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Pongamos a disposición de los niños, libros, historias poéticas en lugares inesperados

En lugares donde no se lo espera, pongamos a disposición de los niños, libros, historias poéticas, y las personas, aún las más serias, se maravillarán de lo que ellos se maravillan. Es la vía más segura para que un día ellos entiendan el mundo y para que tengan el deseo de transformarlo.


Prof. René Diatkine

René Diatkine fue un destacado psiquiatra infantil y psicoanalista francés. Nació el 18 de octubre de 1928 en París, Francia, y falleció el 9 de octubre de 1997 en la misma ciudad.

Este análisis enfatiza la importancia de fomentar el amor por la lectura y la creatividad en los niños, reconociendo que esto puede tener un impacto significativo en su desarrollo cognitivo y emocional. Al darles acceso a libros y narraciones en diversos entornos, se les brinda la oportunidad de explorar nuevas ideas, expandir su conocimiento y desarrollar una mentalidad crítica y creativa que los motive a participar activamente en la sociedad y a buscar la transformación positiva.

La biblioteca de Billy Collins

Sabes que has entrado en el mundo de la ficción
Cuando ves esa gran L dorada en la pared,
Esa L con un dragón verde en su portada
Y la mística luz del conocimiento brillando en su interior.

Y si logras pasar la L
Y atraviesas la puerta de vidrio,
Te encontrarás en una calle tranquila
Donde las paredes de los edificios
Están revestidas de libros.

«Library» de Billy Collins

Billy Collins es un poeta estadounidense que nació el 22 de marzo de 1941 en Nueva York. Es conocido por su estilo accesible y su uso del lenguaje cotidiano en sus poemas. Collins ha servido como Poeta Laureado de los Estados Unidos desde 2001 hasta 2003 y ha recibido numerosos premios literarios, incluyendo el Premio Nacional de Poesía en 1994. Sus poemas tratan temas comunes y a menudo se centran en detalles simples de la vida diaria.

A los muertos en la biblioteca

Una casa con muchas ventanas, en un pueblo de un valle,
alberga una biblioteca de libros queridos ya muertos,
tarareando débilmente para sí misma una elegía,
El solitario y pequeño Megrim de los Muertos.

Su laberinto de estanterías, sus espacios abarrotados,
resuenan con el sonido de todas sus pérdidas,
Sus libros antiguos con caras amarillas y descoloridas
Están llenos del polvo de cursos interminables.

Pero aún así, algunos visitantes vienen a hojear,
acariciando los libros con reverente cuidado,
Como para extraer de sus silenciosos votos
Los espíritus de los muertos que una vez estuvieron allí.

Así que entremos con corazones humildes,
y hablemos en voz baja y con cuidado,
Porque aquí los muertos susurran sus antiguas artes,
Y la biblioteca está viva con sus gemidos silenciosos.


«To the Dead in the Library» de Richard Wilbur

Richard Wilbur, poeta estadounidense y ganador del Premio Pulitzer, dedicó este poema a aquellos que han dejado su legado en las páginas de los libros de la biblioteca.

Una visita a la biblioteca

«Una visita a la biblioteca»

Sobre este escenario, amigo mío, en tiendas como estas
Con sabios, artistas, líderes de compañías,
Malgasté la mitad de mi juventud, o más, o menos,
Las artes con todos sus adornos, habitaron en tiendas
Como esta humilde estructura podía ofrecer.

Aquí, con rostros serenos y ojos penetrantes,
Firmé amistad con todas las dulces artes,
Y una veneración tranquila y abierta
Me unió a los grandes pensadores del pasado:
Aquí encontré solaz en mis días más oscuros.

En este refugio bendito, este precioso templo,
Aquí, en soledad, hablé con mis amigos;
Y a medida que vagaba por los estantes,
La elocuencia, la sabiduría y la gracia
Fluían de todos los volúmenes en mis manos.

Aquí, también, pude leer las almas de los hombres,
Y así, enriquecer la mía propia;
Y aprendí de sabios que aún hablan
Más allá del silencio de la muerte:
Aquí, en resumen, encontré la vida eterna.

