Libros que nos hieran

«Creo que solo deberíamos leer libros que nos hieran o nos apuñalen. Si un libro no nos despierta con un golpe en la cabeza, ¿para qué lo leemos? ¿Para que nos haga felices, como escribes? ¡Dios mío!, seríamos felices precisamente si no tuviéramos libros, y los libros que nos hacen felices son los que podríamos escribir nosotros mismos si fuera necesario. Pero necesitamos libros que nos afecten como una catástrofe, que nos duelan profundamente, como la muerte de alguien a quien amábamos más que a nosotros mismos, como ser desterrados a bosques remotos, como un suicidio. Un libro debe ser el hacha para el mar helado que llevamos dentro. Esa es mi convicción.»

Franz Kafka

Ten cuidado: Proyecto de alfabetización en el combate a la desinformación en la enseñanza superior

Lopes, Carlos, Maria Luz Antunes y Tatiana Sanches. 2025. Be Careful: Projeto de literacia no combate à desinformação no ensino superior. Lisboa: ISPA – Instituto Universitário. https://repositorio.ispa.pt/entities/publication/98969ba8-0360-4eac-b12b-7cc950d260c9.

Texto completo

Este trabajo presenta y analiza el proyecto «Be Careful», una iniciativa pedagógica y de investigación desarrollada en el contexto de la educación superior en Portugal. El objetivo central del proyecto es capacitar a los estudiantes universitarios con competencias críticas de alfabetización informacional y mediática para identificar y combatir la desinformación (noticias falsas, sesgos cognitivos y manipulación de datos).

El texto analiza cómo, pese a que muchos estudiantes universitarios pertenecen a generaciones acostumbradas al uso cotidiano de tecnologías digitales, ello no implica necesariamente que posean competencias avanzadas para evaluar críticamente la información que consumen. Los autores señalan que el entorno informativo actual está marcado por la sobreabundancia de contenidos, la circulación de noticias falsas y la influencia de algoritmos que refuerzan creencias previas mediante las llamadas “burbujas de filtro”. Esta situación supone un desafío tanto para la formación académica como para la participación ciudadana responsable.

Ante este panorama, el proyecto Be Careful se plantea como una iniciativa educativa destinada a fortalecer la alfabetización mediática e informacional del alumnado universitario. Para ello, comienza con un diagnóstico inicial que permite conocer el nivel de conciencia de los estudiantes frente a la desinformación y detectar carencias en sus hábitos de búsqueda, selección y validación de fuentes. Esta fase resulta esencial para adaptar posteriormente las acciones formativas a las necesidades reales de los participantes.

Uno de los ejes centrales del proyecto son los talleres prácticos, orientados a enseñar estrategias concretas de verificación de datos. En estas sesiones se trabajan técnicas de fact-checking, análisis crítico de titulares sensacionalistas, identificación de sesgos en mensajes digitales y evaluación de la autoridad y fiabilidad de autores y sitios web. El objetivo no es solo transmitir herramientas técnicas, sino promover hábitos intelectuales basados en la prudencia, la duda razonada y la contrastación de evidencias.

El programa también contempla la elaboración de Recursos Educativos Abiertos (REA), como guías, materiales didácticos y contenidos reutilizables, con el fin de facilitar que otras instituciones académicas puedan replicar la experiencia. Esta dimensión abierta amplía el alcance del proyecto y favorece la cooperación entre universidades, bibliotecas y profesionales de la información interesados en combatir la desinformación desde la educación superior.

El documento concede especial relevancia al papel de las bibliotecas universitarias y de los bibliotecarios como agentes formativos clave. Lejos de limitarse a funciones tradicionales de gestión documental, se les reconoce como mediadores expertos capaces de enseñar competencias informacionales, acompañar procesos de investigación y fomentar una relación crítica con la información digital.

Finalmente, los autores concluyen que la lucha contra la desinformación exige un esfuerzo continuo e interdisciplinario. La experiencia del proyecto demuestra que integrar estas competencias en el currículo universitario mejora notablemente la capacidad de los estudiantes para localizar información científica rigurosa, diferenciar fuentes fiables de contenidos engañosos y desenvolverse con mayor autonomía en un entorno mediático complejo. En consecuencia, la alfabetización informacional se presenta no solo como una destreza académica, sino como una condición necesaria para la salud democrática de las sociedades contemporáneas.

