OpenAI ha lanzado oficialmente ChatGPT Health, una nueva funcionalidad dentro de su plataforma ChatGPT diseñada específicamente para integrar la inteligencia artificial con información de salud personal del usuario. El producto permite conectar registros médicos y aplicaciones de bienestar —como Apple Health, MyFitnessPal y Function— para ofrecer respuestas más personalizadas y contextualizadas sobre temas relacionados con la salud y el bienestar. Esta integración pretende facilitar a los usuarios la comprensión de resultados de análisis clínicos, la preparación para visitas médicas, el seguimiento de patrones de salud y la comparación de opciones de seguros médicos, aunque no está concebida para diagnosticar enfermedades ni sustituir a profesionales de la salud.
OpenAI ha subrayado que ChatGPT Health se desarrolla como una experiencia separada dentro de la aplicación, con controles de privacidad reforzados que aíslan las conversaciones y los datos de salud, evitando que se utilicen para entrenar los modelos subyacentes. Según la compañía, este enfoque nace de la alta demanda de uso de ChatGPT en consultas sobre salud —con cientos de millones de preguntas semanales relacionadas con el bienestar— y del trabajo conjunto con más de 260 médicos de 60 países para asegurar que la herramienta aporte claridad y utilidad sin reemplazar la atención médica profesional. El acceso inicial se está abriendo gradualmente a un grupo reducido de usuarios de ChatGPT fuera de Europa y el Reino Unido, con planes de ampliar el despliegue global en las próximas semanas.
El gobierno del Reino Unido ha anunciado su intención de replantear profundamente su enfoque sobre las normas de derechos de autor en relación con la inteligencia artificial (IA), en respuesta a tensiones crecientes entre los desarrolladores de IA y los creadores de contenido tradicional.
La secretaria de Tecnología, Liz Kendall, explicó que se busca un “reinicio” de las propuestas legislativas que hasta ahora habían intentado modernizar la legislación de derechos de autor para facilitar el entrenamiento de sistemas de IA con obras existentes. Esta revisión se presentará oficialmente en un informe programado para marzo de 2026.
Hasta el momento, el planteamiento inicial del gobierno —respaldado por el primer ministro Keir Starmer como parte de su objetivo de posicionar al país como una potencia en IA— pretendía relajar las leyes para permitir el uso de cualquier material al que los desarrolladores tuvieran acceso legal, dejando a los creadores la opción de excluir sus obras si así lo deseaban. Sin embargo, esta propuesta de sistema de exclusión (opt-out) fue ampliamente criticada por los sectores creativos, que consideraron insuficiente la protección de sus derechos y la compensación por el uso de sus trabajos en el entrenamiento de modelos de IA.
Tanto Kendall como la ministra de Cultura, Lisa Nandy, reconocieron ante una comisión parlamentaria que el enfoque inicial fue un error y que los principales temores de la industria —garantizar una retribución justa por su trabajo y mantener el control sobre sus creaciones— deben ser el centro de cualquier reforma futura. La intención es adoptar una estrategia más matizada y colaborativa con diversos segmentos del sector creativo para afrontar los desafíos legales y existenciales que plantea la actual interacción entre los sistemas de IA y la propiedad intelectual tradicional.
El objetivo del informe es explorar cómo las organizaciones del ámbito de la publicación académica están adoptando y respondiendo a la inteligencia artificial (IA). La encuesta, realizada entre el 1 y el 12 de diciembre de 2025 entre 563 profesionales de distintas organizaciones, revela que la IA ya está muy presente en los flujos de trabajo de la publicación académica, aplicándose principalmente en tareas relacionadas con la creación y resumen de contenidos, revisión de integridad y detección de plagio, así como en herramientas de accesibilidad y descubrimiento de contenidos.
