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Los rusos cren que la profesión de bibliotecario desaparecerá y deberemos reciclarlos en técnicos de impresión 3D

 

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Según información aparecida esta semana a través de una encuesta del portal de empleo Trudvsem.ru., la mayoría de los rusos consideran que de aquí a 10 años hay algunas profesiones que van a desaparecer por falta de viabilidad de futuro. Concretamente la profesión de bibliotecario fue la más votada por un total de 61,5% de los encuestados, en segundo lugar el oficio llamado a desaparecer será el de cartero con un 19,1%.

Además el 65,8% estiman que muchas profesiones van a desaparecer y un 47,1% que estos profesionales se deberían reciclar a otras tareas como técnicos de impresión 3D.

Así, en cuanto a las profesiones que traerá el futuro cercano, los rusos están apostando por las de técnico de impresión 3D (29.7%), técnico de robótica médica y consejero genético (14%).

La encuesta se realizó en línea del7 de febrero al 2 de marzo entre más de 2.600 personas .

También decir que no es la primera vez que una encuesta considera que la profesión de bibliotecario será  la primera en desaparecer en la era digital. Hace un año también US Today, publicó una noticia en este mismo sentido. Incluso importantes influencers de la economía y del periodismo como Greta van Suteren de Fox News y Tim Worstall de Forbes en alguna ocasión se han pronunciado en este mismo sentido.

Lo cierto es que generalmente la gente tiene un concepto muy poco informado de lo que es, y de lo que hace un bibliotecario. En la actualidad la biblioteca están cambiando y están diversificando sus ofertas, re imaginando sus espacios y están siendo ágiles, creativos respondiendo a las necesidades de sus comunidades ofertando servicios relacionados con el aprendizaje y la alfabetización; y curiosamente, la mayoría de las bibliotecas que han hecho este cambio reciben más visitas que cuando su éxito se basaba exclusivamente en los formatos impresos. Por otra parte la encuesta tampoco aporta nada nuevo, ya que muchas bibliotecas ya han incorporado impresoras 3D en sus espacios de creación o qué ponen a disposición de la comunidad de forma gratuita, siendo el bibliotecario el orientador en la formación de uso de esta tecnología y un asesor de confianza de sus usuarios. Por lo tanto casi podríamos decir que los profesionales de las bibliotecas nos hemos adelantado al futuro. La biblioteca a muerto, viva el bibliotecario!!

 

Horas en una biblioteca.

 

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Virginia Woolf. Horas en una biblioteca.

 

«No sería difícil demostrar por medio de un conjunto de hechos contrastados que la gran época para la lectura es la que va de los dieciocho a los veinticuatro años de edad. La mera lista de lo que entonces se lee colma el corazón de las personas mayores de pura desesperación. No es solamente que leamos tantísimos libros, sino también que hayamos podido leer precisamente esos libros. Si se desea refrescar la memoria, tomemos uno de esos viejos cuadernos que rezuman, en un momento u otro, la pasión de los comienzos. Es verdad que la mayoría de las páginas han quedado en blanco, aunque al principio encontraremos un determinado número hermosamente seguido de una caligrafía perfectamente legible. Ahí hemos anotado los nombres de los grandes escritores por orden de mérito; habremos copiado espléndidos pasajes de los clásicos; habrá también listas de libros por leer; lo más interesante de todo es que también habrá listas de libros en efecto leídos, como atestigua el lector con un punto de vanidad juvenil al añadir una marca en tinta roja.

Los libros leídos durante la niñez, habiéndolos distraído de algún anaquel que en principio debiera habernos resultado inaccesible, tienen aún esa irrealidad y esa atrocidad de la visión hurtada al amanecer cuando se propaga sobre los campos apacibles, cuando toda la casa duerme todavía. Asomándonos entre las cortinas, vislumbramos el perfil extraño de los árboles que envuelve la bruma y que apenas reconocemos, aunque tal vez los hayamos de recordar durante toda la vida, pues los niños tienen extrañas premoniciones del porvenir. En cambio, las lecturas posteriores, de las que la lista reseñada es mero ejemplo, es harina de otro costal. Tal vez por vez primera han desaparecido todas las restricciones, y podemos leer lo que nos plazca; las bibliotecas están a nuestras órdenes; mejor aún, tenemos amigos que se encuentran en idéntica situación. Durante días sin fin no hacemos otra cosa que leer. Es una época de extraordinaria excitación, de exaltación. Es como si fuésemos veloces reconociendo a los héroes. Se produce una suerte de maravilla en nuestro ánimo ante la certeza de que somos nosotros quienes estamos haciendo todo esto, y con esa maravilla se entrevera una absurda arrogancia, y un deseo de dar muestras de nuestra familiaridad con los seres humanos más grandes que jamás hayan hollado este mundo. La pasión por el saber se encuentra entonces al máximo, o al menos goza de la máxima confianza, y también poseemos una singularidad de propósito que los grandes escritores gratifican al dar la apariencia de que son uno con nosotros en su estimación de lo que es bueno en la vida. Y como es necesario defender nuestro territorio frente a alguien que se haya acogido a la égida de Pope, por ejemplo, en vez de optar por Sir Thomas Browne a la hora de escoger un héroe, concebimos un profundo afecto por estos hombres, y llegamos a tener la sensación de que los conocemos no como otros los han conocido, sino de una manera privada, íntima. Batallamos bajo su enseña, casi a la luz de sus ojos.»