Entrevista con Andrea Arredondo y Morella Rodríguez de la UCSC de Concepción Chile, Planeta Biblioteca 2026/05/04

Entrevista con Andrea Arredondo y Morella Rodríguez de la UCSC de Concepción Chile,

Planeta Biblioteca 2026/05/04

ESCUCHAR

Descargar

La entrevista de Radio USAL a María Andrea Arredondo Avendaño, directora del sistema de bibliotecas de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC, Chile), y a Morella Rodríguez, consultora en Gestión Documental, ofrece una visión amplia sobre los desafíos actuales de las bibliotecas universitarias en América Latina. A través de once preguntas, se abordan cuestiones estratégicas como la transformación digital, la evolución de los usuarios, la gestión de colecciones híbridas, las nuevas competencias profesionales, la implementación tecnológica, la ciencia abierta y el rediseño de espacios bibliotecarios.

La entrevista muestra a la biblioteca universitaria como una institución en plena transformación digital, orientada a apoyar la docencia, la investigación y la innovación, con usuarios que demandan acceso rápido, remoto y personalizado a la información; predominan estudiantes y docentes habituados a entornos digitales, mientras las colecciones físicas y electrónicas conviven según criterios de uso, coste y pertinencia académica. También se destaca que el personal bibliotecario necesita nuevas competencias tecnológicas, analíticas y formativas, y que la gestión debe alinearse con la estrategia institucional. La implantación de la plataforma FOLIO aparece como un paso clave hacia una administración más moderna y flexible, al tiempo que la biblioteca asume un papel central en proyectos de Ciencia Abierta, repositorios y difusión del conocimiento. Además, los espacios físicos se rediseñan para favorecer el trabajo colaborativo y el estudio flexible, proyectándose una biblioteca futura más inteligente, conectada y estratégica en la generación y transferencia del conocimiento.

Guía de la ALA sobre el Uso de Inteligencia Artificial en Bibliotecas

Association of College and Research Libraries (ACRL). “ALA Draft Guidance of the Use of Artificial Intelligence in Libraries Comments Due May 8.” ACRL Insider, 2026. Accedido el 4 de mayo de 2026. https://acrl.ala.org/acrlinsider/ala-draft-guidance-of-the-use-of-artificial-intelligence-in-libraries-comments-due-may-8/

American Library Association (ALA), a través de su AI Policy Working Group, ha difundido para consulta pública un borrador titulado Guidance of the Use of Artificial Intelligence in Libraries, concebido como un documento marco para orientar a los profesionales de las bibliotecas ante el crecimiento acelerado de la inteligencia artificial.

La iniciativa refleja el reconocimiento institucional de que la IA ya no es una cuestión futura o periférica, sino una realidad que está transformando servicios, procesos, expectativas de los usuarios y el propio papel social de las bibliotecas. El plazo de comentarios fijado hasta el 8 de mayo de 2026 indica además la voluntad de incorporar la voz de la comunidad profesional antes de su posible debate y aprobación formal en la Annual Conference de la ALA en Chicago.

El borrador nace con una finalidad eminentemente práctica: ayudar a las bibliotecas a navegar oportunidades y desafíos. La formulación es significativa, porque evita una postura tecnofílica o tecnofóbica. La ALA no presenta la IA únicamente como amenaza ni como solución automática, sino como un fenómeno complejo que exige análisis crítico. Entre las oportunidades pueden situarse la mejora de búsquedas documentales, automatización de tareas repetitivas, apoyo a catalogación, generación de resúmenes, accesibilidad lingüística, atención básica al usuario o análisis de grandes volúmenes de datos. Entre los desafíos aparecen cuestiones como privacidad, sesgos algorítmicos, dependencia de proveedores privados, opacidad técnica, desinformación generada automáticamente y posibles impactos laborales.

Propósito y Contexto

La Asociación Americana de Bibliotecas (ALA) ha elaborado este documento a través de su Grupo de Trabajo de Política en Inteligencia Artificial con un doble objetivo: recomendar a las bibliotecas que desarrollen sus propias políticas locales de IA y ofrecerles un marco de referencia sólido para hacerlo. El documento surge en un momento en que la inteligencia artificial, incluyendo sus variantes generativa y agéntica, está transformando profundamente la manera en que la información se crea, accede y evalúa. La ALA reconoce que la IA puede ampliar la capacidad de las bibliotecas en áreas como la instrucción, las operaciones y la accesibilidad, pero advierte que esto solo es posible cuando la tecnología apoya la experiencia profesional existente, el compromiso comunitario y el juicio crítico del personal bibliotecario. En ese sentido, esta guía no busca reemplazar las políticas existentes de la ALA, sino construir sobre ellas.

