Archivo del Autor: Julio Alonso Arévalo

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Acerca de Julio Alonso Arévalo

Bibliotecario de la Facultad de Traducción y Doc. de la USAL. Ex-Miembro del Grupo de Investigación E-LECTRA. Premio Nacional de Investigación por la UNE Premio mejor Profesional Social Media INFOAWARDS 2019. Creador y editor del repositorio E-LIS. Más de 80 artículos científicos publicados - Ver en E-LIS -en revistas científicas. El profesional de la información, Library Hi-Tech, Electronic Library. Investigación Bibliotecológica, Anales de Documentación... 12 libros publicados: Nueva fuentes de información en el contexto de la web 2.0 (Pirámide), Gutemberg 2.0 (TREA). Social Reading (Elsevier), eBooks en bibliotecas universitarias (TREA), El ecosistema del libro electrónico universitario (UNE), Un viaje a la cultura open (Amazon), GRATIS Zotero (Creative Spaces), Leyendo entre Pantallas (Trea), GRATIS Literaçia da infomrçao (ISPA) GRATIS Espistemologia y acceso abierto (UCE) GRATIS Makerspaces y bibliotecas. Barcelona: El Profesional de la Información EPI-UOC, 2018. Makerspaces. Espacios creativos en bibliotecas: creación, planificación y programación de actividades. Salamanca: Ediciones del Universo, 2019. Los libros, la lectura y los lectores a través de la literatura y las artes. Buenos Aires : Alfagrama Ediciones, 2019 Más de 2000 citas en Google Schoolar Creador y gestor del blog Universo abierto Director del programa de Radio Planeta Biblioteca Más de 250.000 seguidores en los grupos profesionales de Facebook.

Guiando a la generación de la IA: Por qué la protección y la alfabetización digital deben ir de la mano.

Google. “Guiding the AI Generation: Why Safeguarding and Digital Literacy Must Go Hand-in-Hand”. Google in Europe, 10 de junio de 2026. Disponible en: Google in Europe

El artículo de Google plantea una reflexión de gran relevancia sobre el papel de la inteligencia artificial en la vida de los jóvenes y la necesidad de equilibrar dos dimensiones inseparables: la protección digital y la alfabetización crítica. A partir de una investigación realizada con 6.000 adolescentes del Reino Unido, la compañía concluye que la IA ya se ha convertido en una herramienta central para el aprendizaje, la creatividad y la vida cotidiana de las nuevas generaciones. Los jóvenes utilizan sistemas de IA para estudiar, resolver dudas, crear contenidos, explorar ideas y desarrollar proyectos personales. Sin embargo, ese uso creciente también expone a los menores a riesgos como la desinformación, la manipulación, los sesgos algorítmicos, la privacidad insuficiente y los contenidos dañinos.

El artículo analiza uno de los grandes desafíos educativos y sociales de nuestro tiempo: cómo acompañar a los jóvenes en un entorno digital cada vez más influido por la inteligencia artificial. Basándose en una investigación encargada por Google y desarrollada junto con la consultora juvenil Livity, que recogió las opiniones de más de 6.000 adolescentes británicos, el texto sostiene que la discusión pública no debe centrarse exclusivamente en restringir el acceso de los menores a determinadas tecnologías, sino en dotarlos de las capacidades necesarias para utilizarlas de forma crítica, segura y provechosa.

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que la inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana de los adolescentes. Lejos de ser una tecnología marginal o experimental, los jóvenes la utilizan para aprender, crear contenidos, traducir textos, resolver problemas, preparar tareas escolares e incluso explorar posibles trayectorias profesionales. Según los datos presentados, el 67 % de los adolescentes emplea herramientas de IA para proyectos creativos de forma diaria o casi diaria, mientras que el 65 % las utiliza para actividades relacionadas con el aprendizaje más de una vez por semana. Estos porcentajes muestran que la IA se está convirtiendo rápidamente en una infraestructura básica de la educación informal y formal de las nuevas generaciones.

El informe también desmonta la imagen simplista de los jóvenes como usuarios pasivos o ingenuos de la tecnología. Una amplia mayoría declara preocuparse por la fiabilidad de la información que encuentra en internet y en las herramientas de IA. El 77 % afirma que suele reflexionar sobre la credibilidad de los contenidos que consulta para aprender. Sin embargo, el estudio revela diferencias significativas según la edad. Los adolescentes más jóvenes, entre 13 y 15 años, utilizan la IA principalmente como apoyo para los deberes y la investigación escolar, mientras que los mayores, entre 16 y 18 años, la emplean cada vez más para la gestión de su vida cotidiana, la orientación profesional y el desarrollo personal. Además, estos últimos muestran una actitud más crítica hacia la información generada por IA, verificando con mayor frecuencia posibles sesgos o errores.