A pesar de esta adopción generalizada, el informe subraya que la preparación institucional para gestionar el impacto de la IA sigue rezagada respecto al uso tecnológico. La mayoría de las organizaciones se encuentran en un estado de preparación parcial, con políticas, capacidades y conocimientos aún en desarrollo, lo que refleja que el entusiasmo por la IA va acompañado de incertidumbre y retos organizativos. Entre los principales obstáculos se encuentran preocupaciones éticas y legales, problemas de privacidad y seguridad de datos, y una insuficiente capacidad especializada dentro de los equipos.
Las respuestas a la encuesta muestran que la adopción de IA ya está en marcha en las organizaciones de publicación académica, y la gran mayoría reporta al menos un caso de uso activo. Las aplicaciones más comunes se centran en los flujos de trabajo relacionados con el contenido, particularmente la creación o resumen de contenido (48%) y la verificación de plagio o integridad de la investigación (43%). Estos usos reflejan áreas donde la IA puede ofrecer ganancias inmediatas de eficiencia y ampliar el soporte a los procesos editoriales existentes sin alterar fundamentalmente la autoridad en la toma de decisiones.
Las herramientas de accesibilidad y traducción (34%) y el descubrimiento de contenido (34%) también son muy relevantes, subrayando el papel creciente de la IA en mejorar el alcance, la usabilidad y la encontrabilidad del contenido académico.
Más allá de las funciones editoriales principales, las organizaciones aplican cada vez más la IA a actividades empresariales y operativas. Más de una cuarta parte de los encuestados informa que utiliza IA para marketing o interacción con clientes (27%) y para análisis de datos o previsiones (27%), lo que indica una mayor comodidad con los conocimientos generados por IA para informar estrategias y alcance de la audiencia. La asistencia en la revisión por pares o la asignación de revisores (22%) y la generación o etiquetado de metadatos (18%) aparecen como aplicaciones emergentes, pero aún no universales, lo que sugiere tanto oportunidad como cautela en áreas que interfieren más directamente con el juicio académico y el control de calidad.
De acuerdo con los datos mostrados, las categorías con mayor peso son:
Creación o resumen de contenido: Es la aplicación más destacada con un 48%.
Controles de plagio o integridad: Ocupa el segundo lugar con un 43%.
Descubrimiento de contenido: Representa un 34%.
Herramientas de accesibilidad o traducción: Empata con el descubrimiento de contenido con un 34%.
Marketing o compromiso del cliente: 27%.
Análisis de datos o pronósticos: 27%.
Asistencia en revisión por pares o emparejamiento de revisores: 22%.
Generación de metadatos o etiquetado: 18%.
Licencia de contenido a terceros: 13%.
Personalización o inteligencia predictiva: 13%.
Finalmente, la imagen indica que un 14% corresponde a otros usos y un 12% de los consultados no utiliza IA actualmente.
Actitudes hacia la IA
Las respuestas indican que la mayoría de las organizaciones abordan la IA con interés medido, más que con entusiasmo incondicional. La mayoría (51%) describe su postura como exploración cautelosa de oportunidades, lo que sugiere experimentación activa junto con consideración cuidadosa de riesgos, gobernanza y adecuación. Al mismo tiempo, más de un tercio de los encuestados muestra una postura fuertemente positiva hacia la IA: 19% adopta activamente e invierte en IA y 16% se identifica como adoptante entusiasta y proactivo — juntos indican un impulso significativo hacia una integración más profunda.
Solo una pequeña minoría permanece al margen o en contra. Solo el 6% reporta una postura neutral de esperar y ver, otro 6% se declara escéptico o resistente, y solo 2% evita activamente las herramientas de IA. En conjunto, estos resultados sugieren que, aunque la cautela sigue siendo dominante, la resistencia a la IA en la publicación académica es limitada y la trayectoria general apunta hacia una adopción más amplia con el tiempo.
