Canadian Association of Research Libraries (CARL) y Canadian Federation of Library Associations (CFLA). “CARL and CFLA Release New Guide on the Canadian Copyright Act for Accessible Content.” CARL News, 15 de septiembre de 2025
El documento busca ofrecer una visión clara y práctica de la legislación canadiense en materia de derechos de autor, centrada en el acceso, la producción y la distribución de contenidos accesibles para personas con discapacidades perceptuales
La publicación explica cómo se aplican las disposiciones vigentes, incluye un listado de verificación de requisitos legales, recopila buenas prácticas, ofrece recomendaciones para situaciones cotidianas y propone medidas para reducir barreras de acceso. También incorpora un glosario de términos clave que facilita la comprensión del marco legal (carl-abrc.ca).
El material está dirigido principalmente a productores de formatos alternativos, bibliotecas, archivos, museos, galerías, instituciones educativas y organizaciones que trabajan con personas con discapacidades perceptuales. Sin embargo, resulta igualmente útil para titulares de derechos que deseen conocer en detalle la normativa aplicable (carl-abrc.ca).
La guía subraya la necesidad de lograr una mayor coordinación entre quienes crean contenidos accesibles y los propietarios de derechos, con el fin de garantizar que toda la ciudadanía canadiense pueda acceder en igualdad de condiciones a la información y la cultura. Además, constituye la primera publicación conjunta de CARL y CFLA disponible también en formato EPUB, lo que amplía su nivel de accesibilidad.
McBride, Vanessa; Natalia Norori; Denisse Albornoz. Data and AI for Science: Key Considerations. Working Paper, International Science Council, septiembre de 2025. DOI: 10.24948/2025.11
El informe ofrece una visión amplia y crítica del cruce entre inteligencia artificial, datos y ciencia, destacando que solo mediante la combinación de apertura, responsabilidad y cooperación internacional se podrá aprovechar plenamente el potencial de la IA en beneficio del conocimiento y la sociedad.
El informe explora cómo la inteligencia artificial está transformando la práctica científica y qué condiciones deben cumplirse para que los datos puedan aprovecharse de manera efectiva, ética y sostenible. La noción central es la de datos “AI-ready”, es decir, conjuntos de datos preparados para ser procesados y reutilizados por sistemas de IA en beneficio de la investigación. Este concepto implica que los datos no solo deben estar disponibles, sino también estructurados, limpios, interoperables y documentados de manera adecuada.
Una parte importante del documento se centra en la calidad e interoperabilidad de los datos. La ciencia abierta ha impulsado normas como FAIR (Findable, Accessible, Interoperable, Reusable), pero el uso de IA añade nuevas exigencias. Por ejemplo, los algoritmos requieren datos con metadatos consistentes, esquemas comunes y estándares de anotación que permitan la reutilización automática. Además, se subraya que la preparación de datos para IA debe considerar la reducción de sesgos y garantizar la inclusión de voces y contextos diversos, para evitar reproducir inequidades existentes en los resultados científicos.
Otro eje del informe son las dimensiones éticas, sociales y ambientales. Los autores advierten que el entrenamiento y uso de grandes modelos de IA conlleva altos costes energéticos y huellas de carbono significativas, por lo que la sostenibilidad debe integrarse en la planificación de infraestructuras científicas. En paralelo, se examinan los riesgos para la privacidad, la seguridad y la soberanía de los datos, especialmente en campos sensibles como la biomedicina o las ciencias sociales. Estos retos requieren marcos sólidos de gobernanza que equilibren apertura y protección.
El informe también vincula la preparación de datos para IA con la agenda de la ciencia abierta. Se argumenta que los principios de transparencia, accesibilidad y colaboración resultan esenciales para garantizar que la IA potencie la ciencia de manera inclusiva y global. Se destacan casos prácticos en los que repositorios, proyectos colaborativos y consorcios internacionales han logrado implementar buenas prácticas de datos AI-ready, sirviendo como ejemplos para otras disciplinas.