Bien Público y Rol Humano

El primer gran pilar de la guía es el concepto de bien público, entendido como el compromiso de las bibliotecas de mejorar la sociedad y proteger derechos fundamentales como la educación, la alfabetización y la libertad intelectual. El documento reconoce que la IA ofrece oportunidades reales para abordar desafíos sociales y ambientales, pero también advierte sobre sus riesgos: puede erosionar la autodeterminación humana, profundizar la desigualdad social y contribuir al cambio climático. Por ello, la guía establece con claridad que la IA debe complementar y nunca reemplazar la inteligencia, el razonamiento y el pensamiento crítico humano. Las tareas que requieren empatía, juicio y conocimiento especializado no deben automatizarse, y todos los usuarios tienen derecho a recibir asistencia humana en cualquier servicio bibliotecario. Además, se subraya que cualquier ganancia de eficiencia generada por la IA debe traducirse en mejoras para el personal y las comunidades, y no en justificación para reducir puestos de trabajo.

Libertad Intelectual y Transparencia

La libertad intelectual es uno de los valores más arraigados en la tradición bibliotecaria, y la guía dedica especial atención a cómo la IA puede amenazarla. Los sistemas automatizados pueden, de manera opaca, sesgar los resultados de búsqueda, priorizar ciertos contenidos sobre otros o suprimir materiales relacionados con comunidades marginalizadas o temas controvertidos, todo ello sin que los usuarios lo perciban. Frente a esto, el documento exige que cualquier sistema automatizado cuente con documentación clara y accesible que explique su funcionamiento, propósito y posible influencia en los resultados. Las salidas de la IA deben tratarse siempre como borradores sujetos a revisión humana, especialmente en temas complejos o sensibles. Asimismo, las bibliotecas deben oponerse activamente a herramientas de IA que señalen materiales para su eliminación o despriorización de formas que socaven la diversidad de puntos de vista, y deben ofrecer a los usuarios la posibilidad de optar por servicios sin intervención algorítmica.

Privacidad y Protección de Datos

La privacidad de los usuarios es un valor central en la ética bibliotecaria, y la guía lo refuerza en el contexto de la IA con directrices muy concretas. Las bibliotecas tienen la responsabilidad de comprender cómo funcionan las herramientas de IA, cómo gestionan la información personal y qué riesgos pueden generar para los usuarios. Se insta a evitar el ingreso de información de identificación personal, temas sensibles o registros no públicos en herramientas cuyas prácticas de datos sean poco claras, y a limitar el uso a herramientas institucionales previamente verificadas. Al trabajar con proveedores externos, las bibliotecas deben preguntar explícitamente si los datos de los usuarios se utilizan para entrenar modelos de IA, qué salvaguardas existen y si las funciones de IA son opcionales. Toda esta información debe comunicarse a los usuarios en lenguaje claro y sencillo, explicando sus derechos de acceso, corrección y eliminación de datos. La formación del personal en privacidad y uso responsable de la IA se considera parte esencial del desarrollo profesional.

Sostenibilidad Ambiental e Institucional

La guía aborda la sostenibilidad desde dos dimensiones que se complementan. Por un lado, la dimensión ambiental: la IA consume grandes cantidades de energía y agua, genera emisiones de gases de efecto invernadero y produce residuos electrónicos. Las bibliotecas deben evaluar el ciclo de vida ambiental completo de los sistemas de IA que adoptan, solicitar a los proveedores información transparente sobre su huella de carbono e intensidad energética, y priorizar herramientas de código abierto, modelos más pequeños y soluciones con menor impacto ecológico. Por otro lado, la sostenibilidad institucional también es crucial: la sobreautomatización puede erosionar las competencias del personal, debilitar la confianza comunitaria y generar dependencia excesiva de sistemas controlados por proveedores comerciales. La guía advierte que las ganancias de eficiencia a corto plazo no justifican comprometer la flexibilidad institucional, el conocimiento profesional acumulado ni la capacidad de las bibliotecas para adaptarse de forma autónoma en el futuro.

