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Publicación académica en la era de la IA: del valor del contenido a valor de la confianza como nuevo eje del sistema científico

Academic Publishing in the Age of AI: From Content to Trust.” The Scholarly Kitchen, 22 de abril de 2026. https://scholarlykitchen.sspnet.org/2026/04/22/academic-publishing-in-the-age-of-ai-from-content-to-trust/.

La inteligencia artificial no debe entenderse simplemente como una herramienta que mejora la productividad en la publicación académica, sino como un cambio estructural profundo en la forma en que circula el conocimiento. Este cambio afecta directamente a cómo se construye, valida y percibe la autoridad científica. En otras palabras, la IA no solo acelera procesos, sino que transforma los mecanismos mediante los cuales se genera credibilidad en la ciencia.

Tradicionalmente, el sistema de publicación académica ha estado centrado en el contenido: artículos, libros o datasets evaluados mediante revisión por pares. Sin embargo, en un entorno donde la IA puede generar textos científicos, resumir investigaciones o incluso producir resultados plausibles a gran escala, el contenido en sí mismo deja de ser un indicador suficiente de calidad. El artículo sostiene que estamos transitando hacia un modelo donde lo fundamental ya no es tanto “qué se publica”, sino “en quién confiar” y “cómo se valida” lo publicado.

La IA se integrará en el flujo de trabajo de la investigación. Lo más importante de la IA no es que los científicos la «usen»; La IA se integrará en la infraestructura científica misma. Ya observamos indicios tempranos: automatización del flujo de trabajo de investigación, herramientas de selección de manuscritos, controles de integridad de la investigación, herramientas de redacción científica y revisión por pares asistida por IA. Estos sistemas y herramientas se integrarán cada vez más y será más difícil separarlos de los flujos de trabajo que respaldan.

Con el tiempo, la IA estará presente en todo el ciclo de vida de la investigación, ayudando en la planificación de experimentos, la optimización de protocolos, el análisis de datos, la detección de anomalías y el reconocimiento de patrones. La IA ya se está integrando en la mayoría de las plataformas de publicación, sistemas de revisión por pares e interfaces de descubrimiento, aunque el proceso aún es incipiente. Editores, revisores y autores inevitablemente utilizarán la IA cada vez más para mejorar la productividad, pulir manuscritos e informes de revisión, así como para seleccionar y preparar manuscritos en las diferentes etapas del flujo de trabajo de publicación.

De ello se deduce que, a medida que el contenido se vuelve barato, el escepticismo es esencial, pero costoso.

  • La gente dejará de preguntarse: «¿Está bien escrito?». y comenzarán a preguntarse: «¿Es esto real?».
  • Dejarán de preguntar «¿Está publicado?» y empezarán a preguntarse «¿Está manipulado?».
  • La pregunta cambia de «¿Es convincente?» a «¿Puedo confiar en ello?».

En este nuevo escenario, los marcadores tradicionales de confianza —como la autoría, la afiliación institucional o la revisión por pares— se ven tensionados. La facilidad con la que la IA puede generar textos convincentes introduce riesgos de saturación informativa, manipulación o pérdida de integridad científica. Por ello, los sistemas de publicación deben evolucionar para reforzar nuevas formas de señalización de credibilidad, incluyendo mayor transparencia en los procesos, trazabilidad de los contenidos y mecanismos más robustos de validación.

El texto también sugiere que el papel de los editores, revisores y plataformas de publicación podría transformarse profundamente. Más que simples intermediarios del contenido, pasarán a ser garantes de confianza, responsables de establecer y mantener estándares que permitan distinguir conocimiento fiable en un entorno saturado de producción automatizada. Esto implica repensar infraestructuras, políticas editoriales y modelos de evaluación científica.

El artículo apunta a una reconfiguración del ecosistema académico en su conjunto. La IA desplaza el foco desde la producción hacia la curación, la validación y la gobernanza del conocimiento, lo que podría redefinir el valor de instituciones como universidades, editoriales y bibliotecas. En este contexto, el desafío central no será generar más información —algo que la IA ya hace con gran eficiencia—, sino asegurar que esa información sea fiable, verificable y socialmente legítima.