Preparación ante la IA
Las respuestas sugieren que la mayoría de las organizaciones se sienten parcialmente preparadas para enfrentar el impacto de la IA en el próximo año. Casi la mitad (45%) reporta estar moderadamente preparada, mientras otro 27% se siente solo ligeramente preparada, lo que indica que muchas organizaciones todavía están construyendo habilidades, políticas y confianza interna. Un porcentaje menor se siente altamente preparado: 16% se describe como muy preparado y solo 3% como completamente preparado, lo que subraya lo rara que sigue siendo la sensación de preparación total. Al mismo tiempo, 9% reporta no estar preparado en absoluto, destacando la necesidad de orientación, buenas prácticas compartidas y desarrollo de capacidades en toda la comunidad.
El sondeo también identifica oportunidades importantes asociadas con la IA, entre ellas la eficiencia de los flujos de trabajo —que puede liberar tiempo para tareas de mayor valor añadido—, el fortalecimiento de la revisión por pares mediante herramientas de apoyo o asignación de revisores, y el uso de IA para reforzar la integridad y calidad de la investigación a través de la detección de plagio o de prácticas poco éticas. Asimismo, la IA se percibe como una herramienta valiosa para mejorar la descubribilidad del contenido científico y para apoyar a autores de distintas lenguas mediante traducción y servicios lingüísticos.
Barreras para la adopción de IA
Los encuestados identificaron preocupaciones legales/éticas, privacidad/seguridad y falta de experiencia/capacidad como las principales barreras para la adopción de IA.
A pesar de los altos niveles de adopción e interés en IA, las organizaciones de publicación académica todavía albergan serias preocupaciones sobre su uso en el sector. Las preocupaciones éticas o legales (63%) y los problemas de privacidad o seguridad de los datos (61%) encabezan la lista, reflejando cautela generalizada respecto a cumplimiento, propiedad intelectual y uso responsable — preocupaciones especialmente agudas en la publicación académica. La preparación organizacional también emerge como un desafío significativo, con la mitad de los encuestados (50%) citando la falta de experiencia o capacidad del personal, lo que subraya que las capacidades humanas e institucionales a menudo quedan detrás del interés tecnológico.
Consideraciones prácticas y financieras forman un segundo nivel de barreras. Restricciones presupuestarias (28%), calidad o disponibilidad de datos (25%) y un ROI o caso de negocio poco claros (25%) sugieren que muchas organizaciones todavía evalúan costos frente a beneficios inciertos. Los problemas culturales y de herramientas —como la resistencia al cambio (23%) y la falta de herramientas adecuadas (19%)— son menos dominantes pero todavía significativos. Casi todas las organizaciones reportan algún tipo de fricción al adoptar IA.
No obstante, las preocupaciones sobre los riesgos son profundas y existenciales. Muchos encuestados expresan inquietudes sobre la posibilidad de que la IA degrade la calidad y la integridad de la literatura académica, dificultando la detección de contenidos generados por IA sin rigor científico, y erosionando la confianza en el proceso de revisión por pares tradicional. También existe ansiedad sobre la falta de transparencia en el uso de IA y la autenticidad de las contribuciones cuando las herramientas automatizadas participan en la producción o evaluación de trabajos. En conjunto, estas respuestas reflejan una comunidad editorial que navega entre la oportunidad de mejorar procesos y la necesidad de proteger los valores fundamentales de la comunicación científica.
LOPEZOSA, Carlos. Inteligencia artificial en los procesos técnicos bibliotecarios: fundamentos y aplicaciones prácticas. Informe. Universitat de Barcelona, 2026. Consulta del 12 de enero de 2026. https://hdl.handle.net/2445/225202
Se analiza cómo la inteligencia artificial (IA) está transformando y puede seguir transformando los procesos técnicos dentro de las bibliotecas y centros de documentación. El estudio se centra en profundizar en los fundamentos conceptuales de la IA, sus aplicaciones principales y los desafíos que plantea su adopción responsable en contextos bibliotecarios.
El informe analiza el impacto creciente de la inteligencia artificial en las bibliotecas, centrándose especialmente en los procesos técnicos tradicionales. Parte de la idea de que la IA, y en particular los modelos de lenguaje de gran tamaño, ya forman parte del ecosistema informacional y están modificando de manera profunda la forma en que se gestionan, describen y organizan los recursos documentales. El texto ofrece una aproximación clara a los fundamentos conceptuales de la IA, explicando su funcionamiento general y su relevancia para el ámbito bibliotecario y documental.