«A Visit to the Library» de William Wordsworth

William Wordsworth (1770-1850) fue un poeta inglés considerado una de las figuras más importantes del movimiento romántico en la literatura. Nació en Cockermouth, Cumberland, Inglaterra, y pasó gran parte de su vida en el hermoso paisaje de los lagos de la región de Lake District.

Las bibliotecas y los bibliotecarios en la obra de Haruki Murakami

El novelista japonés Haruki Murakami en varias ocasiones ha tratado el tema de las bibliotecas en sus novelas. Las bibliotecas que aparecen es su obra a frecuentemente se presentan como espacios misteriosos y enigmáticos, donde los personajes principales encuentran refugio, conocimiento y conexiones inesperadas.

En «Tokio Blues» (conocida también como «Norwegian Wood») aunque la biblioteca no juega un papel prominente en la trama. Sin embargo, hay una breve mención de la biblioteca en el contexto de las experiencias del protagonista, Toru Watanabe, durante sus años universitarios. En la historia, Toru Watanabe asiste a la Universidad de Tokio y pasa tiempo en la biblioteca universitaria mientras estudia y se sumerge en su propio mundo interior afirmando «La biblioteca es mi refugio. Allí puedo perderme entre las páginas de los libros y encontrar respuestas a preguntas que ni siquiera sabía que tenía.»

En su novela «Kafka en la orilla«, por ejemplo, la trama trata de un un joven llamado Kafka Tamura que huye de su casa para vivir en una biblioteca pública. Esta biblioteca se convierte en un lugar de introspección y descubrimiento para el personaje, donde encuentra respuestas a preguntas existenciales y pistas sobre su identidad. La bibliotecaria llamada Oshima, es un personaje andrógino y sabio que ofrece consejos y apoyo emocional a Kafka, se trata de una persona inteligente, tranquila y comprensiva con un vasto conocimiento y amor por la literatura. En la obra se dice:

«La biblioteca era como un segundo hogar. O quizá más como un verdadero hogar, más que el lugar en el que vivía. Al ir todos los días, llegué a conocer a todas las bibliotecarias que trabajaban allí. Sabían mi nombre y siempre me saludaban. Pero yo era muy tímido y apenas podía responder».

Haruki Murakami «Kafka en la orilla»

En la novela «Crónica del pájaro que da cuerda al mundo» de Haruki Murakami, aunque la biblioteca es un elemento significativo en la historia. El protagonista, conocido como «El Ratón», trabaja como bibliotecario en una biblioteca pública en Tokio. La biblioteca en esta novela se describe como un lugar tranquilo y acogedor, lleno de libros y conocimiento. Es un refugio para El Ratón, donde encuentra consuelo y una sensación de propósito en su trabajo. A lo largo de la historia, la biblioteca se convierte en un símbolo de estabilidad y conexión con el mundo exterior para el protagonista. Además, en la biblioteca, El Ratón se encuentra con diversas personas que buscan libros y conocimientos específicos, y sus interacciones con ellos desencadenan encuentros y eventos significativos en la trama. La biblioteca actúa como un punto de encuentro para diferentes personajes y sus historias se entrelazan en ese espacio. La biblioteca en «Crónica del pájaro que da cuerda al mundo» representa el poder de los libros y la importancia del conocimiento para el desarrollo personal. esta obra se afirma «Los bibliotecarios son como guardianes de los secretos del universo. Son quienes nos guían a través de los laberintos de la información y nos ayudan a descubrir nuevas perspectivas.»

En la novela «El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas» de Haruki Murakami, la biblioteca juega un papel destacado en la trama. El protagonista, un hombre llamado Toru Okada, se ve inmerso en una serie de sucesos extraños y surrealistas después de que su esposa desaparece misteriosamente. Durante su búsqueda para encontrar a su esposa, Toru Okada se adentra en un mundo subterráneo y se encuentra con una biblioteca oculta. Esta biblioteca se presenta como un lugar mágico y enigmático donde los personajes encuentran respuestas a preguntas profundas y se enfrentan a desafíos metafóricos. Dentro de la biblioteca, Okada se encuentra con extraños personajes, como el enigmático hombre sin cara.

