor patrimonial de las colecciones bibliotecarias y sobre la función silenciosa pero esencial que desempeñan las bibliotecas en la preservación de la memoria histórica. El proyecto pone de relieve cómo las decisiones acumuladas de selección, catalogación y conservación tomadas por miles de profesionales de la información terminan configurando una narrativa cultural colectiva. En un contexto marcado por la volatilidad digital, la sobreabundancia informativa y la recomendación automatizada mediante inteligencia artificial, esta iniciativa recuerda que las bibliotecas siguen siendo guardianas fundamentales de aquello que una sociedad considera digno de ser recordado y transmitido a futuras generaciones.

Charo Alonso presenta «El burdel de Alejandría». Planeta Biblioteca 2026/07/25

Charo Alonso presenta «El burdel de Alejandría».

Planeta Biblioteca 2026/07/25

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En la entrevista emitida en Radio USAL, la escritora salmantina Charo Alonso presentó su novela «El burdel de Alejandría«, una obra profundamente vinculada a la memoria, la identidad y la ciudad de Salamanca. A lo largo de la conversación se abordó el simbolismo del sugerente título, la recreación de la Salamanca universitaria de finales de los años ochenta y la construcción de Elena, protagonista que trabaja como auxiliar de biblioteca y emprende un proceso de reconstrucción tras una ruptura sentimental. La entrevista profundizó también en temas como el desamor, la búsqueda de pertenencia, el peso de la tradición familiar y la literatura entendida como refugio y espacio reparador. Salamanca aparece en la novela como un personaje esencial, impregnando toda la narración de nostalgia y memoria

CHARO ALONSO El burdel de Alejandría Ediciones Castilla, 2026. Colección Cuentenario

Más allá de los libros: cuatro ciudades que están reinventando la biblioteca pública como motor de vida urbana y comunidad

García i Rodríguez, Sergio. “Beyond Books and Shelves: Four Cities Reimagining the Public Library and Public Life.” CitiesToBe, mayo de 2026. https://citiestobe.com/beyond-books-and-shelves-four-cities-reimagining-the-public-library-and-public-life/

Las bibliotecas públicas están experimentando una transformación profunda que va mucho más allá de su función tradicional como depósitos de libros. A partir de un encuentro internacional sobre innovación urbana celebrado en Madrid, el texto plantea que la biblioteca contemporánea se ha convertido en un espacio cívico híbrido, donde confluyen la cultura, la educación, la inclusión social y la vida comunitaria.

Lejos de ser solo un lugar de lectura, la biblioteca emerge como un “tercer espacio” esencial para la cohesión urbana, un entorno gratuito, accesible y no comercial que permite la convivencia entre ciudadanos diversos.

El núcleo del artículo se articula a través de cuatro casos internacionales —Nueva York, Aarhus, Bogotá y Singapur— que ilustran diferentes formas de reinterpretar la biblioteca en función de sus contextos sociales, políticos y urbanos. En Nueva York, el sistema de bibliotecas mantiene un fuerte vínculo con el libro y la lectura, pero lo hace desde una perspectiva profundamente social: la biblioteca como red de seguridad cultural y espacio de confianza en una ciudad altamente desigual. En este modelo, el énfasis no está en la reinvención radical, sino en reforzar la función clásica del acceso a la lectura como derecho ciudadano.

El caso de Aarhus (Dinamarca) introduce una visión más experimental y arquitectónica, representada por bibliotecas concebidas como infraestructuras abiertas, flexibles y participativas. En este modelo, el edificio mismo se convierte en un dispositivo democrático: espacios abiertos, zonas sin programar y áreas polivalentes que invitan a la apropiación ciudadana. La biblioteca no dicta usos, sino que los posibilita, promoviendo la creatividad, la interacción social y la participación espontánea.