A partir de estos resultados, el artículo introduce una idea central: la necesidad de sustituir los modelos de control rígido por un enfoque de “andamiaje” o scaffolding. En educación, este concepto hace referencia al apoyo progresivo que se ofrece a una persona mientras desarrolla nuevas competencias. Aplicado al ámbito digital, significa que la protección de los menores no debería consistir únicamente en imponer prohibiciones o barreras, sino en proporcionar acompañamiento, orientación y herramientas que evolucionen conforme aumenta la madurez de los jóvenes. Las medidas de supervisión más estrictas tendrían sentido en edades tempranas, pero deberían transformarse gradualmente en espacios de diálogo, confianza y toma compartida de decisiones.

Los autores advierten que la regulación sigue siendo imprescindible. Las plataformas digitales deben asumir una mayor responsabilidad en la reducción de riesgos asociados a diseños adictivos, algoritmos que amplifican contenidos perjudiciales o sistemas de denuncia ineficaces. No obstante, incluso una regulación perfecta no eliminaría todos los peligros. Por ello, la alfabetización digital y mediática se presenta como un complemento indispensable de cualquier estrategia de protección. Los jóvenes necesitan aprender a identificar la manipulación, detectar la desinformación, proteger su privacidad, comprender el funcionamiento de los algoritmos y evaluar críticamente las respuestas generadas por la inteligencia artificial.

El artículo concede asimismo un papel fundamental a las familias. Los datos muestran que los adolescentes siguen considerando a padres y madres como sus principales referentes cuando enfrentan problemas relacionados con el ciberacoso, la privacidad o la seguridad en línea. Sin embargo, muchos jóvenes expresan preocupación porque los adultos no siempre poseen los conocimientos necesarios para comprender fenómenos como la inteligencia artificial generativa, los contenidos sintéticos o las noticias falsas. Ante esta situación, se propone el desarrollo de campañas nacionales de alfabetización digital dirigidas también a padres, madres y otros adultos de confianza, con el fin de reducir la brecha generacional tecnológica.

Otra aportación importante del texto es la defensa de una alfabetización digital entendida en sentido amplio. No basta con enseñar a utilizar herramientas tecnológicas; es necesario desarrollar competencias críticas que permitan comprender cómo se producen los contenidos digitales, qué intereses económicos intervienen en las plataformas, cómo se recopilan y utilizan los datos personales y cuáles son las implicaciones éticas de la inteligencia artificial. Esta visión coincide con las tendencias actuales en educación mediática, que consideran la alfabetización digital una condición básica para la participación ciudadana en sociedades altamente tecnologizadas.

En última instancia, el artículo plantea que la verdadera cuestión no es si los jóvenes deben utilizar inteligencia artificial, sino cómo ayudarles a hacerlo de manera responsable y beneficiosa. La IA ya forma parte de sus procesos de aprendizaje, socialización y construcción de identidad. Pretender excluirla de sus vidas resulta poco realista. La prioridad, según los autores, debería ser crear un ecosistema en el que regulación, protección, educación y autonomía evolucionen conjuntamente. El objetivo final no es únicamente reducir los daños potenciales, sino garantizar que los adolescentes puedan aprovechar las oportunidades que ofrece la inteligencia artificial para aprender, crear y participar activamente en la sociedad digital del futuro.

Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial de Canadá: “IA para todos”

Government of Canada – Innovation, Science and Economic Development Canada (ISED). “Canada’s National Artificial Intelligence Strategy: AI for All.” 2026

Texto completo

La estrategia nacional de inteligencia artificial de Canadá, titulada “AI for All”, plantea una visión integral para posicionar al país como un actor líder en el desarrollo, adopción y gobernanza de la inteligencia artificial.

El documento parte de la idea de que la IA ya está transformando profundamente la vida cotidiana —en el trabajo, la educación, los servicios públicos y la economía—, y que este cambio debe ser guiado de manera deliberada para asegurar beneficios sociales amplios, así como confianza pública en las tecnologías emergentes. La estrategia subraya que el reto no es solo tecnológico, sino también institucional, económico y cultural, ya que implica adaptar el país a una nueva economía basada en datos, automatización y sistemas inteligentes.

Uno de los ejes centrales del plan es la adopción masiva de la IA en la economía canadiense, especialmente entre pequeñas y medianas empresas, con el objetivo de aumentar la productividad y la competitividad internacional. El gobierno reconoce que Canadá posee una base sólida en investigación en IA, pero enfrenta dificultades para convertir ese conocimiento en aplicaciones industriales y comerciales a gran escala. Para corregir esta brecha, la estrategia impulsa la creación de infraestructura soberana de computación, la ampliación del acceso a datos estratégicos y el fortalecimiento de ecosistemas de innovación nacionales. En este contexto, se contempla la construcción de centros de datos de gran capacidad y el desarrollo de capacidades propias en computación avanzada.

Otro pilar fundamental es el impacto en el empleo y la formación de habilidades. La estrategia sostiene que la IA no solo transformará los puestos de trabajo existentes, sino que también generará nuevas oportunidades laborales. En este sentido, se proyecta la creación de cientos de miles de empleos vinculados a la economía de la IA antes de 2031. Para acompañar esta transformación, el gobierno propone un amplio programa de alfabetización en IA dirigido a estudiantes, trabajadores y ciudadanos en general, con el fin de garantizar que la población pueda comprender, utilizar y beneficiarse de estas tecnologías. También se promueve la colaboración con instituciones educativas, bibliotecas y organizaciones comunitarias como nodos clave para la formación digital.