A lo largo del trabajo se examinan las principales aplicaciones prácticas de la inteligencia artificial en tareas como la catalogación, la gestión y normalización de metadatos y el enriquecimiento semántico de los registros bibliográficos. El autor muestra cómo estas tecnologías permiten automatizar procesos repetitivos, detectar inconsistencias y mejorar la calidad descriptiva de los fondos, lo que repercute directamente en una mejor recuperación de la información. No obstante, se insiste en que la IA debe entenderse como una herramienta de apoyo y no como un sustituto del criterio profesional del personal bibliotecario.
El documento también aborda la integración de la IA en los flujos de trabajo técnicos, destacando su utilidad como sistema de asistencia avanzada para el análisis de datos, la generación de informes y la toma de decisiones técnicas. Desde esta perspectiva, la inteligencia artificial se presenta como un recurso estratégico que puede aumentar la eficiencia y liberar tiempo para tareas de mayor valor intelectual, siempre que exista una supervisión humana adecuada.
Un apartado relevante del estudio está dedicado a los retos éticos, legales y organizativos que plantea el uso de la IA en bibliotecas. Se analizan cuestiones como la protección de datos personales, la seguridad de la información y el riesgo de sesgos algorítmicos, subrayando la necesidad de una evaluación crítica y continua de estas herramientas. El texto advierte sobre los peligros de una dependencia tecnológica excesiva y reclama políticas claras que garanticen un uso responsable, transparente y alineado con los valores profesionales de la biblioteconomía.
Como conclusión, el informe propone un modelo de adopción híbrida de la inteligencia artificial, en el que la tecnología complementa el trabajo humano sin sustituirlo. Se defiende una incorporación progresiva y reflexiva de la IA en los procesos técnicos bibliotecarios, basada en la formación del personal, la supervisión ética y la adaptación a las necesidades reales de cada institución. De este modo, la IA se concibe como un instrumento para mejorar la calidad del servicio bibliotecario y reforzar su papel en la gestión del conocimiento en la era digital.
Vivas Urias, María Dolores, y María Auxiliadora Ruiz Rosillo, eds.Inteligencia artificial generativa: Buenas prácticas docentes en educación superior. Barcelona: Octaedro, 2025. ISBN 978‑84‑10282‑57‑5.
El libro ofrece una visión amplia y práctica de cómo la inteligencia artificial generativa (IAG) está transformando la educación superior, mostrando experiencias reales de innovación docente desarrolladas en la Universidad Alfonso X el Sabio durante el curso 2023‑2024. A través de múltiples aportes, el texto examina la manera en que estas herramientas no solo apoyan la creación de contenidos educativos, sino que también replantean la pedagogía y la evaluación.
El primer bloque del libro se centra en el papel de la IAG en la alfabetización digital y en el diseño pedagógico, explorando cómo los docentes pueden integrar estas tecnologías para potenciar la enseñanza y reducir incertidumbres en proyectos complejos como trabajos de fin de estudios. Se analizan ejemplos concretos como concursos de creación artística o generación automática de materiales de autoevaluación, destacando tanto oportunidades como desafíos éticos.
Otros capítulos muestran casos de uso específicos en materias como ciencias sociales, biotecnología o farmacología, donde la generación de contenidos y la gamificación asistida por IA facilitan procesos de enseñanza más dinámicos y adaptados a los estudiantes. Además, se aborda la evaluación de competencias con rúbricas enriquecidas por IA y estrategias para fomentar el pensamiento crítico en los futuros profesionales.
Finalmente, la obra no se limita a presentar herramientas, sino que también reflexiona sobre el uso ético y responsable de la IAG por parte de la comunidad educativa. Pone de relieve la necesidad de formación docente, la adaptación de metodologías y la convivencia entre creatividad humana y automatización inteligente, con el objetivo de maximizar el aprendizaje sin perder de vista valores formativos esenciales.
