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La importancia del nombramiento del nuevo bibliotecario de la Library of Congress de Estados Unidos

 

Library of Congress

 

El presidente Obama pronto nombrará al nuevo bibliotecario de la Library of Congres, una posición que requiere la aprobación del Congreso y podría afectar la vida cotidiana de la mayoría de los estadounidenses. Este cargo tiene la facultad de establecer excepciones a un régimen de derechos de autor que actualmente limita lo que los consumidores pueden hacer con sus medios de comunicación, software, dispositivos digitales, e incluso sobre los vehículos. El próximo bibliotecario del Congreso podría aliviar las restricciones sobre derechos de autor de la información disponible en línea, proporcionar un mejor acceso a la investigación financiada por el gobierno federal, e impulsar los esfuerzos de cooperación. Aunque por el contrario, el nuevo bibliotecario también podría limitar lo que los estadounidenses pueden hacer con el contenido y tecnologías que han adquirido legalmente. Todo girará en torno a los valores y los antecedentes de la persona que opte designar el Presidente. Por todas estas cuestiones, comentaristas, grupos de la industria y organizaciones de defensa han escrito cartas abiertas al Presidente Obama sobre qué tipo de persona debe ser el próximo bibliotecario del Congreso. Sin lugar a dudas todo un símbolo de la importancia y el lugar que ocupan las bibliotecas en la cultura estadounidense.

 

 

La mayoría de los estadounidenses probablemente no son conscientes de que James H. Billington, que había servido como bibliotecario del Congreso durante los últimos 28 años, renunció a su cargo en la venerable institución el 30 de septiembre. James H. Billington había sido designado por Ronald Reagan antes de la era de la información en la World Wide Web. Dicen que Billington era un buen gestor a la hora de recaudar fondos a través de contribuciones privadas que han sido vitales a la Biblioteca del Congreso, pero su mandato se vio empañado por una significativa mala gestión, por lo que fue criticado por una serie de organismos de control del gobierno incluyendo un duro informe de la Oficina de Responsabilidad del Gobierno en marzo de 2015.

El papel del Bibliotecario del  Congreso tienen una enorme capacidad de sobre el control y supervisión de la Oficina de Copyright, con un peso significativo sobre la política de derechos de autor, lo cual tiene un importante impacto sobre el uso de medios y dispositivos en la vida cotidiana de los ciudadanos y empresas estadounidenses. Por ejemplo, cada tres años, la Biblioteca del Congreso determina las exenciones a la Ley de Derechos de Autor del Milenio Digital (DMCA), que tipifica como delito cualquier elusión de gestión de derechos digitales, incluso para usos que no violen los derechos de autor. Esta disposición de la ley tiene una importante influencia sobre el ritmo de los cambios tecnológicos y de mercado.

 

James H. Billington – September 14, 1987 – September 30, 2015

 

Durante estos años la Biblioteca del Congreso ha desarrollado importantes iniciativas de cooperación con bibliotecas digitales, proyectos como American Memory (iniciado en 1990) y Thomas (comenzado en 1995) que fueron pioneros en la prestación de documentos históricos e información legislativa en la Web. Incluido el proyecto de la Biblioteca Pública Digital de América (DPLA), que ha reunido las colecciones digitales de las bibliotecas públicas, archivos universitarios y diversas instituciones del patrimonio cultural, incluyendo los Archivos Nacionales y el Smithsonian. En otros momentos de la historia de la institución, los bibliotecarios miraron a la Biblioteca del Congreso y a su bibliotecario como ejemplo de liderazgo, pero bajo Billington, la Biblioteca del Congreso se distanció cada vez más de la comunidad bibliotecaria.

Por todas estas cuestiones, comentaristas, grupos de la industria y organizaciones de defensa han escrito cartas abiertas al Presidente Obama sobre qué tipo de persona debe ser el próximo bibliotecario del Congreso. Los dos últimos Bibliotecarios del Congreso han sido académicos. Parece ser que Walter Isaacson era un posible candidato, pero no estaba interesado en el puesto, lo que sugiere que la Administración Obama podría favorecer a otro académico o escritor, en lugar de un bibliotecario experimentado o gestor de una universidad.

