Archivo de la categoría: Alfabetización informacional

Alfabetización en inteligencia artificial: competencias, marcos de referencia y el papel de las bibliotecas en la era digital

People participating in an AI literacy workshop with laptops and digital graphics about AI concepts
A diverse group collaborates at an AI literacy workshop focusing on data and ethics in a library.

Alonso-Arévalo, Julio. “Alfabetización en inteligencia artificial: competencias, marcos de referencia y el papel de las bibliotecas en la era digital.” Boletín de la Asociación Andaluza de Bibliotecarios 131 (enero-junio 2026): 9-23. Libro-BAAB131-008-024.pdf

La irrupción de la inteligencia artificial, especialmente de la inteligencia artificial generativa, ha transformado profundamente múltiples ámbitos de la sociedad contemporánea, desde la educación hasta la salud, la investigación, la economía y la comunicación cotidiana. En este escenario, el artículo plantea que la alfabetización en inteligencia artificial debe entenderse como una competencia esencial del siglo XXI, comparable en relevancia a la alfabetización digital surgida con Internet. Ya no se trata únicamente de saber utilizar herramientas tecnológicas, sino de comprender el funcionamiento interno de los sistemas algorítmicos, interpretar críticamente sus resultados y desarrollar capacidades para interactuar con estas tecnologías de manera ética, responsable y consciente. Libro-BAAB131-008-024.pdf

Uno de los aspectos centrales del trabajo es la definición amplia y multidimensional del concepto de alfabetización en inteligencia artificial. El autor explica que esta competencia no puede reducirse al simple uso instrumental de plataformas como ChatGPT, Gemini o Claude, sino que requiere comprender cómo operan los algoritmos, saber formular instrucciones eficaces (prompts), evaluar críticamente las respuestas generadas y reconocer problemas asociados como sesgos, alucinaciones, manipulación informativa o limitaciones derivadas de los datos de entrenamiento. Esta alfabetización incorpora, por tanto, dimensiones técnicas, cognitivas, éticas y comunicativas que exigen una formación mucho más compleja que la simple familiaridad tecnológica.

El artículo subraya además una preocupación creciente: existe una brecha importante entre el uso masivo de herramientas de inteligencia artificial y la verdadera comprensión de sus mecanismos de funcionamiento. Muchas personas, incluidos estudiantes universitarios y docentes, utilizan diariamente sistemas de IA sin entender realmente cómo producen sus respuestas ni cuáles son sus limitaciones epistemológicas. Esta situación puede generar una confianza excesiva en contenidos erróneos o sesgados, comprometer la integridad académica y favorecer la reproducción automática de desinformación. En este sentido, el autor insiste en que la alfabetización en IA debe integrarse con otras alfabetizaciones ya consolidadas, especialmente la alfabetización informacional, mediática, digital y de datos, ampliando así los marcos tradicionales de formación crítica.

Una parte sustancial del estudio analiza los principales marcos internacionales desarrollados para estructurar la enseñanza de estas competencias. Se examinan especialmente los modelos propuestos por la UNESCO, EDUCAUSE, la Association of College and Research Libraries y el World Economic Forum. Aunque cada uno presenta matices distintos, todos coinciden en varios principios fundamentales: la necesidad de formar pensamiento crítico, incorporar una dimensión ética, preparar a la ciudadanía digital para interactuar responsablemente con la IA y concebir el aprendizaje como un proceso continuo. Las diferencias principales radican en el público al que van dirigidos, el nivel de profundidad técnica y el contexto institucional en el que fueron diseñados.

Uno de los aportes más relevantes del trabajo es situar a las bibliotecas como actores estratégicos dentro de este nuevo ecosistema formativo. Históricamente, las bibliotecas han sido instituciones dedicadas a democratizar el acceso a la información y desarrollar usuarios críticos capaces de evaluar fuentes documentales. El artículo sostiene que esa misión debe ampliarse ahora hacia la alfabetización en inteligencia artificial, convirtiendo a las bibliotecas en espacios capaces de enseñar a interpretar contenidos generados algorítmicamente, detectar sesgos, combatir la desinformación y formar ciudadanos capaces de interactuar con estas herramientas desde una perspectiva ética y crítica. El papel del bibliotecario deja así de limitarse a la gestión documental para convertirse en mediador tecnológico y formador especializado.

El análisis de experiencias concretas en bibliotecas universitarias demuestra, sin embargo, que todavía existen desafíos importantes. Muchas bibliotecas han comenzado a ofrecer guías y recursos sobre herramientas de IA, pero suelen centrarse principalmente en enseñar el uso práctico de estas plataformas, dejando en segundo plano aspectos fundamentales como la ética, el pensamiento crítico o la comprensión técnica de los modelos. Además, persisten obstáculos como la falta de personal especializado, la rapidez con que evolucionan estas tecnologías, la necesidad permanente de actualización profesional y el riesgo de generar dependencia tecnológica en lugar de fomentar autonomía intelectual. Estos desafíos obligan a replantear la formación bibliotecaria y las estrategias institucionales de adaptación.

