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Los clubes de lectura se están convirtiendo en la nueva tendencia social de la generación Z

Is the Book Club the New Social Scene?1000Libraries Magazine.

Los clubes de lectura están de vuelta y más de moda que nunca. Descubre cómo la generación Z y los millennials están convirtiendo la lectura en la actividad social por excelencia.

En los tiempos recientes, los clubes de lectura han comenzado a transformarse, especialmente entre generaciones jóvenes como los millennials y la Generación Z. Lo que antes era un encuentro relativamente estructurado y centrado exclusivamente en la discusión literaria —leer un libro, encontrarse para debatirlo— ahora incorpora muchas más dimensiones sociales.

En las últimas décadas, los clubes de lectura se concebían de forma bastante tradicional: un grupo reducido de personas elegía un libro, lo leía y, en un encuentro mensual o bimestral, debatía sobre sus ideas principales. Sin embargo, esa imagen ha quedado algo desfasada en el contexto actual, donde las nuevas generaciones han empezado a reinterpretar este formato. El club de lectura, lejos de extinguirse, se ha revitalizado y se presenta hoy como un escenario social de gran atractivo, sobre todo para los millennials y la Generación Z, quienes buscan en estas experiencias algo más que literatura: buscan vínculos humanos, pertenencia y un entorno donde compartir intereses de forma cercana.

El auge de estos espacios responde a varias transformaciones sociales. Por un lado, la saturación digital y el cansancio de las interacciones en línea han despertado una necesidad de encuentros cara a cara, donde la conversación fluya sin pantallas de por medio. Tras la pandemia, este deseo se intensificó, y el club de lectura apareció como una fórmula perfecta para conciliar lo cultural con lo relacional. La excusa del libro funciona como un punto de partida, pero lo verdaderamente valioso es el tejido de relaciones que se construye alrededor: amigos nuevos, grupos de apoyo, comunidades creativas.

Además, estos clubes se han vuelto más versátiles e inclusivos. No se limitan ya a la conversación literaria formal, sino que suelen incorporar actividades paralelas que refuerzan la experiencia colectiva. Existen clubes temáticos en los que se acompaña la lectura con talleres de manualidades, sesiones de cocina inspiradas en los libros, rutas al aire libre, maridajes con vinos o incluso entrenamientos deportivos vinculados a la idea de “leer y correr”. Esta fusión de lectura y ocio convierte al club en una experiencia híbrida que atrae a personas que, de otro modo, quizás no se hubieran acercado a un espacio lector tradicional.

Otro aspecto clave es la diversidad de formatos. Algunos clubes mantienen la estructura clásica con reuniones mensuales y lecturas consensuadas, mientras que otros prefieren la informalidad, sin obligación de haber terminado el libro, privilegiando la conversación espontánea. También conviven los clubes presenciales con los virtuales y los híbridos, lo que permite reunir a personas dispersas geográficamente pero unidas por intereses comunes. De esta manera, el club de lectura se convierte en un espacio flexible y adaptable, donde caben diferentes estilos de participación y grados de compromiso.

Finalmente, los clubes de lectura están teniendo un impacto notable en la construcción de comunidades culturales más amplias. Funcionan como micro-redes donde se recomiendan libros, se comparten experiencias de vida y se abren debates que trascienden lo literario para abarcar temas sociales, políticos y personales. Lejos de ser una actividad solitaria, la lectura se convierte en un ritual compartido que fortalece los lazos sociales y ofrece un refugio frente al aislamiento. Así, puede afirmarse que el club de lectura, reinventado y expandido, es hoy uno de los espacios donde la cultura y la vida social se encuentran de manera más fértil.

Lo que funciona y lo que no: un estudio exploratorio de los modelos de referencia bibliotecaria actuales en grandes bibliotecas universitarias

Weare, William H., Jaena Alabi, y John Fullerton. “What’s Working and What Isn’t: An Exploratory Study of Current Reference Models in Large Academic Libraries.” portal: Libraries and the Academy 25, n.º 4 (2025): 753-780. https://preprint.press.jhu.edu/portal/sites/default/files/09_25.4weare.pdf

El estudio analiza los modelos actuales de servicio de referencia en grandes bibliotecas universitarias, con el objetivo de identificar qué prácticas funcionan bien, cuáles presentan dificultades y cómo los cambios organizacionales afectan estas funciones.

