“Cómo hacer casi cualquier cosa” como nació el primer Fab Lab del mundo en la MIT

 

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En el año 2001 Neil Adam Gershenfeld, un joven profesor de la MIT lanza un curso que denominó “How to Make Almost Anything”, es decir cómo hace casi cualquier cosa, a este curso se apuntaron tantos alumnos que desbordó todas las expectativas, por lo que se decidió buscar un espacio permanente para impartirlo. Así nace el primer Fab Lab del mundo.

 

Cuando Neil Gershenfeld, director del Centro de Bits y Átomos del MIT, ofreció impartir un curso titulado “Cómo hacer (casi) cualquier cosa”, quería introducir máquinas caras de tamaño industrial para que los estudiantes técnicos aprendieran a utilizarlas. Se sorprendió al comprobar la gran cantidad de estudiantes de diversos orígenes -artistas, arquitectos, diseñadores, estudiantes sin ninguna formación técnica- que estaban interesados en hacerlo. En particular, a Gershenfeld le asombró que estos estudiantes en concreto no estaban interesados en el curso porque que les fuera útil para algún tipo de investigación abstracta, o para cumplir con un requisito académico; sino más bien, lo deseaban hacer voluntariamente para construir cosas que siempre habían soñado. Ellos le dieron algunas ideas para todo tipo de proyectos, que deseaban hacer en el centro, algunas de ellos, incluso extravagantes. Un estudiante quería construir un despertador que necesitara ser golpeado para que se apagara. Otro quería que su loro navegara por la web. Un tercero quería una manera de grabar sus gritos de frustración. La demanda por querer hacer cosas, fue tal que buscó un espacio para realizar esta formación práctica de manera permanente. Este curso fue lo que llevó a Gershenfeld a crear el Fab Lab de la MIT en colaboración con Bakhtiar Mikhak. Así nació el primer laboratorio de fabricación del mundo.

La gente quiere diseñar y hacer las cosas que necesita. Se trata de un impulso natural de cualquier ser humano que ha sido mitigado en la era actual por las fábricas que pueden hacer artilugios más eficientes y consistentes que los hechos por los artesanos. Desafortunadamente, estas operaciones, aunque eficientes, no pueden realmente hacer un buen trabajo para poder atender los deseos y necesidades individuales de los clientes – hasta cierto punto, se espera que los clientes se conformen con un número limitado de configuraciones-. Sin embargo, las máquinas de fabricación personal permiten a los aspirantes a diseñadores construir cosas que anteriormente, sólo podían hacer las fábricas, y que cualquiera de ellos puede personalizar hasta realizar un prototipo. En una entrevista a la CNN, Gershenfeld dijo que “los estudiantes… respondieron a una pregunta que les hice, que fue: ¿Para qué sirve esto? Y la respuesta fue: No para hacer lo que se puede comprar en las tiendas, sino para hacer lo que no se puede comprar en las tiendas. Es para personalizar la fabricación”

De este modo, los estudiantes que acuden a un espacio de fabricación pueden implicarse en desarrollar muchos proyectos diferentes que ponen de relieve la capacidad de una persona u organización para afectar al mundo que le rodea utilizando herramientas de fabricación personal. Entre estos proyectos por ejemplo Gershenfeld cuenta la historia de Ken Paul, que utilizando un Lego Mindstorms creo un prototipo que termino utilizándose para que la United States Postal Service (USPS) gestionara mejor el correo postal del país. Mel King que creó un laboratorio fabuloso para atraer e implicar a los niños del centro de la ciudad de Boston. Kyei Amponsah, un jefe de aldea de Ghana que quería usar un laboratorio de fabricación para crear herramientas para su empobrecido pueblo, como turbinas Tesla para generar electricidad y tubos vortex para enfriar el aire. Con ejemplos de este tipo Gershenfeld comprendió que la razón por la que el aspecto tecnológico no importa tanto es que el movimiento de fabricación no es realmente una iniciativa tecnológica, sino un cambio social. En su esencia, un Fab Lab implica una especie de reacción contra la mentalidad actual en favor de otra que propugna que debemos aprender colectivamente para buscar soluciones a los grandes problemas de la vida cotidiana. Ese concepto siempre será más importante que los últimos artilugios tecnológicos que prácticamente están cambiando de un día para otro.

Gershenfeld se siente muy orgulloso de aquel primer  proyecto, ya que cree que enseñar a los niños desde la más temprana edad a utilizar la tecnología y crearla ellos mismos capacitará a las generaciones futuras para ser más independientes y crear la tecnología que cada comunidad individual necesita, no una tecnología que esté actualmente disponible en el mercado. En la actualidad, los Fab Labs se han extendido por todo el mundo, incluso en los lugares y países más remotos. En su entrevista con la revista Discover donde se le preguntó que para qué podría ser útil la fabricación personal, Gershenfeld dijo: “Hay una sorprendente necesidad de tecnologías emergentes en muchos de los lugares menos desarrollados del planeta. Mientras que nuestras necesidades podrían estar bastante bien satisfechas, hay miles de millones de personas en el planeta cuyas necesidades no lo están. Sus problemas no necesitan ajustes incrementales en la tecnología actual, sino una revolución”.

Neil Adam Gershenfeld es el director del Centro de Bits y Átomos del MIT, sus actividades se centran predominantemente en estudios interdisciplinarios que implican la física y la informática, en campos como la informática cuántica, la nanotecnología y la fabricación personal. Entre los reconocimientos que ha obtenido está el premio Leonardo  otorgado por el Museo de Ciencia e Industria de Chicago; y además, es considerado como uno de los 100 mejores intelectuales públicos. Gershenfeld también es conocido por haber lanzado el “Great Invention Kit” en 2008, un juego de construcción que los usuarios pueden manipular para crear varios objetos.

 

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