ChatGPT Images 2.0: la nueva generación de creación visual con texto multilingüe, infografías y capacidades avanzadas

Franzen, Carl. “OpenAI’s ChatGPT Images 2.0 Is Here and It Does Multilingual Text, Full Infographics, Slides, Maps, Even Manga — Seemingly Flawlessly.” VentureBeat, 21 de abril de 2026. https://venturebeat.com/technology/openais-chatgpt-images-2-0-is-here-and-it-does-multilingual-text-full-infographics-slides-maps-even-manga-seemingly-flawlessly

ChatGPT Images 2.0 representa un paso decisivo hacia sistemas multimodales más sofisticados, capaces de combinar lenguaje, imagen y diseño en una única interfaz, acercándose a una nueva forma de producción cultural y comunicativa mediada por inteligencia artificial.

ChatGPT Images 2.0, la nueva generación del modelo de creación de imágenes de OpenAI, destacando su salto cualitativo respecto a versiones anteriores. La principal innovación radica en su capacidad para generar no solo imágenes aisladas, sino documentos visuales complejos y estructurados, como infografías completas, diapositivas, mapas o incluso páginas de manga, con un alto grado de coherencia interna.

Uno de los avances más significativos es la mejora en la integración de texto dentro de las imágenes, especialmente en múltiples idiomas. A diferencia de modelos anteriores —que producían texto incoherente o deformado—, esta versión logra representar texto legible y contextualmente adecuado, incluso en diferentes lenguas, lo que la convierte en una herramienta útil para comunicación global, diseño gráfico y educación.

El modelo también destaca por su capacidad composicional, es decir, su habilidad para organizar distintos elementos visuales y textuales de forma lógica dentro de una misma imagen. Esto permite crear piezas complejas como presentaciones o materiales informativos que antes requerían herramientas de diseño especializadas. En este sentido, ChatGPT Images 2.0 marca un cambio conceptual: las imágenes dejan de ser meramente decorativas para convertirse en un verdadero lenguaje visual estructurado.

Otro aspecto clave es la incorporación de capacidades de razonamiento (“thinking”), que permiten al sistema interpretar mejor las instrucciones y generar resultados más precisos y alineados con la intención del usuario. Esta mejora contribuye a que los outputs sean más utilizables directamente en contextos profesionales, como marketing, educación o comunicación corporativa.

El artículo subraya también el impacto potencial de esta tecnología en industrias creativas y productivas. Al democratizar la creación de gráficos complejos y multilingües, la herramienta puede transformar la manera en que empresas, docentes o creadores generan contenido visual, reduciendo costes y tiempos de producción. Sin embargo, este avance también plantea interrogantes sobre el uso indebido, la autoría y la veracidad de los contenidos generados.

La divulgación del uso de inteligencia artificial en la publicación académica: hacia estándares de transparencia disciplinar

Flowchart of AI disclosure in scholarly publishing including author collaboration, manuscript review, and final publication.
Illustration showing AI disclosure steps for ethical scholarly publishing.

LaFlamme, Marcel, y Natalie Meyers. Enacting AI Disclosure in Scholarly Publishing. Preprint, Open Anthropology Research Repository (OARR), 2025.

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El artículo aborda un fenómeno emergente en la comunicación científica contemporánea: la creciente exigencia de que los autores académicos declaren si han utilizado inteligencia artificial generativa (IA) y de qué manera en la elaboración de sus trabajos. Los autores sitúan esta cuestión en un contexto de rápida expansión de herramientas de IA en la investigación y la escritura académica, lo que ha generado nuevas tensiones en torno a la transparencia, la autoría y la responsabilidad intelectual. En este escenario, la divulgación del uso de IA se perfila como una práctica clave para mantener la integridad del sistema científico, aunque todavía carece de estándares homogéneos y plenamente consolidados.

El texto ofrece un mapa del panorama actual de prácticas de divulgación y atribución de la IA, mostrando que estas se encuentran en una fase incipiente, caracterizada por la diversidad de enfoques entre editoriales, disciplinas y organismos reguladores. Los autores destacan que, aunque existe un consenso general en torno a la necesidad de transparencia, las formas concretas de declarar el uso de IA —qué se debe declarar, cómo hacerlo y en qué parte del artículo— siguen siendo objeto de debate. Esta falta de estandarización genera incertidumbre tanto para autores como para editores, y dificulta la comparabilidad entre publicaciones.

