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El amante de las librerías de Claude Roy

 

Ernest Hemingway and Sylvia Beach infront of the 'Shakespeare and Company' bookshop, Paris, 1928 (b/w photo)

Un texto de un gran escritor con el que se sentirán identificados todos los amantes de los libros y las librerías, todos los que, como Claude Roy, piensan que «los libros son personas o no son nada».

Me gusta que los libros compartan mi vida, me acompañen, callejeen, trabajen y duerman en mi compañía, se rocen con las venturas del día y los caprichos del tiempo, acepten citas conmigo a horas “imposibles”, ronroneen con la gata al pie de mi cama, o se arrastren con ella en la hierba, doblen un poco la punta de sus páginas en la hamaca de verano, se pierdan y se encuentren de nuevo.

«El amante de las librerías» de Claude Roy. Barcelona: Oñeta, 2011

Desembalo mi biblioteca

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En desembalo mi biblioteca Walter Benjamin en los que expresa su pasión por coleccionar, y de alguna de las recompensas que obtiene el coleccionista. En estos textos Benjamin nos va enseñando algunos tesoros de su colección: libros escritos por enfermos mentales, libros escritos para criadas en el siglo XIX, o libros infantiles. Son libros que  quizá no tengan un gran valor por ellos mismos, pero que «tienen cosas que decir sobre su época mucho más notables que gran parte de los escritores que triunfaron». Por ejemplo, la colección de libros para niños de Benjamin le permitió establecer con precisión la fecha y las circunstancias en las que el árbol de navidad entró en las casas alemanas, sustituyendo a las pirámides de luces.

 

Desembalo mi biblioteca. Aquí está. No se encuentra aún instalada en los estantes, todavía no la ha envuelto el tedio ligero de la clasificación. Tampoco puedo recorrer sus hileras para revisarla, acompañado de interlocutores amigos. Pero no teman. Aquí me limito a rogarles que se trasladen conmigo entre el desorden de cajas desclavadas, en un ambiente saturado de polvo de madera, sobre un suelo cubierto de papeles rotos, en medio de unas pilas de volúmenes exhumados hace muy poco a la luz del día tras dos años de oscuridad, para compartir desde el principio, en alguna medida, algo del ánimo, nada elegíaco sino, al contrario, impaciente, que despiertan los libros en el auténtico coleccionista

… Entre todas las formas de procurarse libros, la más gloriosa, se piensa, es la de escribirlos uno mismo. Muchos de ustedes recordarán con simpatía la inmensa biblioteca que, en su pobreza, reunió con el tiempo el maestro de escuela Wuz, en Jean Paul, escribiendo él mismo, ante la imposibilidad de comprarlas, todas las obras cuyos títulos le interesaban en los catálogos de feria. Los escritores son, efectivamente, personas que escriben libros no por pobreza, sino por insatisfacción con los libros que podrían comprar pero que no les complacen.

… Las compras del coleccionista de libros ofrecen muy poca semejanza con las que efectúan, en una librería, un estudiante para conseguir un manual de enseñanza, un hombre de mundo para hacer un regalo a su dama, o un viajante de comercio para que se le haga más corto el próximo trayecto de ferrocarril. Mis compras más memorables las he hecho estando de viaje, en condición de transeúnte. La entrada en posesión y la apropiación pertenecen al dominio de la táctica. Los coleccionistas son individuos dotados de instinto táctico; en su experiencia, cuando se trata de conquistar una ciudad extranjera, la tienda de libros antiguos más pequeña puede significar una fortaleza, la papelería más alejada una posición clave.

Pasaje de Walter Benjamin “Desembalo mi biblioteca»

Una biblioteca es el corazón y la esencia de una universidad

Bibliotheken - Libraries - Bibliothèques

 

«Una biblioteca es el corazón y la esencia de una universidad. Sin el acceso a grandes cantidades de información, ni el profesor, ni el estudiante pueden hacer un trabajo exacto. es la base de la investigación. Es la fuente de información, tanto antigua como nueva. Es un lugar para el siempre presente desafío de buscar conocimiento más allá de lo que se da en el aula»

Gordon B. Hinckley, 2000

Cuando Kafka hacía furor, de Anatole Broyard

 

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Anatole Broyard, crítico literario icónico de The New York Times, cuenta varios episodios de su vida después de la guerra. Broyard demuestra en estas memorias fragmentadas que es sin duda un gran narrador. …

«Sé que la gente sigue leyendo libros y que algunos sienten por ellos auténtica adoración, pero en 1946, en el Village, lo que sentíamos por los libros –me refiero a mis amigos y a mí– era mucho más que adoración. Era como si no supiéramos dónde terminábamos nosotros y dónde empezaban los libros. Los libros eran nuestro clima, nuestro entorno, nuestra ropa. No nos limitábamos a leerlos: nos convertíamos en ellos. Los interiorizábamos y los transformábamos en historias propias. Aunque sería fácil decir que huíamos y nos refugiábamos en los libros, sería más cierto afirmar que eran los libros los que buscaban refugio en nosotros. Los libros fueron para nosotros lo que las drogas para la juventud de los años sesenta….