Finalmente, se presentan recomendaciones estratégicas:
Consolidar marcos normativos y estándares internacionales, como FAIR-R y Croissant.
Invertir en infraestructuras digitales y capacidad de cómputo adecuadas para la investigación con IA.
Fortalecer la capacitación en gestión de datos e inteligencia artificial.
Reconocer institucionalmente la labor de quienes trabajan en la preparación y curación de datos.
Garantizar la equidad y la inclusividad en las políticas sobre datos e IA, evitando que el acceso desigual a recursos tecnológicos aumente las brechas entre regiones y comunidades científicas.
El informe analiza cómo los profesionales de bibliotecas e información en el Reino Unido están incorporando la Inteligencia Artificial (IA) en su trabajo, cuáles son sus percepciones y qué apoyos necesitan.
La encuesta, realizada entre noviembre y diciembre de 2024, recogió 162 respuestas válidas procedentes principalmente de bibliotecas universitarias, de salud y públicas. El objetivo del estudio fue conocer no solo el nivel de adopción de estas tecnologías, sino también las oportunidades, riesgos y necesidades que identifican los bibliotecarios.
El resultado más llamativo es que un 65 % de los participantes reconoció estar utilizando herramientas de IA en su trabajo cotidiano. Entre las más citadas se encuentran ChatGPT y Copilot, empleadas sobre todo para tareas de redacción, búsqueda de información y automatización de procesos rutinarios. El uso resulta más extendido en bibliotecas universitarias y de salud, mientras que en las públicas todavía es más moderado. Pese a esta presencia creciente, solo un tercio de las instituciones encuestadas contaba ya con una política específica sobre IA y otro cuarto estaba en proceso de desarrollarla, lo que indica que todavía existe un marco normativo y estratégico insuficiente.
En cuanto a los ámbitos de aplicación, el informe destaca el uso de la IA generativa para redactar borradores de documentos, apoyar la alfabetización digital de los usuarios e integrar la enseñanza crítica de estas tecnologías en programas formativos. También se la emplea en la síntesis de información y en la mejora de procesos internos, con el fin de ganar eficiencia administrativa y liberar tiempo para otras tareas de valor añadido. Todo ello revela que la profesión percibe la IA como una herramienta práctica y útil, aunque aún en fase exploratoria.
Los encuestados identificaron varias oportunidades relacionadas con la IA. Entre ellas figuran la posibilidad de mejorar la eficiencia de los servicios bibliotecarios, reforzar las competencias en análisis y gestión de datos, enriquecer la experiencia de los usuarios y desarrollar nuevas funciones profesionales ligadas a la enseñanza y mediación tecnológica. Sin embargo, junto a estos beneficios emergen preocupaciones importantes que frenan una adopción plena.
Las principales barreras son de naturaleza ética, económica y técnica. En el terreno ético, se señalaron riesgos como la falta de transparencia, los sesgos de los algoritmos, la generación de desinformación y los problemas de privacidad. Desde el punto de vista económico, muchas instituciones consideran que el coste de las soluciones comerciales de IA resulta excesivo. También se subraya el impacto ambiental que puede tener el uso intensivo de estas tecnologías, especialmente por el alto consumo energético de los sistemas. A todo ello se suma la percepción de un déficit de competencias técnicas dentro de la profesión, que limita el aprovechamiento de las herramientas disponibles, y las dudas legales vinculadas a los derechos de autor y la propiedad intelectual en relación con los contenidos generados por IA.
Frente a este panorama, los profesionales expresaron con claridad sus necesidades de apoyo. La mayoría reclama formación accesible en distintos formatos —cursos cortos, seminarios web o materiales escritos— que les permita adquirir un conocimiento práctico y actualizado. También demandan guías éticas y regulatorias que orienten el uso responsable de la IA, así como ejemplos concretos de buenas prácticas adaptadas a diferentes tipos de bibliotecas. Se espera además que CILIP desempeñe un papel de liderazgo institucional, actuando como referente en la elaboración de políticas, en la difusión de recursos y en la representación del sector en los debates públicos y regulatorios sobre la IA.
