
«El conocimiento es navegar en un océano de incertidumbres a través de archipiélagos de certezas.»
Edgar Morin
(París, 8 de julio de 1921), de nacimiento Edgar Nahum, es un filósofo y sociólogo francés de origen sefardí.

«El conocimiento es navegar en un océano de incertidumbres a través de archipiélagos de certezas.»
Edgar Morin
(París, 8 de julio de 1921), de nacimiento Edgar Nahum, es un filósofo y sociólogo francés de origen sefardí.

El argumento es sencillo como un hombre se dedica a explorar y fijarse en su entorno inmediato, y disfrutar de esta experiencia en la que entran en juego todos los sentidos: la vista, el olor, el tacto, el sabor y el sonido de las cosas. Por ello magistralmente, la historia se desarrolla con muy pocos diálogos, ya que Taniguchi quiere hacernos partícipes como lectores de esas bellas sensaciones, y que mejor hacerlo que con la vista, las onomatopeyas y las sensaciones. El mensaje es claro, a veces para buscar lo bello no tenemos que ir a la otra parte del mundo, está delante de nuestros ojos, y Tanaguchi nos enseña a apreciarlo a través de este viajero cuyo viaje no va más allá de su ciudad. En la escena de la biblioteca el protagonista está en la biblioteca buscando una información sobre conchas marinas, ya que ha encontrado una en su jardín, y acude a la biblioteca a informarse sobre esta especie. En ella se retrata la biblioteca como un mundo abierto al mundo, a las relaciones, como un lugar al que acudir a la búsqueda de información y donde disfrutar de la vida, del paseo y porque no de las distracciones.



David Toscana. El último lector. Mondadori, 2005 -190 páginas
Tiene como escenario un pueblo perdido en el desierto del norte de México, Icamole en el que no llueve desde hace siglos. El protagonista de este relato es un bibliotecario más por pasión que por formación, que regenta una exigua biblioteca cuyos anaqueles ha dejado de llenar el Estado. El día de la inauguración de la biblioteca, los aldeanos no muestran interés por este extraño lugar que pretende dar la bienvenida a “las novelas que hablan de cosas que no existen”
En el pueblo se produce un trágico suceso : la muerte de una niña que aparece inerte dentro de la única reserva de agua que queda: el pozo de Remigio, hijo de Lucio, el bibliotecario. Lucio será el encargado de encontrar en los libros la coartada perfecta. Esa que libera al presunto culpable de asesinar a la hermosa niña que, muerta, consigue cautivarlo. Así, la versión que surge de las páginas sobrevivientes se convierte en la única posibilidad. En la opción que permitirá a todos continuar.
Su pueblo en el que nadie lee está sufriendo por la falta de agua, pero él insiste en afirmar que “los libros son tanto o más necesarios”. Esta es una novela que admite que es falso que los libros sean esenciales, y que las bibliotecas deben cerrarse cuando cada vez menos gente las frecuente. Pero el libro de David Toscana contiene otra historia. La del bibliotecario Lucio está por encima de su establecimiento, convencido de que todas las respuestas a las preguntas que pueden ayudar a los habitantes del pueblo están en los libros. Él sólo piensa, busca en las historias, para entender cómo y por qué miles de personas que habitan en los libros de su biblioteca viven, matan, mienten o se encuentran.
David Toscana nos muestra como ese vicio solitario que es la lectura puede llenar una vida aunque se esté en un pueblo perdido en el desierto. Al mismo tiempo nos previene de que se puede acabar mal si se lee demasiado, como ya lo hizo hace siglos Cervantes con su Quijote.

(…) Mas un libro debe ser cosa viva, y su lectura revelación maravillada tras de la cual quien leyó ya no es el mismo, o lo es más de como antes lo era. De no ser así el libro, para poco sirve su conocimiento, pues el saber ocupa lugar, tanto que puede desplazar a la inteligencia, como esta biblioteca al campo que antes aquí había.
Luis Cernuda
Secuencia en la Biblioteca Estatal de Berlin, de la película El cielo sobre Berlín, de Win Wenders, que muestra a diferentes usuarios, sus intereses y motivaciones al usar la biblioteca.
Háblame musa del narrador
del infantil y antiguo origen de las cosas
perdido en el fin del mundo.
Y haz que a través de él
cualquiera pueda relajarse.
Con el tiempo mis oyentes
se han convertido en lectores,
y ya no se sientan en un coro
sino solos
y no saben nada el uno del otro.
Soy un anciano con la voz rota,
pero la historia resurge todavía desde lo más profundo
y mi boca entreabierta repite con esfuerzo,
con un hilo de voz,
una liturgia donde nadie necesita estar invitado a la inauguración,
al igual que el significado de las palabras
y las frases.
Esta es la secuencia. Disfrutad.
Título: Cielo sobre Berlín (1987)
Título original: Der Himmel über Berlin (Alemania/Francia)
Dirección: Wim Wenders
Guión: Peter Handke, Richard Reitinger, Wim Wenders
Producción: Anatole Dauman, Wim Wenders
Fotografía: Henri Alekan
Música: Jürgen Knieper
Intérpretes: Bruno Ganz, Solveig Dommartin, Otto Sander, Curt Bois, Peter Falk

