Archivo de la categoría: PreTextos

El libro es sobre todo un recipiente donde reposa el tiempo

“El libro es sobre todo un recipiente donde reposa el tiempo. […] El secreto, el misterio casi, de ese compendio de memoria que son los libros, se alumbra al posar nuestros ojos sobre ellos. Aquí se conjugan las formas distantes, distintas, de temporalidad: la de quien escribió y la de quien lee. […] Pero el libro, el tiempo coagulado en sus páginas, la realidad de otras mentes, convertida en palabra, no es sólo receptáculo donde yace el pasado, sino camino que nos orienta hacia el futuro.

[…] En las páginas de los libros alienta la posibilidad de enriquecer el diálogo interior que los seres humanos llevan consigo mismos. […] Para que la lectura adquiera su plenitud, su auténtica misión de transmitir las experiencias de otro tiempo y otra memoria tiene, necesariamente, que completarse con la educación de la mirada que enriquece, desde la experiencia personal, las otras experiencias de quien escribió.

[…] Los libros son miradas hacia el propio lector. En la luz que ilumina los ojos –sin ella no podríamos leer–, se juntan el tiempo de la vida, la presencia de cada instante que modula os latidos del corazón, con ese otro latir imperceptible que la escritura de las palabras encierra. Porque ellas también son luz. El lenguaje es esencialmente luz. El existir de las palabras se explica porque están encendidas por sus significados”.

Emilio Lledó.
Los libros y la libertad.

Sabía escuchar. Y sabía leer. No los libros, eso lo sabe hacer cualquiera

En esto era un genio, nada que decir. Sabía escuchar. Y sabía leer. No los libros, eso lo sabe hacer cualquiera, sabía leer a la gente. Los signos que la gente lleva encima: lugares, ruidos, olores, su tierra, su historia… Todo escrito en ellos. Leía, y con infinito cuidado, catalogaba, ordenaba… Cada día añadía un trocito a aquel inmenso mapa que dibujaba en su cabeza, inmenso, el mapa del mundo, del mundo entero, de punta a punta, ciudades inmensas y rincones de bares, ríos largos, charcos, aviones, leones, un mapa maravilloso. Lo recorrió como un dios, mientras sus dedos se deslizaban sobre las teclas, acariciando las curvas de un ragtime.

Alessandro Baricco «Novecento»

Preguntas de un obrero ante un libro

Preguntas de un obrero ante un libro

Tebas, la de las Siete Puertas, ¿quién la construyó?
En los libros figuran los nombres de los reyes.
¿Arrastraron los reyes los grandes bloques de piedra?
Y Babilonia, destruida tantas veces,
¿quién la volvió a construir otras tantas? ¿En qué casas
de la dorada Lima vivían los obreros que la construyeron?
La noche en que fue terminada la Muralla china,
¿adónde fueron los albañiles? Roma la Grande
está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los erigió?
¿Sobre quiénes triunfaron los Césares? Bizancio, tan
cantada,
¿tenía sólo palacios para sus habitantes? Hasta en la fabulosa
Atlántida,
la noche en que el mar se la tragaba, los habitantes clamaban
pidiendo ayuda a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India.
¿Él solo?
César venció a los galos.
¿No llevaba consigo ni siquiera un cocinero?
Felipe II lloró al hundirse
su flota. ¿No lloró nadie más?
Federico II venció la Guerra de los Siete Años.
¿Quién la venció, además?
Una victoria en cada página.
¿Quién cocinaba los banquetes de la victoria?
Un gran hombre cada diez años.
¿Quién pagaba sus gastos?
Una pregunta para cada historia.

Bertol Brecht
(1934, del libro Historias de
almanaque, 1939)

El 20% de los bibliotecarios dice haber practicado sexo en la biblioteca

Unos datos cuando menos curiosos recogidos del Blog «Comunicación Cultural» de Dosdoce.com que rompen con algunos mitos clásicos de la imagen de los bibliotecarios.