El estudio muestra que la IA se ha integrado de forma significativa en el trabajo bibliotecario del Reino Unido, aunque de manera desigual y todavía experimental. Los profesionales reconocen tanto sus beneficios como los riesgos que entraña, y existe una demanda clara de liderazgo, formación y marcos normativos que permitan gestionar esta integración de manera responsable. El informe refleja un sector en transformación, que avanza con cautela pero con la convicción de que la IA será una pieza clave en el futuro de las bibliotecas.
La UNESCO presenta una antología que explora cómo la inteligencia artificial (IA) está transformando la educación, sus disrupciones, los dilemas éticos y las posibles orientaciones futuras. Se reconoce que la IA ya está modificando la forma en que enseñamos, aprendemos y entendemos el mundo, pero estas transformaciones no se distribuyen por igual. Aproximadamente un tercio de la humanidad sigue sin acceso adecuado a la conectividad, y quienes tienen suscripciones, buena infraestructura o ventaja lingüística son los que más se benefician.
Este desequilibrio implica que no solo el acceso tecnológico sea desigual, sino también qué tipos de conocimientos, valores e idiomas predominan en los sistemas educativos impulsados por IA. Los sistemas tienden a reflejar las estructuras dominantes que ya existen, lo que plantea preguntas sobre equidad, diversidad cultural e inclusión
Además, la antología aborda dilemas filosóficos, éticos y pedagógicos: ¿cómo evaluar a los estudiantes en la era de la IA?, ¿cómo asegurarse de que estas tecnologías promuevan el cuidado, la justicia y los derechos humanos? ¿Cómo diseñar políticas, currículos y pedagogías que reconozcan la cooperación humano-máquina sin deshumanizar ni reforzar desigualdades?
Para enfrentar estos retos, la UNESCO propone fomentar un “commons global” para el diálogo: un espacio global compartido para pensar juntos, debatir diferencias y reimaginar una educación inclusiva en la era de la IA. Se apoya en sus recomendaciones sobre ética de la IA, orientaciones para IA generativa en educación e investigación, y marcos de competencias para docentes y estudiantes.
Según se indica, la nueva edición pondrá en el centro del análisis y evaluación escolar competencias como el pensamiento crítico, la conciencia algorítmica y la capacidad de evaluar críticamente los medios, reflejando la necesidad de preparar a los estudiantes para un entorno digital cada vez más complejo.
El programa PISA, desarrollado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), es reconocido por evaluar las habilidades de estudiantes de 15 años en lectura, matemáticas y ciencias en contextos del mundo real. La edición de 2029 incluye un nuevo dominio innovador: la alfabetización mediática y en inteligencia artificial, conocida como MAIL (Media & Artificial Intelligence Literacy), que amplía significativamente el alcance tradicional de la evaluación. El dominio MAIL busca evaluar si los estudiantes han tenido oportunidades de aprender a participar de modo proactivo y crítico en un mundo mediado por herramientas digitales y de inteligencia artificial.
La evaluación MAIL se diseñará como un entorno simulado—incluyendo redes sociales, internet y herramientas generativas de IA—que permitirá evaluar de forma realista competencias relacionadas con el análisis de credibilidad del contenido digital, el uso ético de la IA y la colaboración en entornos digitales.
La edición de 2029 planteará una agenda educativa más adaptativa e integral, centrada en la alfabetización mediática (comprensión crítica de contenido digital y medios) y en la alfabetización sobre IA, lo que incluye entender cómo funcionan los algoritmos, cómo influyen en la sociedad y cómo interactuar con las herramientas digitales de manera ética e informada.