Muchos profesionales del mundo de las bibliotecas están abogando por un compañero bibliotecario para ser nombrado bibliotecario del Congreso. Ya que un bibliotecario podría administrar más hábilmente la Biblioteca del Congreso, que sirve a muchas de las mismas funciones que una biblioteca universitaria, aunque en una escala mucho mayor. Hay muchos bibliotecarios distinguidos e innovadores que han gestionado con éxito organizaciones grandes y complejas, y están suficientemente preparados en cuestiones relacionadas con la publicación académica, derechos de autor, digitalización, tendencias de la tecnología, y la recaudación de fondos. Sin embargo, el siguiente Bibliotecario del Congreso aún podría encarnar y apoyar valores bibliotecarios que apreciamos; sea este un bibliotecario, un erudito, un administrador de la universidad, o un ejecutivo de software.

Pero sobre todo esta alta consideración en torno al nombramiento del bibliotecario cabecera del sistema de bibliotecas de Estados Unidos, nos llama la atención por la importancia que se otorga a su designación, así como la alta influencia en la vida cotidiana de los ciudadanos, las empresas y la sociedad. Sin lugar a dudas todo un símbolo de la importancia y el lugar que ocupan las bibliotecas en la cultura estadounidense.

PreTextos: Una casa llena de palabras

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Brown, Eleanor. Una casa llena de palabras. Barcelona: Roca Editorial, 2012. ISBN: 978-84-9918-409-8

Las hermanas Andreas crecieron rodeadas de libros. El lema de su familia podría perfectamente ser “no hay problema que no se pueda solucionar con un carné de biblioteca”

Las hermanas Andreas crecieron rodeadas de libros. El lema de su familia podría perfectamente ser “no hay problema que no se pueda solucionar con un carné de biblioteca”. Ahora las tres han vuelto a casa, a la pequeña ciudad universitaria donde crecieron, en parte porque acaban de descubrir que su madre padece cáncer pero, también, en realidad, porque sus vidas se están desmoronando y no saben qué hacer. Han descubierto que sus vidas han resultado ser completamente diferentes a como se las imaginaban y ahora que se tienen que enfrentar con la fragilidad de sus padres y su propio abanico de decepciones y frustraciones no saben si será posible que abriendo un libro todo se solucione.

Parrafos

“La biblioteca atrajo a Bean calle abajo, como nos había atraído a todas a lo largo de los años. Nuestros padres nos habían formado para convertirnos en lectoras y la biblioteca del pueblo había sido el único lugar, aparte de la iglesia, que visitábamos cada semana.”

“El edificio olía igual que ahora: polvoriento y húmedo. Bean se detuvo al pasar por la puerta e inhaló. Con todo el dinero que la facultad aportaba al pueblo, habría sido de esperar que hubieran cambiado la biblioteca, pero seguía siendo la misma. La moqueta era de un color de caléndula sucia, gastada por las pisadas. La ficción para adultos quedaba a la derecha de Bean y, al fondo, junto a la pared cuyas ventanas daban a un amplio sauce y a una serie de setos mal ciudados, estaba la infantil. Una mujer curioseaba entre las novedades de ficción y dos niños, presumiblemente hijos suyos, permanecían sentados y contentos en la mesa amarilla de plástico que había al fondo, examinando con esfuerzo unos libros demasiado grandes para sus manos. Había un hombre sentado en uno de los avejentados cubículos de madera, con la cabeza tan inclinada hacia delante que Bean apenas alcanzaba a ver un rizo de su cabello rubio, con una pincelada pelirroja, justo encima del cuello”.

“Bean vio a la señora Landrige, la bibliotecaria que llevaba allí desde los tiempos de los carritos rojos y que ya entonces tenía el cabello blanco y la figura encorvada, en su escritorio, sellando fichas de la biblioteca con ademán paciente. Sintió una oleada de dulce nostalgia por la mujer que nos había presentado a E. Nesbit, Edward Eager y Laura Ingalls Wilder, y le entró un deseo desesperado de darle un abrazo a la anciana, aunque la señora Landrige no lo habría consentido. Esta, de hecho, no consentía demasiadas cosas.”

