Archivo de la categoría: PreTextos

julio Cortázar, lector

«Mi conducta de lector, tanto en mi juventud como en la actualidad, es profundamente humilde. Es decir, te va a parecer quizá ingenuo y tonto, pero cuando yo abro un libro lo abro como puedo abrir un paquete de chocolate, o entrar en el cine, o llegar por primera vez a la cama de una mujer que deseo; es decir, es una sensación de esperanza, de felicidad anticipada, de que todo va a ser bello, de que todo va a ser hermoso».

Julio Florencio Cortázar

Decir libremente lo que pienses

Antonio de Nebrija fue acusado de herejía y procesado por la Inquisición en su tribunal de Salamanca en 1506. Se salvó de esa acusación gracias al cardenal Cisneros, lo que propició su traslado de Salamanca a Alcalá de Henares, donde fallecería. Lejos de amilanarse, tras ser absuelto publicó un libro Apología (1507), valiente y desafiante, intolerante frente a la mentira y la ignorancia, el primer gran alegato contra la censura y a favor de la libertad de expresión.

“Pero si el propósito del legislador debe ser recompensar a los hombres buenos y sabios; y en cambio a los malos y a los que se apartan del camino de la verdad refrenarlos con castigos, ¿qué puedes hacer en esta república donde se ofrecen premios a los que corrompen las Sagradas Escrituras; y por el contrario a quienes restituyen lo alterado, a quienes recomponen lo dañado, a quienes depuran lo que está lleno de errores se les impone tacha de infamia, soportan la censura de excomunión; o donde, si te empeñas en defender tu postura, te puedes ver obligado a afrontar una muerte indigna? ¿Acaso no me bastaría con encerrar el intelecto para servicio de Cristo dentro de lo que la religión me propone que debo creer, si no me viera forzado también a ignorar lo que sé en estas materias que tengo examinadas, descubiertas, conocidas, manifiestas y más claras que la propia luz, más verdaderas que la propia verdad? Yo, que no imagino desvaríos, que no hago suposiciones, que no interpreto por conjeturas, sino que deduzco con razones muy firmes, con argumentos irrefutables, con demostraciones apodícticas. ¿Qué diablos de servidumbre es esta, o qué dominación tan injusta y tiránica, que no se permita, respetando la piedad, decir libremente lo que pienses? ¿Qué digo decirlo? Ni siquiera escribirlo escondiéndose dentro de los muros de tu casa, o excavar un hoyo y susurrarlo dentro, o al menos meditarlo dándole vueltas en tu interior.”

Antonio de Nebrija

V Centenario de Antonio de Nebrija 1522 – 2022
Vida https://www.nebrija.com/vcentenarioantonionebrija/vida.php

La eternidad es una biblioteca y Borges el bibliotecario

«La eternidad es una biblioteca y Borges el bibliotecario. El tiempo es el polvo que no hay. Allí, todos los libros que nos ha sido imaginar nos esperan: los que se han escrito antes, los que se escribirán después y los que no se van a escribir nunca. Las páginas que pasan son los ángeles. Dios, que por algo se empeñó -erre que erre- en hacerse carpintero (con lo lejos que hubiese llegado de estudiar una carrera), se dedica a construir estanterías.»

EDUARDO FRAILE VALLES
Con la posible excepción de mí mismo, Tansonville, Valladolid, 2001

Mi educación real la obtuve de bibliotecas públicas

«Recibí las bases de mi educación en la escuela, pero eso no fue suficiente. Mi educación real, la superestructura, los detalles, la verdadera arquitectura, la obtuve de bibliotecas públicas. Para un niño pobre cuya familia no se podía permitir comprar libros, la biblioteca era una puerta abierta hacia las maravillas y el éxito, y nunca podré estar lo bastante agradecido por haber tenido el buen juicio de atravesar esa puerta y sacar el mejor partido de ello».

ISAAC ASIMOV
Yo, Asimov. Memorias

Me gustaba leer libros

«Me gustaba leer libros de la misma manera que me gustaba ir al cine u hojear revistas y periódicos. No lo hacía porque esperara que me sirviera para algo ni porque persiguiera un objetivo como, qué sé yo, sentirme superior a los demás, más sabio o más profundo. Incluso me atrevo a afirmar que el hecho de convertirme en un ratón de biblioteca me enseñó a ser modesto.»

ORHAN PAMUK
«La vida nueva» (1995)

Se creen sabios

Se creen sabios porque han juntado un montón de libros y se los han comido. Me da risa, porque en realidad son buenos muchachos y viven convencidos de que lo que estudian y lo que hacen son cosas muy difíciles y profundas. En el circo es igual, Bruno, y entre nosotros es igual. La gente se figura que algunas cosas son el colmo de la dificultad, y por eso aplauden a los trapecistas, o a mí. Yo no se que se imaginan, que uno se está haciendo pedazos para tocar bien, o que el trapecista se rompe los tendones cada vez que da un salto. En realidad las cosas verdaderamente difíciles son otras tan distintas, todo lo que la gente cree poder hacer a cada

Julio Cortázar «El Perseguidor» 

Leer un libro, un regalo de los dioses

“Leer un libro es volver a nacer. Es el camino para apropiarnos de un mundo y de una visión del hombre que, a partir de ese momento, entran a formar parte de nuestro ser. Una lectura disfrutada con riqueza y plenitud, es la conquista más plena que puede hacer un hombre en su vida. Hay una condición esencial que hará que este regalo de los dioses sea para siempre. La lectura debe causarnos placer. Un placer que venga de lo más hondo del alma y que ha de quedarse allí intacto y disponible… «

Álvaro Mutis, Premio Cervantes 2001, en su Elogio a la Lectura

Algunas noches sueño con una biblioteca totalmente anónima

«Algunas noches sueño con una biblioteca totalmente anónima en la que los libros carecen de título y no tienen autor, sino que forman una corriente narrativa continua en la que convergen todos los géneros, todos los estilos, todas las historias; una narración en la que ningún protagonista, ningún lugar, está identificado, una corriente que me permite lanzarme a ella en cualquier punto.»

Alberto Manguel «La biblioteca de noche»

Él la perseguía a través de la biblioteca

«Él la perseguía a través de la biblioteca entre mesas, sillas y facistoles. Ella se escapaba hablando de los derechos de la mujer, infinitamente violados. Cinco mil años absurdos los separaban. Durante cinco mil años ella había sido inexorablemente vejada, postergada, reducida a la esclavitud. Él trataba de justificarse por medio de una rápida y fragmentaria alabanza personal, dicha con frases entrecortadas y trémulos ademanes…»

Juan José Arreola «Eva»

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