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Si nuestros niños dejan de leer, o nunca han tenido ese hábito…

 

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El escritor vallisoletano Gustavo Martín Garzo, siempre haciendo gala de una sensibilidad exquisita estima que si un niño deja de leer o nunca tuvo ese hábito no es sólo un fracaso paternal o personal, es un fracaso de todos, de la comunidad, y lo expresa con este lirismo.

«Si nuestros niños dejan de leer, o nunca han tenido ese hábito, si no llegan a interesarles los cuentos, será en definitiva porque nosotros, la comunidad en la que han nacido, ha dejado de ser visitada por los sueños, y hace tiempo que no tiene gran cosa que contar, ni de sí misma ni del mundo que la rodea. No les culpemos por ello, preguntémonos nosotros, como el gigante del cuento, dónde se oculta nuestro corazón y qué ha sido de los sueños y los anhelos que una vez lo poblaron»

Gustavo Martín Garzo: El hilo azul. Aguilar, 2001

Magia para lectores de Kelly Link. Un loco retrato del mundo de las bibliotecas y los bibliotecarios

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Kelly Link «Magia para lectores». Barcelona: Seis Barral, 2011

Si te gusto la película «Amanece que no es poco» de José Luis Cuerda, casi seguro que te gustará el libro «Magia para lectores» de Kelly Link es una de las novelas más imaginativas, gratificantes y locas que he leído en los últimos años, llena de lirismo y humor corrosivo, con el añadido de un componente profesional igualmente de irónico sobre el mundo de las bibliotecas y los bibliotecarios. Ha sido calificada como un lugar entre la fantasia de J.K. Rowling y la literatura de Alice Munro.

«En Magia para lectores encontrarás infinidad de cosas: un bolso con un pueblo dentro, bibliotecarios que se baten en duelo, sofás probablemente carnívoros, un chico llamado Cebolla… Y es que todos estos cuentos esconden un tesoro. Son los cuentos que siempre has querido leer.»

Jeremy, el protagonista de esta novela, es hijo de una bibliotecaria y aficionado a una serie de televisión pirata titulada “La biblioteca”, en esta serie ocurren hechos insólitos, o no tan insolitos.

ESTRACTOS

«En la televisión, los lobos vagan por la tundra del piso cuarenta de La biblioteca del Mundo Árbol Popular Libre. Cae una fuerte nevada y las bibliotecarias queman libros para entrar en calor, pero únicamente las obras literarias más aburridas y edificantes.»

Es muy gracioso este pasaje de la obra “Magia para lectores” de Kelly Link, una novela en la que todo lo real se desvirtualiza en fantástico e irreal. En este mundo particular se identifican a los profesionales de las bibliotecas recurriendo al tópico femenino, son mujeres que yacen en ataúdes, como si fueran vampiresas dentro de un mundo de realismo mágico que se percibe a través de la televisión.

 

«En la televisión, en La biblioteca del Mundo Árbol Popular Libre es de noche. Todas las bibliotecarias están dormidas y arrebujadas dentro de sus ataúdes, vainas de espada, cámaras secretas para curas, ojales, bolsillos, armarios escondidos o entre las páginas de novelas encantadas. La luz de la luna se derrama a través de las altas ventanas arcuadas y entre los pasillos de librerías, hacia el parque. Fox está de rodillas, arañando la tierra embarrada con las manos. La estatua de George Washington está de rodillas junto a ella, ayudando…

En otro episodio, Fox les roba a las Norn un fármaco mágico (son un grupo de chicas de pop profético que encabeza el espectáculo del cabaré del entresuelo de La biblioteca del Mundo Árbol Popular Libre). Se lo inyecta por accidente, se queda embarazada y da a luz a un puñado de serpientes que la conducen exactamente hasta la estantería en la que las bibliotecarias renegadas habían colocado por error un antiquísimo y terrible libro de magia que nunca se había traducido, hasta que Fox pidió ayuda a las serpientes. Las serpientes se retorcieron y se enroscaron en el suelo formando palabras con el cuerpo, letra tras letra. Mientras traducían el libro para Fox, siseaban y soltaban vapor, hasta que se convirtieron en líneas de fuego y se quemaron por completo»

 