Para ello, los autores entrevistaron a 15 responsables de servicios de referencia en universidades “land-grant” con alta matrícula (más de 20.000 estudiantes), situadas en Estados Unidos, utilizando un enfoque cualitativo con entrevistas semiestructuradas entre 2018 y 2019. Los entrevistados representaban instituciones sin programa acreditado de ciencias de la información, lo cual evitaba contar con un grupo de profesionales locales del gremio que pudiera distorsionar las dinámicas normales del servicio. Las entrevistas, con duración entre 43 y 73 minutos, fueron transcritas, codificadas y analizadas para identificar modelos de referencia, decisiones de personal y los factores que guiaban los cambios entre las diversas aproximaciones.

Los hallazgos revelan que no existe un modelo universal de referencia aplicado por todas las bibliotecas: muchas adoptan combinaciones adaptadas a su contexto institucional. Los autores identificaron siete enfoques dominantes: tradicional (con bibliotecarios atendiendo físicamente en escritorio), escritorio único combinado (referencia + circulación), peer-to-peer (estudiantes como asistentes de referencia), servicios escalonados (tiered), servicio “on call”, modelo de referencia por derivación (referral) y chat (o referencia virtual). En la práctica, los modelos no son mutuamente excluyentes; muchas bibliotecas combinan distintos enfoques según turno, necesidades del usuario o capacidades del personal. Un patrón frecuente es consolidar múltiples servicios en un solo mostrador para simplificar la experiencia del usuario y reducir la fragmentación de puntos de servicio.

Tres temas centrales atraviesan las decisiones institucionales: (1) la consolidación hacia un escritorio único de servicios, motivada por la necesidad de simplificar la experiencia del usuario y disminuir la confusión entre múltiples mostradores; (2) la retirada progresiva de bibliotecarios del servicio presencial directo, con la intención de liberar su tiempo para tareas especializadas, colaboración, docencia o proyectos externos; y (3) el aumento del uso de estudiantes en los puestos frontales de atención, como primer nivel de contacto, delegando a personal profesional preguntas más complejas. Entre las razones que impulsan estos movimientos destacan la reducción de la demanda presencial (caída de estadísticas de referencia), presiones institucionales para que los bibliotecarios asuman funciones de mayor impacto, cambios administrativos o de clasificación investigadora de la universidad, y un cuestionamiento sobre la eficiencia de tener personal altamente cualificado atendiendo consultas triviales.

Asimismo, el estudio señala que en muchas bibliotecas el volumen de consultas profundas es muy bajo; usando la escala READ (Reference Effort Assessment Data), varios entrevistados reportaron que un gran porcentaje de las preguntas corresponden a niveles bajos de complejidad, lo que sugiere que podrían atenderlas asistentes bien entrenados. Al mismo tiempo, se reconoce que la naturaleza de las preguntas ha evolucionado: aunque disminuye el volumen de preguntas básicas, los desafíos que llegan suelen ser más complejos y requieren intervención experta. En algunos casos, las instituciones mantienen el modelo tradicional por razones de identidad profesional, inercia institucional o porque sus bibliotecarios valoran el contacto directo con los usuarios.

En resumen, este estudio aporta evidencia cualitativa de que el futuro de los servicios de referencia en bibliotecas universitarias grandes se orienta hacia modelos híbridos, adaptativos y escalonados, más que hacia una sustitución total del servicio presencial o su configuración en un solo modelo rígido. La elección óptima depende del contexto institucional, cultura organizativa, recursos humanos y expectativas de los usuarios.

La IA esta deteriorando la confianza entre profesores y alumnos

El artículo advierte que el uso de IA en las tareas escolares está debilitando la confianza entre estudiantes y profesores, al generar sospechas y dependencia tecnológica. Señala que la clave está en replantear evaluaciones y fomentar un diálogo abierto sobre integridad académica.

Se analiza cómo el uso creciente de herramientas de inteligencia artificial por parte de los estudiantes está afectando de manera significativa la relación de confianza entre alumnos y profesores. La facilidad con la que los estudiantes pueden recurrir a la IA para redactar ensayos, resolver tareas o incluso generar ideas iniciales está transformando las dinámicas del aula. Por un lado, los estudiantes encuentran en estas herramientas una vía rápida para cumplir con las exigencias académicas; por otro, los docentes empiezan a sospechar de la autenticidad de los trabajos presentados. Esta tensión ha dado lugar a un círculo vicioso: los alumnos sienten que los profesores no confían en ellos, y los profesores perciben que los estudiantes no son honestos en su esfuerzo académico.

