
Jessica Farrell. How to Make Data Open? Stop Overlooking Librarians. Nature, 12 December 2023
La ‘Year of Open Science’ (Año de la Ciencia Abierta), declarada por la Oficina de Política Científica y Tecnológica de los Estados Unidos (OSTP, por sus siglas en inglés), está llegando a su fin. Esto siguió a un memorando de agosto de 2022 de la directora interina de la OSTP, Alondra Nelson, que ordenó que los datos y las publicaciones revisadas por pares de la investigación financiada con fondos federales deberían estar libremente accesibles para fines de 2025. Se espera que las agencias federales publiquen planes completos para este cambio a fines de 2024.
Sin embargo, los detalles sobre cómo se preservarán y harán públicos los datos aún no se han definido por completo. Jessica Farrell, quien trabajó en archivos durante diez años y ahora facilita dos comunidades de archivos digitales, aboga por la integración de archivistas digitales y bibliotecarios en proyectos de ciencia abierta para capitalizar las herramientas y enfoques que ya han creado para hacer que el conocimiento sea accesible y abierto al público.
Hacer que los datos estén abiertos y sigan el principio de ‘FAIR’ (encontrables, accesibles, interoperables y reutilizables) plantea preguntas técnicas, legales, organizativas y financieras. La autora destaca que los problemas técnicos, aunque complejos, son los más solucionables con suficiente financiamiento. Se destaca la importancia de la colaboración entre científicos y archivistas digitales para abordar estos desafíos y garantizar el acceso universal a los datos de investigación.
En cuanto a las barreras legales y organizativas, se menciona que en los Estados Unidos, la Ley de Derechos de Autor del Milenio Digital de 1998 ha presentado desafíos para las bibliotecas al no permitirles romper cerraduras digitales en el software, incluso para fines de preservación o investigación. Gracias a la defensa de la Software Preservation Network, se han actualizado reglas que permiten a las bibliotecas romper esas cerraduras para preservar el software en sus colecciones, asegurando el acceso a largo plazo a los datos.
Se destaca la necesidad de superar las concepciones obsoletas sobre la biblioteconomía y reconocer a los archivistas y bibliotecarios como co-creadores en el proceso de producción de conocimiento. La autora aboga por una mayor colaboración entre científicos y archivistas digitales, utilizando herramientas y estándares existentes para garantizar que los datos sean FAIR (encontrables, accesibles, interoperables y reutilizables). Finalmente, se mencionan ejemplos exitosos de colaboración entre investigadores y archivistas, como la Cumbre de Ciencia Abierta organizada por la NASA y el Servicio de Información Científica en CERN, y se destaca la visión compartida de un mundo donde los datos abiertos y confiables estén disponibles para todos.