Una cosa casi no me cabe ninguna duda. La mayoría de los bibliotecarios que conozco, y como bibliotecario de futuros bibliotecarios, conozco muchos, por lo general somos profesionales muy vocacionales. A las pruebas me remito. Es muy frecuente entre los bibliotecarios que cuando visitamos una ciudad o un país nos acercamos a conocer sus bibliotecas y hacemos fotografías. Tal como aparece en la divertida compilación de cuentos de Kelly Link, en la que la madre del protagonista es bibliotecaria y cuando organiza un viajes hace un recorrido por las bibliotecas de los lugares que visita

 

«La madre de Jeremy organiza el itinerario para su viaje. Van a parar en bibliotecas de todo el país porque a su madre le encantan las bibliotecas, y también ha comprado una tienda de campaña nueva para dos personas, dos sacos de dormir y un hornillo portátil para poder acampar en caso de que Jeremy quiera acampar, incluso a pesar de que ella odia el campo…   He encontrado una biblioteca en Internet que quiero visitar. Está en Iowa. En la fachada hay un mosaico hecho con maíz en el que salen un montón de dioses y diosas desnudos bailando en un campo de mazorcas, y alguien quiere retirarlo. ¿Podemos ir a verlo antes de que lo quiten?»

La imagen de la biblioteca en el cine (1928-2015).

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Andrio Esteban, M. R.. [e-Book] La imagen de la biblioteca en el cine (1928-2015). Salamanca, Universidad de Salamanca, 2016

Texto completo

El objetivo del presente trabajo ha sido configurar el perfil de elementos visuales, actividades de usuarios y tareas profesionales que los cineastas han elegido para representar a las bibliotecas públicas a lo largo de su etapa sonora. Para ello, se obtuvo un listado de 855 películas entre 1928 y 2015 (60% fueron norteamericanas y un 7% españolas) en las que se identificaron 1.642 escenas con biblioteca. Un análisis descriptivo permitió detectar 1.220 bibliotecarios y cerca de 9.000 usuarios realizando diversas actividades. Los resultados muestran que la imagen de la biblioteca se configura en la mayoría de los filmes con pocos elementos. Libros, estanterías, tejuelos, etiquetas de materia y algunos ornamentos son suficientes. Por otra parte, el bibliotecario posee en general una imagen más estereotipada que las bibliotecarias, que apenas muestran los rasgos clásicamente asociados ,especialmente si son protagonistas. Sus tareas más frecuentes son la atención al usuario y el trabajo técnico, ordenar el fondo, mantener el orden y el préstamo, labores más próximas al auxiliar que al experto. Para los cineastas la mayoría de los usuarios son varones y se dedican a hablar entre ellos, consultar, leer y estudiar. Desde un punto de vista profesional, para el cine hay dos tipos principales de bibliotecas: la pública y la académica. Sus funciones relacionadas son el apoyo a la educación formal y como lugar de reunión social como imágenes más cinemáticas. En conjunto, la representación de la biblioteca en el cine ha variado relativamente poco desde hace 90 años, a pesar de los grandes avances tecnológicos de la profesión

Posturas que adoptamos al leer en una tablet

Aquí os dejo este Kamasutra de la lectura digital, según 24sutra estas son las posturas para leer en una tablet. Desde luego que no tienen ningún desperdicio, sobre todo por los propio nombres relacionadas todas ellas con una obra literaria ¿Cual es la tuya preferida? La mía es la metamorfosis

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Literatura para cuando estás desesperado

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Tenemos que tener en cuento que cuando hablamos de libros y de lecturas, estamos hablando en genérico, pero existen muchos tipos de lecturas y de lectores, como nos recuerda en este extracto de “Los detectives Salvajes” el escritor chileno tristemente desaparecido, Roberto Bolaño. Esta novela reflexiona acerca del hecho de escribir, habal de un chico huérfano, Juan García Madero al que sus tíos le obligan estudiar derecho, aunque el lo que ansía es ser escritor. Según Bolaño esta obra es una suerte de Huckleberry Finn de Mark Twain, donde el Misisipi aquí sería el flujo de voces de la segunda parte donde «se intenta reflejar una cierta derrota generacional y también la felicidad de una generación, felicidad que en ocasiones fue el valor y los límites del valor»