Sexo en las bibliotecas

http://www.comunicacion-cultural.com/2010/05/03/sexo-en-las-bibliotecas/

El 20% de los bibliotecarios ha practicado sexo en la biblioteca

Más sobre Seco y bibliotecas

Este dato, entre otros, los dio Will Manley, un bibliotecario retirado, tras una encuesta que hizo en el año 1992 y que ha salido a la luz ahora gracias a su blog. Wilson envió la encuesta a  5.000 bibliotecarios respondieron, pero la responsable del Boletín de la biblioteca no quiso dar a conocer el curioso estudio. Estos son algunos de los curiosos resultados:

  • El 40% cree que la revista “Playboy” debe estar en todas las bibliotecas.
  • El 23% creen la revista “Playgirl” también debería estar.
  • 22% opina que las bibliotecas deben tener dispensadores de preservativos en sus cuartos de baño.
  • El 20% de los bibliotecarios había mantenido relaciones sexuales en la biblioteca.
  • El 91% había leído “The Joy of Sex”; el 29% había leído “Cómo hacer el amor con un hombre”.
  • El 34% perdieron la virginidad antes de los dieciocho años.
  • El 4% de las bibliotecarias todavía eran vírgenes.
  • El 20% cree que el sexo sin amor es malo.
  • Sólo el 1% tuvieron relaciones sexuales más de siete veces por semana.
  • El 50% tuvieron relaciones sexuales de una a dos veces por semana.
  • El 78% de las bibliotecarias sentían que habían sido acosadas sexualmente por un cliente.
  • El 61% de los encuestados había alquilado alguna vez una película clasificada “X”.
  • El 38% de los encuestados calificó su vida sexual dentro del género de la novela “romántica”; 31% como de fantasía, el 22% como la de una comedia y el 9% como la de una tragedia.
  • Como último ejemplo erudito, cuando se les preguntó por el título de una obra de Shakespeare que mejor describiera su primer encuentro sexual el 23% eligió “El sueño de una noche de verano” y  el 22% eligió “Mucho ruido y pocas nueces”, entre otras.

Hay demasiados libros, todo ya ha sido escrito

Hay demasiados libros, todo ya ha sido escrito, sobre cada cosa, sobre cada sombra hay millares de libros. He llegado tarde al banquete de la cultura universal, y si bien no me vedan la entrada se divierten proponiendo a mi hambre tal cantidad de platos y de variaciones, que yo ya no sé diferenciar un poema de una sonrisa, un ademán de odio de una plegaria japonesa.

Alejandra Pizarnik «Diarios»

Postal bibliotecaria de 1910 sobre el servicio de referencia

Postal bibliotecaria de 1910 sobre el servicio de referencia publicada por Bamforth & Co. Ltd de Holmfirth, Inglaterra, que comenzó a publicar postales en 1910.

La postal muestra a una señora bastante austera que pregunta al empleado de la biblioteca: «¿Tiene usted el libro titulado ‘Batallas en las que he estado’?». Él responde: «No, señora; pero puedo darle ‘Memorias de un hombre casado'». Aparte del humor matrimonial, la tarjeta tiene también algunos aspectos históricos. El cartel que reza «Únase a nuestra biblioteca circulante» indica que se trata de una biblioteca por suscripción o «con ánimo de lucro». Además, los libros están detrás del mostrador, lo que indica que las estanterías están cerradas, una práctica muy común en todas las bibliotecas del siglo XIX y principios del XX. La postal fue publicada por Bamforth & Co. Ltd de Holmfirth, Inglaterra, que comenzó a publicar postales en 1910.

Los estereotipos bibliotecarios

Cada una de las cinco primeras imágenes representa un estereotipo clásico sobre los bibliotecarios: la «solterona», el «ejecutor», el «objeto sexual», el bibliotecario empollón y patético y la «enciclopedia andante». La última imagen muestra a los profesionales de la información como realmente son: gente corriente. Hombres y mujeres de todas las edades, etnias, orígenes y personalidades que han elegido una carrera en el campo de la información.

