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El hombre que soñaba con leer libros

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«Fue noticia de hace unos días del periódico L.A.Times. hablaba de la historia de un hombre en Sao Gonçalo, en Brasil, que comenzó a coleccionar libros y reunirlos en su casita. Carlos Leite es albañil y analfabeto. Tiene cincuenta y un años y es pobre. Un día, en un sitio de construcción, encontró seis gruesos volúmenes de una enciclopedia roja sobre un montón de escombros. El constructor le dijo que podría quedarse con ellos. A partir de entonces, comenzó a coleccionar libros que la gente le daba gratis. Carlos preguntaba a todos los que pasaban si tenían libros que quisieran donar. Carlos colocó los volúmenes que le iban donando en los estantes de su casa en São Gonçalo, en las afueras de Río de Janeiro. Luego abrió la casa a cualquiera persona que quisiera entrar y leer, o pedir prestados algún libros. Los niños de la escuela se amontonaban allí. Aprendieron a leer. Los maestros encontraron títulos que no estaban disponibles en las universidades. Carlos lo tenía todo. Hace dos años ya había recogido más de diez mil volúmenes, todos catalogados y organizados por Maria, su compañera. Él todavía no sabe leer. En el club de ciclistas en el que participa le conocen como el «Loco de São Gonçalo». Pero él dice que cuando duerme todas las noches, sueña que está leyendo los libros. Los volúmenes sigue llegando a su casa todos los días, y él no sabe cómo puede lidiar con ellos, como cuídalos!.»

David Bajo «The 351 Books of Irma Arcuri: A Novel»

Para Leite, los libros son la puerta de entrada a una vida de mayores posibilidades y más prometedora que la suya. Los seis volúmenes originales se convirtieron en 100, luego en 1.000. Pronto, su casa se llenó de 5.000 libros de todo tipo: clásicos desgastados, libros de texto de química, novelas de suspense …. Así floreció la pasión que ha consumido el tiempo libre de Leite: Transformar su casa en una biblioteca pública, gratuita y abierta a todos en este barrio pobre de las afueras de Río de Janeiro. La colección de Leite cuenta ahora con 10.000 volúmenes, muchos de los cuales siguen apilados en rincones a la espera de ser clasificados y archivados. El espacio es tan escaso que Leite y su compañera, Maria da Penha, han tenido que mudarse a una alcoba trasera con todas sus pertenencias, que no son muchas. Lo que ella y Leite han hecho es notable dado el desafío de fomentar buenas habilidades y hábitos de lectura en el país más grande de América Latina. Datos del gobierno dicen que casi 1.000 de los 5.500 municipios del país carecen de biblioteca pública. El analfabetismo sigue siendo alto, con 16 millones de brasileños mayores de 15 años que no saben leer ni escribir. Comprar libros allí es una misión imposible. Las librerías tienden a agruparse en zonas acomodadas como la Zona Sur de Río de Janeiro o la zona sur; en los extensos distritos del norte de la ciudad, donde viven millones de personas, muchas de ellas en tugurios de indescriptible miseria, las librerías son prácticamente desconocidas.

La Biblioteca Comunitaria Visconde de Sabugosa está ubicada en el barrio Jardim Catarina de São Gonçalo, en el área metropolitana de Río de Janeiro. Concebido por el albañil Carlos Luiz Leite hace diez años, este espacio ha ayudado a niños, jóvenes y ancianos a tener acceso a los libros. Actualmente, Seu Carlinhos -como se le conoce- tiene dificultades para continuar con este proyecto.

“Si digo en clase que quiero ser bibliotecario, a lo mejor se ríen de mí”

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“Si digo en clase que quiero ser bibliotecario, a lo mejor se ríen de mí”

Por Alejandro Palomas.

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Nos llega a la Redacción de ‘El Asombrario’ nueva carta del niño Guille, a través de Alejandro Palomas. Nos explica que quiere ser bibliotecario de mayor, pero que no sabe muy bien cómo se hace. Le entran muchas dudas: “Es que si digo en clase que quiero ser bibliotecario a lo mejor se ríen de mí como cuando dije que quería ser Mary Poppins”. Aunque está convencido de que en Uruguay hay una escuela mágica de bibliotecarias.

Carta:

Buenos días, señor director. Me parece que hace un poco de tiempo que no le escribo, pero es que a veces no sé qué decir. Es que todavía no me pasan muchas cosas y además tengo muchos deberes y bueno. Nazia dice que para que te pasen cosas chulas a lo mejor hay que esperar a ser mayor, aunque cuando voy al cole en el autobús veo personas mayores que no sé si les pasan cosas chulas porque duermen mucho contra la ventanilla y algunas se pelean por el asiento o porque no cabemos todos y hay que empujar mucho.