Finalmente, el artículo concluye que la alfabetización en inteligencia artificial representa uno de los grandes retos educativos, sociales y culturales del presente. El autor sostiene que no comprender el funcionamiento de estas tecnologías puede convertirse en un nuevo factor de desigualdad estructural, ya que quienes no adquieran estas competencias quedarán en desventaja tanto en el mercado laboral como en su capacidad de participar de forma informada en una sociedad cada vez más mediada por algoritmos. En este contexto, las bibliotecas públicas, universitarias y escolares están llamadas a desempeñar una función decisiva en la construcción de una ciudadanía digital crítica, democrática y capaz de ejercer un uso consciente de la inteligencia artificial, consolidándose como instituciones fundamentales en la transición hacia una sociedad algorítmica más equitativa.

Espacio creativo “La Más Cromática” con Lur Barrios. Planeta Biblioteca 2026/06/24.

Espacio creativo “La Más Cromática” con Lur Barrios

Planeta Biblioteca 2026/06/24.

ESCUCHAR

Descargar

La entrevista a Lur Barrios refleja una propuesta cultural original y profundamente humana a través de «La Más Cromática«, un espacio creativo donde el color se convierte en herramienta de expresión, aprendizaje y transformación personal. Lur plantea la creatividad como un refugio abierto a personas de todas las edades, en el que el arte sirve para explorar emociones, fortalecer la autoestima y desarrollar una mirada más consciente sobre el mundo visual que nos rodea. Frente a un contexto cada vez más marcado por la digitalización y la inteligencia artificial, el proyecto reivindica el valor de la experiencia presencial, la experimentación artística y el encuentro comunitario, consolidándose como un lugar donde la creación conecta sensibilidad, cultura y desarrollo personal.

LA MÁS CROMÁTICA

en calle Sánchez Llevot Nº 2

(Salamanca 37005)

Tlf: 681 93 81 45

Sesgo de confirmación y algoritmos

Computer screen showing information about confirmation bias and digital algorithms in Spanish, with a woman looking at it.
A woman studies a computer screen displaying information about confirmation bias and digital algorithms.

McKinney, Phil. 2026. How to Overcome Confirmation Bias.” The Innovator’s Studio / philmckinney.com. Publicado el 6 de mayo de 2026. https://www.philmckinney.com/how-to-overcome-confirmation-bias/

El artículo explica que el sesgo de confirmación lleva a las personas a aceptar fácilmente la información que refuerza sus creencias y a rechazar la que las contradice. Este efecto se amplifica en entornos digitales, donde los algoritmos refuerzan burbujas informativas. Como estrategia, propone cuestionar activamente las propias ideas y construir argumentos sólidos en contra de ellas para mejorar la toma de decisiones.

El sesgo de confirmación como uno de los mecanismos cognitivos más influyentes —y peligrosos— en la toma de decisiones contemporánea. Parte de una idea central: el sesgo de confirmación no es una excepción ocasional, sino un proceso constante del cerebro humano que opera de forma automática en la vida cotidiana, especialmente cuando nuestras creencias ya están formadas. Según el autor, cuanto más sólida es una convicción, más se intensifica el filtrado mental de la información, generando una percepción distorsionada de la realidad.

McKinney explica que este sesgo funciona a través de tres mecanismos principales. El primero es la evaluación desigual de la información, por el cual el cerebro analiza de manera crítica los datos que contradicen nuestras creencias, mientras acepta sin cuestionar aquellos que las confirman. El segundo es la memoria selectiva, que refuerza lo que coincide con nuestras ideas previas y debilita el recuerdo de evidencias contrarias. El tercero es el llamado efecto de retroalimentación defensiva, donde los intentos de refutación no corrigen la creencia, sino que la refuerzan, haciendo que la persona salga de la confrontación más convencida que antes.

El autor amplía el problema al contexto digital actual, subrayando que el entorno informativo contemporáneo amplifica este sesgo de forma sistemática. Algoritmos de redes sociales, motores de búsqueda y sistemas de recomendación tienden a priorizar contenido afín a las preferencias previas del usuario. Esto crea burbujas informativas que refuerzan continuamente las mismas ideas, debilitando la exposición a perspectivas alternativas. En este sentido, el sesgo de confirmación no es solo psicológico, sino también estructural y tecnológico.

A partir de este diagnóstico, McKinney introduce una estrategia práctica para “interrumpir” el sesgo en el momento en que se produce. Su propuesta central es un ejercicio deliberado de inversión cognitiva: antes de tomar una decisión importante, el individuo debe construir activamente el mejor argumento posible en contra de su propia posición. No se trata de resumir la alternativa, sino de defenderla con rigor intelectual. Este ejercicio permite identificar supuestos ocultos, lagunas de información y puntos débiles en el razonamiento propio.

El autor enfatiza que el objetivo no es eliminar el sesgo de confirmación —algo que considera imposible— sino reducir su influencia en decisiones críticas. La clave no es la neutralidad absoluta, sino el desarrollo de una “confianza examinada”: decisiones que no se basan únicamente en lo que confirma nuestras creencias, sino en la capacidad de haber sido desafiadas por evidencias contrarias.