Finalmente, la estrategia pone un fuerte énfasis en la soberanía tecnológica, la regulación y la confianza pública. Canadá busca reducir su dependencia de proveedores extranjeros de infraestructura digital y asegurar que los sistemas de IA se desarrollen bajo principios de transparencia, seguridad, privacidad y rendición de cuentas. Asimismo, se incluyen medidas para mitigar riesgos asociados a la IA, como los sesgos algorítmicos, la desinformación o los posibles impactos laborales negativos. En conjunto, “AI for All” presenta una visión de la inteligencia artificial como motor de crecimiento económico, pero también como un ámbito que requiere gobernanza activa para garantizar su alineación con los valores democráticos y el bienestar social.

La Inteligencia Artificial es a la vez una poderosa herramienta y la mayor generadora de desinformación

Team discussing AI misinformation research with data visualizations on screens and projector
A diverse team analyzing misinformation data in a modern lab setting

Kupferschmidt, Kai. “To misinformation researchers, AI is a scourge—and a powerful new tool.” Science, 2026. https://www.science.org/content/article/misinformation-researchers-ai-scourge-and-powerful-new-tool

En septiembre de 2023, los investigadores que analizaban una campaña de desinformación rusa observaron un cambio repentino en un sitio web de noticias falsas que estaban siguiendo. El medio, DCWeekly.org, normalmente copiaba artículos completos de fuentes como Fox News, cambiando el nombre del periodista y muy poco más. Las noticias reales servían como cobertura para que Rusia lanzara ocasionalmente una historia falsa, cuidadosamente elaborada, como un artículo de ataque contra el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, una técnica conocida como lavado narrativo. “Están construyendo un bosque para poder esconder un árbol concreto ahí dentro”, dice Morgan Wack, investigador de comunicación política en la Universidad de Zúrich.

Pero de la noche a la mañana, Wack y sus colegas se dieron cuenta de que ya no podían identificar de dónde obtenía el sitio sus noticias diarias. “Se vio un estilo de escritura totalmente distinto, y había más artículos”, explica. Los investigadores sospecharon que la operación había pasado a utilizar inteligencia artificial generativa, sospecha que se confirmó después de encontrar restos de instrucciones (prompts) de IA en algunos textos, como uno que decía: “Tenga en cuenta: el tono del artículo es crítico con la posición de EE. UU. de apoyo a la guerra en Ucrania y adopta un tono cínico al hablar del gobierno estadounidense, la OTAN o los políticos estadounidenses”.

Fue una oportunidad poco común para que el equipo de Wack estudiara cómo la IA está moldeando el mundo de la desinformación. El volumen de producción del sitio aumentó drásticamente, según los investigadores. En experimentos, las personas no encontraron la propaganda generada por IA más persuasiva que los textos anteriores escritos por humanos, pero el cambio a IA seguía siendo una victoria para los propagandistas, afirma Wack. “No perdieron credibilidad y pudieron aumentar mucho más el contenido”. La IA les había permitido, en esencia, construir un bosque más grande y mejor para ocultar sus árboles.

DCWeekly.org no es el único que ha adoptado la IA generativa: esta tecnología se está integrando en campañas de desinformación en todo el mundo. (La misinformación se refiere a información incorrecta o engañosa en general; si se difunde con la intención de engañar, se denomina desinformación). Según un informe de la Unión Europea publicado en marzo, el 27 % de los intentos de potencias extranjeras de manipular información global en 2025 implicaron el uso de IA, casi el triple que en 2024. “Es una herramienta poderosa, y definitivamente está en manos de quienes tienen interés en manipular opiniones, ya sea por dinero o por razones geopolíticas”, afirma Filippo Menczer, científico informático de la Universidad de Indiana Bloomington.

A medida que crece la influencia de la IA, el campo de investigación sobre desinformación se enfrenta a cómo estudiar sus efectos. Los modelos de lenguaje grande (LLM) que sustentan chatbots como ChatGPT hacen que el contenido falso sea cada vez más difícil de detectar y pueden difundir mensajes con apariencia humana a una escala sin precedentes. Además, la IA evoluciona tan rápidamente que investigaciones que hoy parecen sólidas podrían dejar de ser relevantes en pocos meses. “Ni siquiera el polvo ha empezado a asentarse, y es difícil separar lo que esperamos que ocurra a medida que la IA se vuelve ubicua de lo que realmente está ocurriendo”, afirma Kate Starbird, investigadora de desinformación de la Universidad de Washington.

Pero aunque ha complicado el problema, la IA generativa también ha proporcionado a los investigadores una herramienta poderosa para estudiarlo y probar intervenciones. Incluso mientras las herramientas de IA transforman la desinformación, dice Jennifer Allen, científica social computacional de la Universidad de Nueva York, “creo que también han transformado el campo”.