Esta pérdida de confianza se ve reforzada por el uso de softwares diseñados para detectar textos generados por IA. Si bien estas herramientas prometen garantizar integridad académica, en la práctica son imperfectas y generan errores de diagnóstico. Casos documentados muestran que estudiantes cuya lengua materna no es el inglés han sido señalados erróneamente como usuarios de IA, lo que introduce sesgos culturales y lingüísticos en el proceso de evaluación. Estos fallos no solo afectan la reputación de los alumnos, sino que también aumentan el escepticismo hacia los métodos de control empleados por los profesores. De esta forma, lo que debería ser un recurso para salvaguardar la calidad del aprendizaje termina, en muchos casos, debilitando todavía más la confianza mutua en el aula.

El artículo recoge también testimonios de docentes que perciben un cambio profundo en la motivación de los estudiantes. Liz Shulman, profesora citada en el texto, describe que la relación alumno-profesor ha adoptado un carácter cada vez más “transaccional”: los estudiantes parecen concentrarse únicamente en entregar tareas que cumplan requisitos formales, sin implicarse realmente en el proceso de aprendizaje. Frente a esta situación, algunas instituciones han comenzado a implementar estrategias alternativas para reducir el impacto de la IA en las evaluaciones: trabajos escritos a mano en clase, presentaciones orales, revisiones por etapas o la entrega de borradores parciales. Estas medidas buscan no solo dificultar el uso de la IA como atajo, sino también revalorizar el esfuerzo y la creatividad individuales en el proceso educativo.

Toppo enfatiza, además, que aunque la irrupción de la IA representa un reto novedoso, no es del todo ajeno a los problemas que la educación ya enfrentaba en torno a la integridad académica. Expertos como Tim Gorichanaz recuerdan que la inclinación de algunos estudiantes hacia el plagio o la deshonestidad tiene raíces previas: falta de motivación, presión por las calificaciones y ausencia de conexión con los contenidos. La IA, en este sentido, no ha creado el problema, sino que lo ha amplificado y visibilizado de manera más contundente. Lo que cambia con la IA es la escala y la facilidad con la que los estudiantes pueden optar por delegar en la máquina, lo cual plantea la urgencia de respuestas pedagógicas innovadoras.

Crisis en los préstamos interbibliotecarios por la eliminación de la exención arancelaria para envíos inferiores a 800 dólares

Massie, Dennis. “Rising to the Challenge: How the SHARES Resource Sharing Community Navigated a Global Disruption to International Shipping.” Hanging Together (OCLC Research), 15 de septiembre de 2025. https://hangingtogether.org/rising-to-the-challenge-how-the-shares-resource-sharing-community-navigated-a-global-disruption-to-international-shipping/

A finales de agosto de 2025, la eliminación de la exención arancelaria de minimis para envíos inferiores a 800 dólares generó gran incertidumbre en los préstamos interbibliotecarios de EE. UU. Más de una docena de países y numerosos proveedores suspendieron los envíos hacia ese país. La medida puso en riesgo la circulación internacional de materiales académicos y bibliográficos.

En agosto de 2025, las bibliotecas de Estados Unidos que gestionan préstamos interbibliotecarios se enfrentaron a una crisis inesperada: la revocación de la exención arancelaria De Minimus para envíos de menos de 800 dólares. Esta medida generó incertidumbre en el transporte internacional, pues más de una docena de países y diversos proveedores de documentos y libros suspendieron temporalmente los envíos a EE. UU. El riesgo de que materiales en tránsito quedaran retenidos y de que los nuevos envíos acumularan tarifas imprevistas amenazaba con desestabilizar la actividad de préstamo y adquisición académica.

La comunidad SHARES, integrada por bibliotecas de distintos países, reaccionó de manera inmediata. A través de la lista de correo SHARES-L comenzaron a compartirse experiencias, estrategias y resultados en tiempo real: universidades como Waterloo, Pennsylvania State o Glasgow ajustaron formularios de aduanas para incluir aclaraciones como “solo para seguros” o “no para reventa”, mientras que otras, como la Universidad de Pensilvania, optaron por suspender temporalmente los envíos tras incidentes costosos. Al mismo tiempo, se celebraron reuniones virtuales (town halls), en las que se recopilaron actualizaciones, se propusieron alternativas como ofrecer índices o tablas de contenidos en lugar de préstamos físicos y se establecieron protocolos comunes.