 

 

El bibliómano ignorante

 

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Luciano. El bibliómano ignorante Luciano. Errar Nature. 2009

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Un hombre rico, aficionado a los jovencitos y los chaperos, que engrosa cada día su biblioteca con nuevos libros —que nunca lee— con la esperanza de mejorar así su imagen y posición social.

 

FRAGMENTOS

Nunca he visto un libro de Luciano en el vips. Frecuento a diario esas mesas llenas de colores, consejos y Jiménez Losantos y puedo jurar que ni una sola vez me he topado con un ejemplar de las obras de Luciano de Samósata. Coelhos y Allendes sí, a granel, pero Lucianos ni uno. ¿Por qué voy al vips? Cualquiera sabe. ¿Qué tipo de pregunta es ésa? Voy como todos, para sentirme mejor, más crítico y más sabio en la sección letrada, es fama que nadie detecta la guasa, el pastiche y la lógica del mercado como el hombre instruido. Compro mucho y variado porque hay que saber de todo, pero puedo dejarlo cuando quiera.

Edgard W. Said. Tampoco he encontrado libros de Said en las grandes superficies. Supongo que llegaron a mis manos como todo lo bueno, de repente.

Usted sabe, por ejemplo, que la infamia ni se crea ni se destruye: la infamia se acredita, oposita, habita en los libros de autoayuda y en las mesas redondas, en los clubes, en los trajes, en todas y cada una de las sobremesas que no supimos rechazar a tiempo; la infamia se licencia, se doctora, invierte en másters, se subasta. La infamia se subasta y se adquiere y entonces la infamia ya no es la infamia sino el saber, el arte, el talento, la cultura.

 

 

El mal que existe en el mundo proviene casi siempre de la ignorancia

 

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El mal que existe en el mundo proviene casi siempre de la ignorancia, y la buena voluntad sin clarividencia puede ocasionar tantos desastres como la maldad. Los hombres son más bien buenos que malos, y, a decir verdad, no es esta la cuestión. Sólo que ignoran, más o menos, y a esto se le llama virtud o vicio, ya que el vicio más desesperado es el vicio de la ignorancia que cree saberlo todo y se autoriza entonces a matar. El alma del que mata es ciega y no hay verdadera bondad ni verdadero amor sin toda la clarividencia posible.

Albert Camus «La Peste»

La obra de Bob Dylan es como una biblioteca

 

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«La obra de Bob Dylan es como una biblioteca de pasillos estrechos y sinuosos y profundas estanterías de roble que atraen a quien se asoma: uno se pone a hojear los volúmenes y puede que no quiera salir jamás. Consecuencia directa de Dylan es un montón de poesía infame, una caterva de tipos flacuchos con gafas de sol y pose odiosa; también mucho cinismo malicioso. Pero también la letra de “Strawberry Fields Forever”, o de “Montague Terrace in Blue”, de Scott Walker, o de “New Face in Hell”, de The Fall. Gerry Goffin perdió la cabeza en su intento por acercarse al numen de Dylan, pero de paso compuso “Goin’Back”para Dusty Springfield y “Wasn’t Born to Follow”, popularizada por los Byrds, dos canciones filosóficas capaces de vertebrar toda una vida; a lo mejor pensaba que el sacrificio le había salido a cuenta.»

La gente pedía a Bob Dylan lo imposible: que descifrase el mundo. Era una exigencia inalcanzable para cualquiera. Lo más extraordinario de Dylan, y de suyo un logro monumental, es que ayudó a su país a descifrarse a sí mismo.»