Inteligencia artificial y educación

Díaz-Noguera, María Dolores, Carlos Hervás-Gómez y Fulgencio Sánchez-Vera (coords.). 2024. Artificial Intelligence and Education. Granada: Editorial Octaedro. https://octaedro.com/libro/artificial-intelligence-and-education/

El libro ofrece una visión amplia y multidisciplinar sobre el impacto de la inteligencia artificial (IA) en la educación contemporánea, analizando sus implicaciones pedagógicas, éticas y sociales. A través de diferentes capítulos escritos por especialistas internacionales, la obra examina cómo la IA está transformando los procesos de enseñanza y aprendizaje, desde la educación primaria hasta la universidad, y cómo estas tecnologías están redefiniendo las competencias docentes y estudiantiles en la era digital.

Uno de los ejes centrales del volumen es el potencial de la IA para mejorar la accesibilidad y la inclusión educativa. Se presentan experiencias y estudios sobre el uso de chatbots, sistemas adaptativos y herramientas digitales que favorecen el aprendizaje personalizado y la atención a la diversidad, especialmente en contextos de discapacidad o necesidades educativas específicas. Al mismo tiempo, se subraya la importancia de diseñar estas tecnologías desde principios de equidad y diseño universal del aprendizaje.

Otro bloque relevante aborda los desafíos éticos y académicos derivados de la incorporación de la IA en la educación, como la integridad académica, la privacidad de los datos, la fiabilidad de los sistemas automatizados y el desarrollo del pensamiento crítico. Los autores insisten en la necesidad de una implementación responsable, donde la tecnología actúe como apoyo y no como sustituto del juicio humano.

La obra plantea una reflexión de fondo sobre la colaboración entre humanos y máquinas en la sociedad del conocimiento. Lejos de una visión puramente instrumental, se defiende un enfoque en el que la IA amplía las capacidades humanas, pero exige también nuevas competencias críticas, pedagógicas y éticas para garantizar una educación más justa, inclusiva y sostenible.

Marco de los programas de manualidades en bibliotecas: mejorar la salud mental a través de la creatividad

Woman painting an abstract canvas at a wooden table surrounded by art supplies and sketches
A woman paints a colorful abstract canvas in her well-lit art studio.

Durlofsky, P. (2026, 2 de mayo). Unlocking better mental health through creativity. Psychology Today. https://www.psychologytoday.com/us/blog/logged-in-and-stressed-out/202605/unlocking-better-mental-health-through-creativity

La creatividad puede convertirse en una herramienta accesible y eficaz para mejorar la salud mental. Parte de la idea de que las actividades creativas —como la escritura, la pintura, la música o cualquier forma de expresión artística— no son únicamente formas de ocio, sino también mecanismos psicológicos que ayudan a procesar emociones complejas. A través de la creación, las personas pueden dar forma a sentimientos que a menudo resultan difíciles de verbalizar, lo que facilita su comprensión y regulación emocional.

Uno de los aspectos centrales del texto es la relación entre la creatividad y la gestión del estrés. Se plantea que involucrarse en procesos creativos puede inducir estados de concentración profunda, similares al “flujo”, en los que la mente se aleja de las preocupaciones cotidianas y se enfoca en una tarea significativa. Este tipo de inmersión mental no solo reduce la rumiación, sino que también contribuye a una sensación de calma y bienestar subjetivo.

Asimismo, el artículo destaca que la creatividad no está reservada a artistas o profesionales del ámbito cultural, sino que es una capacidad inherente a todas las personas. Actividades cotidianas como cocinar de forma experimental, escribir un diario o incluso resolver problemas de manera innovadora pueden tener efectos positivos en el equilibrio emocional. Esta democratización de la creatividad refuerza la idea de que cuidar la salud mental puede integrarse fácilmente en la vida diaria sin necesidad de recursos especializados.

En el texto se subraya el potencial terapéutico de la creatividad como complemento a otros enfoques de salud mental. Aunque no sustituye tratamientos clínicos cuando son necesarios, sí puede actuar como un apoyo significativo en la reducción de la ansiedad, la mejora del estado de ánimo y el fortalecimiento de la resiliencia psicológica. En conjunto, el texto propone entender la creatividad no solo como una habilidad estética, sino como una forma de autocuidado emocional con impacto real en el bienestar psicológico.

El texto explica cómo la creatividad puede ser una herramienta accesible y eficaz para mejorar la salud mental en un contexto de vida acelerado y, a menudo, emocionalmente exigente. Frente a estrategias más conocidas como la terapia, el ejercicio físico o la atención plena, se destaca la creatividad como un recurso infravalorado que permite procesar emociones, reducir el estrés y recuperar sensaciones de propósito y bienestar. La autora refuerza esta idea desde la experiencia personal, al narrar su decisión de iniciar una clase de dibujo sin expectativas, mostrando cómo el acto creativo puede estar atravesado por inseguridades, pero también por la necesidad de reconexión con uno mismo.

Uno de los ejes principales del artículo es la importancia de abandonar el perfeccionismo. Se insiste en que la creatividad no debe entenderse como la producción de obras “perfectas”, sino como un espacio de expresión libre donde lo relevante es el proceso y no el resultado. A partir de ahí, se proponen prácticas sencillas como dedicar pequeños periodos de tiempo a actividades creativas sin juicio, lo que permite reducir la autoexigencia y favorecer un estado mental más relajado y abierto.