El impacto trascendió los préstamos interbibliotecarios: instituciones como Princeton informaron que varios proveedores internacionales de libros también detuvieron las ventas hacia EE. UU., lo que mostraba la magnitud del problema. Poco después, comenzaron a surgir orientaciones de empresas de mensajería como FedEx, que recomendaron declarar valores nominales, añadir códigos arancelarios específicos (como 4901.x para libros) y detallar que los envíos correspondían a préstamos interbibliotecarios temporales y no a operaciones comerciales. Estas medidas facilitaron que los envíos fueran tramitados como exentos de aranceles en aduanas.

En menos de tres semanas, la situación empezó a normalizarse: la mayoría de las universidades pudo reanudar los préstamos internacionales, en algunos casos con pequeñas tarifas adicionales o ajustes en la documentación, aunque algunas instituciones prefirieron mantener la suspensión por precaución. Casos como el de la Universidad de Brown o la de Pensilvania, que recibieron cargos menores por envíos desde Canadá y decidieron impugnarlos, evidencian que la adaptación aún continúa.

La respuesta de SHARES se articuló en dos niveles: la lista de correo, que permitió la participación asincrónica y la circulación constante de información, y los town halls, que ofrecieron espacios de coordinación y discusión en tiempo real. Este modelo de colaboración transformó la incertidumbre individual en soluciones colectivas y reafirmó el valor de la comunidad como infraestructura esencial para afrontar crisis globales. En última instancia, el episodio demostró que la cooperación, el intercambio de información y el apoyo mutuo son tan importantes como la logística o la tecnología en el sostenimiento de las bibliotecas académicas y sus redes internacionales.

Profesiones a prueba de IA: 14 carreras donde la empatía marca la diferencia

Broverman, Neal. “Which Jobs Are AI-Proof?Mashable, September 6, 2025. https://mashable.com/article/ai-proof-jobs

La inteligencia artificial está transformando el mercado laboral y qué empleos parecen ser más resistentes a la automatización.

Un estudio de Pew Research revela que un tercio de los estadounidenses se siente “abrumado” por la perspectiva de que la IA transforme radicalmente sus empleos. La frase de Reid Hoffman, cofundador de LinkedIn —“La IA va a remodelar todas las industrias y todos los trabajos”— funciona como eje de la reflexión: el cambio es ineludible y ya está en marcha.

La coach de carreras Jasmine Escalera subraya que, aunque muchos puestos están siendo eliminados por la automatización, no se trata de entrar en pánico, sino de planificar nuevas trayectorias profesionales. Ella colaboró con la firma Zety en la identificación de 14 empleos “a prueba de IA”, todos con salarios superiores a 50.000 dólares y con un rasgo común: requieren empatía, una capacidad humana que las máquinas aún no pueden imitar con autenticidad. Según Escalera, la compasión, la interacción personal y la construcción de confianza serán cada vez más valiosas en un mercado dominado por algoritmos.

Las 14 profesiones seleccionadas incluyen:

  • Physician Assistants (Asistentes médicos)
  • Enfermeras anestesistas / parteras / enfermeras practicantes
  • Fisioterapeutas
  • Terapeutas ocupacionales
  • Patólogos del habla y lenguaje
  • Enfermeros registrados
  • Quiroprácticos
  • Gerentes de servicios sociales y comunitarios
  • Dietistas y nutricionistas
  • Auxiliares de vuelo (flight attendants)
  • Terapistas de matrimonio y familia
  • Especialistas en educación para la salud
  • Trabajadores sociales clínicos licenciados
  • Consejeros en salud mental, abuso de sustancias o trastornos del comportamiento

Entre los sectores más resistentes, aparecen los oficios médicos y de cuidado, aunque no necesariamente en la figura del médico tradicional. Enfermeros, técnicos y asistentes, que mantienen un contacto prolongado con los pacientes, presentan más seguridad que los propios doctores, cuyas funciones diagnósticas ya están siendo complementadas por IA. También se mencionan consejeros familiares y matrimoniales, así como otros profesionales cuya labor depende del manejo de grupos y de la creación de espacios de escucha y apoyo. En el ámbito comercial, Escalera advierte que los agentes de servicio al cliente están siendo desplazados por chatbots, pero los vendedores que basan su trabajo en relaciones personales todavía resultan indispensables.