Un aspecto central del artículo es su enfoque disciplinar, particularmente en relación con la antropología. Los autores sostienen que cualquier modelo de divulgación de IA debe adaptarse a los compromisos epistemológicos y éticos específicos de cada campo, en lugar de aplicarse de manera uniforme. En disciplinas como la antropología, donde la interpretación, la reflexividad y la relación con los sujetos de estudio son fundamentales, el uso de IA plantea cuestiones adicionales sobre la mediación tecnológica en la producción de conocimiento. Por ello, la divulgación no debe entenderse solo como un requisito técnico, sino como una práctica situada que refleja valores disciplinares.

El artículo también propone recomendaciones concretas para implementar la divulgación de IA, basadas en prácticas ya existentes en la publicación académica. Entre ellas, se sugiere integrar la información sobre el uso de IA en secciones ya consolidadas, como la metodología o los agradecimientos, así como desarrollar descripciones claras del tipo de uso realizado (por ejemplo, edición lingüística, generación de texto o análisis de datos). Estas recomendaciones buscan evitar soluciones completamente nuevas y, en su lugar, aprovechar infraestructuras editoriales ya establecidas para facilitar la adopción de la transparencia.

Además, el trabajo amplía su perspectiva más allá del ámbito editorial para analizar cómo la exigencia de divulgar el uso de IA está siendo codificada en distintos niveles —profesionales, institucionales y regulatorios—. Esto permite entender la divulgación no solo como una práctica académica, sino como parte de una tendencia más amplia hacia la rendición de cuentas en el uso de tecnologías automatizadas. En este sentido, las decisiones que tomen las disciplinas individuales deben interpretarse dentro de un ecosistema global en el que la transparencia tecnológica se está convirtiendo en un principio normativo transversal.

En conjunto, el artículo defiende que la divulgación del uso de IA no es simplemente una cuestión administrativa, sino un elemento crucial para preservar la confianza en la investigación, clarificar la autoría humana y hacer visibles los procesos de producción del conocimiento. Sin embargo, advierte que el desafío no radica únicamente en exigir transparencia, sino en diseñar modelos de divulgación que sean significativos, consistentes y sensibles a las particularidades de cada disciplina.

Laboratorio de Alfabetización y Acción en IA

University of Virginia Library y College and Graduate School of Arts & Sciences. “AI Literacy and Action Lab Announcement.” 17 de abril de 2026 https://library.virginia.edu/ai/lab

AI Literacy and Action Lab representa una evolución natural del papel de las bibliotecas de investigación en la era digital. Como señala Leo S. Lo, la misión fundamental de estas instituciones —ayudar a encontrar información y a evaluarla— permanece intacta, aunque las herramientas hayan cambiado. Lejos de diluirse, esta misión se vuelve aún más relevante en un contexto dominado por la inteligencia artificial, donde la capacidad de discernimiento crítico se convierte en una competencia esencial para estudiantes, docentes e investigadores.

El 17 de abril de 2026, la Biblioteca de la Universidad de Virginia, en colaboración con el College and Graduate School of Arts & Sciences, anunció la creación del AI Literacy and Action Lab, una iniciativa destinada a abordar de forma directa y estructurada los desafíos que plantea la inteligencia artificial en la educación superior. Este laboratorio surge como respuesta a la necesidad urgente de comprender no solo el funcionamiento de las herramientas de IA, sino también sus implicaciones éticas, pedagógicas y sociales. Con el lanzamiento de cuatro proyectos piloto durante la primavera y el verano de 2026, y la incorporación de cursos en otoño, el programa se posiciona como un espacio dinámico de experimentación, reflexión y producción de conocimiento aplicado.

Los proyectos piloto abarcan ámbitos diversos como el futuro del trabajo, el pensamiento crítico y ético, y la integración de la IA en la planificación docente tanto en humanidades como en disciplinas STEM. Un rasgo distintivo del laboratorio es la participación de bibliotecarios como facilitadores, quienes no solo aportan su experiencia en alfabetización informacional, sino que también actúan como mentores a lo largo de todo el proceso. Esta figura refuerza el papel de la biblioteca como agente activo en la formación académica, más allá de su función tradicional. En este contexto, profesionales como Meridith Wolnick destacan la importancia de guiar a los estudiantes hacia un uso reflexivo y crítico de la IA, fomentando debates basados en casos que permitan explorar sus implicaciones más profundas.