Diversidad, Equidad, Inclusión y Acceso

El documento cierra su análisis de valores con un apartado dedicado a la diversidad, la equidad, la inclusión y el acceso, reconociendo que los sistemas de IA con frecuencia reproducen y amplifican las desigualdades existentes. Los conjuntos de datos sobre los que se entrenan estos sistemas suelen subrepresentar lenguas no anglófonas, dialectos y comunidades históricamente marginalizadas, lo que puede traducirse en servicios menos precisos o directamente discriminatorios para estos grupos. Ante esto, la guía exige que las bibliotecas auditen los sistemas de IA antes y durante su uso, colaboren con comunidades multilingües para probar sus resultados y garanticen que los servicios habilitados por IA sean accesibles en términos de idioma, nivel de alfabetización, discapacidad y capacidad tecnológica. También se plantea una reflexión importante sobre los datos de los usuarios como una forma de trabajo no remunerado, y se insta a minimizar las prácticas extractivas de datos en los contratos con proveedores. Finalmente, se enfatiza que los beneficios de la automatización deben distribuirse de manera justa entre trabajadores y comunidades, preservando trayectorias profesionales y oportunidades de desarrollo para los bibliotecarios del futuro.

En conjunto, este documento representa una postura institucional clara y fundamentada: la inteligencia artificial puede ser una herramienta valiosa para las bibliotecas, pero solo si su adopción está guiada por valores humanos, éticos y democráticos. No basta con que una herramienta sea eficiente o innovadora; debe ser justa, transparente, respetuosa de la privacidad, sostenible y verdaderamente al servicio de todas las personas, especialmente de las más vulnerables. La ALA concibe esta guía como un documento vivo, destinado a evolucionar junto con la tecnología y las necesidades de las comunidades a las que las bibliotecas sirven.

Las bibliotecas lideran la IA en los campus

Libraries Leading Campus AI: Claiming Our Seat at the Table. Coalition for Networked Information (CNI). Plenary Sessions: CNI Spring 2026 Membership Meeting. Washington, DC: CNI, 2026. Accedido el 4 de mayo de 2026. https://www.cni.org/events/membership-meetings/past-meetings/spring-2026/plenary-sessions-s26

El título resume una reivindicación central: las bibliotecas universitarias no deben limitarse a reaccionar ante la irrupción de la IA, sino participar activamente en la toma de decisiones institucionales. La propuesta sugiere que las bibliotecas poseen experiencia histórica en alfabetización informacional, organización del conocimiento, privacidad, acceso equitativo y evaluación crítica de fuentes, competencias especialmente valiosas en el contexto de la inteligencia artificial generativa.

Esta visión supone un cambio profundo respecto a los enfoques tradicionales. Durante años, las bibliotecas fueron consideradas principalmente proveedoras de recursos documentales y servicios de apoyo. Sin embargo, la expansión de la IA las sitúa en una posición estratégica para liderar debates sobre uso ético de datos, sistemas algorítmicos, transparencia de modelos, propiedad intelectual, competencias digitales y diseño de políticas institucionales. El mensaje implícito es que quien controla la información y sabe mediar críticamente con ella debe estar presente en las mesas donde se decide el futuro digital del campus.

La sesión plenaria de clausura, Aprovechando el renacimiento de los datos para el descubrimiento científico, fue impartida por Manish Parashar, figura destacada en computación científica y estrategia institucional en IA. El concepto de “renacimiento de los datos” alude al crecimiento exponencial de volúmenes de información científica generados por sensores, simulaciones, repositorios abiertos, experimentos automatizados e inteligencia artificial. Esta abundancia de datos está transformando la forma de investigar en prácticamente todas las disciplinas.

La conferencia plantea que el dato ya no es solo un subproducto de la investigación, sino un recurso estructural comparable a los laboratorios o bibliotecas físicas. Para aprovechar este nuevo escenario se requieren infraestructuras avanzadas: almacenamiento escalable, computación de alto rendimiento, interoperabilidad, curación de datos, metadatos consistentes y políticas sólidas de acceso y reutilización. También se necesitan profesionales capaces de conectar ciencia, tecnología y gobernanza. En ese sentido, las bibliotecas académicas vuelven a aparecer como actores clave, especialmente en gestión de datos de investigación y preservación digital.