El artículo también aborda el riesgo que corren los trabajos rutinarios y altamente automatizables, como cajeros, repartidores de comida, conductores de plataformas y personal de atención en restaurantes. La llamada “gig economy”, que representa una fuente de ingresos secundaria —y a veces principal— para millones de personas, está especialmente amenazada por robots y sistemas autónomos. Esta situación podría agravar la precariedad, dado que más del 70 % de los estadounidenses necesita un segundo empleo para cubrir necesidades básicas.

A la par, Escalera destaca una revalorización de los oficios técnicos y manuales como plomería, electricidad o reparaciones, que requieren habilidades prácticas en entornos cambiantes. Estos trabajos ofrecen oportunidades más estables frente a la volatilidad del mundo corporativo, donde los puestos de “cuello blanco” parecen menos seguros de lo que solían ser.

De que manera los bibliotecarios escolares en Escocia abordan los problemas de la desinformación y la información errónea

Chartered Institute of Library and Information Professionals in Scotland (CILIPS). Tackling Misinformation and Disinformation for Scottish School Librarians Project Report. Liderado por Bruce Ryan, Edinburgh Napier University. CILIPS Research Fund, 2025

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Los bibliotecarios escolares en Escocia ya realizan un esfuerzo significativo para abordar la desinformación, su capacidad para hacerlo de manera eficaz se ve seriamente limitada por carencias estructurales y de reconocimiento institucional. El informe insiste en que, para que puedan desempeñar plenamente su papel, es imprescindible darles apoyo sostenido, recursos adecuados, oportunidades de formación y un marco de colaboración estable con el resto de la comunidad educativa.

El estudio, realizado durante la primera mitad de 2025, examina las prácticas actuales, las barreras que encuentran los profesionales y las recomendaciones que podrían mejorar su labor en un contexto donde no existe una legislación específica que regule las bibliotecas escolares. Esta ausencia de normativa hace que la relevancia del bibliotecario dependa en gran medida de las decisiones de cada centro educativo, del apoyo del profesorado y del liderazgo institucional.

En cuanto a las prácticas que ya se llevan a cabo, los bibliotecarios intervienen tanto de forma directa, respondiendo a consultas puntuales sobre desinformación, como indirectamente, mediante clases, charlas y actividades de alfabetización informacional. Sin embargo, el informe señala que las peticiones explícitas de ayuda sobre desinformación no son frecuentes, y cuando aparecen provienen sobre todo de los estudiantes. Este hecho refuerza la idea de que, aunque existe un problema real de exposición a información falsa, todavía falta consolidar un marco educativo que reconozca y potencie el papel de los bibliotecarios como agentes clave en la formación crítica de los alumnos.

Las barreras identificadas se relacionan principalmente con la falta de tiempo, presupuesto y recursos, factores que impiden llevar a cabo de forma sistemática programas de educación en desinformación. A ello se suma la insuficiencia de apoyo por parte del liderazgo escolar y de los profesores, lo cual limita la integración de estas prácticas en el currículo oficial. En muchos casos, además, las propias instalaciones físicas de las bibliotecas escolares no son adecuadas para desempeñar las funciones de enseñanza, consulta y reflexión necesarias en este ámbito.

El informe destaca también el deseo de los bibliotecarios de recibir formación especializada que les permita actualizar sus competencias frente a la desinformación y la información errónea. Esta formación debería estar disponible tanto para bibliotecarios como para asistentes de biblioteca, y sería más efectiva si estuviera integrada dentro de los programas de desarrollo profesional docente. Asimismo, se plantea la necesidad de fortalecer la colaboración entre bibliotecarios y profesores, desde la etapa de formación inicial de estos últimos, de manera que la educación en torno a la desinformación no dependa de iniciativas aisladas sino que forme parte de la enseñanza sistemática.

Las recomendaciones apuntan a que se reconozca oficialmente que los estudiantes enfrentan problemas de desinformación y que los bibliotecarios poseen competencias valiosas para afrontarlos. Para ello es necesario otorgarles tiempo, presupuesto y un lugar claro en el marco educativo. Además, se sugiere mejorar las oportunidades de colaboración con los docentes, integrando a los bibliotecarios en las revisiones curriculares, y ampliar la oferta de formación continua en alfabetización mediática e informacional. También se subraya la importancia de mejorar las instalaciones físicas de las bibliotecas, con el fin de que puedan cumplir su función pedagógica y social de manera más efectiva.