Fitzgerald, Penelope. La librería / Penelope Fitzgerald ; traducción del inglés de Ana Bustelo. Edición 3a. ed.Publicac Madrid : Impedimenta, 2010. Des. Física 181 p. Nota Traducción de: The bookshop. ISBN 978-84-937601-4-4
Resumen: “La librería” es una delicada aventura tragicómica, una obra maesta de la entomología librera. Florence Green vive en un minúsculo pueblo costero de Suffolk que en 1959 está literalmente apartado del mundo, y que se caracteriza justamente por “lo que no tiene”. Florence decide abrir una pequeña librería, que será la primera del pueblo. Adquiere así un edificio que lleva años abandonado, comido por la humedad, y que incluso tiene su propio y caprichoso “poltergeist”. Pero pronto se topará con la resistencia muda de las fuerzas vivas del pueblo que, de un modo cortés pero implacable, emperazán a acorrarla. Florence se verá obligada entonces a contratar como a ayudante a una niña de diez años, de hecho la única que no sueña con sabotear su negocio. Cuando alguien le sugiere que ponga a la venta la polémica edición de Olympia Press de Lolita de Nabokov, se desencadena en el pueblo un terremoto sutil pero devastador.

. Un buen libro es la preciosa savia del alma de un maestro, embalsamada y atesorada intencionadamente para una vida más allá de la vida.
…..
Cuando se vea a sí misma abriendo una librería, pregúntese cuál es su verdadero objetivo. Ésa es la primera pregunta que uno debe hacerse antes de embarcarse en cualquier tipo de negocio. ¿Espera dar a nuestro pequeño pueblo un servicio necesario? ¿Espera obtener unos beneficios considerables?
…..
—¿Por qué cree que abrir una librería es inverosímil? —le gritó al viento—. ¿La gente de Hardborough no quiere comprar libros?
—Han perdido el deseo por las cosas raras —dijo Raven mientras seguía limando—. Se venden más arenques ahumados, por ejemplo, que truchas que están medio ahumadas y tienen un sabor más delicado. Y no me diga usted que los libros no constituyen una rareza en sí mismos.
…..
Los libros nuevos venían en paquetes de dieciocho, envueltos en un fino papel marrón. A medida que los fue sacando de las cajas, fueron formando su propia jerarquía social. Los más pesados y lujosos que hablaban sobre casas de campo, los libros sobre las iglesias de Suffolk, las memorias de los hombres de Estado en varios volúmenes, tomaron el lugar que les correspondía por derecho natural en la ventana delantera. Otros, indispensables, pero no aristocráticos, ocuparían las estanterías centrales.
…….
a pared de la derecha la dejó para los libros de tapa blanda. A un chelín y seis peniques cada uno, de colores vistosos, enormemente democráticos, llenaron las estanterías en filas bien disciplinadas. Se moverían con rapidez y contaban con su aprobación; pero se acordaba de aquel mundo en el que sólo los extranjeros se contentaban con tener sus libros encuadernados en papel.
……
La camioneta de la biblioteca pública venía desde Flintmarket una vez al mes. Los libros, de tanto usarlos, habían adquirido un tufillo muy peculiar. Los que tenían algún interés por la lectura en Hardborough los habían leído todos varias veces.
……
Los libros disponibles para préstamo estaban divididos en tres clases: A, B y C. Los de la clase A eran los que se pedían mucho, los de la clase B eran simplemente aceptables, mientras que los de la clase C eran libros francamente viejos y que no interesaban a nadie. Por cada A que se llevara, debía llevarse tres Bes y un número considerable de Ces para sus lectores. Si pagaba más, podía llevarse más Aes, pero también un montón enorme de Bes y de Ces.
……
En las tardes lluviosas, cuando se levantaba el mal tiempo, Old House se llenaba de visitantes extraviados y desconsolados. Christine, que decía que ponían la tienda perdida de arena, era implacable con ellos, y les exigía que decidieran qué querían comprar.
—Hojear libros es parte de la tradición de una librería —le dijo Florence—. Debes dejar que se queden y toquen los libros.
……

Esta es una de las ideas más fantásticas para llevar a la gente a las bibliotecas y dejar que ellos (en silencio) expresan la emoción de estar en un lugar tan maravilloso. En julio, la Biblioteca Pública de Nueva York instaló cabinas de fotos en dos bibliotecasStephen A. Schwarzman Building in Astor Hall, y en Mid-Manhattan Library. Los usuarios de la biblioteca pueden utilizar cabinas de fotos para mostrar de dónde son y lo que están haciendo. Hay varias etiquetas para elegir: explorar, aprender, leer, investigar, estudiar, visitar, escribir, endeudarse. Las fotos son una inspiración extra para el desarrollo de la creatividad. Las galerías físicas también tienen una réplica virtual que podemos ver directamente en flickr.