Lo que pasa es que el otro día se me olvidaron las llaves en la escuela y como llovía mucho y papá no estaba en casa, me metí en la biblioteca de la plaza y no estaba la señora Leticia, que es la bibliotecaria, sino otra señora muy joven y pelirroja que dijo: “No, la señora Leticia está enferma y ahora estoy yo. ¿Cómo te llamas?”. Y sonrió así, como cuando te sale sin querer, y dijo: “¡Pero si estás empapado! Ven, quítate eso y vamos al baño que te voy a secar”. Entonces me contó que se llama Sara y que es de un país que se llama Uruguay y dijo que es muy pequeño porque allí son muy pocos y hay mucho sitio para todos. Luego me sentó en una silla a su lado y me dio un libro que se llama El idioma secreto, que va de una abuela que vive en el campo y que deja una caja llena de palabras que sirven mucho para conocer el mundo sin viajar y que no sé por qué me dieron ganas de llorar. Es que yo no tengo abuela y a veces, cuando salgo del cole y veo que hay tantas esperando en la verja, siento una cosa aquí…

Bueno, pues desde ese día siempre que puedo voy a ver a Sara y cuando entro ella me pone la silla a su lado y me busca un cuento con dibujos como los de El idioma secreto y me quedo un rato con ella y algunos libros me ponen un poco triste y otros no, pero da igual porque si estoy sentado a su lado es como cuando mamá estaba viva y nos tumbábamos en el sofá y ella se pintaba las uñas y me contaba cosas de Inglaterra y yo dibujaba en el cuaderno de hojas sin cuadritos y a veces me quedaba un poco dormido con baba y todo.

Lo que quiero preguntarle, señor director, es una cosa: Nazia dice que para ser bibliotecaria hay que estudiar unos años en la universidad, que no sé si son muchos o pocos, pero a mí me parece que eso no puede ser, porque Sara es muy joven y seguro que no le ha dado tiempo de ir a la universidad si ha tenido que venir desde Uruguay, porque el viaje debe de ser muy largo y eso ya le quita mucho tiempo. A mí me parece que a lo mejor las bibliotecarias estudian desde pequeñas en una escuela especial porque las eligen en secreto de una hermandad que es como la de Harry Potter pero sin tantos juegos de volar y más libros, y que cuando una bibliotecaria desaparece, como la señora Leticia, no es porque se ponga enferma. Lo que pasa es que como ya es muy mayor y lo sabe todo, se la llevan a la escuela mágica de Uruguay para que sea maestra y vaya al andén que no se ve para que las niñas que serán bibliotecarias no se despisten y suban al tren de Harry Potter en vez de subir al suyo.

¿Y usted podría pedirle al presidente del palacio que manda si a lo mejor tiene el teléfono del colegio mágico de las bibliotecarias para saber si dejan entrar a niños? Es que a mí me gustaría, pero como no tengo madre igual no cuento y pasan de largo cuando duermo y mejor hablar con el colegio para que lo sepan y a lo mejor también me dicen a qué hora pasan por mi calle para estar despierto y que no pasen de largo. Aunque si el presidente no encuentra el número de teléfono, a lo mejor Sara me lo da, pero creo que deben de tenerlo prohibido porque es un secreto mágico, claro. Es que si digo en clase que quiero ser bibliotecario a lo mejor se ríen de mí como cuando dije que quería ser Mary Poppins y bueno.

Aunque, ahora que caigo, ¡a lo mejor Sara me dio el libro que se llama El idioma secreto el primer día porque quería darme un mensaje! ¡Claro! Seguro que lo que pasa es que algunas abuelas no van al cielo cuando se mueren. Van al colegio mágico de Uruguay y allí las vuelven bibliotecarias y las mandan a las bibliotecas del mundo para que los libros no se acaben nunca.

Y bueno. A lo mejor, como yo no tengo abuela ni madre, a mí me dejan entrar. ¿No?

Alejandeo Palomas es novelista, traductor y poeta, ha recibido, entre otros, el Premio Nacional de Literatura Juvenil 2016 con Un hijo y el Premio Nadal 2018 con Un amor. Su obra ha sido traducida a más de 20 lenguas.

 

La intersección entre los amantes de los libros y los amantes de las bibliotecas

 

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«La intersección entre los amantes de los libros y los amantes de las bibliotecas es grande. Ya sea que veamos las bibliotecas como lugares mágicos o como uno de los placeres más sencillos de la vida, no faltan cosas agradables que decir sobre estos espacios sagrados y aquellos que los salvaguardan. Ya sea que estén buscando la línea perfecta para tatuar en su cuerpo o desee disfrutar de los cálidos y encantadores sentimientos de estas instituciones».