El programa general del encuentro refuerza además la idea de comunidad profesional orientada a la colaboración. Según CNI, las reuniones de membresía sirven para compartir proyectos, analizar políticas tecnológicas y catalizar nuevas iniciativas entre instituciones diversas. No se trata solo de un congreso académico, sino de un espacio donde se construyen agendas comunes para el futuro de la información en la educación superior.

Desde una perspectiva bibliotecaria, la primavera de 2026 evidencia tres tendencias principales. En primer lugar, la biblioteca pasa de gestora documental a agente estratégico de transformación digital. En segundo lugar, la alfabetización en IA y datos se convierte en una extensión natural de la alfabetización informacional clásica. En tercer lugar, la colaboración entre bibliotecas, servicios informáticos, investigadores y liderazgo universitario resulta imprescindible para afrontar desafíos complejos.

En conclusión, el futuro de las bibliotecas académicas ya no se juega únicamente en las colecciones, sino en la capacidad de influir en la gobernanza de la inteligencia artificial y en la arquitectura del conocimiento basada en datos. Las instituciones que comprendan este cambio no solo prestarán mejores servicios: participarán activamente en la definición de la universidad del siglo XXI.

¿Cómo decide ChatGPT qué páginas citar en sus respuestas? la la claridad y el posicionamiento en buscadores sigue siendo decisivo

Goodwin, Danny. “ChatGPT Citations Reward Ranking and Precision Over Length: Study.Search Engine Land, 16 de abril de 2026. https://searchengineland.com/chatgpt-citations-ranking-precision-length-study-474538

En un ecosistema donde la visibilidad ya no depende únicamente de Google, sino también de aparecer como fuente en sistemas de inteligencia artificial, comprender los criterios de selección se ha convertido en una nueva prioridad estratégica. ChatGPT parece premiar una mezcla de autoridad previa y claridad práctica. Para bibliotecas, universidades, medios y creadores de contenido, la lección es clara: en la nueva economía de la información no basta con estar en internet; hay que ser fácilmente seleccionable como fuente fiable.

La investigación citada por Search Engine Land, elaborada por AirOps, examinó 16.851 consultas únicas, ejecutadas tres veces cada una, generando más de 50.000 respuestas y analizando centenares de miles de páginas potencialmente recuperadas por ChatGPT. El objetivo era detectar patrones entre las páginas finalmente citadas y aquellas que fueron ignoradas. Se trata de uno de los análisis empíricos más amplios publicados hasta la fecha sobre este fenómeno emergente.

Uno de los hallazgos más contundentes es que la posición en buscadores sigue siendo decisiva. Las páginas que ocupaban el primer puesto en los resultados de búsqueda fueron citadas un 58,4% de las veces, mientras que las situadas en la posición diez apenas alcanzaban el 14,2%. Esto sugiere que, lejos de romper completamente con la lógica del SEO tradicional, ChatGPT todavía depende en gran medida de señales previas de autoridad y relevancia ya consolidadas en la web. En otras palabras: quien domina el buscador parte con ventaja también en la IA conversacional.

Sin embargo, el estudio indica que no basta con posicionar bien. También importa mucho la coincidencia semántica entre la consulta del usuario y los encabezados del contenido. Las páginas cuyos títulos y subtítulos se alineaban claramente con la intención de búsqueda obtuvieron una tasa de citación del 41%, frente a cifras cercanas al 30% en contenidos menos precisos. Esto confirma que ChatGPT parece valorar estructuras claras, preguntas bien formuladas y respuestas directamente vinculadas al problema planteado.

Otro resultado especialmente interesante es que la IA prefiere páginas enfocadas y específicas antes que guías largas y generalistas. Durante años, muchas estrategias de contenido apostaron por artículos enciclopédicos del tipo “guía definitiva”, repletos de apartados y miles de palabras. Según este análisis, ChatGPT tiende a premiar respuestas más estrechas y concretas, centradas en resolver una sola necesidad con claridad. La amplitud temática no siempre equivale a utilidad para un modelo que necesita sintetizar rápidamente información relevante.

En relación con la extensión, el estudio detectó una franja óptima entre 500 y 2.000 palabras. Los textos excesivamente largos —por encima de 5.000 palabras— rindieron peor incluso que páginas breves de menos de 500 palabras. Esto cuestiona la antigua idea de que “más contenido siempre es mejor”. En entornos de IA, parece importar más la densidad informativa, la claridad estructural y la facilidad de extracción que la mera longitud.