“Hay una literatura para cuando estás aburrido. Abunda. Hay una literatura para cuando estás calmado. Ésta es la mejor literatura, creo yo. También hay una literatura para cuando estás triste. Y hay una literatura para cuando estás alegre. Hay una literatura para cuando estás ávido de conocimiento. Y hay una literatura para cuando estás desesperado. Esta última es la que quisieron hacer Ulises Lima y Belano. Grave error, como se verá a continuación. Tomemos, por ejemplo, un lector medio, un tipo tranquilo, culto, de vida más o menos sana, maduro. Un hombre que compra libros y revistas de literatura. Bien, ahí está. Ese hombre puede leer aquello que se escribe para cuando estás sereno, para cuando estás calmado, pero también puede leer cualquier otra clase de literatura, con ojo crítico, sin complicidades absurdas o lamentables, con desapasionamiento. Eso es lo que yo creo. No quiero ofender a nadie. Ahora tomemos al lector desesperado, aquel a quien presumiblemente va dirigida la literatura de los desesperados. ¿Qué es lo que ven? Primero: se trata de un lector adolescente o de un adulto inmaduro, acobardado, con los nervios a flor de piel. Es el típico pendejo (perdonen la expresión) que se suicidaba después de leer el Werther. Segundo: es un lector limitado. ¿Por qué limitado? Elemental, porque no puede leer más que literatura desesperada o para desesperados, tanto monta, monta tanto, un tipo o un engendro incapaz de leerse de un tirón En busca del tiempo perdido, por ejemplo, o La montaña mágica (en mi modesta opinión un paradigma de la literatura tranquila, serena, completa), o, si a eso vamos, Los miserables o Guerra y paz. Creo que he hablado claro, ¿no? Bien, he hablado claro. “

Roberto Bolaño «Los detectives salvajes» Barcelona : Anagrama, 2000

Sobre los efectos de los malos libros

«Quien no ha recibido de la naturaleza un espíritu falaz y corazón perverso, lo puede cambiar con la frecuente lectura de libros malos, tanto o más perjudicial que la conversación y trato con hombres corronpidos.»

Adrien Bailler

            Este texto lo encontré en un libro titulado “la casa de Balsasain” de Federico Santander Ruíz-Jimenez de la Biblioteca Patria de Obras Premiadas junto a la cita aparece “lema de la biblioteca”.

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Investigando al respecto encontré que esta misma cita se utilizaba en el “Diploma por los servicios prestados a la moral y a las sanas costumbres con la propaganda del buen libro y del buen periódico” del Patronato Social De Buenas Lecturas.1910. Buscando la cita, la misma pertenece a Adrien Baillet, un teólogo y crítico literario francés, más conocido por ser biógrafo de René Descartes. Dicha cita no tiene ningún desperdicio, ya que al igual que lo habitual es ensalzar los prodigios de la lectura, esta frase llena de ironía nos avisa sobre los efectos negativos de los malos libros.

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Diploma de Socio Protector del Patronato Social De Buenas Lecturas.1910.

La discreta belleza de la bibliotecaria de la canción «The Librarian» de Hefner

Ver además

Canciones sobre bibliotecas y bibliotecarios.

La imagen social del bibliotecario en el pop y en el rock

 

El tema de un grupo británico de «rock urbano» llamado Hefner formado en el este de Londres en 1995. El tema “The Librarian» pertenece al albún Breaking God’s Heart, y trata sobre un chico que se enamora de una bibliotecaria, y va a pedir en préstamo sesudos libros en préstamo que nunca lee, con el objetivo de que la bibliotecaria se fije en él. Tiene ensoñaciones eróticas con ella, piensa que se la lleva a su casa, que hacen el amor, Pero la realidad es que la chica no se fija en el chico y se olvida de él chico transcurridos diez minutos. Se trata de una amor platónico hacia una bibliotecaria de un discreto atractivo que atrae poderosamente a nuestro protagonista.

Comenzó a cortejarla a la bibliotecaria del vestido gris
de una manera muy peculiar
Pidió en préstamo libros que nunca leería
Quería que se fijara en él
llevando libros de alto contenido intelectual

Planeó llevarla a su casa algún día
Soñaba con la suavidad de su piel mientras se amaban
Pero ambos sabían que mientras soñaba aquello
Ella se iba a olvidar de todo en tan sólo diez minutos

Posee una belleza nada común que aún nadie descubrió
Que esconde tras de sus ojos cansados
Alguna vez le cae una lágrima
Que seca con la manga de su camisa
Se hizo el silencio al saber que sus esfuerzos eran en vano
que nunca le besará los párpados

Hefner. The Librarian, 1995

Libros lámpara

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Una recomendación curiosa. hasta hoy conocíamos los libros decorativos y los libros caja fuerte, ahora se presentan los libros lampara. Estos libros tienen unas dimensiones de 24 cm de altura, 17 cm de ancho y 8 cm de profundidad y se suministra con una lámpara de ahorro energético y un enchufe europeo. Está diseñada para iluminar toda su estantería y mostrar mejor la colección.