A finales de 2025 empezaron a surgir informes sobre algo que han llamado revistas imaginarias. La IA generativa puede “alucinar”, es decir, inventar hechos o datos presentándolos como reales, pero que llegue al punto de generar títulos de revistas y citas que no existen en absoluto ha sorprendido a muchos.
Se han detectado referencias a publicaciones que nunca han existido en trabajos académicos. Estamos acostumbrados a las revistas falsas o depredadoras, pero estos nuevos títulos sólo aparecen en bibliografías generadas por IA, sin rastro real de su existencia.
Además, también se han encontrado artículos atribuidos a autores que no existen. Incluso algunos de estos textos se han presentado a revistas legítimas. Esto podría formar parte de pruebas para evaluar sistemas de revisión o detección de plagio, aunque también podría responder a fines más oscuros.
Aunque suene sorprendente, la aparición de artículos completamente generados por IA está alterando las normas tradicionales de la investigación y la publicación académica. Muchos repositorios de preprints han tenido que restringir envíos ante el aumento de trabajos de baja calidad generados por IA.
El impacto podría ser serio: si se difunden investigaciones inventadas y otros investigadores las citan o usan como referencia, el daño se propaga rápidamente. Incluso se han visto casos en los que artículos falsos han sido citados decenas de veces, sin que los autores supieran que su nombre aparecía en esos documentos.
Frente a esta situación, las fuentes verificadas de publicaciones científicas se vuelven más importantes a medida que el uso de IA se expande. Las fronteras entre investigación humana, híbrida o generada exclusivamente por IA se están desdibujando, con implicaciones profundas para editores, autores, instituciones y financiadores.
Research Data Alliance, “Global community priorities for agentic AI in research: Consultation results available,” Research Data Alliance, Jan. 8, 2026. [Online]. Available:
Research Data Alliance (RDA) ha publicado los resultados de una consulta global dirigida a identificar las prioridades de la comunidad investigadora respecto al uso de la IA agente —es decir, sistemas de inteligencia artificial capaces de operar con un alto grado de autonomía y mínima supervisión humana— a lo largo del ciclo de la investigación científica.
Esta consulta, abierta desde noviembre de 2025 y sin requerir experiencia previa en IA, combinó cuatro sesiones informativas online con una encuesta anónima de 15 minutos en la que participaron 83 personas de diversos perfiles y regiones. La iniciativa buscaba comprender cómo se está utilizando actualmente la IA agente en la investigación y qué herramientas autónomas podrían aportar más valor en tareas como planificación, búsqueda de información, gestión de datos, financiación, publicación e impacto.
De los 11 posibles agentes inteligentes propuestos, tres herramientas surgieron como prioridades claras para la comunidad global de investigación.
Literature Librarian, se plantea como un asistente capaz de buscar literatura científica mediante consultas en lenguaje natural integradas con suscripciones de bibliotecas, facilitando y acelerando la revisión de antecedentes y la exploración bibliográfica.
Data Director obtuvo alta valoración por su potencial para apoyar la preparación y el intercambio de datos de investigación conforme a los principios FAIR (Findable, Accessible, Interoperable, Reusable), lo que podría mejorar la calidad, disponibilidad y reutilización de los datos científicos.
Funding Finder, propone una herramienta que identifique oportunidades de financiación relevantes y apoye la preparación de solicitudes, ayudando a investigadores y equipos a acceder a recursos financieros con mayor eficiencia.
Estos tres agentes se destacaron de manera consistente tanto en análisis por región como por tipo de participante.. Más allá de las prioridades concretas, los participantes expresaron una visión matizada y ambivalente sobre el futuro de la IA agente en la investigación, reconociendo tanto sus beneficios potenciales como los retos éticos, organizativos y técnicos que supone su adopción generalizada. Los resultados de la consulta serán utilizados por la RDA como base para avanzar en 2026 en el desarrollo colaborativo de un marco de referencia abierto y tecnológicamente agnóstico para al menos una herramienta prioritaria de IA agente, asegurando que este trabajo futuro se alinee con los principios y el marco de actuación de la organización y refleje las necesidades de la comunidad investigadora global.