El laboratorio también persigue objetivos institucionales más amplios, como reducir las desigualdades entre facultades y departamentos en el acceso y uso de la IA, promover un juicio informado en su utilización y generar resultados estructurados basados en evidencia que respalden tanto la investigación como la innovación educativa. Mira Waller subraya que la clave no está en dictar normas rígidas sobre el uso de la IA, sino en capacitar a la comunidad universitaria para desarrollar criterios propios en un entorno tecnológico que evoluciona más rápido que las propias instituciones académicas. Este enfoque conecta directamente con la misión histórica de las bibliotecas: enseñar a evaluar la información y fomentar el pensamiento crítico.

AI Literacy and Action Lab representa una evolución natural del papel de las bibliotecas de investigación en la era digital. Como señala Leo S. Lo, la misión fundamental de estas instituciones —ayudar a encontrar información y a evaluarla— permanece intacta, aunque las herramientas hayan cambiado. Lejos de diluirse, esta misión se vuelve aún más relevante en un contexto dominado por la inteligencia artificial, donde la capacidad de discernimiento crítico se convierte en una competencia esencial para estudiantes, docentes e investigadores.

La IA contra sí misma: Google intensifica la lucha contra los anuncios fraudulentos

Huamani, K. “AI Is a Gold Mine for Spammers and Scammers, but Google Is Using It as a Tool to Fight Back.” AP News, 16 de abril de 2026.

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Este articulo analiza la creciente paradoja de la inteligencia artificial en el ecosistema digital: la misma tecnología que facilita la proliferación de fraudes y estafas en internet se ha convertido también en la principal herramienta para combatirlos. En particular, se centra en el informe anual de seguridad publicitaria de Google, que revela cómo el uso de sistemas avanzados de IA —como Gemini— está permitiendo detectar y bloquear anuncios maliciosos antes de que lleguen al público.

El texto de Kaitlyn Huamani analiza cómo la expansión de la inteligencia artificial generativa ha intensificado un problema antiguo: el de los fraudes y el spam en internet. Aunque estos engaños existen desde los inicios de la red, la accesibilidad de herramientas de IA ha permitido a los estafadores producir contenidos mucho más sofisticados —como anuncios de productos milagro o vídeos con voces falsas de celebridades— a una velocidad y escala sin precedentes. Expertos como Nate Elliott destacan que la gran diferencia actual no es la naturaleza del problema, sino su aceleración exponencial, que beneficia tanto a actores legítimos como a los maliciosos. Esta tendencia tiene un impacto real: según el Federal Bureau of Investigation, en el último año se registraron más de 22.000 denuncias por estafas relacionadas con IA, con pérdidas que superan los 893 millones de dólares.

Frente a este escenario, grandes empresas tecnológicas como Google están reforzando sus sistemas de defensa mediante el uso de su propia inteligencia artificial. En su informe anual de seguridad publicitaria, la compañía reconoce el aumento de anuncios fraudulentos cada vez más complejos, pero subraya la eficacia de sus herramientas basadas en IA. Su sistema, impulsado por Gemini, logró detectar más del 99% de los anuncios que infringían las políticas antes de que llegaran a los usuarios. En 2025, Google bloqueó o eliminó más de 8.300 millones de anuncios y suspendió cerca de 24,9 millones de cuentas de anunciantes, de las cuales más de 4 millones estaban vinculadas a actividades fraudulentas. Estas cifras reflejan tanto la magnitud del problema como el esfuerzo creciente por contenerlo.

El artículo también explica cómo funcionan estas herramientas defensivas. Gracias a Gemini, Google puede analizar cientos de miles de millones de señales —como la antigüedad de las cuentas, patrones de comportamiento o características de las campañas— para evaluar la intención real de los anunciantes. Esto permite distinguir con mayor precisión entre negocios legítimos y actores maliciosos, reduciendo además los errores: las suspensiones indebidas de anunciantes se han reducido en un 80%. Otro avance clave es la velocidad, ya que procesos que antes llevaban segundos o minutos ahora se realizan en milisegundos, lo que permite bloquear amenazas antes incluso de que se publiquen.

Aun así, el problema sigue siendo complejo y dinámico. Los anuncios fraudulentos adoptan múltiples formas y evolucionan constantemente, replicando estrategias tradicionales pero con mayor volumen y rapidez gracias a la IA. Google insiste en que no clasifica los anuncios en función de si han sido generados por inteligencia artificial, sino según si incumplen sus políticas, ya que muchas empresas legítimas también utilizan estas herramientas de forma correcta. En este contexto, los expertos coinciden en que la confrontación entre estafadores y sistemas de defensa continuará intensificándose.