ChatGPT en cifras: más uso personal que profesional

Dellinger, AJ. “OpenAI Reveals How (and Which) People Are Using ChatGPT.Gizmodo, 15 de septiembre de 2025. https://gizmodo.com/openai-how-people-use-chatgpt-2000658906

OpenAI, en colaboración con el National Bureau of Economic Research (NBER), publicó un estudio reciente que revela cómo la gente está usando ChatGPT, descubriendo que la mayor parte del uso no es profesional sino personal. Aproximadamente el 80 % de todas las interacciones con ChatGPT se agrupan en tres grandes categorías: guía práctica (como tutorías, consejos sobre cómo hacer las cosas o generación de ideas creativas), búsqueda de información, y escritura (redacción, edición, traducción entre otros).

En cuanto al uso profesional, el informe muestra que la escritura constituye el tipo de uso laboral más común — alrededor del 40 % de los mensajes relacionados con trabajo — mientras que la programación representa solo un 4.2 %. Además, ha habido un cambio notable: en junio de 2024 casi la mitad de los mensajes (47 %) estaban relacionados con el trabajo, pero para mediados de 2025 este porcentaje había caído a cerca del 27 %, lo que refleja un aumento de las interacciones de índole personal, que subieron al 73 % de los mensajes.

Otro hallazgo interesante tiene que ver con los usos emocionales o sociales: aunque representan una pequeña parte del total, algunas personas usan ChatGPT como especie de apoyo emocional o compañía. Solo alrededor del 2 % de los mensajes son para eso; unas 0.4 % implican reflexiones personales o conversaciones sobre relaciones.

También se aprecia un cambio demográfico en los usuarios. Los más jóvenes (18-25 años) son quienes más utilizan ChatGPT para fines personales. En cuanto al género, se observa un cierre de la brecha: en 2022, la gran mayoría de los usuarios frecuentes tenían nombres identificados como masculinos (~80 %), pero para junio de 2025 ese porcentaje ha bajado hasta el 48 %, acercándose a la paridad con los supuestos usuarios con nombres “femeninos”.

Cómo ven los estadounidenses el impacto de la inteligencia artificial en la sociedad

Kennedy, Brian; Eileen Yam; Emma Kikuchi; Isabelle Pula; Javier Fuentes. How Americans View AI and Its Impact on People and Society. Pew Research Center, 17 septiembre 2025. https://www.pewresearch.org/science/2025/09/17/how-americans-view-ai-and-its-impact-on-people-and-society/

El informe del Pew Research Center, basado en una encuesta nacional realizada a más de cinco mil adultos en junio de 2025, ofrece una radiografía de cómo los estadounidenses perciben el impacto de la inteligencia artificial en la sociedad. Casi la totalidad de los encuestados afirma haber oído hablar de la IA, lo que revela el nivel de penetración del concepto en la cultura general. Sin embargo, ese conocimiento no se traduce necesariamente en entusiasmo: predominan las reservas, las dudas y una sensación de inquietud ante la velocidad de los cambios tecnológicos.

La mayoría de los participantes señalan que se siente más preocupados que esperanzados respecto a la expansión de la IA en la vida cotidiana. Concretamente, la mitad de los encuestados declara experimentar más ansiedad que ilusión frente a estos avances, mientras que solo una pequeña minoría expresa una actitud mayoritariamente optimista. Esta percepción se refleja en el balance entre riesgos y beneficios: más del 50 % cree que los riesgos sociales asociados al desarrollo de la IA son elevados, frente a apenas una cuarta parte que considera igual de significativos los beneficios.

En el ámbito de las capacidades humanas, los encuestados tienden a pensar que la IA puede deteriorar más que potenciar habilidades esenciales. Muchos temen que la creatividad individual, la capacidad de pensamiento crítico y las relaciones interpersonales puedan verse mermadas en un contexto donde las máquinas asumen un papel cada vez más protagónico. Aunque existe un sector que reconoce que la IA puede aportar ventajas en la resolución de problemas complejos, el pesimismo sigue siendo mayoritario.