Se ofrece una reflexión crítica sobre los desafíos que la inteligencia artificial (IA) plantea al sistema de publicación científica, especialmente en lo referente a la integridad del registro científico y el proceso de retractación de artículos académicos.
Worlock parte de una observación fundamental: aunque la IA está transformando profundamente la creación, difusión y análisis de conocimiento, muchos de los problemas estructurales que afectan a la ciencia —como la proliferación de artículos defectuosos, revisiones por pares ineficaces o la falta de mecanismos eficaces para gestionar retractaciones— no se resolverán simplemente mediante la automatización o la adopción de nuevas herramientas tecnológicas.
El autor contextualiza el tema en un contexto más amplio de crisis de confianza en las publicaciones científicas. Señala que la incapacidad del sistema para proporcionar estándares claros y verificables de calidad y autenticidad ha permitido que proliferan trabajos de mala calidad o incluso fraudulentos, muchos de los cuales permanecen en la literatura científica sin una retractación adecuada. Este problema no se limita a casos aislados, sino que forma parte de un sistema que continúa replicando y amplificando errores debido a la presión por publicar y a la ausencia de una infraestructura de retractación centralizada y transparente.
Worlock también examina el rol de la IA en este contexto. Aunque los sistemas de IA tienen la capacidad de procesar grandes volúmenes de información, Worlock advierte que la IA no sustituye la evaluación crítica humana y que los algoritmos pueden incluso exacerbar algunos de los problemas existentes si se utilizan sin criterio. Por ejemplo, las IA pueden integrar contenido repleto de errores metodológicos o datos falsos como si fuera válido, ya que carecen de un juicio epistemológico real para discernir la calidad científica, un reto que otros expertos han también identificado recientemente como un riesgo serio para la confianza en la literatura científica automatizada.
Además, el artículo subraya la importancia de reforzar los mecanismos de retractación. Worlock plantea que la mera existencia de retractaciones no basta si estas no son accesibles, claras y eficientemente comunicadas, algo que muchos investigadores experimentan cuando intentan rastrear qué artículos han sido retirados y por qué. El problema, según él y otros especialistas, radica en que las retractaciones a menudo no están bien etiquetadas ni se integran en los flujos de datos primarios que usan los motores de búsqueda, las bases de datos académicas y los propios sistemas de entrenamiento de modelos de IA.
Una vez que se introducen datos en el modelo de formación de un LLM, no se pueden eliminar. No quiero escribir aquí sobre los actos de piratería cometidos por los actores de la IA de Silicon Valley al retirar masivamente artículos académicos de sitios web a menudo pirateados e ilegales. Sin duda, esos datos incluían artículos retractados que nunca se habían eliminado ni etiquetado como retractados en línea. De hecho, en el mundo anterior a la IA, una de las quejas sobre la búsqueda de artículos académicos era que los artículos retractados rara vez eran evidentes. Solo en épocas más recientes, Retraction Watch y Open Alex comenzaron a señalar qué datos no eran confiables en las bases de datos académicas. En otras palabras, fue la comunidad académica y sin fines de lucro la que acudió al rescate, no el sector editorial con fines de lucro. Se podría considerar cómo podríamos construir modelos más efectivos y precisos en el futuro y cómo podríamos asegurarnos de que el material retractado no se incluya en ellos.
En esencia, Worlock llama a una reforma profunda del ecosistema de publicación científica, donde la IA se utilice no como sustituto de la evaluación humana, sino como complemento que apoye una mayor transparencia, responsabilidad y calidad en la ciencia publicada. Su análisis enfatiza que los avances tecnológicos deben ir acompañados de estructuras éticas y metodológicas que preserven la integridad del registro científico y protejan la confianza pública en la investigación académica.