En Bogotá, el artículo muestra una realidad distinta, marcada por la desigualdad urbana y la necesidad de políticas inclusivas. Allí, las bibliotecas funcionan como herramientas de justicia social y cohesión territorial, integrando redes comunitarias y proyectos ciudadanos que van más allá del edificio físico. La biblioteca se expande hacia el barrio, convirtiéndose en un sistema distribuido que combina instituciones públicas y iniciativas locales, con un fuerte componente de participación ciudadana.

Singapur representa, por su parte, un modelo altamente planificado donde la biblioteca se concibe como parte de una estrategia nacional de innovación y aprendizaje continuo. En este contexto, las bibliotecas funcionan como centros de formación, alfabetización digital y adaptación a los cambios tecnológicos, integrándose en una visión de ciudad inteligente donde el conocimiento es un recurso estratégico.

A lo largo del artículo, se destaca que, aunque los modelos son distintos, todos comparten una idea central: la biblioteca ya no puede entenderse como una institución estática, sino como una infraestructura viva de la ciudad contemporánea. Su evolución refleja transformaciones más amplias en la forma en que las ciudades entienden el espacio público, la ciudadanía y el acceso al conocimiento. La biblioteca se convierte así en un laboratorio urbano donde se ensayan nuevas formas de convivencia, aprendizaje y participación democrática.

Se trata de una reflexión más amplia sobre el papel de las bibliotecas en el futuro de las ciudades. En un contexto de creciente polarización social y fragmentación del espacio público, estas instituciones aparecen como uno de los pocos lugares capaces de sostener encuentros significativos entre personas diversas. En este sentido, la biblioteca no solo se redefine a sí misma, sino que propone un modelo alternativo de ciudad: más abierta, inclusiva y orientada al bien común.

Espacio creativo “La Más Cromática” con Lur Barrios. Planeta Biblioteca 2026/06/24.

Espacio creativo “La Más Cromática” con Lur Barrios

Planeta Biblioteca 2026/06/24.

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La entrevista a Lur Barrios refleja una propuesta cultural original y profundamente humana a través de «La Más Cromática«, un espacio creativo donde el color se convierte en herramienta de expresión, aprendizaje y transformación personal. Lur plantea la creatividad como un refugio abierto a personas de todas las edades, en el que el arte sirve para explorar emociones, fortalecer la autoestima y desarrollar una mirada más consciente sobre el mundo visual que nos rodea. Frente a un contexto cada vez más marcado por la digitalización y la inteligencia artificial, el proyecto reivindica el valor de la experiencia presencial, la experimentación artística y el encuentro comunitario, consolidándose como un lugar donde la creación conecta sensibilidad, cultura y desarrollo personal.

LA MÁS CROMÁTICA

en calle Sánchez Llevot Nº 2

(Salamanca 37005)

Tlf: 681 93 81 45

¿Qué opinan de la IA los bibliotecarios de las universidades?

“Legitimate but Not Loved: What Academic Librarians Think About AI.” The Scholarly Kitchen, 23 de junio de 2026. https://scholarlykitchen.sspnet.org/2026/06/23/guest-post-legitimate-but-not-loved-what-academic-librarians-think-about-ai/

El texto analiza cómo los bibliotecarios perciben la inteligencia artificial generativa en el contexto de las bibliotecas universitarias y los servicios de información. A partir de evidencias recogidas en el ámbito profesional, se destaca una actitud ambivalente: la IA es vista como una herramienta “legítima” e inevitable dentro de los flujos de trabajo informacionales, pero al mismo tiempo no genera entusiasmo ni aceptación plena.

Este estudio global que consultó a 311 bibliotecarios en 31 países, destaca que cerca del 90% de las instituciones académicas ya consideran legítimo el uso de la IA. Sin embargo, un análisis profundo muestra que «aceptación» no significa «entusiasmo».

Existe una brecha evidente entre la postura institucional y la convicción personal. Los bibliotecarios tienden a ser más cautelosos que los administradores y los investigadores. Esto responde a su rol único en el ecosistema universitario: mientras otros se enfocan en la adopción rápida o en las capacidades técnicas, los bibliotecarios evalúan tanto las ventajas reales como las limitaciones prácticas de la tecnología.

