
Soundararajan, Vivek. AI and Work: An Expert Assesses How Far This Revolution Still Has to Run. The Conversation, 9 de marzo de 2026. Disponible en: https://theconversation.com/ai-and-work-an-expert-assesses-how-far-this-revolution-still-has-to-run-277650
Vivek Soundararajan, profesor de Trabajo e Igualdad de la Universidad de Bath, examina críticamente el impacto real que la inteligencia artificial está teniendo sobre el empleo y cuestiona tanto el entusiasmo desmedido como las predicciones catastrofistas que dominan el debate público. Frente a los discursos que anuncian una transformación inmediata del mercado laboral o la desaparición masiva de puestos de trabajo, el autor sostiene que la evidencia empírica disponible muestra una realidad mucho más matizada.
La revolución de la IA ya ha comenzado, pero su desarrollo es desigual, sectorial y mucho más lento de lo que sugieren los titulares. En lugar de una sustitución generalizada del trabajo humano, lo que se observa es una incorporación gradual de herramientas de IA que mejoran determinadas tareas sin alterar todavía la estructura básica del empleo en la mayoría de las organizaciones.
El artículo reúne diversos estudios recientes que demuestran que la inteligencia artificial puede generar importantes aumentos de productividad en actividades intensivas en conocimiento. Entre ellos destaca un experimento en el que profesionales que utilizaron ChatGPT para tareas de redacción completaron su trabajo un 40 % más rápido y con una calidad aproximadamente un 18 % superior respecto a quienes no emplearon estas herramientas. Del mismo modo, investigaciones realizadas en centros de atención al cliente muestran incrementos significativos en el número de incidencias resueltas por hora gracias al apoyo de sistemas de IA. Estos resultados confirman que la tecnología puede mejorar la eficiencia en determinadas ocupaciones, especialmente aquellas basadas en la producción y el procesamiento de información. Sin embargo, Soundararajan advierte que estos éxitos experimentales no deben confundirse con una transformación completa del mercado laboral.
El autor destaca que las predicciones sobre una destrucción masiva de empleo aún no se han materializado. Los mercados laborales de los países desarrollados continúan mostrando niveles históricamente elevados de ocupación y, hasta el momento, las investigaciones no encuentran evidencias sólidas de pérdidas generalizadas de empleo ni de reducciones salariales atribuibles directamente a la adopción de la inteligencia artificial. Incluso estudios realizados en empresas pioneras en el uso de chatbots muestran efectos muy limitados sobre las horas trabajadas o los ingresos de los empleados. La explicación reside en que muchas tareas siguen requiriendo juicio humano, conocimiento tácito, interacción social, experiencia acumulada y presencia física, capacidades que la IA todavía no puede reproducir de forma fiable.
Uno de los aspectos más interesantes del análisis se refiere a la desigual distribución de los beneficios de la IA. Soundararajan observa que quienes más se benefician son, en muchos casos, los trabajadores con menor experiencia. La inteligencia artificial actúa como una herramienta que reduce la brecha de productividad entre empleados noveles y expertos al proporcionar asistencia inmediata en tareas complejas. Paradójicamente, esta ventaja plantea un problema de largo plazo: si las empresas reducen la contratación de perfiles junior porque la IA puede realizar parte de las tareas de aprendizaje inicial, podrían debilitar el proceso mediante el cual se forman los futuros profesionales expertos. Es decir, la tecnología puede mejorar el rendimiento presente mientras compromete el desarrollo del capital humano necesario para el futuro.
El artículo también analiza las diferencias entre sectores económicos. La adopción de la inteligencia artificial avanza de manera muy desigual: las empresas tecnológicas y los servicios basados en información incorporan estas herramientas con mucha mayor rapidez que sectores como la hostelería, el comercio o los servicios presenciales. Además, existe una diferencia importante entre experimentar con aplicaciones de IA e integrarlas realmente en los procesos organizativos. Muchas empresas utilizan herramientas de inteligencia artificial de forma puntual, pero todavía no han rediseñado su estructura de trabajo, sus flujos de información o sus modelos de negocio para aprovechar plenamente su potencial. Esto explica por qué el impacto agregado sobre la productividad de las economías sigue siendo relativamente modesto pese a la enorme atención mediática que recibe la IA.
Soundararajan sostiene que el verdadero reto no consiste únicamente en desarrollar modelos cada vez más potentes, sino en gestionar adecuadamente la transición organizativa y social que implica su adopción. La revolución tecnológica dependerá menos de la capacidad de los algoritmos que de la habilidad de las empresas para rediseñar procesos, formar a sus trabajadores y distribuir equitativamente las ganancias de productividad. Si la automatización elimina determinadas tareas de entrada sin crear nuevas oportunidades de aprendizaje y desarrollo profesional, podrían agravarse las desigualdades laborales y reducirse las posibilidades de movilidad profesional para las nuevas generaciones.
El autor defiende una posición equilibrada entre el optimismo tecnológico y el alarmismo. La inteligencia artificial está produciendo mejoras reales en productividad y modificará profundamente muchas ocupaciones, pero la transformación será gradual, heterogénea y dependerá tanto de decisiones organizativas como del propio avance tecnológico. El verdadero desafío no es determinar si la IA sustituirá a los trabajadores, sino cómo adaptar los sistemas educativos, las políticas laborales y las estrategias empresariales para que los beneficios de esta nueva revolución tecnológica se traduzcan en empleos de mayor calidad, oportunidades de aprendizaje continuo y un crecimiento económico más inclusivo.