El texto también subraya la utilidad de la creatividad como vía para procesar emociones difíciles de verbalizar. Actividades como escribir, dibujar o escuchar música pueden ayudar a exteriorizar sentimientos complejos y a reorganizar pensamientos internos. Esta dimensión expresiva convierte la creatividad en un recurso terapéutico informal que facilita el autoconocimiento y la regulación emocional, especialmente cuando las palabras resultan insuficientes.

Además, se destaca el impacto negativo del consumo digital pasivo y cómo la creatividad puede actuar como contrapeso. Sustituir el desplazamiento constante en redes sociales por actividades creativas breves contribuye a recuperar la concentración y mejorar el bienestar mental. A esto se suma la dimensión social de la creatividad, ya que compartir procesos o productos creativos con otras personas fortalece los vínculos y reduce la sensación de aislamiento.

Ranking orientativo de los 20 países más lectores del mundo

No existe un ranking oficial y universalmente aceptado porque las encuestas nacionales usan metodologías distintas (libros impresos vs. digitales y audiolibros, población adulta vs. total, lectores habituales vs. toda la población). Para responder, tomo como base las comparaciones internacionales más difundidas por Lectupedia y las estimaciones comparativas recientes de World Population Review. Debe leerse como ranking orientativo, no como una clasificación oficial definitiva.

  • Canadá y Francia figuran entre los países con mayores promedios de lectura (≈17 libros/año).
  • Estados Unidos, Reino Unido, India e Italia aparecen en el grupo alto (≈13–17 según la fuente).
  • España suele situarse alrededor de 9–10 libros por persona al año, por encima de la mayoría de países latinoamericanos incluidos en las comparaciones.

Lectupedia es una plataforma digital desarrollada por CulturaUNAM que recopila y sistematiza resultados de encuestas nacionales sobre hábitos, prácticas y consumo de lectura en México. Su objetivo es centralizar información dispersa para fortalecer la investigación, las políticas públicas y la promoción de la lectura.

World Population Review es una organización en línea que ofrece estadísticas demográficas y socioeconómicas globales de libre acceso. Es reconocida por sus bases de datos interactivas y sus comparaciones internacionales, que incluyen indicadores sobre población, economía, salud, educación y hábitos culturales como la lectura.

Por qué este ranking debe interpretarse con cautela

  1. Algunos países cuentan solo libros impresos; otros incluyen libros electrónicos y audiolibros.
  2. El denominador cambia: toda la población, adultos o lectores habituales.
  3. Las encuestas se levantan en años distintos y con preguntas distintas.
  4. Por ello, los valores deben verse como órdenes de magnitud comparativos, no como una tabla exacta de “los 20 más lectores del mundo”.

Lectura y riqueza: ¿leen más los países más prósperos?

Peña, Andrés Eduardo. “Reading and GDP”. Lectupedia, 11 de julio de 2022. Disponible en: Lectupedia – Reading and GDP

Se explora la relación entre los hábitos de lectura de una población y el Producto Interior Bruto (PIB) per cápita de los países. A partir de datos sobre el número medio de libros leídos por habitante al año y las cifras de riqueza económica de diversas naciones, el autor muestra una correlación positiva entre ambos indicadores: los países cuyos ciudadanos leen más suelen presentar también niveles más elevados de renta per cápita. Aunque el estudio no pretende demostrar una relación causal directa, sí plantea la posibilidad de que la lectura y el desarrollo económico estén estrechamente vinculados.

Para sustentar esta hipótesis, el texto recurre a investigaciones académicas sobre el papel de las habilidades cognitivas en el crecimiento económico. Estudios de los economistas Eric Hanushek y Ludger Woessmann han mostrado que las competencias cognitivas de una población influyen de manera decisiva en los ingresos individuales, la distribución de la riqueza y el crecimiento económico a largo plazo. Según estos trabajos, los países que invierten en educación y desarrollan mayores niveles de conocimiento y habilidades entre sus ciudadanos tienden a generar economías más dinámicas y productivas.

El artículo también recupera una conocida investigación histórica sobre la influencia de la Reforma protestante en el desarrollo económico europeo. Los autores Becker y Woessmann sostienen que el impulso dado por Martín Lutero a la alfabetización —al promover que cada creyente pudiera leer las Escrituras por sí mismo— produjo un aumento significativo de las capacidades lectoras de la población. Con el tiempo, estas competencias se transformaron en capital humano valioso para la actividad económica, contribuyendo al mayor desarrollo de las regiones protestantes respecto a las católicas en la Prusia del siglo XIX. Este ejemplo histórico ilustra cómo la alfabetización puede generar efectos económicos duraderos durante generaciones.

Los datos comparativos incluidos en el estudio muestran diferencias notables entre países. Canadá y Francia, con una media de 17 libros leídos por persona al año, presentan también elevados niveles de PIB per cápita. Estados Unidos combina una media de 12 libros con una de las rentas más altas del conjunto analizado. España aparece en una posición intermedia-alta, con casi 10 libros por habitante y un PIB per cápita cercano a los 30.000 dólares. En el extremo opuesto se sitúan varios países latinoamericanos, donde tanto la lectura como los ingresos económicos muestran niveles considerablemente inferiores.