En Estados Unidos, alrededor del 30 % de las respuestas indicaron resistencia activa o falta de uso; en el Reino Unido e Irlanda, casi el 40 % de las respuestas fueron en blanco o negativas. Canadá mostró niveles particularmente altos de escepticismo. Los encuestados de Oriente Medio, África, India y la región de Asia-Pacífico tendieron a ser más pragmáticos, aplicando con mayor frecuencia la IA a tareas específicas y definidas. Este patrón sugiere que las actitudes hacia la IA en las bibliotecas académicas pueden estar influenciadas tanto por el contexto cultural e institucional como por la tecnología en sí.

Esta tensión refleja una combinación de interés pragmático —por su utilidad en tareas como la mediación de información, la automatización de búsquedas o el apoyo a usuarios— y preocupación crítica sobre sus efectos en la calidad de la información, la autoridad de las fuentes y el papel tradicional del bibliotecario como mediador experto.

El artículo sitúa estas percepciones dentro de un cambio más amplio en la cultura informacional académica, donde las herramientas de IA están desplazando progresivamente la búsqueda tradicional hacia modelos de “respuesta directa”. Este giro obliga a replantear competencias profesionales, criterios de evaluación de la información y estrategias institucionales. Sin embargo, los bibliotecarios expresan reservas sobre la fiabilidad de los sistemas generativos, sus sesgos y su opacidad, lo que alimenta una adopción cautelosa más que entusiasta.

En conjunto, el texto sugiere que la IA en bibliotecas no es rechazada, pero tampoco plenamente integrada como solución estable. Se percibe como una tecnología útil pero problemática, cuya consolidación dependerá de cómo se equilibren eficiencia, control humano, transparencia y responsabilidad profesional en los entornos de acceso al conocimiento.

El refranero y la animación a la lectura con Luz del Olmo

El refranero y la animación a la lectura con Luz del Olmo
Planeta Biblioteca 2026/06/22.

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La entrevista a Luz María del Olmo destaca el uso de los refranes como una potente herramienta de fomento de la lectura, la memoria colectiva y la construcción de comunidad desde la biblioteca pública. A través de proyectos como “Los Molinos del Saber Popular” o “Desgranando refranes”, convierte la sabiduría popular en un recurso pedagógico que acerca a niños, jóvenes y adultos al lenguaje, la tradición oral y la reflexión crítica. Su trabajo muestra cómo el refranero no solo preserva la memoria cultural, sino que también activa el diálogo intergeneracional y la participación social, reforzando el papel de la biblioteca como espacio vivo de aprendizaje compartido y cohesión comunitaria.

La biblioteca del futuro: cuando la arquitectura convierte la lectura en una experiencia inmersiva

Joshi, Tanvi. “Futuristic Open Book Public Library Transforms Reading into an Immersive Architectural Experience.” Yanko Design, 26 de agosto de 2025. Yanko Design

Un innovador concepto arquitectónico imagina una biblioteca pública del futuro concebida no solo como un edificio funcional, sino como una auténtica celebración física del libro y del acto de leer. Diseñada por Thilina Liyanage, la estructura adopta la forma de un libro abierto, transformando un símbolo universal del conocimiento en una experiencia espacial inmersiva donde arquitectura, aprendizaje y contemplación se funden en una sola propuesta.

La elección formal del libro abierto no es meramente estética. El diseño pretende representar la circulación libre de ideas, el acceso democrático al conocimiento y la capacidad infinita del aprendizaje para expandir horizontes. Sus curvas recuerdan páginas en movimiento, mientras unas líneas luminosas en la cubierta evocan texto escrito, creando la sensación de que el edificio mismo “narra” una historia visible desde la distancia.