El infirme visualiza los principales usos que las personas están dando a la inteligencia artificial generativa en 2025, según un análisis de miles de publicaciones en foros recogido por Harvard Business Review y presentado por Marc Zao-Sanders. La IA generativa experimenta un giro hacia usos más centrados en las personas.
Las tareas tradicionales como generar ideas o búsquedas específicas han sido desplazadas por usos más personales y orientados al bienestar, destacando que la primera posición la ocupa “Therapy & Companionship” (terapia y compañía). Esto indica que muchas personas están recurriendo a la IA no solo como herramienta productiva, sino como apoyo emocional o interlocución constante.
En los nuevos rankings aparecen casos de uso inéditos como “Organize Life” (organizar la vida) y “Find Purpose” (encontrar propósito), posicionándose en segundo y tercer lugar, respectivamente. Estas categorías reflejan que la IA se está integrando en aspectos cotidianos y existenciales de la vida de las personas, ayudando en planificación, reflexión y toma de decisiones personales.
Además, otros usos como “Enhance Learning” (mejorar el aprendizaje) han subido posiciones, lo que sugiere una mayor adopción de la IA para profundizar en comprensión y educación. Usos técnicos como generar código también siguen presentes, aunque más abajo, y categorías lúdicas o creativas como fun & nonsense (diversión y tonterías) siguen teniendo relevancia.
En conjunto, estas tendencias reflejan una evolución desde aplicaciones centradas en tareas específicas o de productividad hacia aplicaciones de bienestar, auto-gestión y apoyo emocional, lo que tiene implicaciones tanto para educadores como para diseñadores de tecnología y políticas públicas.
En 2025, la inteligencia artificial (IA) —especialmente modelos como ChatGPT y herramientas como Perplexity y Google Gemini— atravesó una etapa de adopción masiva, con cientos de millones de usuarios interactuando semanalmente con sistemas de generación de texto y respuestas. Con 2026 apenas comenzando, expertos de la industria y firmas consultoras han compartido sus previsiones sobre cómo evolucionará la influencia de la IA en tecnología, negocios y sociedad en general.
Uno de los puntos optimistas viene de analistas como Dan Ives de Wedbush, quien afirma que las preocupaciones sobre una “burbuja de IA” están exageradas. Según él, la revolución de la IA apenas empieza y se espera que continúe impulsando el crecimiento del mercado tecnológico durante toda la década, especialmente con la expansión de la automatización y los robots, así como con la adopción empresarial y global de estas soluciones. En su opinión, 2026 será solo el tercer año de un ciclo de diez años de desarrollo y crecimiento sostenido.
No todas las proyecciones son igualmente entusiastas. Gartner advierte sobre un efecto secundario cultural de la creciente dependencia en chatbots y sistemas de IA: una posible “atrofia del pensamiento crítico”. La firma predice que muchas organizaciones podrían confiar demasiado en las respuestas generadas automáticamente por IA, reduciendo la capacidad de evaluar información de forma independiente. Con esta preocupación, Gartner sugiere que hasta la mitad de las organizaciones puedan introducir evaluaciones de habilidades sin IA para contrarrestar esta tendencia.
Otro cambio significativo que se anticipa es la integración más profunda de la IA generativa en herramientas cotidianas, especialmente los motores de búsqueda. Según Deloitte, el uso de IA incrustada directamente en buscadores o aplicaciones populares será mucho más común que el acceso a chatbots independientes. Se proyecta que, a medida que los motores de búsqueda incorporen capacidades de síntesis de lenguaje natural, estas funciones integradas serán utilizadas al menos tres veces más que plataformas de IA aisladas como sitios web de chatbots. Esto podría transformar cómo las personas buscan y procesan información digital en su vida diaria.
En conjunto, estas perspectivas indican que 2026 será un año de consolidación y expansión para la IA, con impactos importantes en mercados financieros, habilidades laborales, comportamiento de los usuarios y arquitectura de las herramientas digitales. La IA no solo seguirá siendo un tema dominante en tecnología, sino que también planteará nuevos desafíos sociales y culturales sobre cómo interactuamos con la información y las máquinas.