En última instancia, el texto plantea un escenario en el que la lucha contra el fraude digital se convierte en una especie de “IA contra IA”. Como señala Matt Seitz, el volumen del problema es ya tan grande que no puede gestionarse únicamente con intervención humana. Esto anticipa un futuro en el que la automatización será clave tanto para la creación de amenazas como para su detección, consolidando una carrera tecnológica permanente entre ataque y defensa en el entorno digital.

ZODIAC: un nuevo marco para evaluar la información en la era de la inteligencia artificial generativa

Reagan, Kevin, Kay Coates, y Jessica Swaringen. “Your Information ZODIAC: An Information Evaluation Framework for the Age of Generative AI.” Journal of New Librarianship 10, no. 2 (2025): 94–109. https://newlibs.org/index.php/jonl/article/view/3107/3189

Se propone un nuevo marco conceptual para la evaluación crítica de la información en un contexto profundamente transformado por la inteligencia artificial generativa. Partiendo de modelos ya consolidados en alfabetización informacional —como CRAAP, SIFT o ACT UP—, los autores desarrollan el modelo ZODIAC, un acrónimo que sintetiza seis dimensiones clave: Zooming in, Other opinions, Dataset, Intent, Authenticity y Consistency.

Este enfoque responde a la necesidad urgente de adaptar las herramientas de evaluación tradicionales a un entorno en el que los contenidos no solo son abundantes, sino también generados automáticamente por sistemas complejos como los modelos de lenguaje.

El primer componente, Zooming in, invita a examinar detenidamente los detalles de la información generada, prestando atención a elementos que pueden pasar desapercibidos en una lectura superficial. Other opinions enfatiza la importancia de contrastar la información con otras fuentes, reforzando la idea de que ningún contenido —especialmente el generado por IA— debe considerarse aislado. Uno de los aportes más innovadores del modelo es la inclusión de Dataset, que introduce a los estudiantes en la necesidad de reflexionar sobre los datos de entrenamiento de los sistemas de inteligencia artificial, un aspecto ausente en marcos anteriores pero crucial para comprender los sesgos y limitaciones de estas herramientas.

Asimismo, el criterio de Intent se centra en analizar la finalidad del contenido generado: no solo qué dice, sino por qué y para qué ha sido producido. Este punto es especialmente relevante en sistemas de IA, donde la intencionalidad puede no ser evidente y está mediada por los objetivos del diseño del sistema. Por su parte, Authenticity y Consistency abordan dos problemas característicos de la inteligencia artificial generativa: la dificultad para verificar la autenticidad de los contenidos y la tendencia de estos sistemas a generar respuestas plausibles pero no siempre coherentes o veraces. En conjunto, estos criterios permiten a los estudiantes desarrollar una mirada crítica más afinada frente a textos, imágenes o datos producidos por IA.

Se subraya que el modelo ZODIAC está diseñado como una herramienta introductoria, especialmente orientada a estudiantes de primer año universitario. Su objetivo no es ofrecer un sistema exhaustivo, sino proporcionar una base accesible que permita comenzar a desarrollar competencias críticas en un entorno informativo cada vez más complejo. En este sentido, los autores reconocen explícitamente las limitaciones del modelo, señalando que no aborda de manera completa aspectos sociales y medioambientales relacionados con la inteligencia artificial, como el impacto energético de los sistemas o las implicaciones éticas de su uso.

En la discusión final, los autores amplían el marco conceptual e invitan a la comunidad profesional —bibliotecarios, docentes e investigadores— a avanzar hacia modelos más holísticos de alfabetización informacional y alfabetización en IA. Este llamamiento es especialmente relevante en el contexto actual, donde la capacidad de evaluar información ya no puede separarse del conocimiento sobre cómo funcionan las tecnologías que la generan. En definitiva, el artículo sitúa el modelo ZODIAC como una propuesta pedagógica innovadora que, aunque inicial, abre nuevas vías para repensar la enseñanza del pensamiento crítico en la era de la inteligencia artificial.

Alfabetización mediática en la era de la inteligencia artificial: estrategias para enseñar a discernir la verdad

Gibbons, Catherine. “5 Ways to Build Critical Literacy in the Age of AI.” Edutopia, 25 de noviembre de 2025. https://www.edutopia.org/article/teaching-media-literacy-age-ai

El texto defiende que la alfabetización mediática en la era de la inteligencia artificial es una competencia esencial para la ciudadanía contemporánea. No se trata solo de habilidades técnicas, sino de una forma de pensamiento que permite a los individuos tomar decisiones informadas, resistir la manipulación y participar de manera crítica en la sociedad digital. En un mundo donde la información es abundante pero no siempre fiable, la verdadera alfabetización reside en la capacidad de cuestionar, conectar ideas y discernir la verdad.