Este cambio significativo en PISA orienta a las escuelas y responsables de políticas educativas hacia una actualización de los currículos. Es esencial que las instituciones incluyan en sus programas de estudios contenidos específicos sobre IA y medios digitales, y que desarrollen metodologías que evalúen estas competencias emergentes. De este modo, no solo se adaptan a los cambios en las herramientas de evaluación internacional, sino que contribuyen a formar estudiantes más preparados para un mundo donde la tecnología digital y algorítmica es omnipresente.
The Road to Artificial General Intelligence: Understanding the Evolving Compute Landscape of Tomorrow. MIT Technology Review Insights. En colaboración con Arm. Agosto de 2025.
El artículo aborda el núcleo del desafío de la Inteligencia Artificial General (AGI): los modelos actuales, capaces de escribir código o descubrir fármacos, todavía fracasan en tareas simples que cualquier persona puede resolver en minutos. Esta paradoja refleja la dificultad de crear una IA que no solo sobresalga en dominios específicos, sino que iguale o supere la inteligencia humana en múltiples campos. La pregunta central es si la actual revolución de la IA puede realmente dar ese salto, y cuáles serían los habilitadores clave —hardware, software o una combinación de ambos— necesarios para hacerlo posible.
Expertos del sector ofrecen predicciones audaces. Dario Amodei, cofundador de Anthropic, anticipa la llegada de una “IA poderosa” tan pronto como en 2026. Según él, esta tendría propiedades extraordinarias: inteligencia de nivel Nobel en dominios concretos, capacidad de moverse entre interfaces como texto, audio o entornos físicos, y la autonomía para razonar hacia metas propias, en lugar de limitarse a responder preguntas. Por su parte, Sam Altman, CEO de OpenAI, asegura que ya empiezan a verse características similares a la IAG, con un potencial transformador comparable al de la electricidad o internet. Destaca que el progreso se debe a tres factores: la mejora continua en el entrenamiento y los datos, el abaratamiento del cómputo y un valor socioeconómico que describe como “superexponencial”.
El optimismo no se limita a los fundadores de startups. Proyecciones agregadas indican al menos un 50% de probabilidad de que los sistemas de IA alcancen varios hitos de AGI antes de 2028. Encuestas de expertos sugieren que la probabilidad de que las máquinas superen a los humanos en todas las tareas sin ayuda externa es del 10% para 2027 y del 50% para 2047. Además, los plazos se acortan con cada nuevo avance: lo que con GPT-3 se estimaba en 50 años, a finales de 2024 ya se veía factible en cinco años. Para Ian Bratt, vicepresidente de tecnología de machine learning en Arm, los grandes modelos de lenguaje y razonamiento ya están transformando prácticamente todas las industrias, y son la antesala de este cambio radical.
“Journal Research Data Policy Frameworks – The Value of RDA for Policy” forma parte de la serie de white papers de la Research Data Alliance (RDA) y fue publicado en agosto de 2025. Surge de los talleres organizados en mayo del mismo año, cuyo objetivo era mostrar el impacto de las recomendaciones de la RDA en la formulación de políticas de investigación, particularmente en lo relativo a la gestión de datos en revistas académicas.
El Journal Research Data Policy Framework se presenta como una herramienta estandarizada para ayudar a revistas y editores a crear o mejorar sus políticas de datos. Este marco ofrece claridad sobre las expectativas de publicación, refuerza prácticas ya asentadas en diversas disciplinas y favorece la reproducibilidad, visibilidad y citación de los resultados científicos. Además, simplifica la implementación para los editores, al proporcionar una estructura común pero adaptable a las necesidades de cada área del conocimiento.