En «Sputnik, mi amor» aunque las bibliotecas no desempeñan un papel destacado en la trama principal. Sin embargo, hay algunas menciones y referencias a las bibliotecas a lo largo de la historia: «Las bibliotecas son lugares sagrados. Son templos del conocimiento y la imaginación.» En la novela, la protagonista, Sumire, es una joven escritora en ciernes que tiene pasión por la lectura y la escritura. Por ello, se mencionan brevemente como un lugar donde Sumire busca libros y conocimiento para nutrir su mente y estimular su creatividad. En una ocasión, Sumire describe cómo visita la biblioteca para leer libros y realizar investigaciones para sus escritos. Aunque no se profundiza en las experiencias de Sumire en la biblioteca, esta breve mención resalta su amor por la literatura y su deseo de explorar diferentes fuentes de inspiración.

En «1Q84», Murakami presenta una biblioteca clandestina que existe en un mundo paralelo llamado «1Q84». Esta biblioteca es un lugar oculto donde se guardan libros prohibidos y secretos. Los personajes principales, Tengo y Aomame, se encuentran atraídos hacia esta biblioteca y se enfrentan a peligros y revelaciones mientras exploran sus misterios. Tengo Kawana, trabaja como profesor de matemáticas en una escuela y también como bibliotecario en una institución académica. Su papel como bibliotecario es secundario, pero muestra cómo los personajes de Murakami a menudo tienen conexiones con el mundo de los libros y la información.

La biblioteca es un portal a mundos infinitos. Allí puedo viajar a través de las páginas y sumergirme en historias que me transportan más allá de la realidad.»

Haruki Murakami «1Q84»

«La biblioteca secreta» de Haruki Murakami» es un cómic bellamente ilustrado por Kat Menschik que captura los mundos oníricos y subrealistas del aclamado autor japonés. Siguiendo la línea de obras como «Kafka en la orilla» y «El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas» En este cómic, un joven visita regularmente la biblioteca pública de su ciudad. En una de sus visitas, la bibliotecaria le indica que baje al sótano y pregunte por la habitación 207. Lo que sucede allí trasciende el mundo conocido. Se encuentra con un anciano bibliotecario, quien parece más el guardián de mazmorras, y que lo introduce en el laberinto de la biblioteca. Dentro del laberinto, el joven se encuentra con personajes como el hombre oveja, una chica muda y un perro de ojos de diamante. Estos personajes y las historias que los envuelven se alejan de la realidad cotidiana y se acercan al laberinto propio de los universos imaginados por Borges.

En el libro de cuentos «Después del terremoto», uno de los relatos titulado «El niño de la tele» presenta a un bibliotecario llamado Junpei que trabaja en una biblioteca pública y se enfrenta a una situación inusual en la que un niño misterioso aparece en su televisión y le hace preguntas. Este cuento explora temas como la soledad y la conexión humana.

En general, Murakami utiliza las bibliotecas como escenarios evocadores donde los personajes pueden sumergirse en el conocimiento, reflexionar sobre sus vidas y conectarse con otros personajes de manera profunda e inesperada. Los bibliotecarios en las obras de Murakami a menudo tienen una presencia enigmática y están asociados con el conocimiento y la sabiduría, sirviendo como guías que a veces tienen conocimientos especiales o acceso a información oculta crucial para los personajes principales Estas representaciones de bibliotecas en sus novelas refuerzan la importancia de la literatura y el poder de las palabras para influir en nuestras vidas.

Las bibliotecas siguen siendo el escenario de mis crímenes favoritos

Una vez llevé una abultada bolsa de papel
llena de libros a la Biblioteca Pública de Brooklyn
los sábados por la mañana,
pasando mi carné de la biblioteca por la ranura metálica
en la parte trasera de la caja.