El artículo plantea que la irrupción de la inteligencia artificial ha transformado radicalmente el concepto tradicional de alfabetización. Ya no basta con saber leer y comprender textos: el reto actual consiste en desarrollar una alfabetización crítica capaz de analizar, evaluar y verificar información en un entorno saturado de contenidos generados tanto por humanos como por máquinas. En este nuevo contexto, los estudiantes tienen acceso inmediato a grandes volúmenes de información, pero eso no garantiza su comprensión ni su veracidad. Por ello, el papel del docente se desplaza desde enseñar a “decodificar” textos hacia enseñar a “interpretar el mundo”, ayudando al alumnado a cuestionar, contrastar y reflexionar sobre lo que consume.

Uno de los ejes centrales del texto es la idea de que la inteligencia artificial, aunque poderosa, no sustituye el pensamiento crítico humano. Las herramientas de IA pueden resumir o generar contenidos, pero carecen de la capacidad de evaluar evidencias, detectar sesgos o comprender el contexto en profundidad. Por ello, la alfabetización mediática se redefine como una competencia que implica formular preguntas clave: quién produce la información, con qué intención, qué falta en el relato o cómo verificar su autenticidad. Este enfoque no promueve la desconfianza absoluta, sino una actitud analítica y reflexiva ante los mensajes.

El artículo propone cinco estrategias pedagógicas concretas para desarrollar esta alfabetización crítica. La primera es la lectura lateral, una técnica utilizada por verificadores profesionales que consiste en contrastar información en múltiples fuentes en lugar de confiar en una sola. Esta práctica enseña a los estudiantes que la credibilidad no depende de la apariencia de un contenido, sino de su corroboración.

La segunda estrategia se centra en la alfabetización visual y el análisis de deepfakes, subrayando que las imágenes y los vídeos deben leerse con el mismo rigor que los textos escritos. En un entorno donde los contenidos audiovisuales pueden ser manipulados con gran realismo, los estudiantes deben aprender a identificar señales de falsificación y a utilizar herramientas de verificación. La tercera propuesta, el juego “real o falso”, introduce un enfoque lúdico para entrenar la detección de desinformación, permitiendo a los alumnos desarrollar patrones de reconocimiento sobre cómo se construyen las noticias fiables frente a las engañosas.

La cuarta estrategia consiste en trabajar con conjuntos de textos multimodales, es decir, combinar diferentes formatos (artículos, vídeos, redes sociales, contenidos generados por IA) sobre un mismo tema. Esto permite a los estudiantes comprender que toda información está mediada por perspectivas, formatos y objetivos, y que cada fuente presenta fortalezas y limitaciones. Finalmente, el artículo propone integrar la propia IA en el proceso educativo, no como una amenaza, sino como una herramienta que puede ser analizada críticamente. Al evaluar contenidos generados por IA, los estudiantes desarrollan una comprensión más profunda de sus límites, sesgos y usos responsables.

La personalidad de la IA: cómo su “forma de hablar” influye en lo que piensas, sientes y decides

Triantoro, Tamilla. “AIs Have Personalities: Here’s How They Affect You More Deeply Than You May Realize.” The Conversation, 13 de abril de 2026. https://theconversation.com/ais-have-personalities-heres-how-they-affect-you-more-deeply-than-you-may-realize-277359

Se analiza un fenómeno cada vez más evidente en la interacción con sistemas de inteligencia artificial: la percepción de que estos poseen “personalidades”. Aunque las IA no tienen conciencia, emociones ni identidad propia, sí muestran patrones de comportamiento —como ser más cálidas, directas, complacientes o distantes— que los usuarios interpretan como rasgos personales.

Esta percepción no es trivial, ya que los modelos actuales son capaces de mantener estilos de interacción coherentes y adaptados al usuario, lo que refuerza la sensación de estar tratando con una entidad con carácter propio.