También se observó que ciertos elementos técnicos ayudan, aunque de forma moderada. Las páginas con marcado estructurado JSON-LD lograron una tasa de citación superior (38,5%) frente a aquellas sin este tipo de datos enriquecidos (32%). Del mismo modo, los artículos con entre 4 y 10 subtítulos funcionaron mejor que los extremadamente fragmentados o demasiado compactos. Esto apunta a que la organización formal sigue siendo valiosa para sistemas automáticos que interpretan documentos a escala.

La variable temporal ofreció otro matiz interesante. El contenido publicado entre 30 y 89 días antes del análisis fue el más citado, mientras que páginas muy recientes (menos de 30 días) obtuvieron peores resultados. La explicación propuesta es que el contenido nuevo necesita tiempo para generar señales de confianza, enlaces, interacción o posicionamiento. A su vez, los textos con más de dos años perdían fuerza relativa, lo que sugiere la importancia de actualizar información ya existente.

Desde una perspectiva estratégica, el artículo concluye que la visibilidad en IA exige una combinación de factores: buen posicionamiento previo, estructura clara, encabezados alineados con la consulta, enfoque específico y contenido suficientemente reciente. No se trataría tanto de “escribir para robots”, sino de producir materiales que respondan con precisión a preguntas reales y que puedan ser comprendidos con facilidad por sistemas automatizados

Podemos imaginar los libros que nos gustaría leer

«Podemos imaginar los libros que nos gustaría leer, aunque no hayan sido escritos todavía, y podemos imaginar bibliotecas llenas de libros que desearíamos poseer, aunque estén fuera de nuestro alcance, porque nos gusta soñar con la existencia de una biblioteca que reflejara todos nuestros intereses y nuestras pequeñas excentricidades, una biblioteca que, en su variedad y complejidad, respondiera exactamente a los lectores que somos.»

«La biblioteca de noche» Alberto Manguel

Cinco descubrimientos de libros antiguos que cambiaron el mundo para siempre

Ramm, Millie. “5 Rare Book Discoveries That Changed the World Forever.1000 Libraries Magazine, 2026. https://magazine.1000libraries.com/5-rare-book-discoveries-that-changed-the-world-forever/

El articulo enumera cinco descubrimientos bibliográficos extraordinarios que no solo entusiasmaron a historiadores y bibliófilos, sino que modificaron la comprensión que la humanidad tenía de su pasado cultural, religioso y científico.

La autora plantea una idea central muy sugerente: a veces los libros no cambian el mundo únicamente cuando se escriben, sino siglos después, cuando reaparecen de forma inesperada. Manuscritos olvidados, textos enterrados, códices escondidos o fragmentos preservados por azar han sido capaces de reescribir capítulos enteros de la historia intelectual.

  1. El Sutra del Diamante: la historia de la imprenta reescrita

En 1907, el explorador Aurel Stein investigaba unas cuevas situadas junto a la Ruta de la Seda cuando se topó con algo asombroso. Oculto en una cueva sellada de las Cuevas de Mogao, encontró un largo rollo de papel; de hecho, medía más de 16 pies de longitud (casi cinco metros). Estaba fechado en el año 868 d. C., lo que lo convertía en el “libro” impreso más antiguo conocido del mundo. ¿Su nombre? El Sutra del Diamante.

El rollo había sido impreso casi seis siglos antes de la famosa Biblia de Gutenberg. Su excelente conservación probablemente se debió a que permaneció sellado desde el siglo XI, protegido de la luz, del aire y del contacto humano. Cuando salió a la luz, la tinta seguía oscura y el texto conservaba una nitidez extraordinaria.

El Sutra del Diamante es una escritura budista, pero no se parecía a nada que se hubiera encontrado antes. Derribó por completo muchas suposiciones occidentales sobre los orígenes de la imprenta. Resultó que, como tantas otras cosas, la revolución tipográfica había comenzado en Asia mucho antes de que Europa la adoptara.

2. Los Manuscritos del Mar Muerto: el milagro accidental de un pastor

A veces la historia cambia porque alguien pierde una cabra. Sí, literalmente. En 1947, un pastor beduino entró en una cueva cerca de Qumrán y lanzó una piedra con la esperanza de espantar al animal extraviado. En lugar de eso, oyó romperse una vasija de barro. Al entrar, descubrió tinajas de arcilla llenas de manuscritos antiguos, que hoy conocemos como los Manuscritos del Mar Muerto.