 

Bob Stanley ‘Yeah! Yeah! Yeah! La historia del pop moderno»

El mercado de los libros de Sant Antoni

 

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Otro lugar que se parece a estar dentro de un cuento infantil, primero, y después en una gran novela del siglo XIX es el mercado de los libros de Sant Antoni, los domingos por la mañana. Un espacio que respira envejecimiento y alegría. Casi un kilómetro de puestos de libros de segunda mano. Ni las autoridades franquistas ni la Iglesia aparentan tener nada que decir aquí, donde, de algún modo, pervive la riqueza cultural anterior a la guerra. Ninguna librería de la ciudad causa un impacto semejante. Cualquiera sabe que, si busca y pregunta, puede encontrar o encargar libros contemporáneos prohibidos. Me engulle la multitud y me resulta difícil ponerme delante del puesto, el único sitio desde el que puedo ver los libros y las revistas. Avanzo con dificultad, agarrándome a mi padre para no perderlo. Por encima de todos los olores que desprende la multitud, me gusta percibir el olor del papel viejo, y tendrán que pasar muchos años para que de este teatro de los libros ya únicamente me emocione el recuerdo.

JOAN MARGARIT en “Para tener casa hay que ganar la guerra”.

El día que nos enteramos de que un poeta alcanzó la presidencia de los EE UU

 

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De la noche a la mañana, un día nos enteramos de que un poeta lírico se ha alzado con la presidencia de los EE UU, en tanto que al sur, el resto de América empieza a aunarse al fin bajo el liderazgo de hierro de un dramaturgo experimental. Escindido en géneros literarios y en disciplinas humanísticas, el mundo amenaza con volver a la política de bloques y a la guerra fría, y en todos los países, salvo en aquellos donde algún gremio de letrados hubiera impuesto un régimen totalitario, surgirían partidos nunca vistos: el PC (Partido Costumbrista), la UEB (Unión de Editores de Bolsillo), la APE (Asociación de Profesores de Español), etcétera. Se provee de uniformes de campaña y armas automáticas a los bibliotecarios. Los profesores de literatura dan sus clases a punta de pistola. Por donde pasa el caballo de un crítico literario, ahí no vuelve a crecer más la hierba de la imagen. Taxistas y albañiles habrían de revalidar sus puestos de trabajo con la demostración de haber leído con aprovechamiento doscientos libros y compuesto al menos un cuento o un soneto. No se pedirían ya curriculum vitae sino curriculum retoricae. Habría depuraciones, habría delaciones («mi vecino del tercero no ha leído a Galdós ni releído a Juan Goytisolo»), habría torturas, sambenitos y capirotes, habría insignias y carnés, y un nuevo fantasma recorrería el mundo: el de la literatura. Ingenieros informáticos y teleadictos empecinados («nostálgicos del pasado, reaccionarios», en definitiva) celebrarían reuniones clandestinas para ver anuncios de televisión y jugar a los videojuegos.

 

Luis Landero «Entre líneas: el cuento o la vida»

Jim Morrison trabajó de auxiliar de biblioteca en UCLA

 

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Jim no tenía gran cosa que hacer en Coronado, se aburría y estaba intranquilo. Empezó a pedir que le dejaran volver a la universidad para recuperar el curso de historia que había dejado colgado. Se marchó a principios de agosto, con la promesa de que buscaría un empleo de media jornada. A finales de verano, Jim trabajaba de auxiliar en la Biblioteca de Artes Escénicas, colocando libros en los estantes y reclamando devoluciones atrasadas, por un dólar veinticinco la hora. Era un trabajo sencillo, pero fue incapaz de conservarlo. En octubre llegó un nuevo bibliotecario que despidió a Jim cuando se hizo evidente que este no tenía ningún interés en llegar puntual al trabajo.

 

«De aquí nadie sale vivo. La vida de Jim Morrison» · Hopkins, Jerry: Sugerman, Danny: Capitán Swing

 

…Y la tomé como un libro

 

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…Y la tomé como un libro; la abro en dos y contemplé maravillado su contenido, sus líneas tan perfectas, tan lisas, tan incitantes a querer leerla, tenerla, olerla. lo hice; inhalé y exhalé tantas veces como deseé para grabarme por siempre su aroma a libro lívido el cual vibraba y eyaculaba letras. Al no poder más me introduje en su narración tantas veces como me fue posible, inundándole con mi poesía lírica… La deshojé, la devore todo en una noche.

Al terminar de leerla, en su último párrafo, en su punto final, le agregue dos puntos más convirtiéndola en suspensivos seguidos de mi firma, pues sabía que desde ese momento, se desarraigar la saga de un amor interminable…

 

Gustavo Hernández