“¿Cómo explicar lo que significaban para nuestra familia los libros, la lectura, el regalo de las bibliotecas, las páginas? Pero para nosotras no era una carencia. Era una abundancia. Para Rose era una vida en la que, tras nuestro viaje semanal a la biblioteca, despejaba la superficie de su tocador y ordenaba las lecturas de la semana, disponiendo los libros apoyados por los lomos, con las páginas abiertas en abanico para que soltaran resoplidos de texto al aire. Una de sus amigas, una chiquilla con los ojos azules muy hundidos y piel apergaminada, seguía el mismo ritual para ordenar las joyas de sus disfraces de vez en cuando; Rose entendió la metáfora ya a esa edad un día en la habitación de su amiga, toda de mimbre blanco, al ver el brillo de la bisutería, que le pareció comparativamente apagado.”

“Bean se pasaba las tardes en la biblioteca, pues había descubierto la sala de los clásicos, llena de enormes sillones y otomanas de piel, con las paredes recubiertas de libros en los que podía adentrarse para escapar. Cordy, tan poco consciente de las convenciones como Rose, pero sin llevar el estigma por todas partes, leía en cualquier lugar: de camino a clase, durante la misma, en el patio mientras los frisbis giraban sobre su cabeza, en la cama por la noche mientras su compañera de habitación y sus amigas jugaban a cartas en el suelo, y una vez junto a la ventana de un sótano en una fiesta cervecera, donde apenas tenía la luz suficiente de una farola para ir pasando páginas.”

“Con un golpe de cabeza indicó la zona de los libros que Bean acababa de recolocar. La señora Landrige se conocía la biblioteca de Barnwell con los ojos cerrados. Le podías preguntar cualquier cosa y ella escupía el número según la clasificación decimal de Dewey y señalaba con mano firme hacia el estante correspondiente. ¿Ritos de la pubertad? 390, al lado de los cubículos. ¿Las aventuras de Wilbur y Carlota? Literatura juvenil, junto al ventanal. ¿Fútbol? 796, a la izquierda de los surtidores de agua. Cuando éramos pequeñas, a veces intentábamos sorprenderla pensando en los temas más crípticos que pudiéramos, pero nunca ganábamos. La señora Landrige era la campeona del sistema decimal de Dewey”.

“Ahora se dirigía a su nueva y glamurosa vida de bibliotecaria de pueblo. Su mera presencia en la biblioteca bastaba para calmarla. Tenía que aprender muchas cosas, y al mismo tiempo ninguna, pues se sabía de memoria cómo se colaba la luz por cada ventana, todas las arrugas de la moqueta y el olor exacto de los libros, que se le quedaba pegado en la ropa al cabo del día. Se sentía segura.”

“De pequeñas nunca habíamos visitado aquella casa. Pensábamos en ella como suelen hacerlo los niños de sus profesores en la escuela, convencidos de que al salir de la biblioteca la señora Landrige dejaba de existir como por un guiño y volvía a hacerse presente como una imagen de la televisión cuando la veíamos en la iglesia, o cuando volvíamos a buscar más libros.”
“No tienes que quedarte permanentemente, aunque ha sido de gran ayuda que estuviérais las tres aquí en este momento. ¡Y convertirte en bibliotecaria! No es lo que esperábamos, pero tal vez sea lo mejor. Una ocupación buena y estable. «Sabiendo cuánto amaba yo mis libros, me surtió de volúmenes de mi propia biblioteca..”