 

Hasta ahora conocíamos los típicos libros decorativos que sirven para adornar las estanterías con bellas encuadernaciones, aunque en su interior estos libros, -que se compran por metros lineales- no tuvieran contenido alguno, ya que son simplemente una caja cerrada. Incluso para que no se desordenen a veces vienen en bloques.

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En los últimos años también me he encontrado que se venden libros que son una pequeña caja fuerte con cerradura y llave incluida. Los ladrones generalmente cuando van a una casa no rebuscan entre los libros; por lo tanto son un buen sitio para guardar documentos, dinero o joyas, pues que se integran perfectamente entre el resto de los libros bajo la apariencia de un diccionario de inglés o otro libro similar. Hay algunos de ellos muy llamativos, al estilo libros antiguos, pero para cumplir su cometido es más conveniente que sean discretos. Se venden en bazares chinos a un precio adsequible según el tamaño entre 7 y 12 euros.

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Lo que no había visto hasta la fecha son los libros lámpara. Las estanterías generalmente están en lugares de poca luz, salvo que la estantería tenga luz dedicada. Pues bien han aparecido los libros lampara de The Enlightenment hechos de material plástico reciclable. Estos libros tienen unas dimensiones de 24 cm de altura, 17 cm de ancho y 8 cm de profundidad y se suministra con una lámpara de ahorro energético y un enchufe europeo. Está diseñada para iluminar toda su estantería y mostrar mejor la colección. Esta lámpara se puede adquirir en Light up your world por 79,00€ con el envío incluido a cualquier parte del mundo.

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La biblioteca secreta de Haruki Murakami

 

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Haruki Murakami, «La biblioteca secreta». Madrid: libros del Zorro Viejo, 2014

La biblioteca secreta de Haruki Murakami es una obra magníficamente ilustrada por Kat Menschik, y una representación de los mundos más oníricos y subrealistas del autor japonés, que una vez más como ocurre con Kafka en la orilla y con El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, su leitmotiv es la biblioteca. En la obra un chico acude a la biblioteca púbica de su ciudad como hace frecuentemente, y al pedir un libro a la bibliotecaria como de costumbre le dice que baje al sótano y pregunte por la habitación 207, lo que ocurre allí, deja de pertenecer a este mundo, aparece un viejo bibliotecario, que más bien parece el guardián de las mazmorras,  y le  que lo introduce en el laberinto de la biblioteca, alli encuentra el hombre oveja, la chica muda, al perro de los ojos de diamante y otros personajes e historias que se alejan de la cotidaneidad de cualquiera de nuestros centros y se acercan a la laberíntica biblioteca propia de los universos borgianos.

EXTRACTOS

«La biblioteca estaba mucho más silenciosa que de costumbre. Yo llevaba, aquel día, unos zapatos de piel nuevos que, al pisar el linóleo de color gris, dejaban escapar unos crujidos duros y secos. No sé por qué, pero no parecía que aquellos pasos fuesen míos. Cuando te pones unos zapatos de piel nuevos, tardas un tiempo en familiarizarte con el sonido de tus propios pies. En el servicio de préstamo había una mujer desconocida que leía un grueso volumen. Era un libro apaisado, muy ancho. Daba la sensación de que estuviera leyendo la página derecha con el ojo derecho y la izquierda con el izquierdo.
—Disculpe —dije.
La mujer dejó el libro sobre la mesa con un pataplum y alzó el rostro hacia mí.
—Vengo a hacer una devolución —añadí, y deposité sobre el mostrador los libros que llevaba bajo el brazo. Uno era Cómo se construye un submarino; el otro, Memorias de un pastor.
La mujer levantó la tapa y comprobó la fecha de vencimiento.»

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«En la habitación había un escritorio pequeño y viejo y, sentado detrás, un anciano de baja estatura. Tenía el rostro cubierto de pequeñas manchas negras, como si una multitud de moscas pulularan sobre su piel. El anciano era calvo y llevaba unas gafas de lentes gruesas. Su calvicie no era completa; aquí y allá conservaba algún mechón. Unas greñas canosas se le pegaban a los lados de la cabeza como después de un incendio forestal.»

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«—Busco un libro —dije.
—Baje las escaleras, a la derecha —dijo sin levantar la cabeza—. Siga recto. Sala número 107.