La representación gráfica de los datos revela una tendencia clara: a medida que aumenta el número de libros leídos por habitante, también suele incrementarse la riqueza media del país. No obstante, el autor evita presentar esta relación como una prueba definitiva de causalidad. Más bien propone una reflexión abierta sobre la interacción entre cultura, educación, alfabetización y desarrollo económico. La lectura podría ser simultáneamente una consecuencia del bienestar económico y un factor que contribuye a generarlo, al favorecer el aprendizaje continuo, el pensamiento crítico y la adquisición de competencias útiles para la innovación y la productividad.

En definitiva, el artículo sugiere que los hábitos lectores pueden considerarse algo más que un indicador cultural. La lectura aparece vinculada al capital humano de una sociedad y, por extensión, a su capacidad para generar crecimiento económico sostenible. Aunque la dirección exacta de esta relación sigue siendo objeto de debate, la evidencia presentada apunta a que fomentar la lectura no solo enriquece la vida intelectual de los ciudadanos, sino que también puede contribuir al progreso económico y social de las naciones

La inteligencia artificial transforma la publicación científica

Harvey, Laura y Adam Hyde. “Guest Post — Trust & Community Are the Moat, Infrastructure Is Your Leverage: Dispatches from PurePub.AI”. The Scholarly Kitchen, 9 de junio de 2026

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Se recogen las principales conclusiones surgidas del encuentro PurePub.AI, un evento que reunió a 47 expertos en 15 sesiones dedicadas a explorar el impacto de la inteligencia artificial en la publicación académica. La elevada participación —más de 800 asistentes en directo y centenares de intervenciones en los debates— demuestra que la IA ha dejado de ser una cuestión futurista para convertirse en una preocupación estratégica inmediata para editoriales, sociedades científicas y proveedores de servicios. Las discusiones revelaron que los grandes temas que dominan actualmente el sector son la transformación de los flujos de trabajo, la evolución de los modelos de negocio, el papel creciente de las máquinas como consumidoras de contenidos y la necesidad de replantear los procesos editoriales tradicionales.

Uno de los mensajes centrales del encuentro es que la transición hacia la llamada “IA agéntica” ya está en marcha. En una primera fase, las organizaciones utilizan la IA para realizar más rápidamente tareas que ya existían, como la búsqueda de revisores, la detección de fraude científico, la realización de controles técnicos o el enriquecimiento de metadatos. Sin embargo, la evolución apunta hacia una segunda etapa en la que la IA no solo automatiza procesos, sino que mejora significativamente los servicios ofrecidos a investigadores, autores y lectores. Ejemplos de ello son los asistentes inteligentes para la consulta de contenidos científicos, las herramientas de revisión automatizada o los sistemas capaces de generar nuevos servicios de apoyo a la investigación. Aun así, la mayoría de las organizaciones siguen en una fase experimental y todavía no han alcanzado un despliegue generalizado de estas tecnologías.

La revisión por pares constituye uno de los ámbitos donde los cambios resultan más visibles. Los participantes señalaron que los modelos de IA más avanzados ya son capaces de realizar numerosas tareas asociadas al proceso de evaluación científica. La cuestión ya no es si la IA puede participar en la revisión, sino qué aspectos deberían seguir dependiendo del juicio humano. Mientras los sistemas automáticos destacan en tareas de verificación técnica, análisis estadístico, detección de inconsistencias o comprobación de la transparencia metodológica, los revisores humanos continúan siendo esenciales para valorar la originalidad, la relevancia científica, la pertinencia de las preguntas de investigación o la importancia potencial de los resultados. El futuro parece orientarse hacia una colaboración complementaria entre humanos y máquinas más que hacia una sustitución completa de los expertos.

Precisamente esta complementariedad lleva a una reflexión más amplia sobre el valor diferencial que los seres humanos aportan en un entorno cada vez más automatizado. Según los autores, atributos como el criterio, el gusto, la responsabilidad, la capacidad de generar confianza y el mantenimiento de relaciones dentro de las comunidades científicas se perfilan como espacios donde la intervención humana seguirá siendo indispensable. No obstante, también aparecen interrogantes sobre cómo afectará esta transformación a los perfiles profesionales existentes. Muchos participantes expresaron preocupación por la posibilidad de que ciertos trabajadores terminen desempeñando funciones limitadas a supervisar sistemas automáticos, una tarea poco estimulante si no se redefine adecuadamente el papel humano dentro de los nuevos ecosistemas editoriales.

Otro fenómeno destacado es el auge del denominado vibe coding, una metodología que permite a profesionales sin formación avanzada en programación crear prototipos funcionales mediante herramientas de IA. Durante el evento se presentaron trece proyectos desarrollados mediante este enfoque, que abarcan desde gestores de noticias hasta plataformas de transferencia de manuscritos o sistemas de revisión de textos alternativos para imágenes. La importancia de esta tendencia radica en que democratiza la innovación tecnológica, permitiendo que expertos en edición, marketing, operaciones o gestión editorial puedan diseñar soluciones adaptadas a sus necesidades sin depender completamente de equipos técnicos especializados.