McKinney destaca los beneficios acumulativos de este enfoque. Las decisiones que han sido sometidas a contraste sistemático tienden a ser más robustas y adaptativas. Además, las personas que practican este tipo de pensamiento crítico son menos vulnerables a la manipulación informativa y a la influencia de sistemas diseñados para reforzar creencias preexistentes. En conjunto, el artículo propone una forma de alfabetización cognitiva orientada a mejorar la calidad del juicio humano en entornos complejos y saturados de información.

Inteligencia artificial y alfabetización crítica: el papel estratégico de la biblioteca. Planeta biblioteca 2026/06/19

Inteligencia artificial y alfabetización crítica: el papel estratégico de la biblioteca

con Julio Alonso Arévalo

Planeta biblioteca 2026/06/19

ESCUCHAR

Descargar

El programa aborda cómo la inteligencia artificial se ha convertido en una competencia esencial del siglo XXI y por qué la alfabetización en IA debe ir más allá del uso instrumental de herramientas como ChatGPT. Se analiza la necesidad de comprender algoritmos, detectar sesgos, evaluar críticamente contenidos generados automáticamente y actuar de forma ética y responsable. A partir de marcos conceptuales de alfabetización en IA internacionales como los de UNESCO y EDUCAUSE, se reflexiona sobre las nuevas competencias digitales necesarias. El espacio destaca además el papel estratégico de las bibliotecas como mediadoras frente a la desinformación y como agentes clave en la formación de ciudadanía crítica en el entorno algorítmico. Finalmente, se plantea que la alfabetiza

¿Qué da forma a la alfabetización en IA de los estudiantes?

Conceptual framework showing factors shaping students' AI literacy including individual characteristics, educational environment, family influence, societal factors, and technological context.
An illustrated framework highlighting key factors influencing students’ AI literacy development.

Shomotova, A., ElSayary, A., & Husain, S. (2026). What shapes students’ AI literacy? Investigating digital competence, student background, and GenAI use in higher education. Education and Information Technologies, 31, 387–418. https://doi.org/10.1007/s10639-025-13832-x

Este estudio investiga las relaciones entre la competencia digital, el uso de la Inteligencia Artificial Generativa (IA Gen), las características de los antecedentes personales de los estudiantes y la alfabetización en IA entre estudiantes de pregrado en los Emiratos Árabes Unidos (EAU). A medida que la IA se integra cada vez más en la educación superior, comprender cómo los estudiantes desarrollan las habilidades para utilizar estas herramientas de manera responsable y efectiva resulta fundamental.

A partir de instrumentos validados—la Escala de Competencia Digital Estudiantil (SDiCoS, por sus siglas en inglés) y la Escala de Alfabetización en Inteligencia Artificial (AILS, por sus siglas en inglés)—se recopilaron datos de 186 estudiantes de pregrado, los cuales fueron analizados mediante análisis factorial, modelos de ecuaciones estructurales, ANOVA y regresión jerárquica.

Los hallazgos revelaron una fuerte relación positiva entre la competencia digital y la alfabetización en IA, emergiendo las habilidades de evaluación digital como el predictor más sólido. La frecuencia del uso de IA Gen se asoció significativamente tanto con la competencia digital como con la alfabetización en IA. Las características de los antecedentes de los estudiantes, incluyendo el rendimiento académico (CGPA), el tipo de escuela secundaria a la que asistieron (privada internacional vs. pública) y los niveles de educación de los padres, influyeron significativamente en la relación.

Específicamente, el rendimiento académico contribuyó positivamente tanto a la competencia digital como a la alfabetización en IA, mientras que las variables del trasfondo educativo moderaron la relación entre ambas. Además, la competencia digital predijo significativamente la frecuencia de uso de la IA Gen, mientras que la alfabetización en IA no lo hizo.

Estos resultados resaltan el papel fundacional de la competencia digital para respaldar la alfabetización en IA de los estudiantes y subrayan el valor del aprendizaje experiencial. Las implicaciones prácticas incluyen la integración de la ética de la IA, la evaluación crítica y el compromiso práctico con la IA en los planes de estudio de alfabetización digital. El estudio contribuye a los debates globales en curso sobre la IA en la educación, ofreciendo perspectivas para el desarrollo de currículos, la estrategia institucional y el acceso equitativo a las tecnologías emergentes en la educación superior.

En conjunto, esta investigación aporta una conclusión especialmente relevante para el futuro de la educación superior: la preparación de los estudiantes para convivir con la inteligencia artificial depende menos del conocimiento técnico específico sobre IA y más de la solidez de sus competencias digitales generales, su experiencia práctica con herramientas inteligentes y el contexto educativo y social en el que han desarrollado esas capacidades. En un escenario donde la inteligencia artificial está redefiniendo la producción académica, la enseñanza universitaria deberá evolucionar hacia modelos formativos que integren alfabetización digital avanzada, pensamiento crítico, ética tecnológica y experiencia práctica continuada con sistemas de inteligencia artificial. El estudio se convierte así en una referencia importante para comprender cómo preparar a las nuevas generaciones para un ecosistema educativo profundamente transformado por la automatización inteligente

Enseñar la verdad en la era de la IA: alfabetización informacional, pensamiento crítico y el papel de las bibliotecas escolares

Teacher and students using interactive solar system hologram table in library
Students explore an interactive solar system hologram with their teacher in a library.