Yo estaba estupefacto. ¿Cómo era posible que en los sótanos de la biblioteca municipal existiera un laberinto tan enorme? La biblioteca municipal siempre pasaba estrecheces debido a la falta de presupuesto: era inconcebible que pudiera construir siquiera un laberinto diminuto. Pensé en interrogar al anciano sobre aquel punto, pero tenía miedo de que me regañara, así que desistí.

Efectivamente, en el dorso de cada uno de los libros había pegada una etiqueta roja que prohibía el préstamo.»

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«El laberinto al fin acabó y nos encontramos ante una gran puerta de hierro. De la puerta colgaba un rótulo donde ponía «Sala de Lectura». El lugar estaba tan silencioso como un cementerio a medianoche. El anciano sacó un manojo de llaves del bolsillo y, haciéndolas entrechocar, eligió una. Era una llave grande de modelo anticuado. La introdujo en la cerradura y, tras echarme una mirada rápida llena de sobrentendidos, la hizo girar hacia la derecha. Se oyó un sonido metálico. Al abrirse la puerta, un chirrido en extremo desagradable resonó por los alrededores. —Pero si está completamente a oscuras —protesté. Al otro lado de la puerta, las tinieblas eran tan negras como un agujero en el espacio.»

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El peligro de los laberintos radica en que, hasta que no avanzas un buen trecho, no sabes si has elegido o no el camino correcto. Y cuando llegas al final y te das cuenta de que te has equivocado, ya suele ser demasiado tarde para retroceder. Ese es el problema de los laberintos.

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«Me senté en la cama con la cabeza entre las manos. ¿Por qué tenía que sucederme aquello a mí? Lo único que había hecho yo era ir a la biblioteca a pedir unos libros prestados.
—No te desanimes tanto —me dijo el hombre-oveja en tono consolador—. Ahora te traeré la cena. Si tomas algo caliente, te animarás otra vez.
—Oye, señor hombre-oveja —dije—. ¿Y por qué va el abuelo a sorberme los sesos?
—Es que, por lo visto, los sesos repletos de conocimientos son deliciosos. Son más blanditos. Aunque también los hay grumosos.
—Por eso quiere sorbérmelos después de que haya estado un mes atiborrándolos de conocimientos, ¿verdad?
—Exacto.
—Eso es horrible —dije—. Bueno, para quien se va a quedar sin sesos, claro.
—¡Pero si eso lo hacen en todas las bibliotecas! En mayor o menor medida.
Oírle decir aquello me dejó atónito.
—¿Que lo hacen en todas las bibliotecas?
—Sí, porque si solo prestaran conocimientos, saldrían perdiendo, ¿no te parece?»

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«Se oyó girar la llave en la cerradura y entró una chica empujando un carrito. Una chica tan hermosa que de solo mirarla, dolían los ojos. Debía de tener, más o menos, mi edad. Sus brazos, piernas y cuello eran tan delgados que parecía que la fuerza más insignificante pudiera quebrarlos. Su pelo, largo y liso, relucía como una joya. Tras mirarme unos instantes, empezó a colocar sobre la mesa, sin decir palabra, la comida que llevaba en el carrito. Era tan hermosa que ni siquiera logré abrir la boca.»

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«Aquella era la habitación donde había visto al anciano por primera vez. La habitación número 107, en el sótano de la biblioteca. El anciano se encontraba detrás del escritorio, con los ojos clavados en mí.

Obedecí. Tomé al hombre-oveja de la mano, salí a toda prisa de la habitación. Ni siquiera volví la vista atrás.
En la biblioteca, aún de mañana temprano, no se veía un alma. Cruzamos el vestíbulo, abrimos una ventana de la sala de lectura desde el interior y salimos casi rodando. Corrimos hacia el parque hasta perder el aliento y, una vez allí, nos arrojamos los dos sobre el césped, boca arriba. Cerramos los ojos, jadeando. Permanecí bastante tiempo con los ojos cerrados.»

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«A partir de aquel día no volví a poner los pies en la biblioteca municipal. Tal vez hubiera debido dirigirme a un cargo importante de la biblioteca, contarle mis experiencias y avisarle que, en sus profundidades, había una habitación parecida a una mazmorra. De lo contrario era posible que, algún día, otro niño corriera la misma suerte que yo. Pero solo con ver el edificio de la biblioteca bañado por el sol del crepúsculo, me quedaba paralizado.

A veces pienso en los zapatos de piel nuevos que dejé en el sótano de la biblioteca. Pienso en el hombre-oveja, pienso en la hermosa muchacha muda. ¿Hasta qué punto ocurrió realmente? A decir verdad, no tengo ninguna certeza. Lo único que sé es que mis zapatos de piel y mi estornino han desaparecido de veras.»