[…]  Nos enseñaban lo que era posible. Estábamos acostumbrados a vivir con lo que hubiese a mano, con lo que se nos diera, y los libros nos llevaron muy lejos. Hasta entonces no conocíamos nada más que las emociones domésticas, y los libros nos enseñaron qué les ocurre a las emociones cuando no tienen un hogar […] Los libros nos estabilizaban, como si lleváramos una bolsa llena de libros en cada mano para no salir volando. Nos conferían gravedad. De no haber sido por los libros habríamos estado completamente a merced del sexo. 

 

[…] Aunque leíamos de todo, sólo un puñado de escritores eran nuestros tíos, nuestra familia. En mi caso eran Kafka, Wallace Stevens, D. H. Lawrence y Céline.» (págs. 47-48) «

 

Broyard, Anatole  «Cuando Kafka hacía furor». Segovia: La Uña Rota, 2015. Traducción de Catalina Martínez Muñoz] ISBN: 9788495291356

Los 18 mandamientos de la Biblioteconomía

 

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Urquhart, Donald. « Question de principes ». Bulletin des bibliothèques de France (BBF), 1985, n° 1, p. 52-61. Disponible en ligne : <http://bbf.enssib.fr/consulter/bbf-1985-01-0052-001&gt;. ISSN 1292-8399.

 

1. Las bibliotecas están hechas para los usuarios

2.  Las bibliotecas deben disponer de catálogos que permitan a los usuarios buscar y elegir los documentos que desean consultar

3.  Las bibliotecas deben de facilitar el acceso a los documentos de forma sencilla y cómoda para los usuarios

4. Las bibliotecas deben ser útiles para sus comunidades y para la sociedad en general.

5.  El establecimiento de un sistema de información adecuado y comprensible debe hacerse evidente

6. La oferta suscita la demanda.

7. Las bibliotecas deben ser financiadas adecuadamente.

8.  Cualquier biblioteca debe medir y tener en cuenta su rendimiento para tomar las decisiones más acertadas en favor de las personas.

9.  La disponibilidad de información no debe únicamente de basarse en principios económicos

10. Las bibliotecas deben tener en cuenta los rendimientos decrecientes.

11. Lo bueno es enemigo de lo mejor.

12. El coste de un producto o actividad es menor a medida que aumenta el número de personas que lo utilizan.

13.  Ninguna biblioteca es una isla.

14. Cuando se intenta implementar un nuevo sistema o técnica es indispensable considerar el futuro y no el pasado.

15. El personal de una biblioteca debe de trabajar como un equipo.

16. La labor más importante del bibliotecario es ayudar de manera objetiva y desinteresada a sus usuarios.

17. Cualquier decisión debe basarse en datos objetivos.

18.  La biblioteconomía es una ciencia experimental y en continua evolución

 

Urquhart, Donald. The principles of librarianship. Bardsey, Leeds, Wood Garth Press, 1981

 

Los usuarios somos la biblioteca

 

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Las bibliotecas deben evolucionar para funcionar como plataformas confiables e imparciales para la producción, intercambio y consumo de conocimiento tanto en los lugares tangibles como en los espacios virtuales. Proponiendo que nosotros (los usuarios) seamos la biblioteca, teniendo en cuenta aquello que nos apasiona, aquello que conocemos, lo que podemos hacer por los demás, lo que podríamos dar a conocer, lo que podríamos enseñar, o como podríamos contribuir al desarrollo de nuestra comunidad”

Annemarie Naylor, directors de Common Futures

Las bibliotecas pueden ser los conectores, las facilitadoras del intercambio de conocimientos

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“Hay personas que quieren hacer cosas, escribir y aprender algo, y otras personas que están dispuestos a compartir lo que tienen y enseñar lo que saben. Las bibliotecas pueden ser los conectores, los facilitadores del intercambio de conocimientos. La clave está en responder adecuadamente a estas cuestiones: ¿Cómo podemos ayudar a una comunidad a conocer sus propias historias? ¿Cómo podemos aprovechar los conocimientos y experiencia de nuestros vecinos? ¿Cómo podemos crear alianzas con organizaciones y organismos que desarrollan información cultural, histórica o demográfica? ¿Cómo podemos reunir a aquellos que quieren saber y a los que tienen el conocimiento para compartir?

 

Laurie Putnam de San Jose State University School of Information

El libro. Blas de Otero

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“El libro

Está naciendo día a día. Llueve,
hace viento, golpean las ventanas,
rasgo un papel, crepitan las persianas,
digo que el libro está naciendo. Llueve,
hace viento, le dejo que me lleve
al tren, al barco, a las americanas
islas de las Antillas: no hay habanas
ni santiagos sin sol: a veces, llueve.
Madrid, días de páginas delgadas
en el invierno, páginas rasgadas
por un verso instantáneo, transversal.
Llueve. Lleno de vida, el libro crece,
tropieza, avanza, y se nos aparece
de pronto, con un acorde final.”

Pasaje de: Blas de Otero. “Obra completa (1935 – 1977).”

Uno se hace hombre, se hace humano, cuando tiene su propia biblioteca, aunque sea de un solo libro

 

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 «Uno se hace hombre, se hace humano, cuando tiene su propia biblioteca, aunque sea de un solo libro.»

Benito Taibo. 2011

 

Benito Taibo, nació en la ciudad de México en 1960. Su trabajo transita entre la poesía, el cómic, la televisión y la publicidad. Entre sus libros se encuentran tres volúmenes publicados: Recetas para el desastre, Vivos y suicidas, y De la función social de las gitanas (2002).