Estos textos tenían más de 2.000 años de antigüedad, fechados entre el siglo III a. C. y el siglo I d. C. Incluían textos bíblicos, normas comunitarias, himnos y comentarios pertenecientes al período del judaísmo del Segundo Templo.

Tras aquel hallazgo inicial, se emprendieron nuevas búsquedas en las cuevas de Qumrán y aparecieron más rollos. Las expediciones y exploraciones continuaron, de hecho, hasta el año 2021.

3. Los papiros de Oxirrinco: tesoros en la basura

Si crees que nada importante termina en la basura, piénsalo otra vez. En 1897, los arqueólogos británicos Bernard Grenfell y Arthur Hunt comenzaron a excavar un antiguo vertedero en Egipto. El lugar era Oxirrinco, y lo que encontraron acabaría conociéndose como los Papiros de Oxirrinco.

Los arqueólogos recuperaron más de medio millón de fragmentos de papiro. Había cartas, registros fiscales, listas de compras e incluso obras literarias: textos de Menandro, poemas de Safo y evangelios cristianos primitivos.

Aquellos restos revelaron una enorme cantidad de información sobre la vida cotidiana de la gente común, aunque en origen hubieran sido simples desechos.

4. El Palimpsesto de Arquímedes: genio oculto bajo las oraciones

En 1998, un libro medieval de oraciones se vendió en una subasta por unos dos millones de dólares. Valioso, sí, pero no extraordinario. Eso cambió cuando los estudiosos descubrieron que el pergamino había sido reutilizado. Bajo las oraciones se encontraban escritos borrados de Arquímedes, copiados en el siglo X y posteriormente raspados para volver a usar el material.

Este tesoro oculto se conoce como el Palimpsesto de Arquímedes. Mediante luz ultravioleta y técnicas avanzadas de imagen digital, los investigadores recuperaron textos perdidos durante casi dos milenios. Entre ellos estaba El Método o El Método de los Teoremas Mecánicos, considerado uno de los primeros acercamientos al concepto de infinitesimales.

5. El Evangelio de San Cutberto: una fe que se negó a desaparecer

Cuando San Cutberto murió en el año 687 d. C., sus seguidores colocaron un pequeño libro de evangelios en su ataúd como símbolo de devoción. Ese libro viajó junto a su cuerpo durante siglos, transportado por monjes que huían de las incursiones vikingas y lo protegían a toda costa. Después desapareció de la vista pública.

En 1901 fue redescubierto dentro de su féretro, bajo el altar de la Catedral de Durham. El Evangelio de San Cutberto seguía intacto. Su encuadernación de cuero permanecía casi intacta y el texto latino podía leerse perfectamente tras más de 1.200 años.

Hoy se considera el libro europeo intacto más antiguo conservado y un poderoso recordatorio de que, a veces, preservar el conocimiento no consiste en esconderlo, sino en transportarlo de generación en generación, cueste lo que cueste.

El impacto de la IA en las habilidades funcionales de alfabetización

Hargadon, Steve. “The Impact of AI Using Functional Literacy Skills.Steve Hargadon Blog, abril de 2026. https://www.stevehargadon.com/2026/04/the-impact-of-ai-using-functional.html

El debate sobre la inteligencia artificial desde la productividad hacia la formación humana. Más que preguntarse cuánto tiempo ahorra la IA, se pregunta qué capacidades dejamos de ejercitar cuando la usamos indiscriminadamente. Su tesis de fondo es clara: la alfabetización funcional sigue siendo indispensable, pero ahora debe protegerse y reinventarse en diálogo con las máquinas. La educación del futuro dependerá menos de prohibir la IA que de enseñar a usarla sin renunciar al pensamiento propio

En este ensayo, Steve Hargadon reflexiona sobre una de las transformaciones educativas más profundas del presente: la manera en que la inteligencia artificial está alterando las habilidades funcionales de alfabetización, es decir, aquellas capacidades prácticas vinculadas con leer, escribir, comprender, sintetizar información y expresarse de forma competente en la vida cotidiana. El autor no aborda la alfabetización como simple dominio técnico de la lectura y la escritura, sino como un conjunto de destrezas cognitivas esenciales para pensar, interpretar el mundo y participar de forma autónoma en la sociedad. Desde esa perspectiva, la irrupción de la IA no es solo un cambio tecnológico, sino un desafío cultural y pedagógico de gran alcance.