Donde sí se observa una mayor aceptación es en los usos más técnicos y analíticos de la IA. La ciudadanía se muestra más abierta a su incorporación en campos como la predicción meteorológica, la detección de fraudes financieros o la investigación médica. Sin embargo, rechaza con contundencia la idea de que la inteligencia artificial sustituya a las personas en esferas íntimas y de carácter moral o emocional, como el acompañamiento religioso, la terapia psicológica o la búsqueda de pareja. La distinción entre lo “técnico” y lo “humano” resulta clave: los estadounidenses parecen dispuestos a confiar en los algoritmos cuando se trata de cálculos y datos, pero no cuando se trata de valores, creencias o vínculos afectivos.

Otro hallazgo relevante del estudio es la preocupación por la transparencia en la producción de contenidos. Una gran mayoría considera imprescindible que exista un mecanismo claro para diferenciar el material generado por humanos del producido por sistemas de IA. No obstante, al mismo tiempo, muchos reconocen sentirse incapaces de identificar esa diferencia por sí mismos, lo que genera un clima de desconfianza e incertidumbre. La demanda de regulación y control externo aparece aquí con fuerza, como una forma de proteger tanto la integridad de la información como la autonomía de los individuos frente a una tecnología que, en gran medida, aún se percibe como opaca.

En conjunto, los resultados muestran una ciudadanía dividida entre la aceptación pragmática de la IA en campos de utilidad pública y la resistencia a su penetración en aspectos más personales y sociales. Estados Unidos se encuentra, por tanto, en una fase de negociación cultural: la inteligencia artificial ya forma parte del día a día, pero todavía despierta más temores que entusiasmos. Entre el escepticismo, la cautela y la esperanza, los estadounidenses reclaman garantías de seguridad, transparencia y regulación antes de conceder a la IA un papel más central en la vida social.

Datos clave:

  • Conocimiento generalizado: 95 % de los adultos en EE. UU. ha oído hablar de la inteligencia artificial.
  • Preocupación vs entusiasmo: 50 % se siente más preocupado que ilusionado por la IA; solo 10 % está más entusiasmado; 38 % tiene sentimientos mixtos.
  • Riesgos vs beneficios sociales: 57 % percibe altos riesgos sociales; apenas 25 % percibe altos beneficios.
  • Deseo de control: ~60 % quiere más control sobre cómo la IA afecta sus vidas; solo 17 % está conforme con el control actual.
  • Creatividad: 53 % cree que la IA empeorará la capacidad de pensar creativamente; 16 % piensa que la mejorará.
  • Relaciones humanas: 50 % cree que la IA empeorará la capacidad de formar relaciones significativas; solo 5 % dice que la mejorará.
  • Resolución de problemas: 38 % cree que la IA lo empeorará; 29 % que lo mejorará.
  • Toma de decisiones difíciles: 40 % opina que la IA empeorará esta capacidad; 19 % que la mejorará.Transparencia en contenidos: 76 % cree que es muy importante distinguir entre contenido humano y generado por IA; 53 % no confía en poder hacerlo.
  • Aceptación de roles técnicos: mayoría apoya IA en pronósticos meteorológicos (74 %), detección de fraudes financieros (70 %), control de ayudas gubernamentales (70 %) y desarrollo de medicamentos (66 %).
  • Rechazo en roles íntimos/morales: 73 % rechaza que la IA aconseje sobre fe; 66 % rechaza que evalúe compatibilidad romántica.
  • Edad: jóvenes menores de 30 años son más propensos a pensar que la IA empeorará la creatividad (61 %) y las relaciones (58 %), más que los mayores.
  • Educación: 73 % considera importante que la población entienda qué es la IA; la cifra sube entre personas con estudios universitarios.

Inteligencia artificial y enseñanza universitaria: desafíos, riesgos y oportunidades según la AAUP

AAUP. Artificial Intelligence and Academic Professions. American Association of University Professors, 2025

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El informe Artificial Intelligence and Academic Professions de la American Association of University Professors (AAUP) analiza de manera exhaustiva el impacto potencial de la inteligencia artificial (IA) en la educación superior y en las profesiones académicas.

El documento subraya que la adopción de la IA en entornos universitarios no debe ser meramente instrumental o tecnológica, sino que requiere un enfoque crítico, ético y participativo. Los autores advierten que el uso indiscriminado de la IA podría alterar la naturaleza misma del trabajo académico, afectando tanto la autonomía profesional como la libertad académica.