En el plano estructural, la biblioteca descansa sobre un sistema de hormigón en voladizo que genera una sensación visual de ligereza y modernidad. Esta solución permite grandes espacios abiertos destinados a la circulación libre de lectores, zonas de estancia prolongada y ambientes donde el silencio y la concentración se integran con la entrada abundante de luz natural, reforzando la sensación de apertura intelectual que define el proyecto.

Cada una de las “páginas” del libro constituye un nivel independiente del edificio. Estos niveles incorporan balcones panorámicos que permiten extender la experiencia lectora más allá del interior, conectando al visitante con el paisaje urbano circundante. A nivel del suelo, zonas lounge exteriores con sofás y áreas de descanso invitan a leer al aire libre, transformando la biblioteca en un espacio híbrido entre centro cultural, lugar de encuentro ciudadano y refugio de contemplación.

Uno de los aspectos más simbólicos aparece en la cubierta superior: las aperturas estratégicas permiten el paso de luz natural durante el día y, durante la noche, un sistema lumínico resalta las líneas arquitectónicas, reforzando la ilusión de un gigantesco volumen escrito. Vista frontalmente, la silueta adquiere además una segunda lectura visual: recuerda la forma de un árbol, metáfora universal del crecimiento, la vida y el desarrollo intelectual continuo.

El proyecto incorpora también un auditorio, puentes elevados que conectan distintas alas del edificio, zonas comunitarias protegidas bajo la estructura principal, espacios para eventos y una gran fuente de agua situada en la entrada que introduce desde el primer momento una atmósfera de serenidad. La arquitectura deja así de ser mero contenedor de libros para convertirse en un mensaje cultural en sí misma.

En conjunto, esta propuesta plantea una idea poderosa: la biblioteca del siglo XXI ya no debe entenderse únicamente como depósito documental, sino como un ecosistema de conocimiento donde diseño, simbolismo y experiencia sensorial trabajan juntos para reivindicar el valor permanente del libro en una era dominada por lo digital. Más que almacenar información, esta biblioteca busca inspirar asombro, curiosidad y comunidad.

La participación en actividades artísticas y culturales se relaciona con un envejecimiento biológico más lento.

The Guardian. “Arts Cultural Engagement Linked to Slower Pace of Biological Ageing, UCL Research.” The Guardian, 12 de mayo de 2026. The Guardian

Una investigación desarrollada por University College London (UCL) ha aportado una evidencia particularmente sugerente sobre la relación entre cultura y salud: participar regularmente en actividades artísticas y culturales podría contribuir a ralentizar el envejecimiento biológico del organismo.

El estudio, difundido por The Guardian y publicado en la revista científica Innovation in Aging, plantea que actividades como leer, escuchar música, pintar, cantar, bailar, acudir a museos o visitar espacios patrimoniales no solo enriquecen intelectualmente, sino que parecen influir positivamente en procesos fisiológicos profundos asociados al envejecimiento celular.

La investigación analizó datos de más de 3.500 adultos del Reino Unido, cruzando información sobre hábitos culturales con biomarcadores sanguíneos capaces de medir lo que los científicos denominan edad biológica. Este concepto difiere de la edad cronológica: mientras esta última mide simplemente los años transcurridos desde el nacimiento, la edad biológica intenta determinar cuánto desgaste real acumulan las células y tejidos del cuerpo. Los resultados mostraron que las personas que participaban semanalmente en actividades artísticas presentaban un ritmo de envejecimiento aproximadamente un 4 % más lento que quienes rara vez mantenían este tipo de prácticas culturales.

Uno de los hallazgos más relevantes es que el beneficio no parece depender exclusivamente de una actividad concreta, sino también de la diversidad de experiencias culturales. Cuanto mayor era la variedad de actividades —por ejemplo combinar lectura, conciertos, pintura, danza o visitas a galerías— mejores indicadores biológicos presentaban los participantes. Los investigadores señalan que este efecto probablemente surge de una combinación de factores: estimulación cognitiva, reducción del estrés, interacción social, activación emocional positiva y generación de sentido vital, elementos todos ellos estrechamente vinculados al bienestar integral.