“En la biblioteca, Bean alzó un pesado monitor para colocarlo en la mesa de circulación de ejemplares. Había apartado todas las herramientas de trabajo de la señora Landrige a un lado: almohadillas de tinta para sellos, sellos con numeritos que iban cambiando, lápices pequeños tantas veces afilados que les quedaban escasos centímetros de vida y, oh, papel, papel y papel. Su primera petición de trabajo tras ser oficialmente nombrada, coronada e instaurada como bibliotecaria pública de la biblioteca de Barnwell (Jefa de Todas las Cosas de la Biblioteca, la llamaba Cordy) había sido informatizar el sistema.”
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Bookshelf Porn: una web donde los usuarios cuelgan fotos de sus bibliotecas

 

Es muy frecuente entre los bibliotecarios que cuando visitamos una ciudad o un país nos acercamos a conocer sus bibliotecas y hacemos fotografías. Esta afirmación o deformación profesional, como cada cual quiera verla, tiene una respuesta en una pagina Bookshelf Porn donde los usuarios suben las fotos de sus bibliotecas favoritas Bookshelf Porn

Bookshelf Porn es un fotolog creado para permitir a la gente a disfrutar de su amor por los libros, las bibliotecas, las librerías y las bibliotecas La web presenta las mejores  fotos de bibliotecas de todo el mundo.

Fue creada por Anthony Dever de la empresa Standard en enero de 2009 y es mantenido por Tumblr. El blog ha sido presentado en el swissmiss, Boing Boing, Flavorwire, The New Yorker, Telegraph.co.uk, la revista Cleo y StumbleUpon. Todas las imágenes son propiedad de sus respectivos autores.

Puedes seguir las últimas fotos y las actualizaciones a través de la página del Fotolog en Facebook, PinterestTwitter.

Mendel el de los Libros

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Stefan Zweig. “Mendel el de los libros” Acantilado, 2009
57 p.

Escrito en 1929, Mendel el de los libros narra la trágica historia de un excéntrico librero de viejo que pasa sus días sentado siempre a la misma mesa en uno de los muchos cafés de la ciudad de Viena. Con su memoria enciclopédica, el inmigrante judío ruso no sólo es tolerado, sino querido y admirado por el dueño del café Gluck y por la culta clientela que requiere sus servicios. Sin embargo, en 1915 Jakob Mendel es enviado a un campo de concentración, acusado injustamente de colaborar con los enemigos del Imperio austrohúngaro. Un breve y brillante relato sobre la exclusión en la Europa de la primera mitad del siglo xx.

Os dejo algunas citas:

«Precisamente yo, que debía saber que los libros sólo se escriben para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda la existencia: la fugacidad y el olvido».

“Todo lo que de extraordinario y más poderoso se produce en nuestra existencia se logra sólo a través de la concentración interior, a través de una monomanía sublime sagradamente emparentada con la locura”

«Mendel ya no era Mendel, como el mundo ya no era el mundo»

PreTextos: Que bello es ser bibliotecaria!!! Los estereotipos de la identidad profesional

 

Que Bello Es Vivir de Frank Capra (1946)

En el min. 1:47.40 del vídeo QUE BELLO ES VIVIR se produce esta escena una conversación entre Georges Bailey y el ángel Clarence.https://www.youtube.com/watch?v=bpPjOgwjI8M

 

En este caso el esterotipo de la manida imagen profesional del bibliotecario se cumple con toda la parafernalia. Es una mujer, vestida al estilo más austero, poco elegante, poco atractiva, con gafas, moño, y un tanto huraña. Además en este caso se muestra como la peor de las vidas posibles ¿Quién da más?

Es Nochebuena y tras escuchar los ruegos de los habitantes de Bedford Falls, los ángeles encargan a Clarence, ángel de  segunda que ayude a George Bailey. Clarence decide entonces hacerle ver qué habría sucedido si él no hubiera nacido: ve así el pueblo que ahora se llama Potterville, donde ninguno de sus amigos le reconoce.

La visión que Clarence hace ver a George es desoladora: el pueblo ha dejado de llamarse Bedford Falls y ahora se llama Poterville; los vecinos y amigos a los que ha ayudado no le reconocen; ve la tumba de su hermano al que no pudo salvar por no haber nacido, y piensa en los que murieron en la guerra porque su hermano no estuvo allí para salvarlo; las casas que ayudó a construir con sus empréstitos nunca se construyeron; su tío Billy está en un manicomio; su madre, viuda y sin hijos, regenta una pensión y finalmente su esposa es una bibliotecaria solterona. Desesperado por la visión, George regresa al puente donde había intentado suicidarse, y pide a Dios que le devuelva su vida.

