El día a día de una biblioteca

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“Una ráfaga de aire del exterior recorrió de arriba abajo el vestibulo. Casi al instante, la gente empezó a entrar: los merodeadores, que habían salido corriendo desde sus puestos en jardin, también los que estaban apoyados en las paredes y lo despistados, y los grupos escolares, la gente de negocios y los padres y madres con cochecitos de bebés que se fueron directos hacia los cuentacuentos, y los estudiantes y los indigentes, que corrian hacia los lavabos y después trazar una línea recta hasta la sala de ordenadores, y los universitarios y los desocupados y los lectores y los curiosos y los aburridos. Todos en busca de The Dictionary of Irish Artists o El héroe de las mil caras o una biografia de Lincoln o la revista Pizza Today o The Complete Book of Progressive Knitting o fotografias de sandías en el valle de San Fernando tomadas en los años sesenta o Harry Potter siempre Harry Potter- o cualquiera de los millones de libros panfletos, mapas, bandas sonoras, periódicos e imágenes que la biblioteca atesora. Formaban una corriente de humanidad, un torrente, y andaban a la caza de guías de nombres para bebés y biografias de Charles Parnell y mapas de Indiana y consejos de las bibliotecarias porque lo que quieren es una novela romántica pero que no sea demasiado romántica. Van a la caza de información sobre impuestos y también de ayuda para aprender inglés y buscan peliculas y desean encontrar la historia de su familia. Se sientan en la biblioteca simplemente porque es un lugar agradable en el que sentarse, y, una vez allí, a veces hacen cosas que no tienen nada que ver con la propia biblioteca. Esa mañana en particular, en la sección de Ciencias Sociales, una mujer sentada a una de las mesas de lectura estaba cosiendo cuentas de colores en la manga de una blusa de algodón. En la sección de Historia, un hombre con traje de raya diplomatica que no leia, ni tampoco curioseaba, estaba sentado en uno de los cubiculos de estudio y escondía una bolsa de Doritos bajo el de la mesa. Fingia toser cada vez que se metía en la boca uno de los nachos.”

Susana Orlean. La biblioteca en llamas

 

En el libro de Susana Orlean, se recoge este pasaje, que habla del momento en el que se abren las puertas de una biblioteca para que la gente entre. Hace toda una descripción del día a día de una biblioteca, de todo tipo de gente que concurre en ese espacio , y de los diferentes usos que se hacen de la misma.