Malespina, Elissa. (2026). Teaching Truth in the Age of AI: The Role of School Librarians in an AI-Driven Information Ecosystem. The AI School Librarian Newsletter (Substack).

En una entrevista reciente en The New York Times, el experto en forense digital Hany Farid advirtió sobre un futuro en el que la inteligencia artificial hará cada vez más difícil distinguir el contenido auténtico del contenido fabricado. Los deepfakes, las voces clonadas, las imágenes generadas por IA y los medios sintéticos ya no son tecnologías experimentales: están convirtiéndose en parte de la vida cotidiana.

Justo en el momento en que la IA hace más difícil que nunca determinar qué es real, muchas escuelas están reduciendo a los profesionales mejor preparados para enseñar a los estudiantes a evaluar la información.

Durante décadas, las escuelas se centraron en el acceso a la información. Trabajamos para reducir la brecha digital, enseñando a los estudiantes a buscar en bases de datos, evaluar sitios web y encontrar información fiable en línea. En aquel momento, la información era relativamente escasa, y ayudar a localizarla era un objetivo educativo central.

Hoy, la información es abundante. Los estudiantes disponen de más información de la que generaciones anteriores podrían haber imaginado. Como resultado, el desafío ha cambiado: el reto educativo definitorio de la próxima década puede no ser el acceso a la información, sino la verificación de la información. Los estudiantes ya no luchan por encontrar respuestas; luchan por determinar si esas respuestas son verdaderas.

En muchos sentidos, la inteligencia artificial ha acelerado un cambio que ya estaba en marcha. Los estudiantes se enfrentan cada vez más a imágenes generadas por IA, vídeos sintéticos, voces clonadas, citas inventadas, sitios web falsos y desinformación amplificada algorítmicamente. La cuestión ya no es si pueden encontrar información, sino si pueden confiar en ella.

Las escuelas llevan décadas ayudando a los estudiantes a navegar por riesgos digitales. Les enseñamos a crear contraseñas seguras, evitar el phishing, proteger su información personal y mantenerse seguros en línea. Estas habilidades siguen siendo esenciales, pero la IA introduce un desafío diferente: ya no se trata solo de proteger dispositivos y cuentas, sino también de proteger nuestra capacidad de pensar críticamente, evaluar evidencias y tomar decisiones informadas en un entorno informativo cada vez más complejo.

Los investigadores denominan este desafío “seguridad cognitiva”. En esencia, la seguridad cognitiva es la capacidad de reconocer la manipulación, evaluar evidencias, distinguir hechos de ficción y resistir intentos de engaño o influencia a través de la información. En un mundo lleno de deepfakes, medios sintéticos, contenido generado por IA y campañas de desinformación sofisticadas, estas habilidades son tan importantes como la ciberseguridad tradicional. Los estudiantes deben aprender no solo a proteger sus contraseñas y datos personales, sino también a proteger su juicio, cuestionando las fuentes, verificando las afirmaciones y pensando críticamente sobre la información que encuentran.

Cada vez que un bibliotecario escolar enseña a los estudiantes a evaluar una fuente, verificar una afirmación, identificar sesgos, comparar perspectivas, comprobar hechos o realizar investigación ética, está enseñando seguridad cognitiva. Mucho antes de que la inteligencia artificial entrara en las aulas, los bibliotecarios ya ayudaban a los estudiantes a desarrollar los hábitos mentales necesarios para navegar entornos informativos complejos.

La conversación sobre alfabetización en IA suele centrarse en la redacción de prompts, herramientas de productividad y aplicaciones en el aula. Estas conversaciones son importantes, pero la alfabetización en IA sin alfabetización informacional es incompleta. Los estudiantes deben aprender cómo se crea la evidencia, cómo se puede manipular la información y cómo los algoritmos influyen en lo que ven. También deben aprender a verificar la información antes de compartirla y a tomar decisiones informadas cuando la certeza es difícil. No son solo habilidades tecnológicas. Son habilidades humanas que permiten navegar un entorno informativo cada vez más complejo con confianza, criterio y responsabilidad.

Lo que la IA no puede desarrollar en los estudiantes es la capacidad de saber cuándo confiar en una fuente, reconocer cuándo la evidencia es incompleta, hacer preguntas antes de aceptar una afirmación como verdadera o identificar cuándo algo parece auténtico pero requiere verificación.

Guiando a la generación de la IA: Por qué la protección y la alfabetización digital deben ir de la mano.