Las bibliotecas siguen siendo el escenario
de mis crímenes favoritos:
La colocación de un libro sobre una mesa,
sus lados lisos hacia abajo sobre una pila de libros,
es una travesura tranquila,
como girar el pomo de la puerta de una habitación vacía
o robar una cuchara en un café.

Pero también hay delitos graves,
los que no se encuentran en la Constitución
o en los Estatutos Revisados de Nueva York:
Reubicar un libro, por ejemplo,
en la sección equivocada-
una violación de la confianza,
un negocio sucio, como repartir cartas
en una torcida partida de gin rummy.

O leer un libro de referencia
en la sala de referencia
sin permiso,
o usar un lápiz
en lugar de un bolígrafo
para escribir su nombre
en el libro de «Sign-Out»,
un delito menor con una moraleja
que no se encuentra en los mandamientos.

Así que debemos amar a los bibliotecarios,
no sólo por las conversaciones tácitas
que tenemos con ellos,
apoyados en el mostrador,
sino también por sus reglas
que nos exiliarían
a un témpano de ignorancia
si no fueran
bibliotecarios.

(Las bibliotecas están llenas de gente
leyendo libros sobre retretes.
No se me ocurre mejor lugar
para escribir un poema que una biblioteca.
Miras hacia arriba y todos los libros
están ahí, esperando a ser leídos.
Coges uno de la estantería,
te sientas a la mesa y empiezas).

¿Y qué es una biblioteca
sino un lugar de espera
ya sea para que el bibliotecario selle tu libro
o a que florezca un romance
en las estanterías, o a que un ladrón
deslice un volumen en una bolsa,
o que la cara abierta
de un libro te detenga en seco
al doblar la esquina
a la siguiente estantería
del siguiente pasillo,
mientras te tambaleas
a una silla y lo mantienes abierto
la primera página y oyes
las palabras cantando
entra, entra
y la llamas
una biblioteca pública.

«Library» de Billy Collins

Su voz, suave como el susurro de un río, se deslizaba por el aire, narrando historias olvidadas

«El aroma del jazmín se deslizaba por los rincones de la antigua casa, susurrando cuentos antiguos al viento. Las sombras danzaban en las paredes, entrelazando sus dedos oscuros con los hilos de la noche. Y allí, en medio de ese misterio encantado, se encontraba ella: una mujer de mirada profunda y cabellos de ébano. Su voz, suave como el susurro de un río, se deslizaba por el aire, narrando historias olvidadas de tiempos remotos.

En sus manos, sostenía un viejo libro encuadernado en cuero gastado. Sus páginas amarillentas guardaban secretos y promesas, esperando ser descubiertos por aquellos que se atrevieran a adentrarse en su laberinto de palabras. Con cada página que volvía, el pasado cobraba vida y los personajes tomaban forma, danzando entre los renglones como si fueran seres de carne y hueso.

La noche se desplegaba como un manto estrellado sobre el horizonte, y la mujer seguía sumergida en su lectura, viajando a mundos lejanos y desconocidos. Su mente se convertía en un remolino de imágenes, donde los sueños y la realidad se fundían en una danza etérea.»

Alberto Ruy Sánchez «En los labios del agua»

Cuando un lector no tiene medios para comprar un libro, ¿adonde puede ir? A una biblioteca.

«Cuando un lector no tiene medios para comprar un libro, ¿adonde puede ir? A una biblioteca. Ocurre con los libros algo que no sucede con los coches. Cuando quieres tener un coche, tienes que comprarlo, pero si quieres leer un libro, no necesitas comprarlo, luego la excusa de que el libro es caro no sirve.»

JOSÉ SARAMAGO
Nuestro libro de cada día

Casada con los libros

Casada con los libros

María Elena Walsh

No hubo rito iniciático ni promesa de eterna fidelidad, sólo sucedió temprano, como algunas bodas primitivas. Estamos envejeciendo juntos, y quizás juntos nos iremos de este mundo. En épocas inquietas, algunos fueron arrojados por la borda, otros se extraviaron; los elegidos permanecen en el remanso de la vida, disputando el espacio y desafiando al olvido. La luz implacable destiñó sus lomos y a veces la tinta interior, como si empezaran a callar.