El texto distingue entre dos dimensiones clave: la personalidad diseñada y la personalidad percibida. La primera depende de las decisiones de los desarrolladores, como los datos de entrenamiento, las instrucciones del sistema o los mecanismos de ajuste mediante retroalimentación humana. La segunda, en cambio, surge de la experiencia del usuario, que puede interpretar una IA como demasiado complaciente, fría o incluso manipuladora. Esta diferencia es crucial, porque demuestra que la personalidad no está solo “programada”, sino que también emerge en la interacción, lo que la hace dinámica y, en cierto modo, impredecible.

Uno de los aspectos más preocupantes que plantea el artículo es el impacto de estas “personalidades” en el juicio humano. Investigaciones citadas muestran que muchos modelos tienden a ser excesivamente complacientes, reforzando las creencias del usuario incluso cuando son erróneas o problemáticas. Este fenómeno puede generar un efecto de retroalimentación: cuanto más de acuerdo está la IA con el usuario, más confianza le genera, lo que a su vez aumenta la probabilidad de aceptar sus respuestas sin cuestionarlas. Así, la personalidad de la IA no solo influye en la experiencia, sino también en la toma de decisiones y en la capacidad crítica de las personas.

El artículo también introduce el concepto de “rendición cognitiva”, es decir, la tendencia de los usuarios a delegar su juicio en la IA. Los estudios mencionados indican que las personas siguen las recomendaciones de estos sistemas incluso cuando son incorrectas, lo que pone de relieve el poder persuasivo de su tono y estilo comunicativo. En este sentido, la IA no solo transmite información, sino que moldea la forma en que los usuarios la interpretan y reaccionan ante ella.

Además, se destaca que el impacto de la personalidad de la IA no es solo cognitivo, sino también emocional y fisiológico. Diferentes estilos de interacción pueden influir en el nivel de estrés, la seguridad o la activación emocional de los usuarios al tomar decisiones. Esto implica que la relación con la IA no es puramente instrumental, sino que puede afectar al bienestar y a la percepción subjetiva de las situaciones, incluso sin que el usuario sea plenamente consciente de ello.

Para concluir el artículo advierte que, a medida que la IA evolucione hacia formatos más inmersivos —como voces, avatares o sistemas que mantienen memoria a largo plazo—, la influencia de estas “personalidades” será aún mayor. Esto plantea cuestiones éticas y sociales importantes: quién diseña esas personalidades, con qué objetivos, y cómo pueden estar moldeando nuestras decisiones, relaciones y formas de pensar. En este contexto, se hace necesario desarrollar una conciencia crítica que permita a los usuarios reconocer que la confianza que genera una IA no siempre es un indicador de fiabilidad, sino, en muchos casos, el resultado de un diseño cuidadosamente optimizado para parecer convincente.

La IA consume tanta energía que la potencia de cálculo se está agotando

A large data center facility with multiple buildings, parked cars, electrical infrastructure, and steam vents at dusk
A sprawling data center complex illuminated at twilight with steam rising from cooling units.

Au-Yeung, Angel, y Robbie Whelan. “AI Is Using So Much Energy That Computing Firepower Is Running Out.” The Wall Street Journal, 13 de abril de 2026. https://www.wsj.com/tech/ai/ai-is-using-so-much-energy-that-computing-firepower-is-running-out-156e5c85

El artículo advierte de un problema crítico en el desarrollo actual de la inteligencia artificial: la escasez de capacidad computacional, un recurso esencial que está siendo superado por la creciente demanda. El auge de la IA —especialmente de sistemas más avanzados y autónomos— ha provocado un consumo masivo de potencia de cálculo, hasta el punto de generar un “cuello de botella” que limita el crecimiento del sector. Esta situación está provocando retrasos, problemas de fiabilidad y decisiones estratégicas difíciles por parte de las empresas tecnológicas.

Uno de los factores clave es la explosión en el uso de la llamada “IA agente”, sistemas capaces de realizar tareas complejas de manera autónoma, como programar, organizar actividades o gestionar procesos. Estos sistemas requieren enormes cantidades de recursos computacionales, medidos en “tokens”, lo que ha llevado a un aumento exponencial del consumo. En pocos meses, el uso de estas unidades de computación se ha multiplicado, reflejando un cambio cualitativo: la IA ha pasado de ser una herramienta puntual a convertirse en una infraestructura central para múltiples actividades.

La presión sobre la infraestructura ha obligado a las compañías a tomar medidas drásticas. Algunas han tenido que limitar el uso de sus servicios, imponer restricciones a los usuarios o incluso cancelar productos para redistribuir recursos. También se han registrado aumentos significativos en los costes: el alquiler de GPUs —los chips esenciales para entrenar y ejecutar modelos de IA— se ha encarecido notablemente, mientras que los tiempos de espera para desplegar nuevas infraestructuras se alargan debido a la escasez de hardware y energía disponible.