Google. Guiding the AI Generation: Why Safeguarding and Digital Literacy Must Go Hand-in-Hand”. Google in Europe, 10 de junio de 2026. Disponible en: Google in Europe

El artículo de Google plantea una reflexión de gran relevancia sobre el papel de la inteligencia artificial en la vida de los jóvenes y la necesidad de equilibrar dos dimensiones inseparables: la protección digital y la alfabetización crítica. A partir de una investigación realizada con 6.000 adolescentes del Reino Unido, la compañía concluye que la IA ya se ha convertido en una herramienta central para el aprendizaje, la creatividad y la vida cotidiana de las nuevas generaciones. Los jóvenes utilizan sistemas de IA para estudiar, resolver dudas, crear contenidos, explorar ideas y desarrollar proyectos personales. Sin embargo, ese uso creciente también expone a los menores a riesgos como la desinformación, la manipulación, los sesgos algorítmicos, la privacidad insuficiente y los contenidos dañinos.

El artículo analiza uno de los grandes desafíos educativos y sociales de nuestro tiempo: cómo acompañar a los jóvenes en un entorno digital cada vez más influido por la inteligencia artificial. Basándose en una investigación encargada por Google y desarrollada junto con la consultora juvenil Livity, que recogió las opiniones de más de 6.000 adolescentes británicos, el texto sostiene que la discusión pública no debe centrarse exclusivamente en restringir el acceso de los menores a determinadas tecnologías, sino en dotarlos de las capacidades necesarias para utilizarlas de forma crítica, segura y provechosa.

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que la inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana de los adolescentes. Lejos de ser una tecnología marginal o experimental, los jóvenes la utilizan para aprender, crear contenidos, traducir textos, resolver problemas, preparar tareas escolares e incluso explorar posibles trayectorias profesionales. Según los datos presentados, el 67 % de los adolescentes emplea herramientas de IA para proyectos creativos de forma diaria o casi diaria, mientras que el 65 % las utiliza para actividades relacionadas con el aprendizaje más de una vez por semana. Estos porcentajes muestran que la IA se está convirtiendo rápidamente en una infraestructura básica de la educación informal y formal de las nuevas generaciones.

El informe también desmonta la imagen simplista de los jóvenes como usuarios pasivos o ingenuos de la tecnología. Una amplia mayoría declara preocuparse por la fiabilidad de la información que encuentra en internet y en las herramientas de IA. El 77 % afirma que suele reflexionar sobre la credibilidad de los contenidos que consulta para aprender. Sin embargo, el estudio revela diferencias significativas según la edad. Los adolescentes más jóvenes, entre 13 y 15 años, utilizan la IA principalmente como apoyo para los deberes y la investigación escolar, mientras que los mayores, entre 16 y 18 años, la emplean cada vez más para la gestión de su vida cotidiana, la orientación profesional y el desarrollo personal. Además, estos últimos muestran una actitud más crítica hacia la información generada por IA, verificando con mayor frecuencia posibles sesgos o errores.

A partir de estos resultados, el artículo introduce una idea central: la necesidad de sustituir los modelos de control rígido por un enfoque de “andamiaje” o scaffolding. En educación, este concepto hace referencia al apoyo progresivo que se ofrece a una persona mientras desarrolla nuevas competencias. Aplicado al ámbito digital, significa que la protección de los menores no debería consistir únicamente en imponer prohibiciones o barreras, sino en proporcionar acompañamiento, orientación y herramientas que evolucionen conforme aumenta la madurez de los jóvenes. Las medidas de supervisión más estrictas tendrían sentido en edades tempranas, pero deberían transformarse gradualmente en espacios de diálogo, confianza y toma compartida de decisiones.

Los autores advierten que la regulación sigue siendo imprescindible. Las plataformas digitales deben asumir una mayor responsabilidad en la reducción de riesgos asociados a diseños adictivos, algoritmos que amplifican contenidos perjudiciales o sistemas de denuncia ineficaces. No obstante, incluso una regulación perfecta no eliminaría todos los peligros. Por ello, la alfabetización digital y mediática se presenta como un complemento indispensable de cualquier estrategia de protección. Los jóvenes necesitan aprender a identificar la manipulación, detectar la desinformación, proteger su privacidad, comprender el funcionamiento de los algoritmos y evaluar críticamente las respuestas generadas por la inteligencia artificial.

El artículo concede asimismo un papel fundamental a las familias. Los datos muestran que los adolescentes siguen considerando a padres y madres como sus principales referentes cuando enfrentan problemas relacionados con el ciberacoso, la privacidad o la seguridad en línea. Sin embargo, muchos jóvenes expresan preocupación porque los adultos no siempre poseen los conocimientos necesarios para comprender fenómenos como la inteligencia artificial generativa, los contenidos sintéticos o las noticias falsas. Ante esta situación, se propone el desarrollo de campañas nacionales de alfabetización digital dirigidas también a padres, madres y otros adultos de confianza, con el fin de reducir la brecha generacional tecnológica.