Su valor radica en que las políticas de datos en revistas integran normas consistentes dentro de las instrucciones para autores, alineándose con los requisitos de financiadores e instituciones en momentos clave del ciclo de investigación. Entre los beneficios que aporta destacan: la definición clara de cuándo y cómo compartir datos, la extensión de buenas prácticas disciplinares, el aumento del impacto científico gracias a la reutilización y revisión de datos, y la reducción de la carga administrativa al contar con un marco estándar y flexible.
El marco fue elaborado en 2020 por el Interest Group on Data Policy Standards for Journals de la RDA. Define 14 características de una política de datos y establece seis niveles de aplicación (tiers), desde los más básicos hasta los más exigentes, que incluyen requerimientos como la declaración de disponibilidad de datos, el uso de estándares reconocidos o la revisión por pares de los conjuntos de datos. Gracias a este enfoque escalonado, revistas de distintas disciplinas pueden adoptar políticas acordes a su madurez y contexto.
El white paper también recoge ejemplos de implementación en distintos entornos. En Eslovenia, el archivo de datos de ciencias sociales (ADP) adaptó el marco y desarrolló guías para revistas locales, lo que permitió impulsar la ciencia abierta a nivel nacional, aunque con dificultades iniciales de recursos y apoyo institucional. En el ámbito internacional, la asociación STM, que agrupa a editores científicos, técnicos y médicos, lo utilizó para diseñar políticas coherentes en áreas sensibles como salud y medicina, logrando mayor credibilidad y alineación con estándares globales. Finalmente, el proyecto BRIDGE en Francia, liderado por instituciones como IRD, INRAE y CIRAD, empleó el marco para armonizar la gestión de datos en unidades mixtas de investigación, desarrollando repositorios FAIR y guías prácticas que refuerzan la gobernanza de datos.
Las conclusiones del informe subrayan que el marco de la RDA es práctico, flexible y aplicable a distintos sectores, desde revistas académicas hasta instituciones farmacéuticas o colaboraciones internacionales. Su éxito depende de la adopción temprana, la consulta a todas las partes interesadas, el apoyo técnico e institucional y la evaluación continua de los resultados. Asimismo, se recomienda avanzar hacia políticas más exigentes (niveles 03 en adelante) para consolidar una cultura de datos abierta, reproducible y sostenible en la investigación científica.
En EE. UU., unos 130 millones de adultos leen por debajo del nivel de sexto grado y 45 millones son funcionalmente analfabetos. La baja alfabetización se asocia con pobreza, desempleo, encarcelamiento y enormes costos económicos, estimados en hasta 2,2 billones de dólares anuales. Aunque existen programas de apoyo, menos del 10 % de quienes lo necesitan accede a ellos por falta de recursos y difusión.
El nivel de alfabetización en EE. UU. revela una desigualdad alarmante: en 2023, un 28 % de los adultos obtuvo un nivel 1 o inferior —indicando dificultades importantes en tareas cotidianas de lectura— y otro 29 % alcanzó el nivel 2, con habilidades básicas pero limitaciones ante textos complejos. Solo el 44 % llegó al nivel 3 o superior, considerado adecuado para la comprensión avanzada. Se estima que unos 130 millones de adultos (54 % de quienes tienen entre 16 y 74 años) leen por debajo del nivel de sexto grado, y unos 45 millones (21 %) son funcionalmente analfabetos, sin poder completar tareas básicas de lectura. El nivel medio se sitúa entre séptimo y octavo grado, y el porcentaje de adultos en los niveles más bajos aumentó 9 puntos entre 2017 y 2023.
Las causas sociales y demográficas son múltiples. Dos tercios de los adultos con baja alfabetización nacieron en EE. UU., y los grupos blanco e hispano —con un 35 % y 34 % respectivamente— representan las proporciones más altas. El 75 % de los encarcelados no completó la secundaria o posee baja alfabetización; sin embargo, quienes participan en programas educativos reducen su reincidencia en un 43 %. Solo el 53 % de los inmigrantes domina el inglés y tres de cada cuatro personas que reciben asistencia social se encuentran en los niveles más bajos de alfabetización. El 20 % de los adultos leen por debajo del nivel necesario para un salario digno, la mitad de los desempleados de 16 a 21 años son funcionalmente analfabetos, y casi el 80 % de quienes viven en pobreza leen en nivel 2 o inferior. Los niños que crecen en hogares con baja alfabetización tienen 72 % más probabilidad de bajo rendimiento y la habilidad lectora de la madre es el factor decisivo para el éxito académico de sus hijos, más importante que el vecindario o los ingresos familiares.