El estudio resulta especialmente interesante porque sitúa la cultura en un terreno tradicionalmente reservado a la medicina preventiva y al ejercicio físico. Durante décadas se ha insistido en la importancia de caminar, mantener una dieta equilibrada o realizar deporte para envejecer saludablemente; ahora la investigación sugiere que la participación cultural podría ofrecer beneficios comparables en determinados aspectos biológicos relacionados con la longevidad. Esto redefine el acceso al arte no como mero entretenimiento o lujo social, sino como una práctica con implicaciones directas para la salud pública.

Datos:

Impacto Semanal (4% más lento): Quienes realizan actividades artísticas al menos una vez por semana presentan el mayor beneficio en su ritmo de envejecimiento biológico.

Impacto Mensual (~3% de ralentización): Mantener una constancia mensual sigue ofreciendo una protección notable.

Impacto Esporádico (2% de reducción): Incluso asistir a eventos culturales solo 3 veces al año marca una diferencia medible.

El Gran Hallazgo: El beneficio fisiológico de la cultura es comparable al del ejercicio físico regular, consolidándola como un hábito fundamental para la salud.

Más allá de la relevancia biomédica, el hallazgo plantea una reflexión de fondo sobre el papel de instituciones como bibliotecas, museos, archivos, centros culturales o espacios comunitarios. Estos lugares, tradicionalmente concebidos como custodios del conocimiento y la memoria colectiva, aparecen ahora también como posibles agentes de bienestar y envejecimiento saludable. La cultura, en esta perspectiva, deja de ser únicamente una forma de educación o disfrute estético para convertirse en una dimensión esencial del cuidado humano, capaz de influir incluso en los mecanismos biológicos más íntimos que determinan nuestra forma de envejecer.

En cierto sentido, esta investigación confirma una intuición profundamente humanista: cultivar la sensibilidad artística, mantener una vida intelectualmente activa y permanecer conectado con expresiones culturales no solo alimenta el espíritu, sino que también parece dejar una huella tangible en la propia arquitectura biológica del cuerpo. El arte, así, emerge no simplemente como expresión de la condición humana, sino como una posible herramienta silenciosa de longevidad.

En términos simples: leer, escuchar música, visitar bibliotecas o participar en actividades creativas no solo estimula la mente; podría estar modificando favorablemente la velocidad a la que envejece nuestro cuerpo.

¿Necesita tu universidad un bibliotecario de inteligencia artificial?

Lu, Adrienne The Chronicle of Higher Education. “Does Your College Need an AI Librarian?” The Chronicle of Higher Education. Consultado en junio de 2026. The Chronicle of Higher Education

La irrupción de la inteligencia artificial generativa en el ámbito universitario está obligando a las instituciones académicas a replantearse profundamente sus estructuras de apoyo al aprendizaje, la investigación y la gestión del conocimiento. En este contexto emerge una figura profesional novedosa y cada vez más necesaria: el bibliotecario especializado en inteligencia artificial, un perfil híbrido que combina competencias tradicionales en gestión de información con conocimientos avanzados sobre modelos algorítmicos, alfabetización digital crítica y ética tecnológica.

La pregunta ya no es si la inteligencia artificial afectará a las universidades, sino quién acompañará a la comunidad académica en este proceso de transformación. Tradicionalmente, el bibliotecario universitario ha sido el mediador entre usuarios y conocimiento organizado. Sin embargo, la llegada de herramientas como ChatGPT, Google NotebookLM o asistentes automatizados de búsqueda documental está desplazando parte de esa intermediación hacia sistemas automatizados capaces de sintetizar información, responder preguntas complejas y generar textos académicos en segundos. Esto no elimina el papel del bibliotecario, sino que redefine radicalmente su función: pasa de custodio de colecciones a facilitador crítico del ecosistema algorítmico del conocimiento.