Sin embargo, la conclusión más relevante del artículo gira en torno a la idea expresada en su título: la confianza y la comunidad constituyen la auténtica “muralla defensiva” de los editores científicos, mientras que la infraestructura representa su principal fuente de ventaja competitiva. En un contexto en el que la generación de contenidos se vuelve cada vez más barata y abundante gracias a la IA, la capacidad de filtrar, validar y contextualizar la información adquiere un valor extraordinario. Los autores sostienen que las marcas editoriales consolidadas y las comunidades científicas que las respaldan poseen un activo difícilmente replicable por las plataformas tecnológicas: la confianza acumulada durante décadas. Esta visión coincide con otros análisis recientes que consideran que el verdadero valor de las sociedades científicas y los editores no reside únicamente en los contenidos, sino en las relaciones, la reputación y la capacidad de proporcionar señales fiables en un entorno saturado de información.

La infraestructura tecnológica emerge como el segundo gran factor estratégico. Diversos expertos insistieron en que el éxito de la IA depende mucho menos de los modelos lingüísticos que de la capacidad para integrarlos con sistemas, datos y flujos de trabajo existentes. Según una de las citas más repetidas del encuentro, un agente de IA es apenas un 5 % modelo y un 95 % ingeniería de procesos. Esto significa que disponer de datos estructurados, sistemas interoperables y arquitecturas capaces de conectar múltiples fuentes de información será mucho más importante que simplemente adoptar la última tecnología disponible. La verdadera ventaja competitiva se construirá alrededor de la calidad de los datos y de la capacidad organizativa para utilizarlos eficazmente.

Para terminar, los autores plantean una visión de la publicación científica en 2030. Prevén que los agentes inteligentes estarán completamente integrados en los flujos editoriales, que las personas concentrarán su trabajo en tareas relacionadas con la responsabilidad, el juicio crítico y la construcción de comunidades, y que las organizaciones más exitosas serán aquellas que hayan invertido con suficiente anticipación en infraestructuras robustas y flexibles. En este escenario, la inteligencia artificial no sustituirá el valor humano, sino que aumentará la importancia de aquello que las máquinas todavía no pueden ofrecer: confianza, criterio y pertenencia a una comunidad científica reconocida.

Cómo los bibliotecarios se convirtieron en el activo más valioso de Estados Unidos para la inteligencia durante la Segunda Guerra Mundial

Bishop, Carley. 2024. How Librarians Became America’s Greatest Asset in WWII Intelligence. 1000 Libraries Magazine, 11 de noviembre de 2024. https://magazine.1000libraries.com/how-librarians-became-americas-greatest-asset-in-wwii-intelligence/

Durante la Segunda Guerra Mundial, los bibliotecarios estadounidenses desempeñaron un papel decisivo en la construcción del aparato de inteligencia del país. En un momento en el que Estados Unidos carecía de una estructura consolidada para el análisis sistemático de información global, el gobierno recurrió a profesionales con habilidades muy específicas en organización del conocimiento, catalogación y análisis documental. Esta necesidad se intensificó con la creación del Office of Strategic Services (OSS), antecedente de la CIA, que buscaba perfiles capaces de transformar grandes volúmenes de datos dispersos en inteligencia útil y operativa.

Uno de los núcleos más importantes de esta colaboración fue la Research and Analysis Branch del OSS, donde trabajaron numerosos bibliotecarios, archivistas y académicos. Su labor consistía en recopilar información procedente de fuentes abiertas —libros, periódicos, informes técnicos, revistas científicas, mapas y estadísticas económicas— para construir análisis detallados sobre los países implicados en la guerra. Su formación profesional, centrada en la clasificación y recuperación eficiente de información, se convirtió en una ventaja estratégica en un contexto en el que la “guerra de la información” era tan relevante como el conflicto militar directo.

El artículo subraya que estos profesionales no solo trabajaron en bibliotecas o centros de análisis en Estados Unidos, sino que muchos fueron enviados a Europa y otros territorios con misiones de campo. Allí debían localizar, copiar y preservar documentos clave, en muchos casos utilizando microfilm, una tecnología esencial para la época. También recuperaban publicaciones restringidas o censuradas en territorios ocupados, lo que permitía acceder a datos sobre infraestructuras, producción industrial, movimientos logísticos o estructuras políticas de los países enemigos. Esta labor combinaba investigación académica con prácticas propias del espionaje, aunque muchas veces se realizaba bajo la cobertura de actividades culturales o documentales.

El texto destaca asimismo la dimensión humana y de riesgo de estas operaciones. Algunos bibliotecarios trabajaron en condiciones de gran presión, con vigilancia constante y peligro de detención. Figuras como Adele Kibre simbolizan este perfil híbrido entre intelectual y agente de inteligencia, capaz de operar en entornos hostiles utilizando habilidades de análisis documental más que armamento o espionaje tradicional. Esta transformación del rol bibliotecario demuestra cómo la guerra amplió los límites de las profesiones vinculadas a la información.