Además, el bajo nivel de alfabetización impacta también en la economía: se estima que cuesta hasta 2,2 billones de dólares anuales en productividad y pérdida de ingresos, entre 106 y 238 mil millones USD en costos sanitarios, y unos 20 mil millones USD en gastos fiscales. Además, el abandono escolar representa una carga de 240 mil millones USD por servicios sociales y menor recaudación fiscal. Se calcula que elevar el nivel de alfabetización de todos los adultos al nivel 3 podría aumentar el PIB en un 10 %.
Aunque existen programas de alfabetización, el acceso es limitado: menos del 10 % de los adultos con bajas habilidades están inscritos. El 80 % reporta desconocer los programas disponibles, el 51 % de estos programas tiene listas de espera, y el 63 % está afectado por falta de fondos o voluntarios. Aunque en 2019–2020 se inscribieron 1,1 millones de adultos en programas federales, es mucho menor que los 2,78 millones de 2001–2002. La financiación se asigna según el porcentaje de personas sin diploma de secundaria por estado; casi el 30 % de los estudiantes de alfabetización básica inicia un programa con nivel lector de tercer grado o inferior, y 48 millones de adultos leen por debajo del nivel de tercer grado.
Finalmente, las disparidades entre estados son notables: Nuevo Hampshire tiene la tasa más alta de alfabetización adulta (94,2 %), mientras que California tiene la más baja (76,9 %). Minnesota tiene un 57 % de adultos en nivel 3 o superior, y Nuevo México tiene un 29 % de adultos en nivel 1 o inferior, similar a California y Texas. La financiación estatal también varía ampliamente: en 2019–2020, Nuevo México destinó 6,2 millones USD a educación de adultos, mientras Minnesota invirtió 49,8 millones USD
El sondeo de WCET 2025 muestra que la IA está transformando la educación superior, especialmente en enseñanza, aprendizaje y evaluación. Destaca oportunidades en eficiencia e innovación, pero también riesgos como la brecha digital y la obsolescencia de programas tradicionales. El informe propone diez recomendaciones para una integración ética, equitativa y estratégica de la IA en las instituciones.
Desde hace apenas dos años, la adopción de herramientas de inteligencia artificial (IA) generativa ha comenzado a reformar profundamente la educación superior. El segundo sondeo de WCET, realizado en 2025 tras el inicial en 2023, revela que la incorporación de la IA ya no es una opción que se pueda postergar: muchas instituciones han iniciado procesos de integración, mayoritariamente en áreas como la enseñanza y el aprendizaje, pero también en operaciones y gobernanza. Este cambio refleja un movimiento decidido hacia una transformación estructural, más allá de los temores iniciales sobre la integridad académica.
En el ámbito pedagógico, la IA está redefiniendo tareas académicas: desde la creación y edición de contenidos hasta el diseño curricular, la herramienta se posiciona como un acelerador de eficiencia y productividad. Asimismo, se proyecta una innovación significativa en los métodos de evaluación: en lugar de valorar solamente productos finales, se prioriza el proceso de aprendizaje en sí, aprovechando la IA para analizar cómo interactúan los estudiantes con estas herramientas y obtener comprensión sobre su pensamiento crítico. Esta tendencia podría desplazar gradualmente el énfasis hacia habilidades orales y habilidades prácticas por encima del peso tradicional de los títulos.