Son libros, y una se ha casado con ellos, prometiendo cuidarse en la dicha y la adversidad, la enfermedad y la salud. No siempre fue perfecta la convivencia, pero sí fue imposible la separación.

Mundo de deportados, inundados, exiliados. Multitudes que arrastran sus bártulos por las aguas y los desiertos: el colchón, la ollita, los atados de trapo, quizás un perro viejo. ¿Qué haría la casada con los libros en una situación límite? O, como se suele preguntar: ¿Qué libros se llevaría a una isla desierta? ¿A qué libro se abrazaría en un avión en llamas? ¿Cuál escogería al ser obligada repentinamente a mudarse de país o de planeta?

(La Odisea, El Quijote, Shakespeare, Borges…¡Diccionarios!)

La que viajaba en barco de carga siempre llevaba una maleta entera de libros, la mayoría de poesía. En la cabina improvisaba una estantería sobre las otras maletas. En diminutos cuartos de hoteles y sólo de pasaje, acomodaba los preferidos. Cuando llegó la era del avión llevaba unos cuantos o demasiados como “equipaje de mano”, confiando en las energía juveniles.

En las épocas de máxima escasez, mágicamente aparecía dinero destinado a comprar otros, y otros más.

Entonces estaban las buenas hadas, alguno de esos ángeles Fernández, que regalaban libros, así , al descuido, como si le sobraran o no los hubieran adquirido. Eran pobres, quizás los robaban santamente.

Y otros lucían sus bibliotecas en esas afelpadas casas de Buenos Aires, con mesas vestidas de largo y portarretratos de plata, posesiones que jamás entraban en el reino de lo envidiable. Libros encuadernados y libros de artes, enormes mamotretos heredados. Gente, por otra parte, que jamás se mudaba, se había puesto a vivir eternamente entre sus papeles de lujo, sin temores ni sobresaltos. No regalaban nada.

Diría que hoy, en casas de gente de posibles, no se ven libros, arrasados por el torbellino de una decoración de moda que, si los tiene en cuenta es precisamente como decorado. Desde que recuerde, al entrar en una casa sin libros a la vista me asalta una inquietud insoportable, solo quiero irme.

Claro que las casas de pobres no suelen tener libros, siempre que supongamos que sólo son pobres los desocupados o los obreros manuales, y lleguemos a la desatinada conclusión de que no es pobre un profesor o un periodista o un escriba o …

Y además estaban las mudanzas. Muchas, de barco a hotel, de pensión a cuartito, de cuartito a departamento. Cuántas a lo largo de una vida, cuánto acarreo, cuánto peso, cuánta indecisión para ordenarlos, aunque fuera a la bartola.

De la reciente y misteriosa guerra del Golfo, con sus misiles con cabeza inteligente, recuerdo una imagen fugaz, tras un bombardeo en Tel Aviv. Se veía un modesto departamento partido por la mitad, y había quedado al desnudo una pared abarrotada de libros. Libros modestos, manoseados, desordenados, tesoros en todo su esplendor.

“Una biblioteca con libros viejísimos”, escribió el periodista, que era también, o sobre todo, un escritor. El escritor-periodista no es tan pichón, sus libros también deben de estar viejísimos o por lo menos un tanto caducos, salvo que su bibliotecas sea de estanterías laqueadas de blanco inmaculados, con colecciones impolutas de libros nuevos, recién adquiridos y sin abrir. Quizás los hay, pero a mí me producen cierto repeluzno. Como la costumbre de otro amigo, tampoco jovencísimo, sólo maniático, que una vez por mes ¡les pasa la aspiradora a todos y uno por uno!