Uno de los puntos centrales del informe es que la IA puede automatizar numerosas tareas docentes y administrativas, desde la corrección de exámenes hasta la generación de materiales educativos o la asistencia en la investigación. Si bien esto puede aumentar la eficiencia, también existe un riesgo significativo de deshumanización de la educación, pérdida de empleos y precarización laboral. La AAUP enfatiza que las herramientas de IA no deben reemplazar la labor humana, sino complementarla, asegurando que el juicio, la experiencia y la creatividad de los académicos sigan siendo insustituibles en la enseñanza y la investigación.

El informe también aborda la participación activa del profesorado en la implementación de estas tecnologías. La AAUP recomienda que las universidades involucren a docentes y personal académico en la selección, supervisión y evaluación de herramientas de IA, evitando decisiones unilaterales por parte de la administración. Esto se considera clave para proteger la integridad académica, garantizar la transparencia en los procesos y fomentar un uso responsable de los datos estudiantiles y de investigación.

Otro tema destacado es el impacto ético y social de la IA en la educación superior. Los académicos deben cuestionar cómo estas tecnologías pueden reproducir sesgos, afectar la equidad educativa y cambiar la naturaleza de la interacción docente-estudiante. El informe enfatiza la necesidad de políticas institucionales claras que promuevan un enfoque ético, incluyendo la protección de la privacidad, la equidad en el acceso y la transparencia en la toma de decisiones algorítmicas.

Por último, el informe de la AAUP subraya que la IA representa tanto oportunidades como desafíos. Por un lado, puede facilitar la enseñanza personalizada, optimizar procesos administrativos y apoyar la investigación. Por otro, plantea riesgos significativos si se implementa sin supervisión ni participación académica. La recomendación final es que las universidades adopten un enfoque equilibrado, reflexivo y regulado, donde la innovación tecnológica se integre respetando los valores fundamentales de la educación superior y la profesionalidad de los docentes.

¿Logrará la IA superar el umbral del pensamiento humano?

Nosta, John. “AI’s Cognitive March Toward Thought.Psychology Today, June 21, 2025. https://www.psychologytoday.com/us/blog/the-digital-self/202506/ais-cognitive-march-toward-thought

La inteligencia artificial (IA) se aproxima a lo que entendemos como pensamiento humano, aunque sin alcanzarlo completamente. Utilizando la analogía matemática de una serie que se acerca infinitamente a un valor sin llegar a él.

Los modelos de lenguaje a gran escala (LLMs) simulan el razonamiento paso a paso, pero su lógica es predictiva, no secuencial como la humana. Modelos recientes emplean el concepto de “pensamiento continuo”, que permite considerar múltiples caminos de razonamiento simultáneamente antes de colapsar en una sola respuesta, lo que mejora la eficiencia en la resolución de problemas complejos.

Aunque la IA se aproxima cada vez más a lo que podríamos llamar pensamiento humano en apariencia, la brecha entre simulación y cognición real persiste. La analogía matemática de la asintota ilustra cómo la IA se acerca infinitamente a la cognición humana, pero nunca la alcanza: sus capacidades se parecen cada vez más al razonamiento, pero no implican conciencia, intención ni experiencia subjetiva.

El autor advierte sobre el riesgo de atribuir cualidades humanas a sistemas que, aunque sofisticados, siguen siendo herramientas de manipulación semántica a gran escala. La tentación de considerar estos sistemas como inteligentes o incluso conscientes puede llevar a malentendidos y expectativas erróneas sobre sus capacidades.

Este comportamiento plantea un desafío filosófico y social: aunque los sistemas puedan parecer pensantes y generar respuestas confiables o incluso convincentes, siguen siendo herramientas de manipulación semántica a gran escala. La ilusión de cognición puede llevar a interpretaciones erróneas sobre su inteligencia o supuesta conciencia, pero la distinción entre apariencia de razonamiento y pensamiento real es crucial.

Se invita a reflexionar sobre la naturaleza de la cognición y la inteligencia, reconociendo los avances de la IA sin caer en la ilusión de que ha alcanzado el pensamiento humano genuino. La diferencia fundamental radica en que, mientras la IA puede simular el razonamiento, solo los seres humanos lo viven y lo experimentan.