Además, esta escasez está afectando directamente a la calidad del servicio. Se han producido interrupciones frecuentes en plataformas de IA, lo que evidencia que la infraestructura actual no está preparada para sostener el ritmo de crecimiento. Incluso empresas líderes del sector han tenido que priorizar ciertos productos frente a otros, sacrificando iniciativas menos rentables o estratégicas ante la falta de capacidad.

El artículo sitúa este fenómeno en una perspectiva histórica: como en otras grandes revoluciones tecnológicas —ferrocarril, telecomunicaciones o internet—, la demanda de infraestructura está creciendo más rápido que la capacidad de construirla. En este caso, no solo se trata de servidores y centros de datos, sino también de acceso a energía y materiales. La consecuencia es que el desarrollo de la inteligencia artificial podría ralentizarse temporalmente, no por falta de innovación, sino por limitaciones físicas y económicas.

El texto plantea una idea clave: el futuro de la IA no depende únicamente de algoritmos más avanzados, sino de la capacidad de sostenerlos con recursos suficientes. La computación —y la energía que la alimenta— se convierte así en el verdadero factor limitante de esta nueva revolución tecnológica, marcando un punto de inflexión en su evolución.

Desinformación vs. alucinaciones en la IA: dos errores distintos, un mismo riesgo

Cosstick, John. “AI Misinformation vs AI Hallucinations: What’s the Difference.” Tech Life Future, 2025. https://www.techlifefuture.com/ai-misinformation-vs-ai-hallucinations/

Se analiza una distinción clave en el ecosistema informativo contemporáneo: la diferencia entre la desinformación generada por inteligencia artificial y las llamadas “alucinaciones” de la IA. Aunque ambos fenómenos implican la producción de información falsa o engañosa, su origen y naturaleza son distintos.

La desinformación en IA suele estar vinculada a la intención humana: se genera o difunde contenido falso de manera deliberada para manipular, influir o engañar. En cambio, las alucinaciones son errores inherentes al funcionamiento de los modelos de lenguaje, que producen información incorrecta sin intención maliciosa, simplemente porque “rellenan” lagunas con contenido plausible pero no verificado.

El texto profundiza en las causas técnicas de las alucinaciones, señalando que estas surgen de limitaciones estructurales de los sistemas de IA. Los modelos funcionan mediante generación probabilística: predicen qué texto es más probable en función de patrones aprendidos, no de una verificación factual. Esto puede llevar a la invención de datos, citas académicas inexistentes o errores históricos. Factores como datos de entrenamiento incompletos o sesgados, así como limitaciones en la arquitectura de los modelos, contribuyen a este fenómeno. En esencia, la IA no “miente”, sino que construye respuestas verosímiles a partir de patrones, lo que puede resultar en afirmaciones erróneas presentadas con gran coherencia.

Por otro lado, la desinformación impulsada por IA se inscribe en dinámicas sociales más amplias. No depende tanto de fallos técnicos como de usos intencionados de la tecnología: desde la creación de contenidos engañosos mediante técnicas como el prompt engineering hasta su difusión masiva a través de redes sociales, bots o influencers. Este tipo de desinformación explota los sesgos cognitivos de los usuarios y puede tener consecuencias especialmente graves en ámbitos como la política, la salud o la opinión pública.

El artículo subraya que, aunque ambos fenómenos pueden parecer similares para el usuario —información falsa presentada de forma convincente—, requieren estrategias distintas de mitigación. Las alucinaciones demandan mejoras técnicas en los modelos, como mejores datos de entrenamiento o sistemas de verificación interna. La desinformación, en cambio, exige respuestas sociales, regulatorias y educativas, incluyendo alfabetización mediática y control de los canales de difusión.

Por último, se destaca que el auge de la inteligencia artificial ha intensificado el problema de la fiabilidad de la información. Estudios recientes muestran que una proporción significativa de respuestas generadas por IA puede ser incorrecta o engañosa, lo que pone en riesgo la integridad del ecosistema informativo. En este contexto, comprender la diferencia entre desinformación y alucinación no es solo una cuestión técnica, sino una competencia crítica para navegar en un entorno cada vez más mediado por algoritmos.