Signatura 400: un retrato de la imagen profesional de la biblioteca

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Divry, Sophie. Signatura 400, Blackie Books, 2001

En el libro Signatura 400, nos presenta  a la bibliotecaria como un ser anodino, casi invisible e impersonal. Ese alguien en que nadie se fija, nadie repara en ella.

 

«Ni siquiera tiene nombre. Y es que nadie habla con ella, como no sea para pedir libros en préstamo. Su consuelo: las buenas lecturas y estar rodeada de seres incluso más tristes que ella. Se pasa los días ordenando, clasificando. No pensaba ser bibliotecaria, pero abandonó las oposiciones por un hombre. Ahora el amor le parece una pérdida de tiempo, un trastorno infantil en el mejor de los casos.»

Y continua exibiendo este catálogo de tareas de la biblioteca, sin ninún tipo de ilusión “Es lo que hay”

 

“Nunca hay que llamar la atención en una biblioteca. Llamar la atención ya es molestar. Se va a quedar conmigo mientras preparo la sala de lectura. Todavía me quedan libros por clasificar. Ya que es usted tan eficiente, sáqueme todos los libros de geografía que los lectores han colado en la sección de historia. Venga, y no se queje: clasificar, colocar, no molestar, ésa es toda mi vida, ya ve. Meter libros en las estanterías y sacarlos, el cuento de nunca acabar. No parece divertido, ¿eh? Pero es lo que hay. Porque, para colocar un libro, ni siquiera necesito mirar el nombre del autor. Me basta con leer los números apuntados aquí, en la etiqueta pegada en el lomo, e intercalarlos a continuación de los que tienen la misma signatura. Eso es todo. Y llevo veinticinco años en este oficio, veinticinco años con el mismo principio inmutable… Ser bibliotecario no es nada gratificante, se lo digo yo”

Cuando hablamos de bibliotecarios utilizamos un genérico que incluye a cualquier persona que trabaja en al biblioteca, por lo general los usuarios identifican al bibliotecario como la persona que le atiende en el mostrador de préstamo. Por lo cual la visibilidad y percepción de nuestro quehacer queda simplificada a eso. Pero como nos cuenta la bibliotecaria de Signatura 400 hay una división de escalafones y tareas diferentes. Si bien unos, y sobre todo otras no salen muy bien paradas.

 

Qué vergüenza pasé: haberme enamorado de un hombre capaz de encontrar atractiva a una burócrata nuclear, qué barbaridad. Tras este episodio perdí para siempre los sentimientos románticos, las ganas de fantasear, porque la fantasía, cuando nos atrapa, puede ser muy peligrosa. No se fíe. No sé cómo se las apaña usted para aguantar el día a día, pero yo, donde me repuse, fue aquí en mi sótano. Y eso que mi puesto no es muy interesante que digamos. Si es que este oficio tiene algo de interesante.Pero, bueno, al fin y al cabo, hay quien vive mejor que yo, porque una biblioteca es una cosa muy jerarquizada. Aunque los lectores no se den cuenta, estamos todas sometidas a un orden despiadado. Arriba del todo, encerrado en su despacho, el director. Procede de la élite universitaria, decide las compras importantes, cuenta con una plaza de aparcamiento reservada, se codea con escritores. Luego está el «cuerpo de bibliotecarios», funcionarios de primera categoría: todas unas esnobs y madres de familia que han conseguido compaginarlo todo en su vida, que si patatín que si patatán. Después vienen los funcionarios de segunda categoría, las más currantas, con bicicleta o solteras, como yo. Digo «currantas» porque en la biblioteca nueve de cada diez empleados son mujeres. Aparte del director, que está en la cúspide, solo emplean a hombres para tareas menores: almacenistas, guardas jurados o técnicos.

 

Los comentarios de signatura 400 desde luego no nos dejan indiferentes por sus sarcasmo y mordacidad, no se salvan de las feroces críticas que emana la novela ni bibliotecas, ni bibliotecarios, ni administraciones…

… Es tan triste. No hay nada más triste que una biblioteca vacía. Quiero decir, una biblioteca abierta pero despoblada. Aunque eso pasa en cualquier época del año. Entonces te quedas como el tío Gilito plantado en su montón de oro. Porque, por muy dura que haya sido con usted, la verdad es que ¿qué haríamos nosotras sin los lectores?“