El artículo destaca las consecuencias a largo plazo de esta colaboración entre bibliotecas e inteligencia militar. Tras la guerra, se reforzó la percepción de que la gestión de la información era un recurso estratégico para los Estados modernos. Esto contribuyó a una mayor inversión en bibliotecas, archivos y sistemas de documentación, y a la consolidación de disciplinas como la ciencia de la información. En este sentido, la experiencia de la Segunda Guerra Mundial no solo transformó el papel de los bibliotecarios, sino que ayudó a redefinir la importancia política y estratégica del conocimiento organizado en la sociedad contemporánea.

Lista de lectura versus lista de resultados: leer no basta, lo importante es lo que consigues con lo leído

Beckford, Avil. “The Difference Between a Reading List and a Results List”. Medium, 2026.

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En este artículo, la autora y consultora en aprendizaje estratégico reflexiona sobre la diferencia entre acumular libros para leer y construir un sistema orientado a generar resultados tangibles a partir de la lectura.

Se cuestiona una de las creencias más arraigadas entre profesionales, estudiantes y lectores habituales: la idea de que leer más equivale automáticamente a aprender más o a mejorar nuestro desempeño. Según la autora, muchas personas dedican grandes esfuerzos a elaborar extensas listas de lectura, llenas de libros recomendados, títulos pendientes y obras consideradas imprescindibles. Sin embargo, pocas se detienen a preguntarse qué cambios concretos esperan obtener de esas lecturas. El problema no es la lectura en sí, sino la ausencia de una conexión clara entre lo que se lee y los resultados que se desean alcanzar.

La autora establece una distinción fundamental entre una lista de lectura y un lista de resultados. La primera está centrada en los libros. Su objetivo consiste en decidir qué obras leer, cuántas leer y en qué orden hacerlo. La segunda, en cambio, comienza por una pregunta diferente: ¿qué problema necesito resolver?, ¿qué habilidad quiero desarrollar?, ¿qué objetivo deseo alcanzar? Solo después de responder a esas cuestiones se seleccionan las lecturas que pueden contribuir a lograr esos fines. El foco deja de estar en los libros y pasa a estar en las transformaciones que la lectura puede generar.

Beckford sostiene que gran parte de nuestra manera de leer proviene del sistema educativo tradicional. Durante años se nos enseñó que el éxito consistía en completar libros, comprender textos y responder preguntas sobre ellos. Ese modelo puede ser adecuado en contextos académicos, pero resulta insuficiente cuando el propósito es aplicar conocimientos en la vida profesional o personal. En el mundo real, afirma la autora, nadie recibe recompensas por terminar libros; las recompensas llegan cuando somos capaces de resolver problemas, tomar mejores decisiones o producir resultados de mayor calidad.

Uno de los aspectos más interesantes del artículo es la crítica a las llamadas “métricas de vanidad” relacionadas con la lectura. Muchas personas se sienten orgullosas de leer cincuenta o cien libros al año, pero rara vez evalúan cuánto de ese conocimiento se ha convertido en acción efectiva. Beckford argumenta que una persona puede leer decenas de obras y no modificar absolutamente nada en su comportamiento, mientras que otra puede leer un único libro y transformar radicalmente su forma de trabajar o de pensar. Desde esta perspectiva, el valor de una lectura no se mide por el número de páginas consumidas, sino por el impacto real que produce en la práctica cotidiana.

La autora propone un enfoque que denomina “lectura estratégica”, basado en identificar previamente los resultados deseados. Si alguien necesita mejorar sus habilidades de liderazgo, aumentar sus ventas, gestionar mejor su tiempo o comprender una tendencia tecnológica, debería construir una lista de resultados antes que una lista de libros. Una vez definidos esos objetivos, los libros se convierten en herramientas al servicio de una finalidad concreta. La lectura deja de ser una actividad acumulativa y pasa a ser una actividad orientada a la acción.

Esta filosofía adquiere una relevancia especial en la era de la inteligencia artificial. Beckford señala que hoy disponemos de resúmenes automáticos, motores de búsqueda avanzados y herramientas capaces de sintetizar grandes cantidades de información en segundos. En ese contexto, la ventaja competitiva ya no consiste únicamente en acceder al conocimiento, sino en saber qué hacer con él. La verdadera diferencia entre los profesionales más eficaces y el resto no radica en cuánto leen, sino en cómo transforman la información en decisiones, proyectos y resultados concretos.

El artículo concluye con una invitación a replantear nuestra relación con los libros. En lugar de preguntarnos cuántos títulos hemos leído este año, quizá deberíamos preguntarnos qué ha cambiado gracias a nuestras lecturas. ¿Qué decisiones tomamos de forma diferente? ¿Qué habilidades hemos desarrollado? ¿Qué problemas hemos resuelto? Para Beckford, la lectura alcanza su máximo valor cuando deja de ser un fin en sí mismo y se convierte en una herramienta para producir cambios significativos en nuestra vida personal y profesional. Una lista de lectura puede llenarse de títulos; una lista de resultados, en cambio, se mide por las transformaciones que esos títulos hacen posibles.