El denominado AI Librarian surge así como un profesional encargado de ayudar a estudiantes, docentes e investigadores a comprender cómo funcionan estos sistemas, cuáles son sus limitaciones epistemológicas y qué riesgos presentan en términos de sesgos, alucinaciones, privacidad o dependencia cognitiva. Su labor incluye enseñar a formular prompts eficaces, evaluar la fiabilidad de respuestas generadas automáticamente, verificar fuentes, identificar errores de atribución y promover un uso ético de la inteligencia artificial en contextos académicos. En cierto modo, representa una evolución contemporánea de la clásica alfabetización informacional hacia una nueva alfabetización algorítmica.

Las universidades comienzan a reconocer que la adopción masiva de inteligencia artificial requiere nuevos perfiles institucionales. Muchas instituciones estadounidenses ya están incorporando programas de AI Literacy (alfabetización en IA) en los currículos, creando grupos de trabajo interdisciplinarios donde bibliotecas, centros de innovación docente y departamentos tecnológicos colaboran en el diseño de estrategias formativas. Dentro de esta estructura, la biblioteca aparece como uno de los espacios naturales para liderar esa transición, dado su papel histórico como garante del acceso democrático al conocimiento y de la evaluación crítica de fuentes.

Un aspecto especialmente relevante es la dimensión ética del nuevo rol. Mientras la inteligencia artificial promete acelerar procesos de investigación, personalizar el aprendizaje y automatizar tareas administrativas, también plantea interrogantes sobre derechos de autor, opacidad algorítmica, vigilancia de usuarios y concentración del conocimiento en grandes corporaciones tecnológicas. El bibliotecario especializado en IA no solo debe conocer herramientas tecnológicas, sino convertirse en un defensor activo de principios como la transparencia, la privacidad, la soberanía informativa y la equidad en el acceso al conocimiento digital.

Desde la perspectiva de las bibliotecas universitarias, este escenario representa probablemente una de las transformaciones profesionales más profundas desde la llegada de internet. Igual que en décadas anteriores el bibliotecario aprendió a gestionar bases de datos, recursos electrónicos y repositorios institucionales, ahora necesita desarrollar competencias relacionadas con modelos generativos, recuperación aumentada por IA (Retrieval-Augmented Generation), metadatos para entrenamiento algorítmico y evaluación crítica de sistemas automáticos de recomendación.

En última instancia, la aparición del AI Librarian refleja una idea central: cuanto más sofisticada se vuelve la tecnología, más importante resulta la mediación humana experta. La universidad del futuro no necesitará menos bibliotecarios, sino profesionales capaces de interpretar críticamente un entorno donde la producción y circulación del conocimiento estará cada vez más condicionada por algoritmos. La biblioteca académica deja así de ser únicamente un espacio de acceso a información para convertirse en un laboratorio de pensamiento crítico frente a la automatización del conocimiento.

Entrevista a la escritora Melanie Márquez Adams. Planeta Biblioteca 2026/06/17.

Entrevista a la escritora Melanie Márquez Adams.

Planeta Biblioteca 2026/06/17.

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OBRAS DE MELANIE MÁRQUES ADAMS

Melanie Márquez Adams es una escritora, editora, traductora y académica nacida en Guayaquil en 1976, cuya trayectoria literaria se ha desarrollado entre Ecuador, Estados Unidos y España. Su obra aborda temas como la migración, la identidad latina, la pertenencia y la experiencia de vivir entre lenguas y culturas. Ha publicado libros como Mariposas negras, Querencia, El país de las maravillas y Anfibias, moviéndose entre la crónica, el ensayo, el cuento y la autoficción. Además, ha impulsado la visibilidad de la literatura latinoamericana en EE. UU. como editora de importantes proyectos colectivos, reconocidos con el International Latino Book Award en 2018. Su escritura combina memoria íntima, mirada crítica y exploración de lo femenino, mientras actualmente continúa su formación en traducción intercultural en la Universidad de Salamanca.