Hargadon sostiene que durante siglos las habilidades de lectura y escritura han requerido esfuerzo mental sostenido. Comprender un texto complejo implicaba concentración, paciencia, inferencia y capacidad crítica. Redactar suponía ordenar ideas, estructurar argumentos, buscar precisión léxica y revisar errores. Sin embargo, las herramientas de IA generativa modifican radicalmente este proceso al ofrecer resúmenes automáticos, textos completos redactados en segundos, reformulación instantánea de ideas y respuestas inmediatas a preguntas complejas. Lo que antes exigía trabajo intelectual ahora puede externalizarse hacia la máquina. Esta comodidad plantea un dilema central: ganar eficiencia sin perder capacidad humana.

Uno de los puntos más relevantes del texto es la distinción entre usar la IA como apoyo y depender de la IA como sustituto. El autor considera legítimo que un estudiante emplee herramientas inteligentes para aclarar conceptos, revisar gramática, recibir ejemplos o explorar nuevas perspectivas. En ese sentido, la IA puede democratizar el acceso al conocimiento, reducir barreras educativas y ofrecer acompañamiento constante. Pero el problema aparece cuando la herramienta reemplaza enteramente el proceso de pensar. Si un alumno pide a la IA que escriba un ensayo completo, resuelva la interpretación de una lectura o genere conclusiones sin intervención propia, el resultado puede parecer exitoso externamente, aunque internamente no haya existido aprendizaje real.

El texto advierte que las habilidades funcionales de alfabetización no se conservan automáticamente: se fortalecen mediante el uso. Igual que un músculo se debilita cuando no se ejercita, la capacidad para leer críticamente, argumentar por escrito o mantener atención prolongada puede erosionarse cuando se delega sistemáticamente en sistemas automáticos. La IA, por tanto, no solo ahorra tiempo; también puede reducir la práctica necesaria para desarrollar competencias profundas. Esta preocupación se vuelve especialmente importante en generaciones jóvenes que crecen utilizando asistentes inteligentes desde edades tempranas.

El autor también señala una paradoja contemporánea: muchas instituciones educativas siguen evaluando productos finales —redacciones, trabajos escritos, respuestas correctas— sin poder medir con claridad el proceso cognitivo que condujo a ellos. La IA encaja perfectamente en ese modelo, porque puede producir resultados aceptables sin que el estudiante haya comprendido realmente el contenido. Así, los sistemas de evaluación tradicionales corren el riesgo de premiar apariencias de competencia en lugar de competencias auténticas. La escritura entregada puede ser excelente, mientras que el pensamiento del alumno permanece estancado.

Otro aspecto central del ensayo es la necesidad de redefinir qué significa estar alfabetizado en la era digital. Ya no bastará con leer y escribir en sentido clásico. Será imprescindible saber formular preguntas de calidad, verificar respuestas automáticas, detectar errores plausibles, contrastar fuentes, interpretar sesgos algorítmicos y decidir cuándo conviene usar IA y cuándo pensar sin ella. En otras palabras, la alfabetización del futuro incluirá una dimensión metacognitiva: saber gobernar la relación entre mente humana y asistencia artificial.

Hargadon no adopta una postura tecnófoba. Reconoce que la IA puede ampliar enormemente las oportunidades educativas. Un estudiante curioso puede recibir explicaciones personalizadas, practicar idiomas, explorar temas especializados o profundizar en conocimientos que antes estaban reservados a expertos o instituciones prestigiosas. El problema no es la herramienta en sí, sino el marco cultural de uso. Si se emplea para expandir curiosidad, autonomía y pensamiento crítico, la IA se convierte en aliada. Si se usa para evitar esfuerzo intelectual, termina empobreciendo el desarrollo cognitivo.

En términos sociales, el artículo sugiere que se abrirá una brecha entre dos perfiles de usuarios. Por un lado, quienes usen IA para potenciar sus propias capacidades y aprender más rápido. Por otro, quienes la utilicen para simular competencia sin desarrollar criterio propio. Esa diferencia puede no ser visible de inmediato en notas académicas o certificados, pero sí aparecerá con fuerza en el trabajo, en la toma de decisiones complejas y en la adaptación a entornos inciertos. La verdadera ventaja competitiva no será “tener IA”, sino conservar juicio propio mientras se trabaja con ella