Otra aportación importante del texto es la defensa de una alfabetización digital entendida en sentido amplio. No basta con enseñar a utilizar herramientas tecnológicas; es necesario desarrollar competencias críticas que permitan comprender cómo se producen los contenidos digitales, qué intereses económicos intervienen en las plataformas, cómo se recopilan y utilizan los datos personales y cuáles son las implicaciones éticas de la inteligencia artificial. Esta visión coincide con las tendencias actuales en educación mediática, que consideran la alfabetización digital una condición básica para la participación ciudadana en sociedades altamente tecnologizadas.

En última instancia, el artículo plantea que la verdadera cuestión no es si los jóvenes deben utilizar inteligencia artificial, sino cómo ayudarles a hacerlo de manera responsable y beneficiosa. La IA ya forma parte de sus procesos de aprendizaje, socialización y construcción de identidad. Pretender excluirla de sus vidas resulta poco realista. La prioridad, según los autores, debería ser crear un ecosistema en el que regulación, protección, educación y autonomía evolucionen conjuntamente. El objetivo final no es únicamente reducir los daños potenciales, sino garantizar que los adolescentes puedan aprovechar las oportunidades que ofrece la inteligencia artificial para aprender, crear y participar activamente en la sociedad digital del futuro.

La Inteligencia Artificial es a la vez una poderosa herramienta y la mayor generadora de desinformación

Team discussing AI misinformation research with data visualizations on screens and projector
A diverse team analyzing misinformation data in a modern lab setting

Kupferschmidt, Kai. “To misinformation researchers, AI is a scourge—and a powerful new tool.Science, 2026. https://www.science.org/content/article/misinformation-researchers-ai-scourge-and-powerful-new-tool

En septiembre de 2023, los investigadores que analizaban una campaña de desinformación rusa observaron un cambio repentino en un sitio web de noticias falsas que estaban siguiendo. El medio, DCWeekly.org, normalmente copiaba artículos completos de fuentes como Fox News, cambiando el nombre del periodista y muy poco más. Las noticias reales servían como cobertura para que Rusia lanzara ocasionalmente una historia falsa, cuidadosamente elaborada, como un artículo de ataque contra el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, una técnica conocida como lavado narrativo. “Están construyendo un bosque para poder esconder un árbol concreto ahí dentro”, dice Morgan Wack, investigador de comunicación política en la Universidad de Zúrich.

Pero de la noche a la mañana, Wack y sus colegas se dieron cuenta de que ya no podían identificar de dónde obtenía el sitio sus noticias diarias. “Se vio un estilo de escritura totalmente distinto, y había más artículos”, explica. Los investigadores sospecharon que la operación había pasado a utilizar inteligencia artificial generativa, sospecha que se confirmó después de encontrar restos de instrucciones (prompts) de IA en algunos textos, como uno que decía: “Tenga en cuenta: el tono del artículo es crítico con la posición de EE. UU. de apoyo a la guerra en Ucrania y adopta un tono cínico al hablar del gobierno estadounidense, la OTAN o los políticos estadounidenses”.

Fue una oportunidad poco común para que el equipo de Wack estudiara cómo la IA está moldeando el mundo de la desinformación. El volumen de producción del sitio aumentó drásticamente, según los investigadores. En experimentos, las personas no encontraron la propaganda generada por IA más persuasiva que los textos anteriores escritos por humanos, pero el cambio a IA seguía siendo una victoria para los propagandistas, afirma Wack. “No perdieron credibilidad y pudieron aumentar mucho más el contenido”. La IA les había permitido, en esencia, construir un bosque más grande y mejor para ocultar sus árboles.

DCWeekly.org no es el único que ha adoptado la IA generativa: esta tecnología se está integrando en campañas de desinformación en todo el mundo. (La misinformación se refiere a información incorrecta o engañosa en general; si se difunde con la intención de engañar, se denomina desinformación). Según un informe de la Unión Europea publicado en marzo, el 27 % de los intentos de potencias extranjeras de manipular información global en 2025 implicaron el uso de IA, casi el triple que en 2024. “Es una herramienta poderosa, y definitivamente está en manos de quienes tienen interés en manipular opiniones, ya sea por dinero o por razones geopolíticas”, afirma Filippo Menczer, científico informático de la Universidad de Indiana Bloomington.

A medida que crece la influencia de la IA, el campo de investigación sobre desinformación se enfrenta a cómo estudiar sus efectos. Los modelos de lenguaje grande (LLM) que sustentan chatbots como ChatGPT hacen que el contenido falso sea cada vez más difícil de detectar y pueden difundir mensajes con apariencia humana a una escala sin precedentes. Además, la IA evoluciona tan rápidamente que investigaciones que hoy parecen sólidas podrían dejar de ser relevantes en pocos meses. “Ni siquiera el polvo ha empezado a asentarse, y es difícil separar lo que esperamos que ocurra a medida que la IA se vuelve ubicua de lo que realmente está ocurriendo”, afirma Kate Starbird, investigadora de desinformación de la Universidad de Washington.

Pero aunque ha complicado el problema, la IA generativa también ha proporcionado a los investigadores una herramienta poderosa para estudiarlo y probar intervenciones. Incluso mientras las herramientas de IA transforman la desinformación, dice Jennifer Allen, científica social computacional de la Universidad de Nueva York, “creo que también han transformado el campo”.