Libr 200: Librarian Stereotypes Meme

Lo que la gente piensa que hace un bibliotecario y lo que realmente hace

Lo que la gente cree que hago / Lo que realmente hago

LIBRARIIAN Angelicstar.net

Lo que el público cree que hago. Lo que mis amigos creen que hago. Lo que los extraños creen que hago Lo que los usuarios de la biblioteca creen que hago. Lo que yo creo que hago. Lo que realmente hago

Remedio literario para cuando piensas que la vida no tiene sentido (biblioterapia)

Libro recomendado en: Berthoud, Ella, y Susan Elderkin. Manual de remedios literarios: cómo curarnos con libros: 98. Siruela, 2021.

En su libro The Novel Cure: An A-Z of Literary Remedies (Penguin) estas dos autoras aconsejan un libro para cada uno de los males, de la A a la Z, que puedan aquejar al lector. No se refieren a los típicos libros de autoayuda, si a la literatura como remedio curativo. 

Síndrome de abstinencia

La vida: instrucciones de uso
GEORGES PEREC

Sabemos lo que estás pensando. ¿Qué sentido tiene recetar un remedio para el absurdo de la existencia? De hecho, ¿qué sentido tiene recetar cualquier cosa para cualquier mal? Todo es absurdo e inútil, ¿no? No una vez que hayas leído la novela La vida: instrucciones de uso, de Georges Perec. El libro comienza con un bloque de pisos en París, detenido en el tiempo justo antes de las ocho de la tarde del 23 de junio de 1975, unos segundos después de la muerte de uno de los vecinos, Bartlebooth. Otro de los ocupantes, Serge Valéne, se ha embarcado en la tarea de pintar un alzado del bloque (sin la fachada) que muestre a todos los vecinos, así como sus pertenencias, con todo detalle*.

Más tarde se revela que el vecino que acaba de fallecer, Bartlebooth, un inglés muy adinerado, había diseñado un plan (absurdo) para liquidar su inmensa fortuna y mantenerse ocupado el resto de su vida. El plan de Bartlebooth consistió en recibir clases de pintura del pintor Serge Valéne y a continuación emprender un viaje de diez años alrededor del mundo en compañía de su criado Smautf (otro vecino del bloque) y pintar una acuarela cada dos semanas, con el objetivo último de pintar quinientos cuadros. Una por una, las acuarelas se enviarían a Francia, donde otro vecino del bloque, Gaspard Winckler, las convertiría en puzles pegándolas en un soporte y cortándolas. A su regreso, Bartlebooth haría los puzles y reconstruiría las escenas que él mismo había pintado. A continuación, las piezas de cada uno de los puzles terminados se volverían a unir y las acuarelas se despegarían de sus soportes para que las escenas quedaran intactas. Exactamente veinte años después de la creación de cada cuadro, estos se enviarían a los lugares en los que fueron pintados, a cada uno de esos cientos de lugares, donde un ayudante destinado allí los metería en una solución especial para quitar todo el color del papel y enviaría las hojas en blanco a Bartlebooth por correo.

Habrá quien diga que se trata de una tarea absurda. Para mayor absurdo, Bartlebooth se queda ciego a mitad del proceso, por lo que cada vez le cuesta más acabar los puzles. Y al final, cuando yace muerto sobre un puzle en el que falta poner una pieza en forma de «W» y vemos que en la mano tiene una pieza con forma de «X», es inevitable preguntarse qué sentido ha tenido todo.

Sin embargo, el viaje que nos ha traído hasta este punto de la novela ha sido riquísimo. Perec nos ha ofrecido multitud de historias, ideas y oportunidades de reírnos, y ahí es donde reside el sentido del sinsentido. El propio absurdo puede ser una fuente de grandes alegrías si dejamos de preocuparnos por el hecho de que es absurdo y nos deleitamos con la vida, las rarezas, las maravillosas nimiedades o la mera excusa para contar historias que nos ofrece ese mismo absurdo. Y ese es precisamente el sentido… o uno de sus muchos sentidos*. Pero su sentido último es que el sentido de la existencia no es otro que, a pesar de no tener sentido (a pesar de que la última pieza de tu último puzle no encaje), el viaje hasta llegar a ese hueco que no tiene la forma adecuada es fascinante y delicioso.