Abby Hargreaves

Vencer y convencer : notas autógrafas de Miguel de Unamuno

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Vencer y convencer : notas autógrafas de Miguel de Unamuno para su intervención en el acto celebrado con motivo del Día de la Raza, el 12 de octubre de 1936, en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca

 

DOCUMENTOS

Carta de Enriqueta Carbonell,

mujer de Atilano Coco a Miguel de Unamuno

Por detrás de la carta

Notas autógrafas de Miguel de Unamuno

Casa-Museo Unamuno Universidad de Salamanca

Discurso no escrito

«Voy a ser breve. La verdad es más verdad cuando se manifiesta desnuda, libre de adornos y palabrería. Quisiera comentar el discurso, por llamarlo de algún modo, del general Millán Astray, quien se encuentra entre nosotros. Dejemos aparte el insulto personal que supone la repentina explosión de ofensas contra vascos y catalanes. Yo nací en Bilbao, en medio de los bombardeos de la segunda guerra carlista. Más adelante me case con esta ciudad de Salamanca, tan querida, pero sin olvidar jamás mi ciudad natal.  Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces. Pero no, la nuestra es sólo una guerra incivil. (… ) Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión. Se ha hablado también de catalanes y vascos, llamándolos anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir otro tanto. Y aquí está el señor obispo, catalán, para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española, que no sabéis.” […]

 

 

El 12 de octubre de 1936 tiene lugar en Salamanca el Día de la Raza, la celebración de la Hispanidad, consistente en un acto religioso en la catedral, a primera hora de la mañana, y otro literario, a continuación, en el Paraninfo de la Universidad.

Miguel de Unamuno no asiste al primero, pero se ve en la obligación de presidir, como rector y en sustitución del general Franco, el segundo. Lo acompañan en la mesa Carmen Polo de Franco, el obispo Plá y Deniel, el general y fundador de la Legión José Millón Astray y los cuatro oradores previstos: el exrector José María Ramos Loscertales, el fraile dominico Vicente Beltrán de Heredia, el catedrático universitario Francisco Maldonado de Guevara y el escritor José María Pemán.

Arropando el acto, entre el público asistente, están representados todos los sectores de la sociedad salmantina, además de legionarios, falangistas y requetés.

Miguel de Unamuno lleva en el bolsillo de su traje la carta que le ha entregado hace unas semanas Enriqueta Carbonell, mujer de Atilano Coco, angustiada por la situación de su esposo, preso en la cárcel desde finales de julio.

Coco es el pastor protestante de la ciudad, muy, conocido tanto por su labor educativa como por su activismo político desde el partido Unión Republicana, así como por su afiliación a la masonería y a la Liga de los Derechos del Hombre.

Pero ante todo es uno de los mejores amigos del rector, lo que le lleva a interceder por su puesta en libertad desde que es conocedor de su detención.

Preocupado por la suerte de su amigo, decepcionado y horrorizado por la deriva de la situación política y bélica en que ha entrado el bando liderado por el general Franco, acude al Paraninfo con la carta de Enriqueta Carbonell, presumiblemente con el ánimo de hacérsela llegar a través de Carmen Polo y pedir clemencia.

Escuchando con atención las intervenciones de los oradores, su indignación y enfado van en aumento y usando el reverso de la carta, a pesar de su firme propósito de no intervenir, va escribiendo de manera apresurada notas sueltas con las que improvisa un duro discurso: «vencer y convencer, odio y compasión, ni la mujer, cóncavo y convexo, Anti-España?, Rizal», entre otras.

Sus palabras provocan la réplica exaltada del general Millán Astray, que traen como respuesta los gritos e insultos del público con los que concluye el acto.

Aún hoy seguimos sin saber con exactitud lo ocurrido. La prensa del día siguiente silencia el conflicto y las palabras no quedaron registradas por los micrófonos.

No obstante, las consecuencias inmediatas sí nos permiten hacernos a la idea de lo ocurrido en el Paraninfo: se le recibe esa misma tarde de manera hostil en el Casino de Salamanca, del que era presidente honorario y tertuliano habitual; se le destituye de concejal y se anula su nombramiento como alcalde honorario del Ayuntamiento; el claustro de la Universidad le retira su confianza como rector y el general Franco firma el decreto por el que es cesado como rector vitalicio y expulsado de su cátedra.

Entre la razón y la sinrazón, entre la inteligencia y la fuerza bruta, Miguel de Unamuno dio una vez más muestras de honestidad y dignidad aquel 12 de octubre. Atilano Coco fue fusilado el 9 de diciembre de 1936. Miguel de Unamuno permaneció aislado y encerrado en su vivienda, falleciendo el 31 de diciembre de ese mismo año.