¿Fue quizás un desplazamiento de una adjetivo que quiso endilgar a mi persona? No incurrí en ese psicoanálisis silvestre, y si así fuera no me ofende. Si me ofendió que calificara de ese modo a mis compañeros de toda la vida. Compañía, tesoro, que ya alcanza el medio siglo, y a mucha honra. Han sorteado mudanzas y borrascas, ímpetus de limpieza o de orden en que muchos fueron a parar a mano ajena o sencillamente a la basura.

Se me pierden en los estantes porque la luz ha desteñido sus lomos, casi debo adivinarlos, recordando que éste era azul, el de más allá rosado. Si los hubiera guardado a todos a lo largo de la vida, debería de estar viviendo en una mansión, ellos los verdaderos habitantes, yo sólo como pasajera, hurtándoles espacio, imaginándolos adheridos a todas las paredes , incluso tapiando ventanas y, mediante algunas astucia, cubriendo los techos.

Lamento no haber guardado los primeros ejemplares que pasaron por mis manos, víctimas de desapego, mudanzas y suertes varias. Sólo recuerdo que junto a mi cama había una pequeña estantería fabricada por mi padre, con la colección completa de los Guillermos de la inglesa Richmal Crompton, alguno de Walt Disney, colecciones españolas de cuentos de hadas, de Grimm, de Perrault, de Las mil y una noches, más El millón de chistes.

Después o conjuntamente fueron los cuadernillos de apretada letra de Julio Verne o Dickens. Casi todos ya eran viejos por sus características a dos columnas, ilustraciones anticuadas o torpes, papel amarillo, muchos adquiridos a segunda mano. Pero a nadie se le habría ocurrido descartarlos por su vetustez. Pertenecían a una era en que no se pretendía hacer más atractiva la lectura a los chicos, simplemente leíamos lo que caía en nuestras manos.

Pasada la pubertad, sobrevino la manía de asegurarnos su propiedad estampándole nombre y fecha. Así es como compruebo que en la adolescencia leí mucho que sin duda no alcanzaba a entender ni apreciar, pero , como dice Italo Calvino: Hay en la obra una fuerza especial que consigue hacerse olvidar como tal, pero que deja su simiente.

Simiente, partícula de dicha, tarea y recreo, aventura con infinitas peripecias, puerta celestial abierta en la adversidad.

Donde no hay libros hace frío. Vale para las casas, las ciudades, los países. Un frío de cataclismo, un páramo de amnesia

¿El libro está destinado a desaparecer? Paciencia, lo recordaremos y seguirá viviendo en nosotros, como cualquier difunto querido, mientras adentro nieva en las pantallas y afuera en la estepa aúllan los lobos.

María Elena Walsh. «Casada con los libros» Diario Brujo. Espasa Hoy. 1999

Fuente

Isaac Asimov predijo el uso de la inteligencia artificial en 1988

«Una vez tengamos conexiones de computadoras en cada casa, cada una de estas conectadas a bibliotecas gigantes, donde cualquiera puede formular cualquier pregunta y obtener respuestas, obtener material de referencia, sobre cualquier tema que estés interesado en aprender desde muy pequeño, por más tonto que le parezca a otra persona, es eso en lo que tu estas interesado. Y puedes preguntar y puedes darte cuenta y puedes rastrear eso que te interesa y lo puedes hacer en tu propia casa, a tu propio ritmo, en tu propia dirección,en tu propio tiempo. Entonces todo el mundo disfrutaría aprender. Hoy en día lo que la gente llama aprendizaje es algo impuesto y todo el mundo está obligado a aprender el mismo tema, el mismo día, a la misma velocidad, en el mismo salón de clase.  Y todos son personas diferentes, para algunos va muy rápido, para otros muy lento y para algunos en la dirección equivocada, pero darle la oportunidad, complementario a la escuela, no estoy diciendo que debamos abolir la escuela, que puedan seguir su propio vocación desde el principio»

Isaac Asimov: entrevista realizada por la BBC con Bill Moyers en 1988

Entrevista de Bill Moyers a Isaac Asimov en 1988 para el programa «El Mundo de las Ideas». Antes incluso de que los ordenadores personales e internet fueran populares