– Curioso, ¿eh?. La vida de cada hombre afecta a muchas vidas y cuando él no está deja un terrible hueco, ¿no crees?
– Recuerda que un hombre que tiene amigos no es un fracaso.
– Ya ves Georges que tu vida ha sido maravillosa no comprendes el error que seria poner fin a ella
– Clarence Donde está Mary
– Eso no puedo…
– No se como hace estas cosas, pero digamelo, donde está!!! Si lo sabe dígame donde está mi mujer!! Por favor Clarence
– No debo decirtelo !!
– ¿Donde está Clarence?
– No te va a gustar Georges
– ¿Donde está?
– Es una solterona, nunca se casó
– ¿Donde está?
– Está, está… a punto de cerrar la biblioteca hoy
– Ay !! Debe haber un modo más fácil de ganarse unas alas…

PreTextos: La ciudad de los libros soñadores

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Moers, Walter: La ciudad de los libros soñadores. Madrid: Maeva, 2006.

Poco antes de morir, Danzerote entrega a su discípulo Hildegunst von Mythenmetz un extraño manuscrito y le pide que se dirija a la ciudad de los libros soñadores. Al leer el libro, el joven Hildegunst descubre que su autor tiene un don único, el Orm, y se dispone a buscarlo en aquella extraña ciudad. Hildegunst descubre un lugar subterráneo poblado por fantásticos personajes obsesionados con los poderes secretos de los libros, libreros de viejo y coleccionistas de rarezas literarias, cazadores de libros capaces de matar por un manuscrito deseado… Deberá reunir todo su valor para adentrarse en las catacumbas donde se esconde el temible rey de las sombras. Empiezan entonces para el joven unas muy inesperadas y fascinantes aventuras por el mundo mágico de los libros.

Extractos:

“Taron Trekko corría el riesgo de morirse de hambre, y eso en una ciudad que pululaba de restaurantes y gente con ganas de divertirse. Sin embargo, descubrió rápidamente con qué se podía ganar en Bibliópolis mucho más dinero que haciendo jueguecitos para borrachos: con libros raros. Llegar a esa conclusión no tuvo nada de difícil, porque allí casi todo el mundo vendía libros. Sin embargo, había un tipo de ejemplares especialmente raros para los que siempre había una gran demanda. Eran los libros de la Lista Dorada.”

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“Los libros reunidos en esa lista no se podían comprar en ninguna librería de viejo de Bibliópolis. Sólo muy rara vez aparecía realmente alguno de ellos y era adquirido enseguida en subasta por algún coleccionista rico: eran leyendas que por todas partes suscitaban la codicia, parecidas a las de los diamantes gigantes de la Fortaleza de los Dragones. Entre esos libros estaban El libro sangriento, Las maldiciones de los demonios de Nokimo Norken o el Manual de los gestos peligrosos… y algunos centenares de títulos más. Un tipo especial de aventureros – los llamaban cazadores de libros – se había especializado en buscar esas obras valiosas en las entrañas de Bibliópolis y sacarlas a la superficie. Algunos de ellos habían sido contratados por coleccionistas o libreros, otros buscaban por su cuenta. Las recompensas ofrecidas por la consecución de los libros de la Lista Dorada eran tan astronómicas que encontrar un solo ejemplar podía hacer rico a un cazador de libros. Era una profesión peligrosa, la más peligrosa de toda Bibliópolis. La búsqueda de un libro desaparecido quizá os parezca, mis audaces compañeros de viaje, una aburrida ocupación de un librero gagá, pero allí en los abismos de la misteriosa ciudad conllevaba más riesgos mortales que la caza de escorpiones de cristal en las grutas de la Garganta de los Demonios.”