La inteligencia artificial transforma la publicación científica

Harvey, Laura y Adam Hyde. “Guest Post — Trust & Community Are the Moat, Infrastructure Is Your Leverage: Dispatches from PurePub.AI”. The Scholarly Kitchen, 9 de junio de 2026

Ver noticia

Se recogen las principales conclusiones surgidas del encuentro PurePub.AI, un evento que reunió a 47 expertos en 15 sesiones dedicadas a explorar el impacto de la inteligencia artificial en la publicación académica. La elevada participación —más de 800 asistentes en directo y centenares de intervenciones en los debates— demuestra que la IA ha dejado de ser una cuestión futurista para convertirse en una preocupación estratégica inmediata para editoriales, sociedades científicas y proveedores de servicios. Las discusiones revelaron que los grandes temas que dominan actualmente el sector son la transformación de los flujos de trabajo, la evolución de los modelos de negocio, el papel creciente de las máquinas como consumidoras de contenidos y la necesidad de replantear los procesos editoriales tradicionales.

Uno de los mensajes centrales del encuentro es que la transición hacia la llamada “IA agéntica” ya está en marcha. En una primera fase, las organizaciones utilizan la IA para realizar más rápidamente tareas que ya existían, como la búsqueda de revisores, la detección de fraude científico, la realización de controles técnicos o el enriquecimiento de metadatos. Sin embargo, la evolución apunta hacia una segunda etapa en la que la IA no solo automatiza procesos, sino que mejora significativamente los servicios ofrecidos a investigadores, autores y lectores. Ejemplos de ello son los asistentes inteligentes para la consulta de contenidos científicos, las herramientas de revisión automatizada o los sistemas capaces de generar nuevos servicios de apoyo a la investigación. Aun así, la mayoría de las organizaciones siguen en una fase experimental y todavía no han alcanzado un despliegue generalizado de estas tecnologías.

La revisión por pares constituye uno de los ámbitos donde los cambios resultan más visibles. Los participantes señalaron que los modelos de IA más avanzados ya son capaces de realizar numerosas tareas asociadas al proceso de evaluación científica. La cuestión ya no es si la IA puede participar en la revisión, sino qué aspectos deberían seguir dependiendo del juicio humano. Mientras los sistemas automáticos destacan en tareas de verificación técnica, análisis estadístico, detección de inconsistencias o comprobación de la transparencia metodológica, los revisores humanos continúan siendo esenciales para valorar la originalidad, la relevancia científica, la pertinencia de las preguntas de investigación o la importancia potencial de los resultados. El futuro parece orientarse hacia una colaboración complementaria entre humanos y máquinas más que hacia una sustitución completa de los expertos.

Precisamente esta complementariedad lleva a una reflexión más amplia sobre el valor diferencial que los seres humanos aportan en un entorno cada vez más automatizado. Según los autores, atributos como el criterio, el gusto, la responsabilidad, la capacidad de generar confianza y el mantenimiento de relaciones dentro de las comunidades científicas se perfilan como espacios donde la intervención humana seguirá siendo indispensable. No obstante, también aparecen interrogantes sobre cómo afectará esta transformación a los perfiles profesionales existentes. Muchos participantes expresaron preocupación por la posibilidad de que ciertos trabajadores terminen desempeñando funciones limitadas a supervisar sistemas automáticos, una tarea poco estimulante si no se redefine adecuadamente el papel humano dentro de los nuevos ecosistemas editoriales.

Otro fenómeno destacado es el auge del denominado vibe coding, una metodología que permite a profesionales sin formación avanzada en programación crear prototipos funcionales mediante herramientas de IA. Durante el evento se presentaron trece proyectos desarrollados mediante este enfoque, que abarcan desde gestores de noticias hasta plataformas de transferencia de manuscritos o sistemas de revisión de textos alternativos para imágenes. La importancia de esta tendencia radica en que democratiza la innovación tecnológica, permitiendo que expertos en edición, marketing, operaciones o gestión editorial puedan diseñar soluciones adaptadas a sus necesidades sin depender completamente de equipos técnicos especializados.

Sin embargo, la conclusión más relevante del artículo gira en torno a la idea expresada en su título: la confianza y la comunidad constituyen la auténtica “muralla defensiva” de los editores científicos, mientras que la infraestructura representa su principal fuente de ventaja competitiva. En un contexto en el que la generación de contenidos se vuelve cada vez más barata y abundante gracias a la IA, la capacidad de filtrar, validar y contextualizar la información adquiere un valor extraordinario. Los autores sostienen que las marcas editoriales consolidadas y las comunidades científicas que las respaldan poseen un activo difícilmente replicable por las plataformas tecnológicas: la confianza acumulada durante décadas. Esta visión coincide con otros análisis recientes que consideran que el verdadero valor de las sociedades científicas y los editores no reside únicamente en los contenidos, sino en las relaciones, la reputación y la capacidad de proporcionar señales fiables en un entorno saturado de información.