No obstante, el informe subraya desafíos persistentes: la brecha digital y el riesgo de que los programas tradicionales queden obsoletos son preocupaciones centrales. Ante un mercado laboral cambiante, donde las competencias podrían prevalecer sobre los diplomas, las instituciones enfrentan el imperativo de garantizar un acceso justo a tecnologías de IA, y al mismo tiempo preparar estudiantes para un entorno donde las habilidades, más que los credenciales, conducirán al éxito profesional.
Para orientar esta transformación, el sondeo ofrece diez recomendaciones prácticas (actionable recommendations):
Crear políticas claras respecto al uso de IA.
Invertir en formación para alfabetización y fluidez en IA.
Establecer estructuras de apoyo institucionales.
Ofrecer incentivos para uso responsable e innovador.
Coordinar el uso de IA en el currículo.
Abordar desafíos de manera proactiva.
Promover un uso ético y equitativo de la IA.
Expandir la formación dirigida a estudiantes.
Emplear IA para mejorar la eficiencia operativa.
Fomentar la experimentación institucional
El documento insta a un paso decisivo del conocimiento a la acción: las instituciones de educación superior deben diseñar estrategias deliberadas que combinen ética, equidad y sostenibilidad para integrar la IA como una aliada de su misión centrada en el ser humano. Solo así podrán transformar la educación de forma responsable, sin que la tecnología reemplace, sino que complemente y potencie lo esencial del aprendizaje.
United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization. Recommendation on Open Science. Adoptada por la 41.ª Conferencia General de la UNESCO, París, 23 de noviembre de 2021. París: UNESCO, 2021. Disponible en línea en https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000379949_spa
La Recomendación sienta las bases para una transformación profunda del ecosistema científico global. Promueve un modelo de producción y circulación del conocimiento más justo, transparente y participativo, con el fin de acercar la ciencia a la sociedad y garantizar que sus beneficios estén al alcance de todos. La Recomendación constituye, así, una hoja de ruta ambiciosa para que gobiernos, instituciones y comunidades científicas trabajen conjuntamente por una ciencia abierta al mundo y para el mundo.
La Recomendación de la UNESCO sobre la Ciencia Abierta, adoptada por unanimidad en noviembre de 2021 durante la 41.ª sesión de la Conferencia General, constituye el primer instrumento normativo internacional que define y promueve un enfoque común para el desarrollo de la ciencia abierta a nivel mundial. Este documento fue elaborado con la participación de expertos, responsables políticos, científicos, organizaciones e instituciones de diversos contextos geográficos y disciplinares, en respuesta a los desafíos contemporáneos en la producción, acceso y difusión del conocimiento científico.
Se parte de una definición amplia e inclusiva de la ciencia abierta, que no se limita al acceso abierto a publicaciones científicas, sino que también abarca el acceso libre a datos, software, infraestructuras digitales, metodologías, materiales de investigación y procesos colaborativos. Además, reconoce y valora los sistemas de conocimiento no occidentales, tradicionales e indígenas, proponiendo una ciencia más participativa y plural.
El texto se articula en torno a cinco pilares fundamentales: el conocimiento científico abierto; las infraestructuras para la ciencia abierta; la comunicación científica accesible; la participación activa de diversos actores sociales; y el diálogo con otros sistemas de conocimiento. Estos ejes estructuran una visión integral que promueve una ciencia más democrática, ética, reproducible y útil para enfrentar los grandes retos sociales, como el cambio climático, las pandemias o las desigualdades globales.
La Recomendación también establece compromisos específicos para los Estados Miembros. Les insta a promover marcos normativos que respalden la ciencia abierta, garantizar la inversión en infraestructuras adecuadas, fomentar la formación en prácticas abiertas, y crear mecanismos de evaluación científica más equitativos. Asimismo, se les solicita rendir cuentas sobre los avances realizados y cooperar con otros países en el fortalecimiento de una cultura científica abierta y colaborativa.