PreTextos: La Biblioteca de Babel (Borges)

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Foto: Escalera de subida al segundo piso. Biblioteca General Histórica – Universidad de Salamanca
La Biblioteca de Babel (Borges)

El universo (que otros llaman la Biblioteca) se componte de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un angosto zaguán, que desemboca en otra galería, idéntica a la primera y a todas. A izquierda y a derecha del zaguán hay dos gabinetes minúsculos. Uno permite dormir de pie; otro, satisfacer las necesidades finales. Por ahí pasa la escalera espiral, que se abisma y se eleva hacia lo remoto. En el zaguán hay un espejo, que fielmente duplica las apariencias. Los hombres suelen inferir de ese espejo que la Biblioteca no es infinita (si lo fuera realmente ¿a qué esa duplicación ilusoria?); yo prefiero soñar que las superficies bruñidas figuran y prometen el infinito… La luz procede de unas frutas esféricas que llevan el nombre de lámparas. Hay dos en cada hexágono: transversales. La luz que emiten es insuficiente, incesante.

PreTextos: cosas por las que llorar cien veces

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Kou Nakamura. Cosas por las que llorar cien veces. Madriod: EMECE, 2010. ISBN: 9788496580589. 200 p.

Leer 1er capítulo

Book es una perrita sensible que su dueño encontró en la calle dentro de una caja de cartón delante de la biblioteca. Lo que más le gusta a Book es oír el sonido del motor de la moto de su joven amo. Cuando Book enferma, su amo vuelve a casa de sus padres para pasar con la perra los que tal vez sean sus últimos días. Pero Book se recupera, su dueño regresa a casa u decide pedirle  a su novia que se case con él. Ella le propone que hagan antes una prueba y vivan juntos durante un año. Pero esta vez será la chica la que caerá enferma, circunstancia que modificará completamente sus planes.

Extractos

“Me la encontré junto al aparcamiento de bicis y motos de la biblioteca. Yo acababa de empezar mi vida de estudiante, me estaba preparando para el ingreso en la universidad, y estudiaba en la biblioteca. El aire de la sala rebosaba de la dulzura y la melancolía de un día laborable de primavera. Entre viejos que apenas se movían y estudiantes de mi edad que también parecían estar preparando exámenes de ingreso, yo resolvía un problema de planos complejos.

Cerré el libro de matemáticas y miré hacia afuera por la ventana. Un atardecer de primavera parecía diluir todos los sonidos y los colores. Cuatro o cinco estudiantes de primaria estaban reunidos alrededor de lo que parecía una caja. Me eché la mochila al hombro y me levanté.

Abandoné la sala de lectura y bajé la escalera pisando con firmeza. Mis zapatillas deportivas chirriaron contra el suelo. En un rinconcito de mi mente seguían los chicos que había visto desde la ventana. Tuve algo parecido a una intuición.

Crucé las puertas automáticas y, mientras caminaba pegado a la pared, pensé: «Estudiantes de primaria… sentados alrededor de algo, ¿qué debía de ser lo que estaban mirando? Algún cromo raro. O tal vez un estuche raro. Un insecto raro. Un color raro. Una forma rara.»

Uno de los escolares se dio cuenta de mi presencia y levantó la cabeza. Los otros dos también se volvieron hacia mí. Yo puse cara de chico mayor simpático y me asomé para ver la caja.

En su interior había un perro. Un cachorro que cabía en la palma de una mano. Pequeño. Me pregunté por qué era tan pequeño. A primera vista, comprendí que acababa de nacer.”

Pues entonces tenemos que pensar un nombre de macho ­añadí mirando a Rapado. 

Tenía que ponerle un nombre que pudieran aceptar ellos tres. Eran bastante espabilados para ser estudiantes de primaria. Si no podía dar con un nombre que superara el de Wakame, no tenía derecho a llevarme al perro, ni tampoco aprobaría el ingreso en la universidad.

El animal estaba envuelto en una toalla. Un nombre que le fuera bien y que resultara pegadizo e impactante. Su cuerpo estaba cubierto de pelo corto, marrón y ensortijado. Era pequeño. Extremadamente pequeño.

¡Ya está! ­exclamé­. Estaba en una biblioteca, así que se llamará Book”

PreTextos: F.W. Lancaster. “La información es una cosa bastante intangible”

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“La información es una cosa bastante intangible, no es posible verla, oírla o sentirla. Estamos informados acerca de una materia si nuestro estado de conocimiento de aquélla se transforma de alguna manera”

F.W. Lancaster. In memorian

(+Illinois, Estados Unidos, 25 de agosto de 2013)