La infraestructura tecnológica emerge como el segundo gran factor estratégico. Diversos expertos insistieron en que el éxito de la IA depende mucho menos de los modelos lingüísticos que de la capacidad para integrarlos con sistemas, datos y flujos de trabajo existentes. Según una de las citas más repetidas del encuentro, un agente de IA es apenas un 5 % modelo y un 95 % ingeniería de procesos. Esto significa que disponer de datos estructurados, sistemas interoperables y arquitecturas capaces de conectar múltiples fuentes de información será mucho más importante que simplemente adoptar la última tecnología disponible. La verdadera ventaja competitiva se construirá alrededor de la calidad de los datos y de la capacidad organizativa para utilizarlos eficazmente.

Para terminar, los autores plantean una visión de la publicación científica en 2030. Prevén que los agentes inteligentes estarán completamente integrados en los flujos editoriales, que las personas concentrarán su trabajo en tareas relacionadas con la responsabilidad, el juicio crítico y la construcción de comunidades, y que las organizaciones más exitosas serán aquellas que hayan invertido con suficiente anticipación en infraestructuras robustas y flexibles. En este escenario, la inteligencia artificial no sustituirá el valor humano, sino que aumentará la importancia de aquello que las máquinas todavía no pueden ofrecer: confianza, criterio y pertenencia a una comunidad científica reconocida.

Cómo citar la inteligencia artificial en los trabajos académicos: guía práctica para investigadores y estudiantes

Universitat Oberta de Catalunya (UOC). ¿Cómo citar la IA en los trabajos? Barcelona: Biblioteca de la UOC. Disponible en: https://hdl.handle.net/10609/148823

La guía elaborada por la Biblioteca de la Universitat Oberta de Catalunya ofrece orientaciones prácticas para el uso responsable y la correcta citación de herramientas de inteligencia artificial generativa en trabajos académicos y científicos.

El documento parte de la premisa de que la IA puede ser un apoyo útil para la investigación y la redacción, pero advierte que sus resultados deben verificarse siempre, ya que estas herramientas pueden proporcionar información incorrecta o incluso inventar fuentes bibliográficas. Por ello, recomienda solicitar las fuentes utilizadas por la IA, contrastarlas críticamente y citar directamente las fuentes originales cuando sean fiables. Además, cuando la IA forme parte del proceso de investigación, su utilización debe describirse explícitamente en la metodología del trabajo.

La publicación distingue entre la citación de una conversación mantenida con una herramienta de IA y la citación de la propia herramienta. Una conversación solo debería citarse cuando exista un enlace permanente y público que permita a otras personas recuperar y consultar el contenido exacto del diálogo. En aquellos casos en que la conversación no pueda compartirse por razones técnicas, éticas o de privacidad, la recomendación es citar únicamente la herramienta empleada, indicando claramente que se utilizó como apoyo durante la elaboración del trabajo.

La guía también aclara cuándo no es necesario citar la IA. Por ejemplo, no se requiere referencia cuando la herramienta se utiliza únicamente para localizar fuentes de información, del mismo modo que no se cita un buscador web o una base de datos. Tampoco suele ser necesario citar funciones de IA integradas en programas de uso cotidiano. Sin embargo, cuando la inteligencia artificial constituye una parte relevante del método de investigación, su utilización debe documentarse obligatoriamente.

Uno de los aspectos más valiosos del documento es su análisis comparativo de distintos estilos de citación. La UOC señala que, aunque todavía no existe una normalización universal, algunos estilos han comenzado a desarrollar pautas específicas. Entre ellos destaca especialmente APA, considerado el sistema que ofrece actualmente las orientaciones más completas y detalladas para referenciar contenidos generados mediante inteligencia artificial. Además, se subraya que las respuestas de los sistemas generativos son dinámicas y pueden variar entre sesiones, por lo que es importante documentar el texto exacto utilizado, incorporándolo en anexos o materiales suplementarios cuando resulte relevante para la comprensión del trabajo.

El documento dedica apartados específicos a los estilos APA, Vancouver, ISO 690, Chicago y Harvard. Para cada uno de ellos proporciona modelos concretos de referencia bibliográfica y ejemplos de citas dentro del texto. En términos generales, la recomendación es incluir la conversación en la bibliografía únicamente cuando exista una URL pública y permanente. En caso contrario, la referencia debe limitarse al texto o a notas explicativas. La guía adapta además las normas de estilos que todavía no contemplan oficialmente la inteligencia artificial, ofreciendo propuestas prácticas para mantener la coherencia académica y la trazabilidad de las fuentes utilizadas.

Finalmente, la guía insiste en la necesidad de actuar con transparencia académica. Los autores recomiendan informar siempre del uso de herramientas de IA cuando estas hayan intervenido en la elaboración, revisión, traducción o generación de contenidos. Esta transparencia permite evaluar adecuadamente el proceso de trabajo, favorece la reproducibilidad de la investigación y contribuye a mantener la integridad académica en un contexto en el que las tecnologías generativas están adquiriendo un papel cada vez más relevante en la producción de conocimiento