“Les contaré un secreto: no leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana; y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, el comercio, la ingeniería… son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida humana. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor son cosas que nos mantienen vivos”.
“El Club de los Poetas Muertos”

«El nombre de la Rosa» fue una novela que nos encantó y asombró y a casi todos . Un relato histórico en torno a la censura, la risa y los libros. Aquí os dejo algunos de los fragmentos más vibrantes del libro que hablan sobre la biblioteca y los bibliotecarios

Jussi Adler-Olsen. El efecto Marcus (Departamento Q – 05)
Argumento:
Marcus solo tiene quince años, pero no ha tenido infancia. Pertenece a una banda cuyo violento líder, Zola, obliga a sus miembros a robar y a cometer otros actos criminales. Cuando amenaza con mutilarlo para que dé más pena, Marcus huye. Pero antes descubre el cadáver de un hombre cerca del escondite de Zola. Más tarde, Marcus averigua que el muerto era William Stark, responsable de un proyecto de ayudas al desarrollo en Camerún, y se convierte así en un peligro tanto para Zola, que ejecutó el asesinato, como para quienes se lo encargaron, personas poderosas que desviaron los fondos del proyecto.La investigación arrastrará a Carl, Assad, Rose y Gordon, el nuevo miembro del Departamento Q, a una ciénaga de corrupción y crímenes en el mundo de la política y la economía, cuyos tentáculos llegan hasta la selva africana. Busca refugio en la biblioteca donde no le pueden encontrar. Además, él es un chico que quiere estudiar, progresar y se da cuenta que en las bibliotecas tiene acceso al conocimiento e información que necesita
Extractos:
«Encontraba refugio en las bibliotecas, a esos sitios no iba nunca la gente de Zola, estaba seguro. Y Eivind y Kaj le habían dicho que si solo se sentaba a leer en las salas de lectura sin pedir ningún libro prestado, no tenía que enseñar ningún documento de identidad. Era perfecto.
Todos los días echaba un vistazo a los titulares de los periódicos. Todos los días hojeaba algún libro nuevo. Y los demás se fijaban en él, lo percibía con claridad. Se daban cuenta de que no era como el resto de chicos de tez morena, que siempre andaban gritando y jugando en Internet. Cuando Marcus estaba en la biblioteca, leía, y cuando alguna vez entraba en Internet, era para encontrar respuestas.
– El chico solía venir a diario, en diversos momentos del día, y enseguida se ponía a leer en una de las sillas, o iba a los ordenadores. Nunca se llevaba nada en préstamo, así que nunca le pedimos la documentación.
– Creo que es un chico fantástico. En mi antigua biblioteca estábamos de acuerdo en que nunca antes habíamos visto a un chico de su edad que tuviera tantas ganas de saber. Para una de mis compañeras, casi era un juego controlar qué había leído, cuando volvía a dejar el libro en la estantería. Es que era increíble lo polifacético que era. Además, nunca se daba cuenta de lo fascinadas que estábamos por él. Era muy divertido.»
—Creo que tienes que preguntar a Lisbeth, que de vez en cuando sustituye a nuestra jefa de sección —dijo la bibliotecaria del mostrador—. Estaba aquí en el momento al que te refieres. Lisbeth tardó diez minutos en aparecer, pero la espera valió la pena. Resplandecía. Era una mujer de esas que te cargan las baterías al primer vistazo. Madura, segura de sí y con una mirada de lo más directa. Si las tonterías que dijo Mona iban en serio, y él no tenía ninguna gana de creerlo, aunque en aquel momento le importaba un bledo, no iba a ser la última vez que hacía una visita a aquella biblioteca.
La risa de Lisbeth llegó tan de sorpresa como una suave caricia. Carl le miró los labios. ¿Qué diablos estaba pasando allí? —¿Cuándo sales del trabajo? —preguntó, y estuvo a punto de morderse la lengua. ¿En qué diablos se estaba metiendo? ¿Por qué había hecho aquella pregunta tan boba? ¿Qué iba a preguntarle luego? ¿A ver cómo solía volver a casa? —¿Cómo sueles volver a casa? —se oyó preguntar por puro reflejo. —Bueno, podrías llevarme en coche. Y soltó una carcajada. Seguro que no lo decía en serio. Carl aspiró profundamente. Aparte de la infinitud del universo, el humor de las mujeres debía de ser lo más difícil de comprender en este mundo. Miró a Assad. La sonrisa pareció un tanto irónica. ¿Qué se estaba pensando? —Tal vez sea una buena idea que cenemos juntos —continuó Lisbeth—.